Capitulo I – LONG, LONG TIME AGO.

Mi madre siempre decía que todos llegamos a este mundo con un propósito, que debemos cumplir si queremos crecer, tanto en el mucho físico como en el mundo espiritual; algunos pasan toda su vida tratando de descifrar cual es ese propósito y no prestan atención a las señales que están a su alrededor indicándoles cuál es o simplemente las ignoran; y así el ciclo se repite una y otra vez.

Existen unas cuantas pobres almas mas desafortunadas que se pasan toda una eternidad tratando de entender su designio y no es hasta que están al borde de la muerte que lo descubren; para algunos es demasiado tarde; para otros… puede ser un nuevo comienzo.

Yo soy una de esas infortunadas almas que vagaron toda una eternidad sin rumbo fijo, hasta que la conocí o mejor dicho la reencontré; pero para que puedan entender a que me refiero necesitan conocer mi historia, desde el principio, hace tres milenios.

Soy la segunda hija de mis padres, mi madre supo que sería especial el día que nací, tuve problemas al nacer y deje de respirar, estuve muerta por varios minutos, en los brazos de mi madre, hasta que comencé a respirar de nuevo gracias al calor corporal que ella me brindo y después de unos segundos escucharon el tan esperado llorido que les indicaba que estaba bien; esa es la versión que me contaba mi madre cada vez que me lastimaba; se me había dado una segunda oportunidad en este mundo y tenía que estar muy agradecida por tal bendición, fue una señal, un indicio que mi papel en esta vida sería muy importante así que era imperativo descubrir cuál sería mi camino a seguir.

Siempre le pregunte a mi madre que le hacía pensar que yo era especial, que ayudaría a muchas personas y la única respuesta que obtenía de ella era: "Simplemente lo sé." ¿Demasiados enigmas para una niña de 6 años en esa época? No lo creo.

Hija de padre campesino y madre panadera, tuve una infancia como cualquier niña de esa época, tenía un hermano tres años mayor, era el orgullo de mi padre, listo, atlético, simpático, de buen corazón y muy inteligente; como estaba decretado solo a los barones de cualquier estatus social les era permitido una educación y solo las mujeres de la realeza podían acceder a ella, por tal motivo solo a mi hermano le era permitido ir a la escuela; para las mujeres la única aspiración que podrían tener seria hacia los deberes de la casa y ser madre. Eso era al menos en la mayoría de las familias; la mía era diferente, mi padre y mi hermano nos trataban con el mismo valor y respeto como a cualquier otro anciano del pueblo, al menos dentro de la casa, fuera de ella tenían que seguir las "leyes" si no querían ser señalados o expulsados de la comunidad.

Así que mi hermano, en desacuerdo con la leyes, me enseño todo lo que el aprendía en la escuela, me enseño a leer, escribir, me enseño a interpretar las antiguas lenguas de la región; gracias a él me convertí en una joven culta amante de la lectura. Todos los días después de clases, no íbamos al pequeño granero de la casa y me hermano me mostraba lo que había aprendido ese día. A cambio yo le mostraba los secretos de la tierra, cada pequeño detalle que yo observaba en mis horas libres mientras él estaba encerrado con un montón de niños bobos.

Pero todo cambió cuando cumplí 7 años, ese día mi vida dio un giro de 180 grados.

Hacía ya años que el reino se encontraba en guerra con su vecino del norte; en esa época según los rumores que se espacian por toda la región, el enemigo se habían hecho de un arma letal que acabaría con la guerra de una vez por todas. Las batallas se libraban en los límites territoriales, por lo que nosotros no nos preocupábamos por un ataque inesperado, si fuera así, la noticia llegaría a oídos del rey de manera inmediata y nos daría tiempo de refugiarnos.

Era el día de mi séptimo cumpleaños y todo había pasado con normalidad, mis padres me felicitaron por la mañana y para la noche me habían prometido un pequeño festejo, el cual espere con ansias todo el día. Cada uno se fue hacer sus respectivos deberes hasta el atardecer, cuando regresaban a casa.

Estábamos cenando, como cualquier otro día, cuando de pronto escucho un sonido diferente al resto de los propios del pueblo, no logro identificarlos, ¿tambores? No, ¿cascos, cascos de caballos?, ¿una manada de caballos? Pero los caballos solo traen cascos cuando son criados por el hombre, por el ejército. Entonces es cuando me doy cuenta que un regimiento de soldados se dirige al poblado; pero ¿Por qué se vienen al poblado, a caso lograron derrotar al ejercito real en los límites del reino?

Mi padre al ver la expresión en mi rostro me pregunta que es lo que me tiene tan pensativa, justo cuando estaba por contarle lo que escuchaba, un grito desgarrador se escucha a las afueras del poblado. – ¡ya vienen, ya vienen! – grita un lugareño. El temor que todos habían ignorado por años por fin se hizo realidad, el ejercito real había sido quebrantado y el enemigo había hecho su entrada, cualquiera que se le atravesara en el camino sucumbiría ante el filo de su acero.

Mi padre se apresuro a la entrada de la casa para ver con horror la horda de soldados que llegaban a todo galope al pueblo; comenzaron a quemar las casas, a sacar a las personas de ellas y amontonarlas en la capilla del pueblo. Mi padre cerró la puerta y se apresuro a llevarnos al pequeño sótano de la casa; los hombres ya venían y tenía que darse prisa.

Nos metió a mi hermano y a mí y nos ordeno que no saliéramos de ahí escucháramos lo que escucháramos, - todo estará bien, cuando todo se calme vendré por ustedes – fue lo último que nos dijo con una sonrisa triste en su rosto. Cerró la puerta y se llevo a mi madre con él, se fueron corriendo hasta que un grupo de soldados los atrapo y los llevo con el resto de la gente. Lo único que oíamos eran los gritos desesperados de las personas, el relinchar de los caballos, los gritos de los soldados, el sonido del acero contra la madera y el crujir de esta al ser consumida por el fuego. Mi hermano me abrazo fuerte, cubriendo mis oídos para que no escuchara los gritos del pueblo cuando fueron encerrados en la capilla y esta fuera cubierta por el fuego; lo que no sabía mi hermano es que mi oído era muy agudo y aun con sus manos en mis oídos podía escuchar perfectamente la agonía de todas las personas del pueblo; podía sentir como sus lagrimas caían sobre mi cabeza mientras yo estaba ahí sentada sin reacción alguna. Tal vez muy dentro de mi no daba crédito a lo que estaba sucediendo, tal vez mi poca edad no me permitía entenderlo o solo trataba de ignorarlo creyendo que solo era un sueño, un mal sueño, una horrible pesadilla de la cual no podía despertar.

El recuerdo es tan vivido que aun ahora en ocasiones me despierto en las noches gritando.

Después de un rato nos quedamos dormidos hasta que escuche el cantar de los gallos, aparte de eso el silencio reinaba y una atmosfera muy pesada se podía sentir en todo el lugar. Mi hermano fue quien salió a ver si ya todo había pasado, sus últimas palabras que me dirigió fueron: "espérame aquí, regreso enseguida". Salió lentamente del sótano, tratando de hacer el mínimo de ruido posible, cerró la puerta y escuche como abría la puerta de la casa lentamente, bajo un escalón y luego alcance a percibir sus pisadas sobre la hierba hasta que se alejaron. Pasaron varios minutos y no regresaba, así que me arme de valor y salí del sótano. Justo cuando abrí la puerta de la casa, vi con horror como mi hermano era perseguido por un hombre sobre un caballo pardo a todo galope, me escude tras la puerta sin dejar de ver la escena; mi hermano hizo todo esfuerzo humano posible por escapar pero fue en vano; el soldado lanzo una sablazo atravesándole el corazón por la espalda, murió al instante; me cubrí la boca con ambas manos para evitar que un grito apagado llegara a los oídos del soldado; dio varias vueltas alrededor del cuerpo inerte de mi hermano para asegurarse de que estuviera muerto, después de eso retomo el camino a las afueras del pueblo.

Espere unos minutos para asegurarme de que ya no vendrían más soldados y para que mis piernas quisieran responderme. Salí de la casa directo hacia mi hermano, lo voltee y lo abrace fuertemente; aun estaba tibio, le llore por largo tiempo hasta que me quede dormida con mi cabeza sobre su pecho, su sangre mancho mi rostro y parte de mis ropas.

Desperté después de varias horas, me levante y recorrí el pueblo entero en busca de alguien con vida, no había una triste alma a la vista; llegue a la capilla hecha cenizas y pude divisar algunos cuerpos de los lugareños, estaban completamente calcinados; una expresión de dolor y angustia aun se veía en sus rostros, adultos y niños, sin distinción alguna.

Por respeto, cave varias tumbas a un lado de la capilla y con sumo cuidado deposite los cuerpos de los aldeanos en cada una de las tumbas, arrastrándolos uno a uno, tarde casi todo el día en hacer esa tarea; después me dirigí a mi casa donde cabe tres tumbas en solitario al lado de un roble, ahí deposite el cuerpo de mi hermano, justo a la sombra del árbol donde se sentaba a mostrarme todo lo que había aprendido cada día, no pude reconocer a mis padres, solo confiaba que mi instinto me guiara y que los hubiera puesto a los tres juntos para que se acompañasen en su viaje a la siguiente vida. Recé por sus almas y su buen viaje, como se me fue enseñado.

Estaba anocheciendo cuando termine mi labor, así que regrese a la casa, baje al sótano y me acurruque en un rincón, deseando con todas mis fuerzas que esos desalmados soldados no regresaran.

Al día siguiente, me levante a primera hora y decidí marcharme del lugar, tome algunos panes y algo de queso, los coloque en una manta, tome unos libros de mi hermano, algo de ropa, los ate muy fuerte en otra manta y comencé mi viaje hacia el bosque; pensaba que con suerte los animales me matarían y podría estar de nuevo con mi familia y estar juntos en la eternidad, pero eso jamás sucedió.

Camine por horas y horas sin rumbo fijo, ausente de mi misma, solo tenía la extraña sensación de que algo o alguien me seguía todo el camino, a una distancia prudente; podía sentir sus ojos clavarse en mi nuca. Seguía mi camino sin detenerme o mirar atrás hasta que llegue a un abierto en el bosque donde corría un pequeño riachuelo; me detuve a sus orillas y comí un pedazo de pan y queso, al terminar sumergí mis manos en el riachuelo, formando un cuenca y bebí de ella. Utilice las mantas que traía como almohada y tome una merecida siesta.

Caminé por dos días enteros, deteniéndome solo para comer o beber agua; los pies me dolían y el bulto en la espalda hacia sus estragos en mi cuello. Fue al anochecer del tercer día que me tope con su campamento, los soldados que habían atacado mi aldea estaban descansando plácidamente a un costado del camino, podía oler el olor a carne cociéndose a metros de distancia; me escondí tras unos arbustos para que no se percataran de mi presencia, me fui acercando con cautela hasta quedar lo suficientemente cerca de ellos tras unos troncos viejos. Me decidí a observarlos, mi estomago dolía y una rabia inimaginable comenzó a crecer dentro de mí, no eran soldados, eran mercenarios, asesinos, ladrones, la peor calaña que uno pudiera encontrar, habían sido contratados para destruir todo cuanto se encontraran en su camino hasta llegar al palacio y por todo me refiero a cada poblado del camino. Podía escuchar cómo se reían al escuchar de sus anécdotas en su último ataque a la aldea, mi aldea; cada una de sus palabras incrementaban mas la ira que gritaba por salir de mi cuerpo, cerré los puños con tal fuerza que mis uñas perforaron mi piel y ésta comenzó a sangrar, las lagrimas comenzaron a salir debido a la impotencia que sentía de no poder hacer algo; fue entonces cuando lo vi, el asesino de mi hermano salía de una de las improvisadas carpas que habían habilitado, gritaba a todo pulmón como había matado a un pobre mocoso que había tratado de golpearlo con un rama de un árbol que se encontró en el suelo – ¡justo como aun cerdo! – rio a carcajadas mientras trataba de mantener el equilibrio de lo ebrio que se encontraba. Fue justo en ese momento que los recuerdos de los sucedido hace tres días habían llegado a mi; no es que no quisiera aceptarlo sino que el shock de aquella noche había sido demasiado; esa noche mientras mi hermano me abrazaba con fuerza, yo pude ver en mi cabeza todo lo que estaba pasando, vi como sacaban a los aldeanos de sus casas a rastras, vi como pisoteaban con sus caballos a todo aquel que trataba de escapar, como los encerraron en la capilla y como le prendieron fuego, mientras sus víctimas suplicaban por sus vidas en aquel infierno.

Eso es lo único que recuerdo con claridad de ese día, lo demás son solo imágenes borrosas y aterradoras que solo podrían pasar en mis peores pesadillas.

Cuando escuche a ese hombre algo dentro de mi despertó, sentí un gran dolor recorrer todo mi cuerpo, mis manos comenzaron a crecer, mis dedos se alargaron y mis uñas se convirtieron en grandes y negras garfas, mi cuerpo también comenzó a incrementar su tamaño rompiendo mis ropas en el proceso; lo último que recuerdo de ese momento fue el rostro atemorizado de los asesinos al verme emerger de entre lo oscuro del bosque y un gruñido muy peculiar emerger de mi garganta.