Al llegar a casa te lavas en un pequeño barreño con el agua ya fría y te vistes con un bonito vestido que Jake te ha regalado. Eso hace que te sientas mal. Él sabe que tú no quieres llevar ningún vestido de tu madre, pese a que ahora te irían bien. Por eso, hace unos días, te regaló ese bonito vestido de lino verde hasta las rodillas que, ciertamente, te sienta bien. Aunque a saber qué le costó…

Te miras en el espejo y te sientes extraña. Tus ojos, tu pelo,… todo te recuerda demasiado a tu madre. Te pareces tanto a ella. Suspiras y te recoges el pelo en un bonito moño que ella te enseñó a hacerte.

- Vaya, mírate –sonríe Jake, entrando silenciosamente en tu habitación.

- ¡Oye! Avisa antes de entrar –chillas sonrojada. Luego te fijas en él, vestido con un pantalón oscuro y una camisa blanca de lino. Reconoces que le sienta muy bien. Recuerdas la ropa que llevaba Peeta y te das cuenta de que los chicos, realmente, se visten de forma bastante parecida para la cosecha–. Mírate tú, ¡qué guapo!

- Por supuesto, ¿qué esperabas? –te responde arrogantemente. Le miras a los ojos. Sabes que está intentando hacer el papel para evitar que te sientas mal. Él tiene 17 años, tú 16. Siempre se ha sentido en la obligación de protegerte, sobre todo desde que pasó lo de vuestra madre.

- ¿Puedo? –pregunta tu padre, asomando la cabeza por la puerta.

- ¿Qué pasa, que mi habitación se ha convertido en la sala de reuniones oficial? –ríes.

La sala se queda en silencio. Os miráis. No sabéis realmente qué decir, cómo empezar una conversación. Finalmente tu padre os dice que bajéis a comer, que ya lo tiene todo listo. Después, a la una en punto, os dirigís hacia la plaza. No es bueno llegar tarde a la Cosecha.

- Hola, Magde –saludas, encontrándote con la hija del alcalde en la cola del control, ella te responde el saludo. Entabláis una conversación sin ningún tema concreto. Ella puede que esté algo afectada, pero siendo la hija del alcalde, es muy poco probable, por no decir imposible, que sea un tributo–. Eh, ¡qué broche tan bonito! –exclamas, mirando un pin de oro que llevaba en el pecho del vestido.

- Gracias, es de mi madre –sonríe orgullosa. A tu madre siempre le gustaron mucho las joyas y otros complementos, pero lo cierto es que tú los encuentras una estupidez. ¿Por qué gastarse dinero en una joya? Con el broche de Magde, seguro que podríais comer los tres durante una semana tranquilamente, si no más.

Pasáis el control y tú te colocas en tu zona, después de las chicas de 15 años. Os ordenan según la edad, los más pequeños delante, los mayores detrás. A la derecha las chicas, a la izquierda los chicos. Antes de que comience todo, y notando el silencio y la tensión que hay en el lugar, observas a todos los niños del distrito. A tu izquierda está Leyse, una compañera de clase. Le sonríes, te sonríe, no decís nada. Hacia el otro lado, entre la gente, ves a Katniss, la amiga de Gale. Entre los chicos, ves a Jake, que te saca la lengua en una mueca divertida. Eso suaviza tu mirada y le devuelves el gesto con una sonrisa. También encuentras el pelo rubio de Peeta, que tiene la mirada fija en el escenario. No puedes evitar sentirte culpable. Todo el rato habéis estado hablando de ti, sin importarte realmente cómo se sentía él con la Cosecha.

El reloj del edificio de Justicia toca las dos. El alcalde Undersee, el padre de Magde, se levanta de una de las sillas que ocupa en el escenario, al lado de Effie Trinket, la enviada del Capitolio al Distrito 12; y empieza a leer lo mismo de cada año: la guerra y los desastres que provocaron la creación de Panem, con su reluciente Capitolio, lugar para los ricos y poderosos. El texto sigue con los Días Oscuros, la rebelión de los distritos contra el Capitolio: doce fueron derrotados, el decimotercero, destruido. Esta rebelión acabó con la redacción del Tratado de la Traición y la creación de los Juegos del Hambre.

Las reglas de los juegos son sencillas. Cada distrito entrega a dos tributos, un chico y una chica, de entre 12 y 18 años, que deberán pelear a muerte en una arena creada especialmente para la ocasión. Veintitrés tributos morirán, uno ganará. Eso es todo. Una forma más de demostrar a los Distritos, que el Capitolio es quien manda en Panem.

- Es el momento de arrepentirse, y también de dar las gracias –termina el alcalde. Luego lee la lista de los vencedores de los Juegos del Hambre en el Distrito 12. Hemos tenido dos en los setenta y cuatro años que lleva durando esta tortura. Sólo uno sigue vivo: Haymitch Abernathy, que en ese momento aparece por un lado del escenario, tambaleándose. Está borracho, como cada día, realmente. No le conoces, ni mucho menos, pero le has visto varias veces en el Quemador comprando licor. ¿Dónde iba a comprarlo sino, en un sitio en que está prohibido el alcohol?

Cruza el escenario murmurando palabras ininteligibles hasta que se deja caer en la silla que le corresponde en el escenario. Todos aplaudís, más por obligación que por admiración, y el hombre intenta lanzarse a darle un abrazo a Effie Trinket, que se aparta lo más rápido que puede. Se te escapa una risa que apagas rápidamente.

Después, intentando recuperar la compostura y dignidad, Effie Trinket se levanta, con su extravagante forma de andar y su ropa tan distinta a la vuestra. Lo cierto es que no entiendes la moda del Capitolio: colores llamativos, tatuajes ostentosos, maquillaje exagerado, tacones altos, pelucas de colores irreales,…

- ¡Bienvenidos! –empieza, con su voz chillona y nasal. ¿Cómo pueden los del Capitolio tener ese acento tan artificial, como todo en ellos? - ¡Bienvenidos, bienvenidos! -¿Pero qué necesidad hay de decirlo tres veces? - ¡Felices Juegos del Hambre! Y que la suerte esté siempre de vuestro lado.

Leyse, a tu lado, te coge la mano. Está temblando. Mucho. Tú se la estrechas, intentando transmitirle toda la fortaleza posible mientras vuelves a buscar a Jake con la mirada. Antes de que lo encuentres, Effie Trinket empieza con su "las chicas primero" y anuncia el nombre que ha sacado de la urna. Rezas para no ser tú. Y no eres tú.

Es Primrose Everdeen.

Por un momento te relajas, suspiras aliviada y notas como un peso te ha desaparecido de los hombros. Pero rápidamente enlazas las piezas, y te giras a tu derecha. Allí está Katniss. Paralizada, aterrorizada. Su hermana es la elegida. La ves con los ojos totalmente abiertos, la espalda tensa, las manos temblando. Pasa un minuto y parece que ni siquiera respira. Entre tanto, Prim empieza a andar hacía el escenario escoltada por dos pacificadores.

Es entonces cuando sucede.

- ¡Me presento voluntaria como tributo! –grita Katniss, dando un paso hacia adelante. Tú te quedas impresionada, como el resto de los chicos del Distrito. Es la primera vez en el Distrito 12 que hay un voluntario. En algunos distritos, donde ser tributo es un honor y donde algunos chicos son entrenados durante todo el año para los Juegos, aunque según las normas eso esté prohibido, los voluntarios aparecen casi cada año. Pero aquí no, no donde sabéis que quien es tributo volverá en una caja de madera.

Por eso no puedes evitar sentir un vacío dentro de ti cuando ves como Katniss va a hablar con su hermana Prim. Ella se echa a llorar y grita desesperada pidiendo a su hermana que no vaya por ella. Finalmente, Gale se lleva a la pequeña en brazos mientras Katniss sube al escenario, donde una sonriente Effie la recibe, seguramente emocionada de que por fin pase algo interesante en el distrito al que ha sido asignada. No te sorprendería que para el Capitolio, ser enviada al Distrito 12 sea algo parecido a una vergüenza, o quizás un castigo. Sois el último distrito para todo… Aunque ciertamente tiene sus ventajas, como que os permitan tener el Quemador.

Cuando Katniss sube al escenario, Effie Trinket la presenta con una flamante sonrisa y pide un aplauso. Como respuesta, sigues a los de tu alrededor. Todos os colocáis tres dedos en los labios y luego los dirigís hacia ella, hacia el escenario. No puedes evitar que se te escape una sonrisa. Eso es un gesto muy antiguo del distrito que significa agradecimiento. Notas como Katniss está emocionada por la reacción de la gente.

Ese es el momento en el que Haymitch decide hacer su aparición, dando traspiés en el escenario y felicitando a Katniss de una forma sorprendente, hablando de coraje y valentía. Luego os acusa de no ser tan valientes como ella. Frunces el ceño. Espera, ¿os los está diciendo a vosotros? No, señala a las cámaras. ¿Tendrá la valentía de acusar al Capitolio? Luego se cae del escenario y han de llevárselo en camilla. Ahora es cuando no crees que él sea tan valiente.

- ¡Qué día tan emocionante! –dice finalmente Effie Trinket, intentando cortar ese momento tan incómodo para ella. ¿Qué significará para el Capitolio esa reacción del Distrito? Seguro que en las repeticiones de las Cosechas, eso lo editan para borrarlo. - ¡Pero todavía queda más emoción! ¡Ha llegado el momento de elegir a nuestro tributo masculino! –Effie Trinket se acerca a la otra urna y todos volvéis a aguantar la respiración. "Por favor, que no sea Jake, que no sea Jake" rezas. Y no es Jake.

Es Peeta Mellark.