Disclaimer: Nada me pertenece, ni Naruto, ni Another.

Naruto Crossover Another

En este universo han pasado dieciséis años desde que Misaki Mei y Sakakibara Koichi se graduaron. No es necesario haber visto Another para entender.


Capítulo Dos: Recibir miradas amenazantes y evitar caer por las escaleras

¿Cómo sobrevivir a Yomi del Norte, recibir miradas amenazantes y evitar caer por las escaleras?

-¡Lo siento!

-Por ser la primera vez, no lo tomare en cuenta Uzumaki-san. Toma asiento.

El rubio soltó un suspiro de alivio y se dirigió a su puesto recibiendo miradas divertidas de sus compañeros. Habían pasado tres días desde que llegó a esa escuela y ya todos en la clase eran sus amigos. Excepto uno. El chico misterioso. Por dios que no sabía ni su nombre. Lo buscó con la mirada disimuladamente, pues cada vez que lo mencionaba todos se hacían tontos o negaban su existencia. Pero él lo veía y si podía verlo era porque era real. O tal vez ya necesitaba ir al psiquiatra. Cuando dio con el último asiento de la primera fila junto a la ventana se encontró con que estaba vacío. No ésta, pensó. Regresó su atención a la clase, aburrido.

-Uzumaki-kun, pase a resolver el problema de la pizarra.- Típico, pensó. Llegaba tarde y el profesor se la tomaba con él.- Muy bien, puede sentarse.

¡Ahí tiene bastardo!, gritó mentalmente, ¿Qué creía? ¿Que era un estúpido? Cuando tomó asiento escuchó la puerta del salón ser abierta. No necesitó mirar para saber que se trataba del chico misterioso. Alzó la mirada y vio como cruzaba el salón a sus anchas. Nadie parecía notarlo. Al principio pensó en quejarse pero ¿Para qué? Las pocas personas a las que había preguntado lo habían mirado como si estuviera loco. No quería que todo el salón lo mirara de esa manera.

Suspiró. Ese chico era todo un misterio. Por un momento empezó a pensar que el ignorarlo era una especie de acoso pero lo había seguido por varios días y se había dado cuenta de que no solo el profesor Yamato lo ignoraba. Todos lo hacían. Absolutamente, todos.

También los demás profesores, no lo había visto hablar con ningún alumno, de hecho no lo había visto hablar con nadie. ¡Hasta el conserje lo ignoraba! ¡Era como si no existiera! De repente, ese pensamiento lo aterró. Apretó tan fuerte el lápiz en su mano que este se rompió. Hinata a su lado lo miró preocupada pero él no le prestó atención. Después de un segundo desechó la idea. Algo raro pasaba en esa escuela y él se encargaría de averiguarlo. Como que se llamaba Naruto Uzumaki. ¡De veras!


¡Bendita clase de deportes! Estaba que se moría de cansancio. Ya necesitaba sacar toda esa energía. Y es que ¡No había ido a ninguna fiesta! Se preguntó si hacían fiestas en Yomiyama. Mientras caminaba por los exteriores pensaba en que el chico misterioso no había participado en esa clase tampoco. Recordó tampoco haberlo visto en el salón de artes plásticas y tampoco en el laboratorio. ¿Es que ese tipo no se preocupaba por sus calificaciones? Él estaba muerto si a su madre le llegaba un reprobado. Miró el cielo de color azul y sin querer su vista se posó en el tejado del edificio donde se encontraba el enigmático chico del que no sabía ni su nombre. Una idea cruzó por su mente y decidió llevarla a cabo. Subiría a la azotea y hablaría con el chico. Sí o sí.

No notó que detrás de él un grupo de tres chicos, una peli rosa, una rubia y un castaño, fruncían el ceño.


Corrió escaleras arriba doblando de pasillo en pasillo y esquivando personas. Casi arrolló a unas chicas que venían hablando, se detuvo y ocultó de su vista cuando escuchó su nombre.

-¿Viste a ese chico? Era muy guapo.- su ego subió unos puntos.

-Sí, es Naruto Uzumaki. Vino de Estados Unidos.

-Ah… ¿Es el chico nuevo en la clase tres de noveno grado? Pobre…

-¿Qué? ¿Por qué?- Naruto preguntó mentalmente lo mismo mientras escuchaba.

-¿No lo sabes? Esa clase esta maldita.- el rubio se interesó mucho más en aquella conversación.- Comenzó hace cuarenta y tres años. ¿Habías escuchado hablar de Misaki? Clase tres de noveno grado, había sido popular desde el primer año. Inteligente, atractivo y de gran personalidad. Les agradaba a todos, inclusive a los profesores. Poco después de empezar el noveno grado… Murió. Un Accidente. Todo el mundo estaba en shock. Entonces, alguien empezó a actuar como si Misaki estuviera vivo. Misaki está justo ahí, no está muerto. Todos lo imitaron, actuaban como si Misaki no hubiera muerto. Lo hicieron hasta la graduación.

-Pero… eso no es tan malo.

-No, pero dicen que el alma de Misaki aún está en la clase. Además he escuchado que si no lo ignoras y te acercas aunque sea para ayudarlo causa desgracias a los estudiantes de la misma.

-¿E-enserio?

-Dicen que eso pasó hace dieciséis años… Los estudiantes de ese salón no hicieron caso de las reglas y hubo una matanza en un viaje…

El rubio no se quedó a escuchar más. Todo eso eran puras tonterías. Estupideces, pensaba mientras corría escaleras arriba. Pero no podía detener los agitados latidos de su corazón. Nadie parecía percatarse de la presencia del pelinegro, tenía una apariencia espeluznante, no hablaba con nadie, desaparecía de repente…

-¡Naruto-kun!- escuchó a lo lejos el grito de alguien que reconoció como Sakura, la chica peli rosa que conoció el primer día. Alzó la mirada.

Pero quien estaba frente suyo no era Sakura.

Era él.

Y como hizo el primer día que lo vio, evitó chocar con él e igual que en esa ocasión cayó hacia atrás. Pero esta vez no había piso que detuviera su caída. Había olvidado que estaba en las escaleras.

-¡Naruto!- esta vez el grito fue de terror. Y a ese le siguieron muchos y muchos más.

Después de haber caído infinidad de escalones solo le quedó conciencia para ver como Sakura pasaba de largo al chico misterioso, como si no estuviera ahí. Lo mismo hicieron otros profesores que iban a ver su estado. El chico misterioso solo se quedó ahí, observando. Solo cuando se dio media vuelta y se fue saliendo de su rango de visión, Naruto se permitió desfallecer.


Al final no había sido nada, estuvo dos periodos en la enfermería y después de recuperar la conciencia y afirmar que solo le dolía un poco el cuerpo, le dejaron ir. La enfermera dijo que había tenido suerte. Naruto pensó que no había sido suerte sino su inteligencia la que lo había salvado. Eso y que, sin que nadie lo notara, el chico misterioso lo había jalado de la chaqueta haciendo su caída menos precipitada y mortal. Pero él había cooperado poniendo sus brazos alrededor de su cabeza para protegerse. Miró la puerta del salón de clases en frente suyo. Suspiró, Yamato-sensei iba a matarlo. Pero cuando abrió la puerta lo recibió un salón hecho un caos, como siempre que no estaba el profesor. Menudos muchachitos futuros ganadores del Oscar, pensó.

-¡Está vivo!- gritó Kiba cuando lo vio. El rubio sonrió y dirigió su vista hasta el fondo de la clase para darse cuenta de que el moreno lo miraba; esto duró por unos segundos aunque fue imperceptible para cualquiera que no fuera él.

-¿Dónde está Yamato-sensei?

-¡Eso fue épico viejo!- gritó de la nada Kiba aturdiendo al rubio. ¿Acaso él era así de escandaloso?- Aquí la compañera Hinata.- señaló a la mencionada.- ¡Hizo algo de lo que todos teníamos ganas!

-Le-le pregunte al sensei por ti.- inició el relato la oji perla.- Le conté que había pasado y le dije que todos estábamos muy preocupados, lo cual era verdad, y le recomendé que fuera a ver como estabas…

-¡Justo se acababa de ir cuando entraste Naruto!- comenzó a reír el castaño mientras los otros lo secundaban.- ¡Al fin le sacamos provecho a esa estúpida maldició…! ¡Auch!

-Lo que Kiba quiere decir…- interrumpió Ino Yamanaka, que hace poco había regresado a clases, y sin mostrar ningún arrepentimiento por golpear al castaño.-… es que las clases de Yamato-sensei son muy aburridas y que por fin nos libramos al menos de una.- todos miraron a Naruto expectantes, el rubio estaba seguro que ahí todos le estaban ocultando algo, algo que tenía que ver con esa maldición y el chico misterioso del fondo del aula. Hizo como que no había notado nada.

-¡Tienes razón ttebayo! ¡Me agrada pero me da miedo también!- enseguida la tensión se desvaneció, notó el rubio.

¿Qué era esa maldición? ¿Quién era el chico solitario? ¿En dónde mierda fue a parar?


-Entonces… ¿Mi padre estudió en Yomi?- preguntó el rubio viendo una foto de su difunto padre. Siendo específicos, una foto de graduación. En ella se veía a su padre con su grupo escolar, todos sonrientes.

-Sí, Minato se graduó con ho-no-res.- aquel tono puso a Naruto de mal humor.- Recuerdo que era muy popular entre las chicas.

El rubio miró la foto sin interés. Hace 16 años su padre se había graduado de la preparatoria y había salido de su jaula rumbo a Estados Unidos a estudiar psiquiatría, había conocido a su madre en la facultad de medicina y se habían enamorado. Después de apenas unos meses de relación la jodieron haciendo cochinadas sin protección y ahí estaba él. Su padre buscó trabajo, su madre lo parió y después de un tiempo buscó empleo también cuando pudo mandarlo a alguna guardería. No se confundan, no es que Kushina quisiera deshacerse de él, aunque en varias ocasiones él mismo lo ponía en duda. Su padre murió en un accidente de auto y su madre tuvo que mantenerlos a ambos. Él tenía tres así que no se acordaba y ahora se había vuelto todo un rebelde. Su madre ganaba muy bien, pues claro si trabajaba de cirujana todo el santo día, y él nunca se había quejado de su vida. Una duda surcó su mente.

-Vieja…- pasó por alto la mirada asesina de Tsunade.- ¿En qué clase estaba Minato?

-Tu padre, pequeño zoquete.- regaño la rubia.- Umm… me parece que estaba en la uno… si ahí, siempre fue de los mejores, no un mediocre como tú.

-¡Repite eso vieja!

-¡No me digas vieja, mediocre!


En la escuela tuvo tiempo de cavilar la información. Su padre no había tenido nada que ver con la maldición a pesar de estar en Yomi del Norte. Pensó en si le habría comentado algo a su madre. Tal vez le llamaría después para obtener información sobre esa maldición ya que nadie parecía querer decirle nada.

La maldición abarcó todos sus pensamientos. Misaki el fantasma actuando como imán de mala suerte. Sonaba ridículo. Bostezó atravesando la entrada de la gran escuela. Cambió sus zapatos y subió a su salón de clases, el mentado 9-3 maldito.

Miró a su alrededor y se encontró con un aula vacía. Y es que se había levantado muy temprano. Más bien fue que no pegó un ojo en toda la noche. Tomó asiento y pronto escuchó la puerta abrirse de nuevo. Miró al recién llegado en busca de plática pero se quedó mudo. El chico misterioso ni siquiera volteo a verlo. Simplemente se dirigió a su asiento. El corazón del rubio latió con fuerza mientras lo seguía con la mirada. Lo vio tomar asiento y se armó de valor.

-¡Oye ttebayo!- pero como en las otras ocasiones el chico no le contesto.- ¡Oye!- pero siguió siendo ignorado.- ¡Yo solo quería darte las gracias por ayudarme esas dos veces dattebayo!- bufó, nada, nada de nada. Se armó de valor, pero esta vez ese valor suicida de los protagonistas de películas de terror que se lanzan al infierno sin armas. Se dirigió hacia el chico misterioso para hablarle de frente- Quería preguntarte…

-Te vas a arrepentir

Se detuvo en seco a medio camino, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa. Sus manos quisieron temblar pero él las apretó en puños. Miró como el moreno se levantaba del asiento y se paraba frente a él a cinco pupitres de distancia, con esa postura encorvada y las manos en los bolsillos del pantalón. El rubio pensó que esa no era la postura de un fantasma. Carraspeó buscando su voz.

-¿Qué quieres decir con que me arrepentiré? ¿Quién eres? ¿Por qué todos te ignoran? ¿Qué es esa maldición que se rumorea por ahí…?

-¿No sabes nada…?

-¿Cómo te llamas…?- preguntó de nuevo el rubio cuando se recuperó del impacto de haber escuchado de nuevo aquella hermética voz.- Te llamas… ¿Misaki?- vio al pelinegro ladearla cabeza y sonreír a penas un poco de lado.

-¿Qué pasa si te digo…que solo tú puedes verme?

El Uzumaki se quedó de piedra mirando como el otro salía de la habitación. Se quedó ahí de pie rígido y seguramente pálido. Pero ninguna de sus articulaciones le respondía. Cuando al fin pudo moverse hacia su asiento alguien entraba al aula. Era Sai, un chico callado que se juntaba mucho con Tenten y Rock Lee. Admitía que le daban más ñañaras cuando lo veía a él que al chico misterioso. Aunque ahora podía ponerlo en duda.

-Uzumaki-kun.- saludó el moreno con un asentimiento de cabeza.- ¿Te encuentras bien? Estás pálido.

Solo negó con la cabeza, dándole a entender al otro que no importaba. Pero la verdad era que ni siquiera podía hablar.


Gracias por leer, agradecería que me digan su opinión en comentarios. Cualquier sugerencia es bien recibida y si hay algún error ortográfico no duden en hacermelo saber. Es mi primer fic de suspenso, que emoción. ¡Besos!