Parte II
¿Alguna vez han sentido…?
¿Cómo si tuvieran una soga alrededor del cuello impidiéndoles respirar o gritar?
¿Cómo si estuvieran en un abismo que no tiene fin y desearían que aquello acabara?
¿Cómo si alguien o algo les perforaran su pecho de la manera más brutal que desearía que ese dolor terminará?
¿Cómo si les faltará algo en su vida?
¿Cómo si quisieran buscar una salida en aquella jaula de angustia, dolor, pena, tristeza y remordimiento?
Marinette sentía todo eso. Después de haberle dicho aquellas crueles y nefastas palabras a Chat Noir nunca volvió a ser la misma.
Habían pasado ya cinco días y cuatro noches después de aquel suceso.
Se sentía una idiota, una mala persona, una maldita, una estúpida, un ser humano sin corazón.
Marinette jamás pensó que esas palabras le afectarían tanto a su gatito como a ella misma. Todas esas noches en vela esperando con aquella esperanza en sus ojos azules en que aquel chico de traje de cuero de gato entrara por el tragaluz de su balcón o de la ventana o de donde sea.
Se odiaba, se odiaba tanto.
Tanto que quería golpearse tan fuerte a sí misma para que entendiera en dónde tenía en primer lugar la cabeza.
Cada vez que sus amigos le preguntaban si se encontraba bien, ella les respondía que "sí" a la vez que ponía varios pretextos como crear nuevos diseños, atender la panadería, estudiar para los exámenes (agradecía que en la próxima semana tendría exámenes), y otras cosas más. Pero ella sabía la verdad, y esa verdad le carcomía el alma a la vez le hacía sentirse más miserable.
Ni siquiera con la presencia de Adrien le hacía subir sus ánimos.
Sólo porque él le recordaba a su gatito.
Marinette se encontraba con la mirada perdida y tristeza, observando aun con aquella esperanza y terquedad los dos lugares por donde entrarían Chat Noir. Eran las tres de la mañana de un viernes. Tikki se encontraba dormida, pero Marinette ni siquiera quería pegar el ojo. Si ella se quedaba dormida aunque fuera por unos segundos ella perdería la oportunidad de volver a verlo, es más, ni siquiera Chat Noir se mostraba para sus patrullajes nocturnos.
– Me arrepentiré por decir esto pero… por favor Hawkmoth envía un akuma, el que sea sólo con tal de verlo. – suplicó en la oscuridad de la noche.
Sus ojos azules estaban a punto de llenarse de lágrimas de la angustia, la rabia y sobre todo de la soledad y tristeza que sentía en aquella fría habitación.
Por muy raro que sonará, París ha estado tranquilo en los últimos días; ningún ciudadano o turista ha tenido ningún sentimiento negativo, es más, ni siquiera Chloe quien era la persona más castrante, molesta, envidiosa, y tirana estaba más de lo tranquila sin ofender a nadie.
¡Por todos los cielos! ¡Todo el mundo se decidió en darle ese cruel castigo a ella por lo que hizo!
– Me lo merezco. – dijo ella con una voz entrecortada.
En ese momento, algo captó la atención de Marinette.
Era aquel peluche de Chat Noir.
Un malestar comenzó a sentir en la boca del estómago, mientras que la desesperación y mortificación invadía su tranquilidad de esa noche en su habitación. Ella tomó indecisa el muñeco de felpa mientras que una agonía renació en su corazón; al tener ese muñeco entre sus manos lo aferró a su pecho como si éste le brindaría protección y consuelo. Abrazó con fuerza el peluche mientras ocultaba su rostro entre el hueco de sus brazos y el muñeco para luego soltar unos sollozos ahogados de tristeza y de dolor.
– Chat… Chat… por favor regresa. – suplicó con dolor y agonía.
¿Cuánto dolor?
¿Cuánto debía aguantar ese arrepentimiento junto al dolor que su corazón sentía?
Marinette se recostó en una posición fetal sin soltar aquel muñeco de Chat Noir. Las lágrimas silenciosas no dejaban de salir de sus ojos, sus sollozos ahogados junto con el nombre del gato negro era casi audible en aquella silenciosa habitación. El sueño había invadido a la Dupain-Cheng mientras que sus ojos cansados y rojizos no dejaban de escapar aquellas lágrimas.
La mañana llegó cuando los primeros rayos del sol aparecieron y se traspasaron al cristal de la ventana iluminando así la habitación de la chica.
– Marinette es hora de levantarse. – anunció Tikki tratando de despertar a su elegida quien aún yacía dormida en su cama.
– Sólo un poco más. – dijo Marinette en un tono adormecido y ronco.
– Marinette sólo te quedan 15 minutos para entrar a la escuela. – la kwami trato otra vez de despertar a la chica pero parecía ser inútil.
– No quiero ir. – ella ahogó un sollozo mientras aferraba inconscientemente el muñeco hacia su pecho.
– Marinette tienes que asistir. Hoy es el último día para dar el último repaso antes de comenzar los exámenes de la siguiente semana. – dijo desesperada Tikki con la última esperanza de aquello pudiera hacer reaccionar a Marinette.
Lo cual fue un rotundo éxito.
La Portadora de la Mariquita se levantó perezosamente de la cama, retirándose aquellas molestas cobijas que se habían rodeado a su cuerpo como si fuera una momia. En ese momento, Tikki no pudo evitar sentirse alarmada cuando vio el estado en el que se encontraba su elegida; el rostro de Marinette estaba roja, sus mejillas tenían unas marcas blancas de aquellas lagrimas saladas por la que había soltado al llorar esa noche de desconsuelo, sus ojos estaban rojos e hinchados de tanto llorar al igual que no adquirían ese brillo cálido que tanto demostraba en aquellos opacos orbes azules.
Se bañó, se vistió y alistó sus cosas para irse directamente a la escuela; no tenía apetito o sed simplemente se fue directo a la escuela. Se despidió de sus padres con un beso en la mejilla mientras que el matrimonio comenzó a sentirse preocupados por la actitud de su unigénita.
Desde el fondo de su corazón Tom y Sabine sabían que algo le ocurría a su hija, no querían presionarla a que les dijera lo que era aquello que tanto le causaba tristeza y desconsolación en el corazón de su amada hija.
Marinette había llegado a la escuela cinco minutos de anticipación, había pocos de sus compañeros en el salón quienes inmediatamente sus ojos posaron sobre ella. Muchos de ellos ya estaban tan angustiados de la preocupación que intentaron tantas veces de saber cuál aquella tristeza de la azabache.
La Dupain-Cheng se sentó en su lugar, cubrió su rostro contra sus brazos que los usaba como almohada, su corazón estaba desecho que hasta le dolía cuando respiraba.
– Marinette, ¿Estás bien? – la voz de Alya hizo que ella levantará su rostro.
Grave error que ella cometió, pues al hacerlo en vez de ver a su amiga su vista se topó con aquellos ojos esmeraldas de su amor platónico.
– Chat Noir. – pensó con dolor y agonía mientras que su expresión cambio drásticamente.
Marinette se levantó bruscamente de su asiento y salió corriendo del salón. Ignorando los gritos de sus compañeros, de su amiga, el novio de ésta, y de Adrien.
Ya no podía evitarlo más.
Ya no aguantaba más.
Se sentía culpable.
Se sentía estúpida.
Se sentía perdida y…
Destrozada.
Marinette se encerró en el salón de música, ya que sería el único lugar disponible porque sólo ese salón se ocupaba los miércoles; ella descargó toda su tristeza y cólera en aquel salón, las lágrimas de rabia no dejaban de salir de sus ojos mientras reprimía sus sollozos ahogados.
¿Por qué en ese momento tuvo que fijarse en la mirada esmeralda de Adrien?
¿Por qué le hizo recordar aquellos ojos del modelo a los de ese maldito gato?
¿Por qué no podía sacárselo de la cabeza y más sobre todo de su alma?
Así tal vez no le dolería y no sufrirá tanto como ahora lo está sintiendo.
– Marinette… – la voz de Tikki la llamó pero ella sólo podía pronunciar el nombre de aquel gato.
– Chat… Chat… Chat Noir…
– Marinette. Por favor, debes controlarte sino Hawkmoth te… – la mariquita no pudo terminar debido a que un fuerte estruendo la había interrumpido.
– Un akuma… – susurró la Portadora de la Mariquita mientras veía en un punto de la ventana con la espera de ver algo o más bien a alguien pasar a un lado de ella. – Chat Noir.
Debido a la regocijo de su corazón Marinette salió corriendo del salón de música olvidándose de un pequeño detalle.
Su transformación y a Tikki dejándola atrás de ella.
