Trece largos años han pasado desde que Hikari viajó al planeta Tierra persiguiendo con obstinación el mensaje de sus sueños. Ella creía que alguien tan poderoso no tardaría en expulsar sus poderes para encontrarlo con facilidad, sobre todo si tenía la misión de destruir el planeta. Sin embargo luego de trece años ni sintió expulsar un gran poder, ni tampoco el planeta había sido destruido. Mientras tanto se crió entre las malezas de la selva, lejos de la civilización, pues ella había observado que los humanos no tenían cola y temía que pudiera causar temor o alguna clase de burla o, en el peor de los casos, que sea asesinada por su anormalidad. Sólo se metía en las ciudades para ver si había alguien más con cola también y asi encontraría a Kakarotto.
A ella no le interesaba el negocio de los planetas, ni tampoco destruirlos si no le causaban molestia alguna, asi que decidió hacer de ese planeta su nuevo hogar, además, se sentía muy a gusto cuando meditaba entre las flores coloridas de la pradera.
-Kakarotto... -susurraba con la voz que ya comenzaba a cambiarle con dieciseis años- Kakarotto... Estoy segura que el de mis sueños eras tú. ¿Dónde estás? ¿Acaso te habrán asesinado por raro?
En el lago los peces transitaban con normalidad y ella los observaba. No podía quitarse de la mente el encontrar al niño, pero tampoco sabía que hacer, pues no lograba sentirle el ki.
-No. No estás muerto -sonríe- Tendré que buscarte una vez más.
Pegó un gran salto y fue hacia la ciudad a encontrar suerte una vez más.
Llegó a la ciudad y se encontró con todo tipo de personas: gordas, flacas, altas, bajas, rubios, morochos, pelirrojas y hasta animales. La contaminación sonora de los coches la hacía sentir un poco irritada asi que intentó concentrarse en otra cosa para no pensar en ello. Pasó por una vidriera de ropa y un anciano que estaba situado en la puerta del local y parecía tener una calma impasible, la saludó con una sonrisa.
-Niña. ¡Oye niña! -Hikari voltea con expresión de duda- Si a ti niña, acércate -con cuidado la muchacha se acercó. -Eres muy bonita. ¿Por qué llevas esa ropa tan extraña e incómoda?
-Yo... ehm... -la desconcertó la pregunta- No tengo mucha ropa -se limitó a decir.
-Puedo hacerte una rebaja si quieres y elijes lo que tu quieras -le regala una sonrisa el anciano. Hikari se quedó extrañada.
-Agradezco mucho su oferta pero no tengo dinero - contestó amablemente.
-Pídele a tus padres -le guiña el ojo.
-Mis padres están muertos -dijo sin titubear y con total naturalidad -Y no se como puedo hacer en este planeta para obtener dinero.
-Ya veo... -respondió el hombre extrañado y algo avergonzado después de escuchar sobre el lamentoso destino de los padres de la muchacha.
-¿Usted sabe como puedo lograrlo? -El anciano la miraba confuso- Si consigo dinero entonces le compraré ropa sin ningún problema. Tal vez tenga razón, necesito ropa más cómoda -le sonríe.
-¿Quieres conseguir dinero? -al hombre canoso le causó gracia la desenvoltura de la jóven- De acuerdo, cuéntame ¿Qué es lo mejor que sabes hacer? ¿Sabes atender gente? ¿Sabes de computación? ¿Sabes idiomas? ¿Sabes cocinar? Dime y puedo recomendarte a conseguir algún empleo.
Repentinamente un grito desgarrador se asoma de entre las calles, acto seguido un hombre muy corpulento cae al piso mientras el que se encontraba frente a él seguía de pie y con una gran sonrisa.
-¡Y lo derrotó! ¡Nuevamente el ganador es el gran Takeshi! ¿Quién más se atreve a desafiarlo? -propuso el hombre de lentes oscuros que se encontraba al lado del ganador mientras le sostenía la mano.
-¿Qué es eso? -preguntó Hikari al anciano
-Ah, esos estafadores otra vez... -se acomoda los lentes- Son negocios que hacen en las calles. Vienen de a grupos de a tres, uno es el que maneja el dinero, el otro es el que realmente pelea y otro es el actor. Hacen apuestas por dinero, si tu ganas entonces ellos te entregarán la suma correspondiente, si pierdes la que pagas eres tú. Para atraer gente el actor simula ganarle al luchador profesional y le entregan el dinero. Entonces más de uno cree que podrá vencerlo también y apuestan, sin saber que en realidad el otro es cómplice de ellos.
-Entiendo -dijo la muchacha y sonrió- ¡Entonces ya se como conseguir dinero! -dijo con una gran sonrisa.
-¡¿Te has vuelto loca niña?! ¡Ese tipo es un luchador profesional! ¡Ha salido en tercer lugar en el torneo de las artes marciales!
-¿Torneo de artes marciales? -volvió a mirar al hombre. Era inmenso en altura y muy robusto, de pelo algo largo y desarreglado. Tenía aspecto de creído. Hikari sonrió pero de felicidad -Ahora regreso, iré a pelear y mientras esté eligiendo mi ropa usted me puede contar sobre ese dichoso torneo, estoy muy interesada...
-Vaya, si que tienes agallas. Niña -se le pone delante- Tienes muchas agallas y eso es admirable, pero esos hombres no son rivales para ti.
-¡Solo déjeme mostrarle! ¡Deme una oportunidad! -se contentó la chica quien no esperó respuesta del anciano y corrió hacia el lugar.
-¡Pero chica...! -mostró preocupación el viejo, pero ella no retrocedió.
-¡Vamos! ¿Nadie más se atreve a desafiar a este guerrero?
-¡Yo! -gritó Hikari quien venía corriendo con una amplia sonrisa- ¡Yo quiero enfrentarme! -el hombre de gafas quedó incrédulo.
-¿Tú? ¿Una mocosa como tú? -todos rieron, incluso los humanos que pasaban por el lugar -Por favor... -rodó los ojos bajo los lentes -A ver, dime ¿Cuánto dinero tienes?
-No tengo dinero, por eso quiero enfrentarme - respondió ya con seriedad. La burla de la gente la estaba poniendo de mal humor -Necesito el dinero y te derrotaré para llevármelo.
-Mirenla... ¡Cree que derrotará al gran Takeshi! -todos reían. La chica se volvía cada vez más irascible. -Escúchame, como eres una niña insignificante que sólo tiene ganas de recibir golpes gratis, apostaré todo lo recaudado del día de hoy, tengo cien mil zenis. Si tu ganas te los daré todos y te perdonaré si pierdes.
-Está bien -sonrió mientras fruncía su entrecejo- empecemos a pelear -el anciano de la ropa justo llegaba corriendo a presenciar la escena.
-¡No lo hagas niña! -suplicó. Pero Hikari ya estaba de pie frente a Takashi para pelear.
-Asi que piensas que puedes ganarme ¿eh? -le dijo el luchador- Está bien, trataré de no hacerte mucho daño -se burló ante la fría seriedad de la jóven y la atacó dándole un golpe con el puño cerrado directo en su pera. La cabeza de la muchacha siguió el trayecto del golpe hacia atrás. El anciano se estremeció al ver semejante aberración.
-¿Ya terminaste de atacar? -preguntó Hikari aún con la cabeza hacia atrás.
-No puede ser... eres una niña insolente... - dijo Takeshi y de ira intentó pegarle con el otro puño, aventando un golpe aún más fuerte pero ella lo detuvo con su pequeña mano.
-¿Ya terminaste? - volvió a preguntar.
-¡No puede ser! ¡Maldita niña arrogante! - y se abalanzó a las patadas contra ella pero las esquivó con mucha facilidad.
-Ya me aburriste -dijo, y le pegó una patada en la boca del estómago para dejarlo inconsciente -Pensé que sería más divertido -se lamentó. Se dió la mediavuelta y buscó al hombre de gafas -Mi dinero por favor -el hombre se lo entregó tembloroso e incrédulo.
-¡Idiota! ¡Apostaste todos nuestros Zenis del día! ¡¿Y ahora qué comeremos?! -recriminó al actor que los acompañaba.
Hikari sonreía con felicidad y fue en busca del anciano quien estaba sorprendido por semejante poder.
-¿Qué vestido puedo comprarme con cien mil zenis? -preguntó feliz.
El anciano optó por darle un traje especial que había diseñado una vez para alguna mujer luchadora. Pero como no habían muchas de ellas, lo había guardado entre sus cajas de diseños frustrados. El traje era una blusa rosa que se cruzaba por delante y se anudaba desde atrás, venía acompañado de una pollera rosa con un gran tajo en la parte derecha y con un cinturón elástico azul marino. Y los zapatos eran botas azul marino también para combinar con sus muñequeras. Parecía, sin querer, que el traje hubiese sido diseñado para ella.
-Te queda fantástico -dijo el hombre mientras miraba a la joven Hikari quien se miraba al espejo. Pero cuando volteó para verse de atrás el hombre se sorprendió y quedó atónito ante la cola que se asomaba desde su espalda baja -¡¿Tienes una cola?! preguntó extrañado.
-Ah ¿Esto? -la agarra- Si, mi padre también tenía una, supongo que la he heredado -respondió sin darle mucha importancia. -¡Es súper cómodo! -sonrió y empezó a dar patadas y golpes para probarlo -Es simplemente genial -sonrió con gran aptitud. Me quedaré con este. ¿Cúanto le debo? -el anciano se acercó hasta ella.
-Si aceptas quedarte a cenar conmigo entonces no me pagarás nada - le dijo sonriente.
-¿Eh? ¿Y el dinero que gané?
-Quédatelo niña. Lo necesitarás para sobrevivir.
-No lo creo. Sino lo hubiera necesitado toda la vida y siempre me he arreglado sola -respondió con naturalidad.
-Eres muy valiente ¿Sabías? -el hombre la mira fijo- Tienes muchas agallas, más de las que he visto en cualquier persona.
-Me quedaré a cenar pero usted deberá contarme de ese torneo.
-Está bien, me parece justo -el anciano le sonríe.
Mientras cenaban el delicioso arroz al wok junto a unas sopas y carne, todas preparadas por el mismo hombre viejo quien se presentó como Hibiki, éste le comentó de que se trataban exactamente los torneos de artes marciales a una Hikari que parecía muy apetitosa por su forma de comer casi atragantada.
-¡Por el amor del Universo! ¡Ésta comida es deliciosa! -comentó con su boca llena.
-¿Cuánto tiempo tenías sin comer?
-Desde ayer.
-¿Apenas desde ayer? ¿Y donde metes todo lo que te comes?
-Necesito energía para poder ser fuerte, no podría sino de otra manera -sonrió mientras tragó el último bocado del último plato.
-¿Aún quieres más?
-No, gracias. Ya estoy satisfecha -se reverenció.
-¿Dónde es que vives? ¿Te cocinas tú sola?
-Vivo en la selva, me crié entre la naturaleza, cazo animales, como frutas y verduras de las plantas. Me asomo a la ciudad de vez en cuando para buscar a un chico. ¿Por casualidad lo ha visto? Tiene una cola como yo.
-¿Se trata de tu hermano? -preguntó curioso.
-No, es un ser que vivía en el mismo planeta que yo.
-Entiendo, no eres oriunda del planeta Tierra...
-No -y lo mira de reojos- por favor no le diga a nadie. Temo a que se me juzgue por eso.
-Tu secreto está a salvo conmigo -le dijo el anciano con una mirada pacífica - Yo también hace mucho tiempo que estoy solo -se lamentó- Tenía una nieta, se parecía mucho a ti.
-¿Y qué sucedió?
-Fue una mañana muy fría, se había ido con mi hijo, su padre, a pasear. Jamás pensé que ninguno regresaría. Se vieron involucrados en un asalto dentro de una tienda, o al menos eso era lo que parecía. Un hombre llamado Tao Pai Pai la asesino cruelmente cuando comenzó a llorar de miedo, solo para que se calle. Mi hijo no soportó ver el destino que corría ella y se abalanzó contra él pero también lo asesinó. O al menos esa fue la pericia policial.
-¡Maldito! -gruñó Hikari mientras presionó sus puños.
-En fin, supongo que asi es el destino... Imprevisible. -un corto silencio se apoderó de ellos- ¿Qué hay de ti? Dijiste que venías de otro planeta buscando a un chico con una cola como tú ¿Es cierto?
-Asi es, soy de una raza de guerreros, llamados Saiyajines. Una raza con poderes increíbles, por eso me gusta pelear. Creo que debo ser una de las últimas con vida porque han reventado a mi planeta, o eso creo, no recuerdo muy bien, quedé inconsciente luego de la explosión.
-Ya veo. Déjame adivinar, estás buscando a este niño para que tu raza no se extinga ¿Cierto?
-No. -Hibiki se sorprende- Ni siquiera yo soy una Saiyajin de raza pura -sus mejillas tomaron color en forma avergonzada- y usted es la primer persona que lo sabe. Creo que ni siquiera me animo a decirmelo a mi misma. -toma la taza vacía de la sopa entre sus manos- Verá, en mi planeta vivían dos tipos de razas, los Saiyajines y los Tsufurs. Mi padre era Saiyan pero mi madre era Tsufur, y ese era el mayor secreto de mi familia ya que si llegaban a enterarse de que mi madre no pertenecía a su raza la matarían, como hicieron con el resto de los Tsufurs. Lo más extraño de todo aún fue que mi padre se enamoró de ella, y los Saiyajins no acostumbran a eso, más bien sólo se reproducen para no extinguir la raza. Sin embargo mi madre odiaba a los Saiyajin, precisamente por esta razón. Yo no se si ella realmente amó a mi padre o si en realidad escogió quedarse con él para salvarse la vida. -imágenes de su vida se le vinieron a la mente- Y cuando nací, al ver mi cola y mi nivel de poder, me despreció por completo. Quizás ella quería una niña que vista de rosa, estudie informática y se pinte los labios, pero yo ya estaba marcada con la sangre Saiyan, me gusta luchar, me divierte y me gusta sentirme fuerte -sonrió orgullosa.
-¡Vaya historia! -su rostro mostró confusión- Aún asi no entiendo que tiene que ver el chico que vienes a buscar.
-Esa es mi otra mitad -respondió- Los Tsufurs eran tan inteligentes que hasta podían generar poderes psíquicos, en mi madre se había desarrollado de forma nata y al parecer lo heredé también. Desde que tengo uso de memoria tengo un sueño con este chico, no se que es el sueño aún, no entiendo que es lo que me quiere decir, pero se que es importante, o al menos esa es la sensación que tengo en mi pecho.
-Asi que, tienes la fuerza del cuerpo y dee la mente... interesante.
-Si, pero si quiero encontrar a Kakarotto entonces tengo que pensar como Saiyain. A él debe gustarle pelear también, por eso necesito información sobre ese torneo. Estoy segura de que allí puedo encontrarlo.
-Lamento decirte, niña, que el torneo finalizó hace poco menos de un mes.
-¡Maldición! ¿Debo esperar tres años más? -dijo con desgano.
-Tal vez te lo cruces antes... ¿Quién sabe? -el hombre se levanta y busca un periódico. Se pone los lentes y comienza a leer una lista -¿Cómo dijiste que se llamaba?
-Kakarotto.
-¡Vaya nombre! -suspiró y siguió buscando pero sin éxito- Tal vez hayas tenido suerte, no aparece en la lista de luchadores.
-Esto es desesperante -y se desperezó- Ya es tarde, iré a dormir.
-Puedes quedarte aquí si quieres -invitó Hibiki con amabilidad.
-No quiero molestarlo más, ya hizo mucho por mi el día de hoy.
-No me molestas en lo absoluto, todo lo contrario - se reverenció- Apuesto a que nunca has dormido en una cama.
-No, es cierto -sonrió- pero si no le molesta saldré a dar una vuelta. Tal vez encuentre a Kakarotto.
-No te tardes por favor.
-Lo prometo -sonrió Hikari y se trepó por la ventana para salir brincando.
Maldición, no creo encontrarlo entre tanto alboroto... -pensaba la Saiyajin mientras caminaba por los callejones empapelados en afiches de la ciudad- ¿Por qué le dije toda la verdad a ese hombre? Tal vez necesitaba sacarla de mi, de una maldita vez... -El viento comenzó a soplar ligeramente revoloteando los cabellos ondulados de Hikari, una tormenta se avecinaría. Sumergida dentro de si misma, mirando por debajo de su flequillo los rostros de los jóvenes con los que se cruzaba, dobló por una calle que costeaba a un río muy de cerca. La noche se hacía cada vez más oscura y cada vez iban quedando menos personas, al igual que las esperanzas de Hikari, una vez más.
Repentinamente uno de los afiches es arrancado por el viento que poco a poco empezaba a enfurecerse y este aterriza directo en la cara de la chica. De mala gana y con un gesto de asco se lo quita de la cara, más furia sintió al leer el papel, creyendo que el destino se burlaba de ella.
"¿Aún no te inscribiste? ¿Creés que tienes agallas?
¡Muestra tu verdadera fuerza!
Torneo de Artes Marciales Nº 21"
-¡Maldito Kakarotto! -gritó- ¡Jamás te encontraré en este podrido planeta superpoblado! -Parte el papel por la mitad, lo hace un bollo y lo tira al río -¡Deja de burlarte de mi! ¡Mejor dame una señal, maldición! -y se estremeció al ver lo que sucedía.
Justo en ese instante, muy cerca de el papel arrojado -que empezaba a humedecerse- observó como un brillante color anaranjado provenía desde el fondo de este, y parecía no estar muy lejos. Saltó por la acera que divide la ruta de la tierra y se acercó hasta la orilla para mirar más de frente. Arqueó sus cejas y sintió un profundo deseo de hacerse con ese pedazo brillante, asi que no lo pensó más y se arrojó al río, que lentamente se iba precipitando. No tuvo que nadar con mucha profundidad para encontrarse con el objeto esférico. Lo cogió y salió a la superficie. Lo miró detalladamente y descubrió que éste tenía tres estrellas rojas. No sólo decidió quedárselo porque le parecía bonito, sino porque recordó que después de maldecir un largo rato, le había pedido una señal al universo y éste se la había enviado, o al menos eso quería creer antes de que su esperanza muera para siempre. Mientras tanto las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer.
Hibiki estaba despierto para cuando Hikari regresó a la casa, sentado en su mesa de café con tres velas encendidas, una pava y dos tazas de té, una ya servida y la otra sin servir. Su vientre se estremeció de regocijo al ver que la muchacha sólo estaba empapada de lluvia.
-Me tenías preocupado, la tormenta está muy fuerte esta noche.
-Lo siento -se reverenció- Primero debía despejar mi cabeza de preguntas y respuestas, sino no hubiera podido dormir.
-Ven -la llamó el anciano- Sécate con esto -le ofrece una toalla- Entonces ¿Pudiste despejarte?
-Algo asi -respondió mientras secaba su cabeza.
-Toma una taza de té, te aliviará del frío -le sirve.
-Gracias -se sienta junto a él- ¿Usted cree que yo pueda pelear en ese torneo?
-Niña... -suspiró- Eres muy fuerte y valiente, pero en ese torneo el nivel de poderes es increíble.
-No me interesa, tengo tres años para entrenarme. -Bebe un sorbo.
-No, no lo entiendes. Es peligroso -insistió el viejo.
-Pues, si ese tipo era el ganador del tercer puesto... -rueda sus ojos- No creo que deba de temer mucho... -Mira hacia un costado y descubre el periódico que el hombre le había dado esa tarde y lo recoje.
-Muchacha, ese hombre fue ganador hace un par de torneos atrás. He sabido que se ha vuelto a inscribir y ha sido vencido. Obsérvalo tu misma en la lista. -La Saiyajin lo comprueba.
-Jackie-Chun, campeón del torneo. Son Gokú, segundo lugar -leyó en voz alta y pensó: Kakarotto ni siquiera figura en la lista... - ¿Usted sabe si es posible que los luchadores entren a jugar con seudónimos?
-Desconozco en verdad. Pero podría ser muy posible.
-Ah. otra cosa -busca en el bolsillo de su traje la esfera- ¿Tiene idea de qué es este objeto? -Los ojos del anciano se abrieron como dos huevos duros.
-¡No... no... puede ser! -la muchacha lo miró extrañada mientras el anciano la toma entre sus manos- ¿Son reales? ¿El mito es real?
-¡Oiga! ¿De qué está hablando? ¡No refunfuñe sobre lo que no se!
-Cuenta la leyenda de que quien encuentre las siete esferas del dragón, entonces tiene como premio cualquier deseo. Con todos los años que llevo encima creí que esto era un mito urbano, una leyenda. Pero esta cosa se ve demasiado real para ser una baratija o una broma.
-¿Cualquier deseo?
-Si, cualquier deseo.
-¿Usted quiere decir que si encuentro seis más de éstas podré pedir un deseo?
-Eso dice la leyenda, mi niña.
-Esto es genial. Si encuentro las otras seis podré encontrar a Kakarotto.
-Tal vez, sólo porque si no fuera que están esparcidas por todo el mundo. O eso dice la leyenda.
-No importa. Tengo tres años para entrenar ¿lo recuerda? Podré matar a dos pájaros de un tiro quizás.
-Mi niña... -suspiró Hibiki- No quiero desilusionarte, pero me cuesta creer que esa historia sea verídica -el rostro feliz de la chica se transformó en el de alguien desesperanzado, otra vez. -Anda, ve a dormir. Ya preparé tu alcoba.
-Gracias señor Hibiki. -se reverencian- Que tenga unas buenas noches -toma la esfera y se retira.
Hikari estaba sorprendida, jamás se hubiera imaginado lo tan cómodo que podía ser ese objeto de reposo llamado 'cama'. Se sintió satisfecha por un momento y luego de revolcarse y dar vueltas para sentir la suavidad de las sábanas volvió a realidad al observar la esfera que había dejado a su lado en el suelo. De repente, entre tanta oscuridad, ésta brilló con intensidad. La muchacha la tocó para ver si sucedía otra vez, buscó algún botón de encendido, la frotó con sus manos, la sacudió, pero nada la hizo brillar nuevamente. Desganada y ya con sueño, la volvió a reposar a su lado. Entrecerró sus ojos y nuevamente la esfera brilló iluminando todo el cuarto.
-Tiene que ser real... -susurró- la leyenda de las esferas del dragón tienen que ser reales, o yo me estaré por enloquecer del todo...
-¡Continuará!-
