¡Hola! Muchísimas gracias por comentar y seguir mi historia, espero que este capítulo también les guste :3
No diré más por el momento en cuanto a Rukia, sólo que tengo claro que se trata de un personaje muy badass y por ende trataré de hacerle justicia, aunque admito que no soy muy buena captando su personalidad. Una disculpa de antemano si la encuentran un poco OoC.
LOS ANDRANIS
Capítulo 2: Sospechas.
Byakuya volteó por enésima vez hacia la Colina del Sokyoku para ver si lograba distinguir la característica explosión de poder de Hakka no Togame.
El cielo negro y plagado de estrellas no se veía interrumpido por aquella manifestación de hielo, la noche era tan silenciosa como siempre. Byakuya dejó el pincel y el pergamino sobre el escritorio y se acercó a la ventana, su rostro parcialmente iluminado por la vela y por la luna. Escuchó que alguien llamaba a la puerta y, sin detenerse a preguntar quién era, indicó que podía pasar.
-Capitán Kuchiki, no hay señales de ella en la División Trece –era Renji Abarai, su teniente.
Byakuya tensó la mandíbula inconscientemente. Rukia había prometido que sólo practicaría una vez más antes de regresar, pero en cambio se había quedado en la colina. No estaba usando su bankai, eso era obvio, pero podía estar practicando las artes demoníacas, el zanjutsu o incluso las danzas de su shikai.
-¿Quiere que vaya a buscarla?
Byakuya negó con la cabeza. Terminó de firmar un par de papeles y se los dio a Renji.
-Lleva esto al cuartel general del Capitán Comandante Shunsui. Yo iré buscar a Rukia.
-Sí, capitán.
Byakuya tomó su zanpakutou del armario, lo cual no pasó desapercibido para Renji, y salió del cuartel rumbo a la colina.
Su mente era un remolino de emociones. Por una parte estaba molesto con Rukia porque no había cumplido su palabra; estaba preocupado por su estado físico; y también estaba alerta, porque si no se trataba de lo que estaba pensando…
Rukia jamás osaría desobedecerlo, pero ¿qué tan desesperada estaba por perfeccionar su bankai? ¿Se sentía de algún modo responsable por tantas muertes de sus compañeros, resultado de la última guerra contra los Quincys?
Byakuya no dejó que estas preguntas se interpusieran en su camino. Utilizó el shunpo para ascender rápidamente la colina y se encontró con que estaba desierta. ¿A dónde había ido Rukia? Supuso que tal vez había tomado otra ruta para regresar y por eso no se la había encontrado en el camino, pero falló en el intento de percibir su reiatsu. Rukia no estaba en la colina, ni en el cuartel, ni en ningún otro lugar dentro de la Sociedad de Almas.
Lo único que había, lo único que inundaba el lugar con su horrendo y característico olor, era un rastro de azufre rodeando la capa que horas antes Byakuya le había puesto a Rukia sobre los hombros.
No había sangre ni señales de forcejeo o de alguna pelea. De no haber sido por esa única señal que encontró a mitad de camino, pensaría que ni un alma había pisado la Colina del Sokyoku en semanas, meses incluso.
Recogió la capa del suelo y la sostuvo un momento entre sus manos. ¿Qué había pasado y en dónde estaba Rukia? Byakuya podría haber reaccionado como se esperaba, entrar en pánico o enfurecerse por la repentina desaparición de su hermana, pero en cambio, con una calma ejemplar, revisó la colina para asegurarse de que no había rastros de ella y luego regresó al cuartel.
-¿Capitán?
-Tampoco estaba en la colina –informó Byakuya.
Renji se mostró consternado. ¿Cómo era posible que Rukia hubiera desaparecido así como así de un momento a otro? Él mismo había preguntado en varias divisiones, pero nadie parecía haberla visto regresar de su entrenamiento.
-Necesito que informes de esto al Capitán Shunsui –dijo Byakuya.
Renji asintió, deseoso de colaborar de alguna forma con la búsqueda. Tomó la carta que le entregó Byakuya y salió a cumplir las órdenes sin perder tiempo.
Mientras tanto, Byakuya se dirigió al Centro de Investigación y Desarrollo.
Mayuri Kurotsuchi hizo una mueca de fastidio cuando Akon llegó a informarle que el capitán del Sexto Escuadrón lo estaba buscando.
-No porque a él le guste perder el tiempo significa que a todos nos gusta.
-Pero, capitán, dice que es urgente.
Akon se congeló en su lugar al recibir la mirada asesina de Mayuri. Por mucho que le asustaba contradecirlo, el capitán Kuchiki también era un hombre que podía ser incluso más peligroso que el científico loco.
La pequeña Nemu los observaba alternadamente, esperando la reacción de su maestro. Al final, Mayuri cedió y dejó para después lo que estaba haciendo.
-Dile que pase, pero que sea breve.
Akon asintió y se retiró. Nemu siguió a Mayuri a una sala contigua y se sentó en el sillón de la esquina.
-Ahora no, Nemuri, esta es una reunión de capitanes.
Nemu, con expresión de triste pero con la obediencia de un robot, salió del cuarto y cerró la puerta quedamente tras ella. Antes de poder alejarse se topó con un hombre alto, apuesto, de cabello negro y mirada fría que estaba usando un haori similar al de Mayuri.
Byakuya observó con algo de curiosidad a la niña, pero no dijo nada y simplemente entró a la habitación donde ya lo esperaba el actual presidente del CID.
El ambiente tétrico de aquel lugar en conjunto no fue suficiente para poner nervioso al líder del clan Kuchiki. Byakuya avanzó hasta el asiento frente a Mayuri y con una cortesía ensayada lo saludó.
-Podemos dejar las formalidades de lado, capitán Kuchiki, tengo cosas más importantes qué hacer.
Eso estaba bien, Byakuya tampoco planeaba quedarse a tomar el té. Además, como nunca había sido de esas personas que se andaban por las ramas, abordó el punto de inmediato.
-Mi hermana desapareció.
Mayuri rodó los ojos con fastidio. ¿Y a él qué demonios le importaba lo que le pasara a Rukia Kuchiki?
-Seguramente fue a jugar con sus amigos al mundo humano –respondió con sarcasmo.
Byakuya frunció el ceño por la poca importancia que le daba al asunto y acto seguido arrojó su capa encima de la mesa.
-Llevaba esto antes de desaparecer. ¿Sabes lo que es? –Byakuya tomó un poco de azufre entre los dedos y lo esparció en el aire frente a los ojos del doceavo capitán.
Mayuri reconoció el polvo amarillo, el olor era inconfundible.
-¿Qué estás sugiriendo?
-Busco respuestas –dijo Byakuya-. Rukia desapareció y dejó esto atrás.
-El azufre es la firma de los demonios –dijo Mayuri con una sonrisa tenebrosa-. No es que dejen un rastro voluntariamente, sino que no pueden evitarlo. El azufre es para ellos lo que para nosotros es el reiatsu.
-¿Demonios en la Sociedad de Almas?
Aquello era descabellado, como sacado de una tonta leyenda. Mayuri se encogió de hombros y ensanchó su sonrisa sin poder evitarlo. Disfrutaba hacer desatinar a hombres tan centrados como Byakuya Kuchiki.
-¿Por qué no? Ya hemos tenido de todo desde que ese adolescente se involucró, ¿no es así? Los demonios, los Onis, para usar un término propio de la cultura, son criaturas mitológicas, los hay de muchas clases, pero ¿no es acaso también nuestra existencia parte del folclor japonés? Si nosotros los shinigamis existimos, si los Hollows existen, si los Quincys existen… ¿por qué no habrían de existir también los Onis?
Byakuya no respondió las preguntas, aunque sabía que Mayuri realmente no esperaba que lo hiciera. Su mente trataba de encontrarle una lógica a todo aquello. ¿Era posible que Rukia hubiera sido secuestrada por Onis?
Mayuri disfrutó ver la expresión de desconcierto de Byakuya. Parecía que los engranes de su cabeza estaban trabajando a toda prisa. Casi podía verlos y escucharlos funcionar. Pensó que aquella visita no había sido una pérdida de tiempo, después de todo. Byakuya le acababa de llevar algo digno de su interés, y a pesar de mostrarse receloso, estaba seguro de que necesitaba su ayuda. Si no, ¿por qué había ido a buscarlo?
-Tenemos que encontrarla –dijo Byakuya al cabo de un minuto de silencio, sin querer entrar en más averiguaciones por el momento hasta no tener nada en concreto.
Mayuri se molestó por la inclusión al equipo en "tenemos", pero no dijo nada. Sí, él podía investigar aquel azufre, no para brindarle su ayuda al capitán Kuchiki, sino como satisfacción de su propia curiosidad. Había dicho todo aquello de los demonios casi sin pensarlo, pero ¿era en serio posible que existieran y que se hubieran infiltrado en la Sociedad de Almas?
Antes de que surgieran más preguntas, Mayuri se levantó, tomó la capa de Byakuya y salió de la habitación. Byakuya lo siguió unos pasos atrás de vuelta al laboratorio. No lo había invitado, eso por descontado, pero con ese simple gesto le había dado a entender que estaba interesado en el caso y que de cierto modo estaba dispuesto a colaborar.
Mientras tanto, Byakuya sentía que había perdido la cordura. Sí, lo primordial era saber qué había pasado con Rukia, pero no podía dejar de preguntarse por qué, de todos los capitanes del Seireitei, había decidido acudir al más loco de todos ellos. Demasiadas cosas podían salir mal. Kurotsuchi nunca actuaba de buena fe, estaba seguro de que esperaba conseguir algo más de todo aquello. Sin embargo, su colaboración, aunque indispensable, no era la única.
Byakuya sabía de cierto adolescente que vivía en el mundo humano y que estaba dispuesto a ayudar sin pensárselo dos veces, aun a costa de su propia vida.
Continuará…
