Sinners

"Lo que hacemos es un pecado, mas si con ello puedo salvar tu vida, que Dios me perdone entonces"


La sed era insoportable, insaciable, infatigable. Poco a poco, le sumía en la locura de su naturaleza más oscura, una parte que deseaba con todas sus fuerzas poder extirpar. Las malditas pastillas no servían, había tratado infinidad de veces y el resultado era el mismo, igual que si le dieran a beber vinagre y sal. Y empeoraba con el paso de los días, pronto se convertiría en una amenaza para los de la clase diurna. ¿Qué harían con él? El director Cross era un tipo demasiado ingenuo, siempre buscando luz en la oscuridad, seguramente trataría de hacerle un hueco con los de la clase nocturna. Zero pego su espalda a los azulejos del baño, sintiéndose resbalar hasta quedar sentado sobe sus isquiones.

Esperaba que el tipo usara las pocas luces que tenía en la cabeza y optara por el aislamiento, preferiría mil veces la muerte antes que mezclarse con esas bestias chupasangre.

- ¡Zero! – la puerta del baño se abre de par en par, y bajo la brillante luz de los fluorescentes, que comienza a dificultarle la visión, puede contemplar el reflejo de Yuuki. Sus encías dan un tiron al percibir el ágil palpitar de su corazón, acelerado sin duda por el ajetreo al que ella se ha sometido para llegar hasta allí. Sus mejillas están sonrosadas y ella inhala y exhala constantemente, provocando inconscientemente que las venas de su cuello se vuelvan intermitentemente visibles.

Se le hace la boca agua.

Aparta la mirada, resentido consigo mismo.

Irónico, y justo ahora que estaba pensando en personas ingenuas.

- ¿Estás bien? – la preocupación que se filtra en su tono le hace sentir culpable.

Deseo hundir mis dientes en tu carne y tomar de tu vena hasta dejarte seca, no…te aseguro que no estoy bien.

- ¿A qué viniste? – replica con acritud, escondiendo su rostro en el hueco entre sus rodillas.

No asististe a clases hoy y no estabas en tu habitación. ¿Qué es lo que te ocurre?

Yuuki procura sonar calmada, pero los latidos acelerados de su corazón la delatan. ¿Qué siente ella? ¿Miedo, repulsión? ¿Cómo se siente al estar al lado de un monstruo? Le dan ganas de elevar el rostro y encararla, leer su expresión…aspirar su aliento, probar el calor que exuda su piel…No, mejor se hunde en su miseria sin perjudicarla.

- ¿Es…tan difícil? – ella pregunta con suavidad, transmitiéndole cierta empatía. Entonces escucha el sonido de botones desabrochándose y el deslizar de tela. Frunce el ceño, y haciendo acopio de sus mínimas reservas de autocontrol, la mira.

- ¿Qué demo…?

- Bebé mi sangre, Zero. Aliméntate de mí. – le pide, apartándose el pelo para darle más fácil acceso a su yugular.

La ira bulle dentro de él. - ¿¡Tienes idea de lo que me estas pidiendo! – ruge, tapándose la cara con la mano. No lo hará, no la utilizara de ese modo. Va en contra de las reglas, las reglas, necesita aferrarse a eso si quiere conservar su humanidad.

- ¡Quiero que lo hagas! ¡Si mi sangre puede aliviarte de algún modo, entonces bébela, bébetela toda no me importa! ¡Por favor, Zero! – sus pequeñas manos níveas apresan los bordes de su camisa y puede oler sal y agua en sus lagrimales. El corazón se le estruja en el pecho, ¿Por qué ella tenía que hacer esto?

Con todo el cuidado del que es capaz, le ahueca la barbilla con sus dedos, obligándola a devolverle la mirada. Los ojos de Yuuki son bonitos, grandes y con esas tupidas pestañas. Siempre le han fascinado, le recuerdan a aguas tranquilas y suaves brisas en un atardecer. Tuvo un pensamiento irracional en ese momento, otro que sumarle a su creciente lista, deseo atarla a él, deseo tomar todo lo que ella pudiera darle sin restricciones, deseo que ella, con esa hilarante tendencia de ver lo bueno en los demás (un rasgo que debía habérsele contagiado del Director) aunque nunca pudiera ser suya por completo, le perteneciera, al menos, por los lazos de la sangre.

- Zero…- susurra, haciéndole consciente de que ha estado absorto admirándola mientras acaricia circularmente su mentón con el pulgar.

- Tú no puedes salvarme, Yuuki. – le dice con el peso de su frustración, luego, le hace echar la cabeza hacia atrás y se inclina encima de la tersa piel de su cuello, aspirando su aroma, le oye tragar, sabe que está nerviosa. Debe ser lo más delicado posible.

Pasa la lengua sobre su yugular, el sabor es ambrosia para sus sentidos. Sus colmillos se dilatan, una mordida, firme, un ligero pinchazo indoloro.

La sangre emerge a borbotones, como un rio desbordado, el frenesí le enloquece, pero nota como el fuego en su garganta se apaga por segundos. Está dando resultado.

Una imagen aparece en su mente, ligeramente borrosa, aun así, es perfectamente capaz de reconocer al hombre del recuerdo. Sus colmillos van más al fondo y Yuuki suelta un quejido.

El dolor es…brutal, pareciera que le hicieran una operación a corazón abierto. Porque Yuuki no le pertenecía, no era a él realmente a quien quería otorgarle el privilegio de su sangre. No obstante, allí estaban…ambos cediendo a sus propios demonios. ¿Que mas daba si era un pecado? Para él, era lo más cerca del paraíso que jamás estaría.

Fin Historia 2.