Hola. Agradecería algún review pero aun así soy feliz...
En este capítulo aparece un personaje nuevo (no penséis que estoy loca, que lo estoy pero no lo penséis) se llama Luna y es la mejor amiga de Bella. It´s sooo beautiful. Quiero aclarar que le he dedicado este personaje a Marietta, que me ha ayudado mucho en esto de publicar mis locuras hechas relatos... ¡Espero que te guste, Marietta!
Besos
Rutina
Pocas chicas acudían a la escuela. Casi ninguna. Me sentía privilegiada ya que mi padre siempre me había apoyado en mi educación. Argumentando que a los hombres no les gustaban las jóvenes tontas. Poco me importaban a mi los hombres de los que hablaba mi padre.
Me concentre en el rostro con expresión atenta de Edward. Mi compañero en clase de Biología. Parecía absorber las palabras del profesor y tamizarlas en su mente. Con mi habitual torpeza, golpeé un libro con el codo e hice que el tomo uno de Disección de un reptil cayese al suelo. La clase paró y pude escuchar como alguien tosía intentando disimular una carcajada. Cuando me agache a recoger el libro, ya no estaba en el suelo.
-Bella.- dijo Edward con su aterciopelada voz mientras me tendía el objeto que había desaparecido por artes divinas. Me sonroje al darme cuenta de que Edward lo había recogido.
-Gracias.- dije yo, avergonzada.
Me devolvió una sonrisa reluciente y genuina. Echando mas leña al fuego, mi sonrojo cambio de tonalidad a un rosado abrasador. Baje la cabeza, intentando acabar con la tortura. Lo conseguí, pero no deje de visualizar la perfecta imagen de Edward sonriendo. Dedicándome la perfección de sus gestos. Cuando acabó la clase escuche una voz conocida pronunciar mi nombre.
-Bella.- grito mi mejor amiga, Luna- Ven, corre.
Me dirigí hacia el sitio de donde provenía la voz.
-¿Qué ocurre?
-Bella, tu padre me ha dicho que iras a la fiesta de los Cullen.-dijo nerviosa Luna.
-Así es.-contesté, calmadamente.
-Eso es genial. Tienes que dejar que te maquille.
Odiaba el maquillaje pero esta vez no me opondría a la idea de que Luna me arreglase. Además, ella lo hacia muy bien.
-De acuerdo. Te dejo usarme como conejillo de indias en tu intento de mejorarme.-dije, con falsa arrogancia. Luna se echó a reír y yo reí con ella. Luna era como la hermana que nunca tuve.
Salimos de la clase al cabo de un rato. Yo me encaminé hacia mi casa, como todas las tardes después de salir de la escuela. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta de que Edward estaba andando junto a mí.
-Bella.- dijo él.
-Edward.- grité al darme cuenta de que llevaba un rato caminando conmigo y yo no lo había visto. Él fijo la vista en mí, preguntándose por qué gritaba.- Lo siento, no sabía que estabas aquí.
Sus ojos verdes brillaron por la diversión. Apretó los labios para no reírse. Me enfadé y crucé los brazos sobre el pecho, manifestando mi descontento. Él se percató.
-Bella, ¿qué ocurre?-me preguntó, preocupado.
-Te estabas riendo de mí.- le contesté, algo irritada.
-No. Me reía contigo, no de ti. No entendía porque me gritabas.- dijo con una sonrisa brillante. No pude evitar sonreír yo también.
-Eso está mejor.- afirmó al fijarse en mi sonrisa.- ¿Vendrás a la fiesta que celebraremos en mi casa?
-Eh, sí.- contesté mientras empezaba a notar el sonrojo de mis mejillas. Él suspiró, complacido.
-Me alegro.- Parecía realmente feliz. Se quedó callado y frunció el ceño. Supuse que estaba pensando. Suspiré y el me miró extrañado como si le hubiese sacado de sus divagaciones. Le sonreí en señal de disculpa, sintiéndome culpable por llamar su atención. Edward rodeó mis hombros con los brazos y yo me sonrojé como nunca lo había hecho.
Si mi padre nos hubiese visto así, sin duda, no dejaría que fuese al baile. Pero para mi eterna fortuna no había nadie allí, excepto Edward y yo. Me acompañó hasta mi casa mientras hablábamos sobre las tareas, las clases aburridas y los amigos que teníamos en común. Se despidió de mí cuando crucé la valla que separaba mi casa de la calle. Entré en mi casa sin girarme para ver como se marchaba. Una vez dentro de mi hogar, apoyé la espalda en la puerta y suspiré. Estaba tan feliz...
