El Ungüento Amnésico del Doctor Ubbly
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Plot: Ron cae en una especie de coma ocasionada por los cerebros del Departamento de Misterios, y la historia transcurre su curso sin él. Cuando despierta, han pasado nueve años… ¡Pero su físico es el de un chico de 12! Todo el que lo conoció, ahora lo encuentra adorable! Ligero Ron/Harry; escasos seguidores de esta pareja, ¡entren! ;D
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Disclaimer: ¡Nada me pertenece, sólo esta historia!
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¡Hola, pequeños despistados que entraron a esta historia! ;D
Y también a los que entraron conscientemente... jejejej! No me esperaba tener ni un sólo review, así que estoy FELIZ! Qué bueno que sí hay seguidores para esta pareja, jajaja! GRACIAAS!
Presentando el segundo capítulo! n.n
Tengo qué aclarar una cosita: las personas que murieron en los libros… Eso no me gusta nada.
¡En esta historia, no murieron! (Qué profesional…¬¬)
Hurt/comfort, romance
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Recuperando el tiempo perdido!
Harry se había sentido inmensamente deprimido una vez que volvió de la Madriguera: se sintió como un fracasado, y eso es lo que era. ¿Cómo es que había estado frente a una situación tan delicada, y no había planeado nada con antelación, para hacerle las cosas más fáciles a su antiguo mejor amigo? ¿No era eso lo que debía hacer cualquier profesor que se jactara de serlo? ¿Prepararse?...
El haberlo visto ahí, tan pequeño como sus primeros grupos escolares, lo había impresionado tanto que no supo cómo actuar.
Sintió que quería protegerlo de la verdad, y no decírsela.
Sabía que debía volver a la Madriguera, hablar con el pequeño pelirrojo, hacerlo sonreír, hacerlo el mismo de siempre; pero cada vez que pensaba en ir, una fuerza superior a él lo hacía detenerse, y le recordaba, que aún no sabía qué decirle.
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— No quiero.
La negativa de Ron se había vuelto maliciosa:
Aprovechándose de su aspecto tan infantil y tan desamparado, había aprendido en tiempo récord a manipular a cualquier adulto a su alrededor; esta negativa, sin embargo, le salía de todo corazón.
Molly estaba alentándolo a seguir sus estudios desde donde se quedó: el sexto curso de Hogwarts, a lo cual Ronnie se negó y con toda razón.
Era demasiado pequeño físicamente como para entrar a sexto.
¿Que si temía que todos se burlaran de él?
No.
Y se lo aseguró a sus padres hasta el cansancio.
No era que fuera tan débil como para traumarse con las burlas, pero SÍ era débil como para traumarse con las miradas de compasión y lástima. Eran esas miradas a las que todavía no podía acostumbrarse.
¿Y si todos en Hogwarts conocían su caso, y lo miraban con una lástima que iba más allá de la que le dirigían antes, por ser pobre?
También todos sus hermanos, quienes llegaban de visita (vidas hechas, familias aparte), siempre lo molestaban para que ingresara a la escuela: que no podía simplemente truncar los estudios por el estúpido aspecto físico, que qué sería de su vida...
Honestamente, a Ronnie le valía un cacahuate.
Había pasado nueve años de su existencia postrado en una cama, al mundo jamás le interesó, ¿Qué de diferente tenía eso a no continuar estudiando? Es decir, los estudios no lo eran todo. Había gente exitosa que ni siquiera había entrado a la Universidad.
Simplemente tenía qué ocurrírsele una gran idea y ya, ¡fortuna hecha!
— Entiendo, hijo. — le contestó Molly, cuando Ron le expuso su brillante punto de vista. El pequeño levantó una suave ceja, mientras miraba a su madre derrotada, salir de su habitación. — "Mi mamá no es la de siempre"
Debido a eso, se sintió mal.
No mal emocionalmente, como cuando estás lleno de culpabilidad, sino mal como cuando temes por tu vida: seguramente, por la mente de su madre se maquinaba todo un plan que lo haría preferir mil veces asistir a la escuela en ropa interior.
Así que, sumado a la poca atención que su madre le estaba prodigando últimamente, Ronnie esperaba el tiro de gracia.
Y justo a mitad de junio, llamó a su puerta.
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Los truenos resonaban en el cielo… Ron sintió un escalofrío.
— :S Uy… Es justo como en las películas de terror… La muerte se aproxima.
Después de pensárselo un buen tiempo, eso de que si debía o no abrir la puerta en medio de una tarde tan tormentosa, que había eclipsado al sol prematuramente, Ron decidió que era algo que tenía qué hacer, como un buen samaritano: el ofrecerle posada al posible viajero que golpeaba desesperadamente a su puerta.
Además, acababa de leer en El Profeta que un pastorcillo había muerto la semana pasada mientras pastoreaba a sus cabras, por culpa de un maldito rayo.
Cuando abrió la puerta, no se imaginó que quien se parara junto a él fuera a ser Harry Potter.
Es decir, ese sujeto extrañoque decía ser Harry Potter.
Su primera reacción fue intentar cerrarle la puerta en las narices, pero Harry pensó mucho más rápido, y bloqueó la puerta con una mano.
— No quiero verlos a ustedes. — aseguró Ron, con una voz afectada y dolida.
— ¿A ustedes, quiénes? — Harry se permitió, un momento, burlarse del pequeño doce añero. El pelirrojo frunció el cejo sin mirarlo, de una forma caprichosa: se había imaginado que serían tanto Harry como Hermione quienes vendrían, seguramente, a disculparse por lo del otro día. — ¿Me dejas pasar? — le preguntó, cuidadosamente.
Ronnie se quedó plantado, impidiéndole cualquier intento de allanamiento, pero lo recapacitó y se hizo a un lado.
— Gracias. — correspondió Harry, de una manera galante.
Ron se giró y lo miró entrar, con la furia acrecentándose en sus enormes y desvalidos ojos azules.
Harry entraba a su casa como si fuera la propia, y se acomodaba en uno de los sillones, escurriendo agua y estropeando las alfombras de su madre; Ron se dio cuenta que cada pequeño movimiento que hiciera su amigo de antaño, le molestaba. Tenía qué decirle algo, para que se fuera. Después de todo, estaba aquí por él, y no era justo que se hiciera ninguna ilusión de que sus disculpas fueran a ser aceptadas.
Así que Ron lo miró, decididamente.
Harry lo miró de una forma risueña, como si esperara que el pequeño dijera algo tierno y tonto que lo haría reír.
Más coraje…
— Vete, Harry. — susurró Ronnie, con un hilo de voz. Eso de modularla mientras querías gritar, era difícil. — Bastardo traidor.
— Esa boquita. — le reprochó Harry, paternalmente. Al mismo tiempo, intentaba burlarse de él.
— Ya les dije que los odio. — Ron lo dejó en claro, de una forma pasiva y controlada. ¿Un niño tan pequeño actuando de una forma tan madura? Eso era demasiado, no se podía soportar una carcajada… Pero Harry simplemente le sonrió. — No me importa las veces que vengan a disculparse, incluso si viniste en este escenario tormentoso para que fuera más lastimoso y te perdonara más fácil… ¡Jamás lo haré! — Ron abrió los ojos y lo miró. — Entiéndelo.
— Tranquilo, entiendo — le aseguró Harry, a quien le hacía mucha gracia que Ron se sintiera tan afectado. Dentro de él, sabía que tenía razón, pero la expresión indignada del pelirrojo no le ayudaba en nada a conseguir respeto. — Sin embargo… — Harry se puso de pie repentinamente, con una actitud emprendedora.
— ¿Qué? — fue como si le pidiera explicaciones para luego reprocharle cualquier cosa que fuera a decir.
Harry se sonrió a sí mismo, pues le estaba dando la espalda.
Entonces, se giró hacia el pequeño pelirrojo y le dijo, con todo el afán de molestar:
— Yo no vine aquí por ti.
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Ron se quedó paralizado, y cuando logró mover algunos de sus músculos voluntarios, lo único que salió de entre sus labios fue un triste:
—… ¿Qué…? — ¿Que no estaba ahí por él? ¡¿Entonces por quién?
Rectificó.
Lo que quería gritar desde un momento, era:
— ¡¿…Quééééé…?
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— ¡Llegaste!
La cabeza de Ron estaba dando vueltas.
Apenas terminó de gritar, su madre llegó de la tienda con dos enormes bolsas de papel, las dejó aventadas en la mesa de la cocina y saludó a Harry.
¿Por qué su madre había citado a Harry en casa, cuando su padre Arthur estaba de viaje por negocios? ¡¿Acaso, esto significaba que…?
Molly le ofreció todas las cordialidades que pudo a Harry, como algo de beber, de comer, una toalla para que se secara el cabello… La manera en que su madre le hablaba a ese sujeto extraño que decía ser Harry Potter, era tan familiar… Como si estuvieran acostumbrados el uno al otro.
El rostro de Ronnie enrojeció furiosamente.
¡Su madre y Harry eran amantes!
¡Lo habían sido todo este tiempo, aprovechando los viajes de Arthur, que la dejaban en casa sola… Con un vegetal!
Claro, como Ron había estado en coma tanto tiempo, era lógico que Molly se sintiera abandonada en la casa, y fue entonces cuando…
— Entonces, — la voz de su madre lo sacó de sus cavilaciones. — ¿Estás de acuerdo, Ronnie?
— ¿Qué? — "Rayos, ¡No puse atención a su plática por estar pensando cosas! ¿Que si estoy de acuerdo con qué? ¡¿Con su enfermiza relación? "— ¿Qué pasa, mamá? — Ron se dio cuenta que los dos lo estaban mirando, preocupados.
Esto lo hizo ruborizarse aún más. ¿Acaso se estaban imaginando que el coma había dejado secuelas en sus facultades mentales? Entonces, se apresuró a aclarar: — Estaba pensando en otras cosas, y no escuché nada de su conversación.
— Qué grosero. — murmuró Harry, en un tono confidente para con Molly, como si nada. Ron lo miró coléricamente.
— Ah… — Molly suspiró cansinamente. — Que si estás de acuerdo… En que Harry sea tu profesor particular este verano, para que estés fresco cuando entres a Hogwarts el primero de septiembre. n.n
— nO.
— Ah, pues lo siento mucho. :D — Molly señaló a Harry con la palma de la mano derecha puesta hacia el techo. — Ya le pagué.
— ¿Que Tú Quééé?
— ¡Pueden empezar las lecciones ahora mismo, tengo qué ir a regresar un melón al supermercado! — empezó a hacer planes en voz alta la señora Weasley, haciéndose la loca desentendida.
— ¡MaMá!
— ¡Me lo cuidas, Harry…! — canturreó finalmente la señora Weasley, cerrando la puerta.
— ¡Ma…! — Ron se quedó blanco como la parafina… No es como si fuera una gran diferencia con su apariencia natural. —"¡No puedo creer que me hizo esto… ¿qué edad tiene? ¿Cinco años? ¡Es ella la que necesita supervisión, no yo! ¿Qué hay con ese "me lo cuidas, Harry"? Sonó raro… :S "
Ronnie se quedó petrificado.
Esperaba que Harry se largara, lo más pronto posible. Era impensable que un idiota como Harry, una persona que fue al mismo curso con él, y que tenían el mismo promedio, le fuera a dar clases de regularización… Después de que preferiría estar encadenado en las mazmorras mientras Snape lo obligaba a aprenderse el Himno de Hogwarts… Porque Harry fue su mejor amigo... Y lo había abandonado, postrado en esa cama.
— ¡Como una vil papa!
Harry lo miró con curiosidad ante este último comentario.
Ron se puso frío.
— "Ggg… Lo dije en voz alta, y soné como retrasado" =u= U
Harry pareció pensar que lo más conveniente era pretender que no había oído nada, y de nuevo adoptó esa actitud emprendedora:
— Bien… ¿Por dónde hay qué empezar? — Harry se dirigió a uno de los sillones de la sala y se sentó, haciéndole a Ron una seña para que lo imitara. — Adelante, estás en tu casa.
— Sí… Es mi casa. — profirió Ron entre dientes. Harry sacó algunos apuntes de su portafolios, — "¿De dónde salió ese portafolios, lo traía aquí cuando llegó? No me fijé" — Entonces, Harry abrió uno al azar, y sugirió:
— ¿Te acuerdas de Wingardium leviosa? — preguntó, con aburrimiento.
Esto pareció colmar el vaso de Ron.
— ¡Maldito! ¡Lo recuerdo todo, no me subestimes! ¡Sé mucho más que tú… Además… Además… YO FUI PREFECTO, Y TÚ NO! — Harry siguió mirándolo con aburrimiento, lo que provocó que el corazón de Ron casi sufriera un infarto. — "Aaaah… ¡cada vez quedo más como un idiota! ¡Cómo lo odio! "
Harry lo miró fijamente un momento, y luego se rió.
— -_- U ¿Qq- qué? — Ron sintió que no podía dejarse humillar ni un minuto más, y se puso de pie ceremoniosamente. Harry rectificó y se levantó junto a él, tratando de arreglar las cosas.
— No, espérate, no me estaba riendo de ti. — le aseguró. Las mentiras acudían tan rápidamente a él, que ya ni siquiera eran procesadas en su cerebro para intentar sonar verídicas. — Ya sé lo que intentabas decir: Como tú fuiste prefecto, era obvio que tú sabías mucho más que yo, ¿no es cierto?
—… — Ron lo miró con resentimiento, pero luego sintió que las cosas habían quedado peor, y bajó la cabeza. — No… No era eso… — se apresuró a componer la situación. — Sabes que no me hicieron prefecto a mí porque yo supiera más que tú…. No te sientas mal, por favor. — le suplicó el niño.
Harry lo miró un segundo.
— No me siento mal — aseguró, con total naturalidad.
— ¿Eeeh…? Pero… Pero sé que ese tema te causaba conflicto, y yo… Aún así… — Ron estaba turbado: Pocas veces había pedido disculpas, y hacerlo frente a la persona que realmente le debía las disculpas a él era difícil. Sin embargo, tenía qué hacerlo, porque le había puesto el dedo en la llaga a una persona: la forma más baja de agredir.
Buscó la mirada de Harry, quien se había quedado callado un segundo, y lo único que obtuvo de respuesta, fue…:
— ¡Ja, ja, ja, ja…!
Ron volvió a sacarse de onda, y volvió a ponerse enojado, al límite.
— ¡¿Qué es lo que pasa contigo, por qué te ríes de todo? — lo recriminó el pequeño pelirrojo, quien parecía demasiado tierno como para hablarle a un adulto de esa manera tan controlada. — ¡Acabo de abrirte mi corazón: me estoy acusando de alevoso, y lo único que se te ocurre hacer es REÍRTE de mis sentimientos? ¡Eres… despreciable! — escupió el más pequeño de los Weasley, sintiendo que el corazón le causaba dolor con cada uno de los apresurados latidos. Lo mejor que podía hacer en una situación así era IRSE. Así que, para no seguir llenándose de malos pensamientos, oscuros y podridos, Ronnie se dio la media vuelta, y empezó su huida hacia las escaleras.
— ¡No…!
Ron sintió que caía: Harry lo había sujetado impulsivamente del brazo, pero el pequeño ya llevaba un vuelo respetable, y no poseía gran resistencia física, por lo que perdió el equilibrio y empezó a ver todo lo que lo circundaba de una manera borrosa mientras se acercaba al suelo.
No obstante, eso nunca pasó.
Cuando se dio cuenta de ello, también reparó en que Harry lo había sostenido.
¿Desde cuándo era tan pequeño? ¿Por qué podía sostenerlo tan fácilmente una persona que antes había sido físicamente tan inferior a él?
Las lágrimas empezaron a rodar sobre sus mejillas calientes. Estaba lleno de frustración: se sentía perdido en un mundo que no le correspondía.
Harry acababa de herir su orgullo con ese simple acto de una manera profunda, porque ya muchos pensamientos se le habían acumulado.
— ¿Estás bien? — le preguntó Harry, amablemente.
— ¡Lárgate de mi casa! — le ordenó Ronnie. — ¡Te odio, Harry! ¡Te odio sobre todo a ti! — Ronnie sabía que no haría caso: Nadie escuchaba a los niños; así que él mismo emprendió la huida y se encerró en su habitación, sin hacer ruido.
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Ron tuvo qué dar su brazo a torcer.
La señora Weasley ya le había pagado a Harry, así que no podía desperdiciar el dinero de la persona que había cuidado de él todos esos nueve años que estuvo en cama, sin ser notado por nadie más. Entonces, tomaría las clases particulares, por su madre.
Ahora, se sentía mal por haber pensado que ella y Harry tenían algo qué ver; es decir. ¿quién en su sano juicio tendría algo qué ver con Harry?
Es cierto… Tenía qué admitirlo…: Era muy atractivo. ¿Serían los años, o Ron se había quedado ciego?
Pero de nada le servía ser tan sexy, si tenía ese carácter del infierno: tan infantil, tan superficial, nada comprometido.
Seguramente, esa sonrisa despreocupada y jovial le funcionaba para conquistar a cualquier mujercita tonta; que ese cuerpo bien trabajado las dejaría sin palabras; que no podía ser cierto que, a parte de un buen físico, tuviera un rostro que llamara tanto la atención: la típica expresión intelectual del universitario estudiante de letras, que no dejaba de ser un pandroso hippie…
Pero si lo miraban más de cerca, no tardarían en darse cuenta que era un IDIOTA.
Que se reía de todo.
Y lo que Ron más odiaba de todo esto, era Harry lo tratara como si fuera su hijo.
Es decir, a pesar de tener doce años aparentes, Harry tenía veinticinco… No había manera de que fuera su hijo, ni modo que Harry hubiera procreado a Ron a los trece años.
¡Así que, sería mejor que dejara de utilizar esa actitud con él, porque lo enfermaba!
— "Tengo dieciséis años mentales" — se repetía una y otra vez Ron. — "Es la edad perfecta: es la edad de la maduración mental… Ya sé lo que es bueno y lo que es malo… Es más: soy mucho más maduro que ese idiota de Harry, eso es OBVIO, ¿qué tiene qué ver la edad? Si mi mente funciona mejor que la de él."
Entonces, dejaba que Harry le recordara las lecciones escolares, sintiéndose como que ya lo sabía todo. Quería que Harry sintiera que nada más lo estaba dejando dar clases porque ya le habían pagado, pero la verdad era que estaba aprendiendo más que nunca en su vida. Quizás, es porque eran clases particulares, pero Harry sabía muchísimo…
No recordaba que ningún profesor les hubiera enseñado todo eso cuando ambos asistían al colegio… Seguramente, le estaba enseñando cosas de la Academia de Aurores, que supuestamente todavía no tenía qué aprender.
— No te adelantes, profe. — le dijo Ron, el tercer día de clases, con un tono sin afectación que pretendía sacar al profesor de sus casillas.
— No me estoy adelantando. — contestó Harry, sin inmutarse.
— Eso no nos lo enseñaron en tercero. — volvió a atacar, con aburrimiento.
— No, pero deberían haberlo hecho. — dijo Harry. — Así que cállate y apréndete otros cinco elementos.
Ronnie tomó la tabla periódica de los elementos y sintió que el alma se le caía a los pies.
— ¡Esto es conocimiento muggle inservible! — se lo aventó a Harry en la cara.
— ¡Serás idiota! ¡¿Qué fuerzas crees que actúan sobre las cosas cuando utilizas los encantamientos de control?
— No me interesa — Ron le aventó el lápiz, pero Harry lo atrapó. El pequeño casi hizo un puchero. — Jeh… — despreció, con una vocecita clara e infantil, forzada a sonar grave: — Si sólo digo un par de palabras y las cosas se mueven, no me interesa saber por qué demonios es que se movieron. ¡Sé práctico, profesor! ¬¬
— Es por eso que las habilidades mágicas cada vez decaen más. Por eso ya no tenemos magos legendarios como Merlín. — Harry murmuró para sí, mientras guardaba la tabla periódica en su portafolios, dándose por vencido con él. Si tan sólo lograra entender el por qué, toda la magia sería pan comido.
Ron, sin embargo, seguía empecinado en no poner atención a las clases que, según él, conocía al dedillo. Así que buscó una manera de no poner atención.
— Entonces, profesor… ¿eres auror?
— Sí. — contestó Harry cortantemente, pues quería terminar con el itinerario de ese día.
— ¿Y cuándo mataste a Quien Tú Sabes?
— Qué te importa.
— ¡¿Ehhh…? — El pequeño agarró su cuaderno de notas y se lo puso frente a la cara, furioso. — Quizás me importa porque yo también arriesgué mi vida ayudándote contra él. — se sentía dolido de que lo excluyeran de algo así, cuando había sido coprotagonista... Hasta cierto tiempo. Harry también pareció recordar que, en un principio, era algo así como su culpa que Ron hubiese caído en ese coma, porque lo había acompañado al Departamento de Misterios cuando no tenía ninguna obligación.
Se avergonzó de su respuesta grosera.
— Hace ocho años.
Ronnie lo miró, tardándose un segundo en comprender por qué le había dicho eso. Había pensado tantas cosas, que se le había olvidado la pregunta que le hizo.
Se daba cuenta que, después de haber despertado del coma, pensaba muchísimo más que antes. Lo malo de esto era que no pensaba cosas útiles.
— Pero bueno. — Harry pareció querer compensar con un poco de información. — No ejerzo mi profesión.
— ¿Ah, no?
— No: soy profesor en Hogwarts. — le explicó. Ronnie puso los ojos en blanco. "Con razón era tan fastidioso."
— Eres profesor de Defensa, ¿verdad?
— No. — Le contestó Harry con una sonrisa encantadora. — De Historia. — terminó, con una sonrisa de pesar.
— ¡¿De HISTORIA…? — Ronnie empezó a reír descontroladamente, y luego se atragantó con su propia saliva y le costó mucho trabajo salir de ese ataque de tos que le impedía morir asfixiado. Harry no se sintió ofendido, sino que lo miró con una sonrisa hasta que se recuperó. — ¿Por qué de Historia? ¿Y Binns?
— No lo sé. Un día se levantó queriendo dar Aritmancia, y a mí me ofrecieron su plaza. Eso es todo lo que sé. — Ron siguió riendo sinceramente, enterneciendo el corazón de Potter. — Vamos, basta de risas, hay qué terminar lo del día de hoy. — Le recordó Harry, sin muchas ganas de que dejara de reírse.
— ¿Y sí sabes? — siguió molestando el pequeño pelirrojo.
— ¿Qué? ¿Historia? Naah… — le contestó Harry, modestamente. — Sólo leo el tema antes de darlo y ya. Les explico lo que entendí. — Confesó, causando que Ron explotara nuevamente y se deshiciera entre risas.
Sabía que le estaba haciendo la barba, porque no había motivo para que se riera tanto de sus palabras, a menos que se estuviera riendo de la expresión que tenía.
— ¡Lo dices tan serio!
Entonces, tenía razón.
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Ron juró que no le molestaría el hecho de que Hermione no hubiera venido a visitarlo una vez más, porque se prometió que ya no se sentiría atado a ninguna de las personas que amó en un pasado.
Esos traidores, que lo dejaron en cama como un vegetal, y que luego lo olvidaron y no soportaron ni un minuto en su compañía, aquellos malos amigos que, cuando despertó, simplemente le hicieron una visita por compromiso.
Cómo lo entristecía pensar eso.
Más, a su pesar…
Estaba Harry.
Harry estaba con él cada día de las vacaciones de verano, contándole lo que se había perdido, relatándole entrecortadamente y sin emoción alguna cómo es que fue la guerra contra Voldemort. La vida había dado muchas vueltas, pensó Ronnie, cuando supo de muchas cosas que le parecían descabelladas, como que ahora el mejor amigo de Harry era Draco Malfoy.
Tuvo qué admitir eso también; Le dolió.
Harry lo había cambiado al semestre que se quedó sin Ron, por Draco Malfoy, quien supuestamente era su enemigo. ¿Cómo había pasado eso? Ronnie no lo entendía.
Y a pesar que ahora lo sentía tan cerca de él, sabía que eso no era nada comparado con lo que seguramente había pasado con Draco Malfoy: ya que con él había pasado la guerra y los tiempos de paz, durante casi nueve años, era obvio que Draco estaba mucho más cerca de su corazón.
"¿De su CORAZÓN?", pensó Ronnie, horrorizado, y sacudió la cabeza, haciendo que sus suaves cabellos rojizos revolotearan sobre su rostro. "¿Qué estoy pensando…? Por supuesto que no significo nada para él, porque… Él y Hermione me abandonaron.
Y si está ahora junto a mí, y si se ríe de las cosas que digo… Es sólo porque mi mamá le pagó para que me diera clases.
Si no fuera así, él ni siquiera se aparecería por aquí, justo como Hermione."
— Toc, toc. — Harry le dio un par de palmaditas en la cabeza, de nuevo, como si fuera su papá, para llamar su atención. Ron subió los ojos y lo miró. — ¿Ya terminaste la prueba del cuarto grado?
— No. — contestó Ron, mirando la hoja de papel que tenía enfrente. Avanzaba muy rápido, debía decir, y Harry era un estupendo profesor. Claro, también se debía a que esto solamente era un repaso, ya que todo esto ya lo había estudiado. — Me atasqué en la pregunta ochenta y tres.
— A ver, déjame ver. — Harry se puso los lentes y tomó su prueba. — Uh… No. — reprobó con la cabeza. — Vas muy mal.
— ¡Mentiroso! — exclamó Ron, sintiéndose inmensamente menospreciado. — ¡Voy perfecto, voy mejor que tú, porque estas son cosas que yo recuerdo, no como tú, que tienes qué leer los temas antes de explicárselos a tus alumnos!
— Ah, ¿ya me lo estás echando en cara? — le preguntó Harry con una sonrisa, como quien se divierte ante el vano intento de ser malvado de un niño pequeño. Ron se había tapado la boca con las manos rápidamente, aumentando esa sensación en Harry; pero el pelirrojo estaba sumido en su propia desgracia para darse cuenta.
— Lo hice de nuevo. — Notó.
— ¿Qué hiciste? — le preguntó Harry, casualmente.
— ¡No te hagas el desentendido! — Ronnie sintió que lo repudiaba con toda su alma: Se hacía el tonto para que Ron confesara su delito en voz alta, y así recibir su castigo. — ¡ERES UN IDIOTA! ¡YA SABES PERFECTAMENTE QUÉ FUE LO QUE HICE!
Esto le causaba cada vez más gracia a Harry.
— ¿Qué hiciste? — repitió, fingiendo aburrimiento.
Ron no lo tomó tan bien como Harry.
Lo miró con toda la furia que pudo recolectar de su corazón, y se la lanzó a través de sus ojos. Pero, eso no era suficiente. Ron se sentía tan humillado por Harry, (quien lo había dejado atrás y luego, desde adelante, se burlaba de él, por su desventaja) que quería hacerlo sentir dolor, quería golpearlo, morderlo, lo que fuera necesario para hacerlo sentir el mismo dolor que él sentía.
Así que, sin pensar, dentro de este lapso asesino, Ron se abalanzó hacia él y empezó a golpear desesperadamente y sin control. Harry no podía decir que no lo había tomado por sorpresa, pero daba igual: fácilmente pudo bloquear sus pequeños golpes con las manos; e incluso este instinto asesino gatuno que hacía que Ron se doblara y retorciera a pesar de estar siendo sujetado por las muñecas, e intentara morderlo y patearlo.
Pronto se dio cuenta que se había salido de control, así que lo único que se le ocurrió fue impulsarlo bruscamente contra el sillón, donde puso sujetarlo más eficientemente con todo el cuerpo.
Ronnie abrió los ojos, sorprendido.
Harry lo tenía totalmente a su merced: sin haberse esforzado ni un ápice. De nuevo, se sentía como un bueno para nada, como un niño pequeño en desventaja, en un mundo lleno de adultos.
Harry pudo darse cuenta de eso, porque las mejillas de Ron enrojecieron, y sus ojos se llenaron de lágrimas de impotencia, y mientras lo hacía sentir de esa forma, Harry se sintió incluso peor. Tenía a este pequeño bajo su cuerpo, este niño que en realidad había existido veinticinco años, quien había sido su mejor amigo, pero que ahora simplemente era un alumno más… Y sintió que quería tenerlo así para siempre: Suyo.
Así que, naturalmente, lo soltó.
Ronnie se incorporó del sillón con los ojos vidriosos; entonces, se enjugó las lágrimas con la manga, de una forma ruda.
Después de un silencio incómodo, que dejó a Potter sentado y con el rostro ensombrecido, el pelirrojo decidió hablar.
— Lo siento. Dos veces. — se disculpó Ronnie. — Te eché en cara algo que me confesaste en confianza para hacerte enojar, y luego te golpeé.
Harry se sorprendió, y volvió la cabeza para mirarlo a los ojos.
— ¿De qué hablas…?
— No me hagas enojar más: Te dije que tú tenías qué leer un tema antes de explicárselo a tus alumnos, ¿no es cierto? — Entonces, tuvo qué decirlo en voz alta, después de todo. ¡Maldito Harry! ¿Cómo es que habían sido tan buenos amigos, si no eran nada compatibles en la actualidad?
— Ah, eso. — Recordó Harry. Su expresión no mostraba ninguna clase de emoción cuando lo dijo. Finalmente, pareció recuperar un control que Ron no supo cuándo, cómo ni por qué había perdido, y volvió a sonreírle, cariñosamente. — Ginger… No te vayas a enojar conmigo, pero… — le regaló una mirada franca y profunda: era ese tipo de miradas que no escondían nada, que ponían nerviosa a cualquier persona. — Te preocupas de puras tonterías.
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Eso fue lo peor que pudo haberle dicho.
Su corazón se rompió, y cayó en el fondo de su estómago.
Ronnie había quedado silencioso el resto del día, mientras Harry recogía sus cosas y se iba, con la misma actitud jovial de siempre, como si no hubiera pasado nada y como si no le hubiera dicho esas palabras tan hirientes al pelirrojo. Cuando lo oyó irse, no pudo evitar volverse a sentir deprimido, y llorar.
¿Por qué le había dicho eso?
¿Por qué tachó de tonterías los motivos que lo hicieron pedirle perdón? Era algo totalmente desconsiderado, sólo quería hacerlo… ¿llorar?
Ron se había esforzado por recuperar la amistad, pero jamás iba a estar a su altura…
Porque, a pesar de que Ron pensó que los dieciséis años eran la edad de la maduración mental…
Ahora se daba cuenta de que todavía era demasiado infantil, y que las cosas que a él le preocupaban, las que lo hacían perder la tranquilidad, en realidad no eran más que un juego de niños para cualquiera.
Sobre todo, para una persona como Harry, que había pasado por tantas cosas en tan poco tiempo.
Ya no le cabía ninguna duda.
Jamás iba a recuperar a Harry.
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Bueno, pequeños, gracias por haber leído!
¡Se aproxima el capítulo final, donde finalmente podremos ver a la pareja que está prometida en el summary! n.n
¿Les gustaría dejar un review? :D
