Encuentro
Cuando lo encontró, la luna en cuarto creciente iluminaba el paisaje, unas pequeñas manos manchadas de rojo sujetaban la fina y reluciente espada japonesa, tenia la mirada nublada, perdida en la lejanía de lo que alguna vez fuera su hogar, sus cabellos negros y enmarañados apenas alcanzaban a ocultar el brillante tatuaje de su diminuto pecho.
Froi Tiedoll recogió la hermosa flor de loto, tan importante para ese niño, el cual ahora llevaba en sus brazos. Yu se sentía débil, cerró los ojos y se quedo profundamente dormido.
El amanecer los alcanzo antes de llegar al puerto, el pequeño Yu, al sentir los rayos del sol sobre su rostro despertó. Los ojitos soñolientos miraron al general y le arrebataron una sonrisa.
-Konnichiwa- dijo el hombre amistosamente.
-Ko..ni..chiwa- contesto el pequeño con voz apenas audible.
El general trato de explicar la situación con su limitado japonés, mientras Kanda, confundido, solo se preguntaba quien demonios era ese hombre.
Al darse cuenta de lo inútil que eran sus esfuerzos por comunicarse con el niño, el general Tiedoll, con su mirada paternal, tomo a Yu de la mano y emprendió la marcha.
Todo el camino hasta el puerto Yu trato de soltarse pero le fue imposible.
No caminaron mucho cuando, a lo lejos, se observaban las figuras de tres personas, una de ellas, el buscador japonés, fue llamado por el General para darle explicaciones al pequeño en su propia lengua. Kanda escucho la historia con atención, no hizo preguntas y acepto estoico el destino al que había sido encaminado.
Luego, Tiedoll llamo a sus discípulos mayores, apenas adolescentes, quienes jugaban fútbol en la playa.
-Ellos son Noise Marie y Daisya Barry- tradujo el buscador las palabras del general.
-Y este jovencito es Kanda Yu, trátenlo bien- sugirió el maestro a sus alumnos. Kanda lo miro con descontento.
Pasaron un par de semanas desde que Kanda Yu con solo diez años de edad se unió a las filas de la orden negra y se encontraba de camino a la central de la misma para que fuera analizado por Hevlaska y fuera forjada su inocencia.
En ese tiempo, y pese a su carácter poco sociable, sus compañeros se habían tomado demasiada confianza con el pequeño.
Mientras el General dibujaba algún paisaje, Marie y Daisya se divertían jugándole bromas y golpeándole con la Campana de Caridad, la cual no se mostraba benevolente al impactarse en la cabecita del japonés, que siempre terminaba en el suelo con el cabello todo enmarañado.
Para Kanda, las cosas empeoraron cuando comenzo a entender lo que los otros decían, sospechaba que se burlaban de el, pero no imaginaba que pudieran ser tan crueles.
Todo esto, lo convirtió en un niño cada vez mas retraído y distante, lo cual Tiedoll achacaba a la melancolía, entonces se empeño en mostrarle el maravilloso mundo fuera de Japón. Sin embargo seguía callado y "tímido", y es que Kanda siempre ha sido orgulloso y prefería soportar el maltrato que correr como niñita a esconderse tras su maestro. No Kanda nunca haría eso.
Una mañana, Tiedoll se separo de sus alumnos. Un pueblo cercano era atacado por Akumas y el era el único exorcista en la región.
Yu estaba al cuidado de los mayores, cuando súbitamente un Akuma le apareció de frente. Daisya y Marie decidieron jugarle la más pesada de las bromas hasta entonces.
-Ve y pelea- le dijeron.
Kanda conocía sus limitantes, sabia que no tenia un arma con la cual defenderse, ya que el general llevaba consigo la inocencia para protegerla. En ese momento, solo podía correr y tratar de sobrevivir, sin embargo uno de los disparos del Akuma lo alcanzo, abriendo una mortal herida.
Los dos jóvenes exorcistas se horrorizaron al ver como la blanca piel del pequeño japonés se marcaba con estrellas negras.
En un segundo, un destello hizo desaparecer a la creación del conde, Froi Tiedoll había regresado justo a tiempo para ver como sus discípulos mas avanzados, dejaban a su adorable niño indefenso a merced del Akuma. El general corrió hacia Yu, que miraba en sus manos las estrellas, sabia lo que significaba el ser infectado con el virus akuma y lo que proseguía. Sus ojos se llenaron de lágrimas pensando en el fin, se sujeto de su maestro con un gesto conmovedor, el hombre se limito a sonreír paternalmente como era su costumbre.
Kanda sintió calor en su pecho y luego esa calidez recorrió todo su cuerpo, se estremeció al ver que los pentagramas desaparecían y suspiro aliviado. El general le seco las lágrimas que amenazaba escapar de sus profundos ojos negros. Luego el mismo se hecho a llorar.
Acaricio la cabeza de Kanda, y se dispuso a castigar al par que estaba a un paso de la fuga...
Nunca lo vieron tan molesto, el castigo fue duro, tanto que el general mismo lloraba. Kanda solo miro, sintiendo pena ajena. Al final, ambos jóvenes se disculparon con Kanda mientras se sobaban el trasero.
Así fue creciendo Kanda, al lado de un maestro sobreprotector con una pizca de pedofilia, un Marie cada vez más amable, y un Daisya, que no aprendió la lección.
Y, a pesar de todo, muy en el fondo, Kanda guardaba un sentimiento hacia ellos...
"Ganas de rebanarlos a todos"...
Agradezco a las personas que se tomen el tiempo para leer y sus comentarios. Hasta la proxima‼
