Hola :DD. Me he esforzado para continuar con este evento y con esta tabla.
La Segunda Palabra fue Omiai, para dejar en claro, Omiai es, en dos palabras, un matrimonio concertado. Rompí un poco las reglas, se supone que son desconocidos que los unen en matrimonio pero en la historia pues... se conoces XD. Pero no cambié otra cosa, nada del otro mundo. Sigue siendo complicado escribir este tipo de escenas, pero cada reto es inspirador!
Asi que sin mas que decir. Disfruten su lectura!

...

Mil Maneras

Más de mil y un formas, maneras, oportunidades y situaciones en las que aquel varón arrogante de ojos ambarinos y la fémina tímida de cabello terracota pueden terminar en el acto más salvaje y vulgar de todos.

Advertencias:

Universo Alterno

Pensamientos de los personajes.

Disclaimer: Ni el ánime referido ni sus personajes son de mi pertenencia

Capítulo 2.

Omiai

No podía soportar la idea de haberse casado. Ambos pensaban lo mismo, aquella unión terminaría mal.

Cerró la puerta corrediza tras ella bruscamente, con las piernas temblando y la ropa íntima desarreglada mostraba sus blanquecinos hombros. Sentía que su corazón saldría de su garganta, escapando de aquella situación siendo más cobarde que ella. Del otro lado de la puerta lo oyó gruñir y maldecir, él salió por la puerta del cuarto y lo escuchó salir de la casa. Se desplomó en el suelo rendida ante la pesada sensación.

Él estaría molesto, ¡Sí que lo estaría!

Cubrió su rostro con sus manos frustrada, toda ella templaba a causa del terror experimentado. ¡Imbécil! Se dijo ¿cómo es que había llegado hasta eso?

¡Ah si! Había sido por su bendita abuela, quien la había obligado a casarse con Ryoma Echizen. No importaba cuantas veces se haya desgastado insistiéndole en que aquel chico no era de su tipo pero su abuela ya había tomado la decisión. Era tan arrogante, caprichoso, malcriado, egocéntrico, indiferente, impulsivo, machista. Solo un caparazón de hielo que no tenía un alma por dentro, así lo criaron sus padres, para que fuera el prototipo de hombre perfecto, nunca había hecho algo que le gustara, algo que viniera desde su interior que lo hiciera porque quisiera. Solo veía un robot haciendo las cosas que le ordenaron sus padres de mala manera, no tenía fuerza de voluntad y era todo lo contrario a ella.

Y aunque tuviera razón en sus palabras su abuela nunca la escucharía, según ella "Se lo debía a Nanjiro". Ella hubiera querido estar con alguien dulce, tranquilo, humilde y bondadoso como Dan Taichi, él había sido el pilar de su vida por mucho tiempo y para ella él era el mejor pero apenas había mencionado su apellido su abuela enervada se enrabiaba, apenas lo mencionó se había ganado que su abuela los casara a ella y al joven Echizen el fin de semana siguiente. Los Ryuzaki y los Taichi no se llevaban bien excepto ella y su amigo pero esa era otra historia.

Lo importante en todo esto era que se había unido en matrimonio con Ryoma y si, su boda había sido un perfecto desastre. Estuvieron tanto tiempo acompañados de sus familiares y la boda lució tan armoniosa que cuando tuvieron su primera noche solos en la casa parecía el mismísimo infierno, si nunca había hablado con Ryoma de pequeña no lo haría a sus 20 años y mucho menos en la situación en la que se encontraban. Todavía no sabía en que habían pensado los padres de él y su abuela en unirlos en matrimonio, pensaba que acabarían matándose o peor. Pensaba que ella no podía seguir con alguien como él, cuando una semana como marido y mujer lo odiaba más que a nadie en el mundo.

Los primeros tres meses fueron patéticos, él desaparecía por todo día y noche hasta las 10pm. Nunca hablaban. Ella, como toda buena esposa que habían criado perfecta, lo esperaba con las comidas servidas y la cada limpia, cada vez que ella llegaba de la universidad o de hacer las compras siempre se disponía a hacer su estadía la mejor; él era el que no ayudaba.

En realidad, disfrutaba la soledad eterna en su nuevo hogar. La casa de los Echizen que se extendía 3500 metros cuadrados, contenía un jardín precioso en el que agradablemente perdía las horas de su día, la casa - como toda vivienda antigua de Japón - se imponía moderna conservando su tradicionalismo. Repleta de madera, sus pisos, sus marcos y sus puertas corredizas, ellos gozaban de un sin fin de artículos de primera clase para mejorar su calidad de vida. Sus suegros habían acomodado perfectamente la casa para ellos dos y todo sería perfecto, si tan solo el novio no tuviera esa actitud tan insoportable. Por eso le agradaba tanto estar sola, cuando él llegaba era como si se trajera el mismísimo infierno consigo... Era tanta la incomodidad que sentía hacia él que nunca lograba conciliar el sueño acostada a su lado, lo conseguía en las mañanas cuando sentía que se iba.

Así habían sido sus primeros tres meses.

Fue después de pensar que quizás estaba cometiendo un error en dejarlo ir por tantas horas. Su corazón saltaba ante ideas negativas sobre si visitaba a otra, no sentía celos ni nada parecido pero no quería verse como una mujer idiota a la que le ponían cuernos y mucho menos si era Echizen y, a pesa de pensar que él había sido criado para ser el esposo perfecto, sentía las sospechas de que quizás buscaba a otra. Y mucho más con lo que le decía su mejor amiga de cuando había salido con él, según Tomoka, Ryoma era un chico de hormonas altas que le encantaba tener sexo. Para ese entonces ella evadía esa idea porque era imposible pensar en ese acto con él, le asqueaba.

Ella por su alado había sido criada para convertirse en la mujer deseada y envidiada de un renombrado hombre, no quería que alguien como Ryoma la destituyera, ella no quería infidelidades. Entonces comenzó a seguirlo, sigilosamente y encubierta lo siguió cuando él salió en una de esas mañanas donde ella sabía que él no tendría alguna diligencia con el trabajo de su familia o en la universidad. Ella era torpe pero sabía prevenir, por lo que siempre lo siguió a la distancia suficientemente lejana para que él no la pudiera reconocer. Comenzó a preocuparse cuando su entorno cambió. Ella, que era una mujer de alta clase, solo había pisado tierras de ese ámbito y era nuevo para ella cruzarse con distintos personajes. Sonrió amigablemente a cada persona que la veía, muchos se fijaban en ella, ¿quizás los lentes oscuros que llevaba puestos eran muy grandes y escandalosos? Decidió quitárselo junto a la Pashmina que llevaba puesta, quedando en un sencillo vestido de seda azul claro.

Él cruzó por una calle y ella corrió para no perderlo, había escuchado en aquel entonces el repique de unas pelotas, la suave brisa acarició su piel y bailó con sus dos trenzas. Al cruzar se sorprendió ¡era una cancha de tenis pública! Aquel había sido un maravilloso alivio. De pronto lo vio, saludando a un que otro chico, entre tantos reconoció a alguien de su comunidad y sonrió, él siempre estaría con Momoshiro. Se escondió bajo los tantos árboles que yacían en el costado de la cancha, detrás de un tronco aspiró el aroma agradable que desprendían. Se había quedado un buen rato en el lugar y allí fue que cambió todo.

Conocía a Ryoma desde pequeños y debía decir que, a pesar que fuera guapo, atlético e inteligente, él nunca había llamado su atención hasta lo repudiaba. Hasta ese momento que lo vio con los otros chicos desconocidos para ella. Ryoma sonreía siempre y reía ¡reía! Ella pensaba que él sufría de una anomalía que impedía que riera pero descubría que no era así.Lo vio jugando tenis con afán incluso en algún momento se cayó siendo el motivo de risas de todos, hasta el de ella.

Se quedó mirándolo curiosa, estaba conociendo a otra persona, nunca había visto ese lado tan humano de él. Su mirada de perdió en los movimientos ágiles de Ryoma, en su sonrisa resplandeciente, en su cabello despeinado... Y sucedió lo peor. Habia sido descubierta por un pelirrojo de ojos azules. Había aparecido ante ella tan rápido que gritó asustada por verlo tan cerca. Él gritaba eufórico "¡Es ella! ¡Es la princesa!" Hasta el sol de hoy todavía no sabía a qué se debía ese sufijo. Aparentemente todo el país sabía que ellos se había unido pues luego de haber gritado todos se acercaron a ella como si fuera una celebridad, aparentemente estaba en la de las casadas más codiciadas de Japón. Ella fue el centro de atención de todos, la cara de Ryoma era inexplicable, aun se avergonzada al recordarlo.

Antes de que él preguntara cualquier cosa, ella se le adelantó. Sabía prevenir y la excusa de haber ido a comprar especias exóticas y haberse perdido había sido perfecta, sin embargo, no pudo hacer nada para mejorar el mal genio del chico, el Ryoma que conocía volvió a aparecer e incluso con más intensidad en tal momento en que sus amigos le jugaban bromas con ella.

"¡Juguemos un partido de dobles!" Había gritado el recién conocido Eiji. Luego se tanto tiempo, se alegraba de haberlo conocido.

Exclamó gruñidos frustrada. ¿Por qué tuvo que seguirlo ese día? Todo cambió desde allí.

Ese día, temerosa se había colocado frente a la malla Echizen atrás. ¡Se había negado y Ryoma los había refutado mil veces! Pero bastó con que Momoshiro le insinuara que no podía hacerlo para que el ambarino le ordenara bruscamente que se colocara delante de él en la cancha. Había puesto los ojos en blanco y resoplado mirando como sus contrincantes reían a costa suya. ¡Ya sabía que no se veían bien juntos! ¡Ni ella quería la compañía y apoyo de él y viceversa! Pero él tenía que dejarse llevar por su estúpido orgullo. Estaba nerviosa, había jugado ping pong secretamente con sus amigos pero el tenis requería de agilidad física. Recordó aquel nerviosismo y su respiración agitada mientras estiraba la cabeza a varios lados, se preparó. Era Sakuno Ryuzaki... De Echizen, ella tenía que lograrlo. Ryoma había sacado y Eiji respondido justo a su dirección, rápida se adelantó y raqueteó con fuerza.

— ¡Punto para los enamorados! -Exclamó un castaño de ojos azules sentado en el puesto de árbitro, no pudo evitar sonrojarse ¡era muy guapo!

Orgullosa y preparada continuó jugando y ¡sorpresa! El tenis era más fácil de lo que pensaba y ¡doble sorpresa! ¡Ryoma y ella por fin funcionaban bien en algo! Si ella no recibía lo hacía bien e increíblemente estaban perfectamente coordinados.

Eso pudo haber sido imposible, pudo nunca descubrir que Ryoma y ella encajaban de manera extraña pero no.

Cuando anunciaron su victoria ambos se miraron con alegría mutua y cansada se dejó caer sobre sus rodillas. Jadeando y sonriendo vio como Eiji corría hacia ella gritando su sufijo. ¿Por qué tan alarmado? Todo se volvió negro en ese entonces.

Y si, se había desmayado.

Así fue como había cambiado su relación. Gracias a aquel juego de tenis él llegan a más temprano, cenaba con ella y a veces hablaban antes de dormir o jugaban tenis. Sonrió al recordar cuando él le mostró una riqueza que tenían debajo de la casa, nunca había notado una puerta que daba a un sótano, no era en realidad un sótano. "Él regalo de Nanjiro" se trataba de una cancha de tenis debajo de la casa junto a una piscina ¡una piscina escondida debajo de la casa! Luego de mandarlo a limpiar comenzaron a usarlo. Estalló en risas cuando recordó aquel día que, luego de tantos intentos, había conseguido anotarle un punto y él se lo negó, la cargó y la lanzó a la piscina.

A veces se creaba un ambiente extraño entre ellos; entre sus tantas peleas en la cocina donde él vaciada la harina en su cabello, en la piscina, tenían guerras de almohadas y hasta de cosquillas. Todo terminaba en risas y luego se quedaban un rato perdidos uno en la mirada del otro. Luego reaccionaban y se alejaban lo más que podían. Sentía su corazón latir tan extrañamente cuando pasaba eso, todavía seguía creyendo que se debía a tantas risas.

Aquello no había sido lo que había desatado el tornado de emociones que les avecinaba. Fue en el otoño, después de nueve meses, que cuando creía que estaba sola en la casa salió desnuda del baño para buscar la ropa que había dejado en la habitación pero retrocedió de inmediato cuando lo vio en la cama durmiendo, gritó por inercia ante la sorpresa y cerró fuerte la puerta del baño.

— ¡¿Qué carajos pasa?!-Gritó él alarmado y murmuró su apellido molesto. Ella se había disculpado cuando entro con la bata de baño a la habitación, excusándose porque la vería desnuda. Entonces, mientras él retomara el sueño bufó - Ryuzaki tú no podrías calentarme ni metiéndome al horno

¡Eso la había cabreado! Si bien sabía que con sus ropas rescatadas y su actitud inocente no tenía la confianza para seducir a alguien ¡llevaba un cuerpo formado tras sus ropas y una fuera de voluntad increíble! Ok no, sabía que esa no era la verdadera razón, no sabía por qué se había molestado tanto pero desde ese día había tomado la estúpida decisión de demostrarle a su esposo engreído que ella era más que una muñeca tímida y sonrojada, que podía ser tan sensual como cualquiera.

Se había dado dos semanas para seducirlo pero primero debía investigar y formarse en el ámbito y ¿quién mejor que la había salido con Ryoma antes que ella, su mejor amiga? Se había tomado la molestia para visitarla y volvió los ojos en blanco cuando su amiga se carcajeó cuando le había pedido que le enseñara a seducir. Pero luego entraron en un ambiente serio cuando finalmente supo que todo iba enserio. Fue cuando siguió las indicaciones de su amiga.

"Debes aprender a besar, pero sé que no serías capaz de practicar conmigo. Come hielo y manzanas". Ella se rehusó a hacerlo pero con la insistencia de Tomoka se vio obligada.

"Perfúmate" Ella siempre llevaba esencias de almendra consigo pero quizás no era lo suficientemente fuerte. Decidió comprar artículos de higiene con ese aroma. Vio sus frutos cuando un día luego de bañarse lo vio hipnotizado olfateándola mientras ella fingía dormir.

"¡Desátate!" Algo de atrevimiento no te iba a hacer mal. Sentía la mirada ambarino sobre ella ahora que mostraba su escote o cuando jugaba tenis se colocaba un short apretado.

"Tienes dotes úsalos" Y eso hacía, incluso se había atrevido en idear un plan perfecto digno de seducción. Él llegó de clases cansado al medio día, lo escuchó subir por las escaleras y apenas abrió la puerta ella gritó, todo en una actuación planeada. Se había probado un conjunto negro íntimo muy atrevido, alzaba sus cumbres y dejaba ver todo su trasero. Se había encargado de que la viera por completo, aquella mirada anonadada y la diminuta sonrisa se lo habían dicho todo.

También habían ideado un perfecto plan de seducción en una fiesta de la comunidad que era con antifaces y había salido bien. Demasiado como para querer recordarlo.

"Los pequeños detalles cuentan" Según Tomoka, los hombres enloquecían cuando ellas se tocaban los labios y eso hacía. Los mordía, le preparaba una deliciosa cena, le sonreía seductora a veces y lo notaba, él trataba en seco, se ajustaba la camisa o suspiraba. Todo esto creyendo que ella no lo veía.

"¡Ah! Lo más importante, se que me odiaría si te lo digo así que ¡nunca le digas que te dije! A él le gusta tu cabello" No le había creído hasta que lo notó. Solo unas cuantas veces soltaba sus trenzas largas poniendo de excusa que le dolía la cabeza y de pronto lo veía alejarse de ella molesto. Todo estaba funcionando, su cabello suelto desprendía un exquisito aroma y enmarcada sus pechos, rodeando su cintura definida y terminando en sus glúteos. Una que otra vez, cuando creía que lo dejaba solo, se decía "¡Contrólate idiota!" Veía su frustración.

Y finalmente, ese día sucedió. Estaban jugando tenis como una de sus tantas tardes, lo notaba distraído y algo lento, increíblemente casi le ganaba. Él de nuevo volvió a negar el hecho presumiendo que él era el mejor y que ella tenía suerte, entonces divertida lo había empujado a la piscina.

Gritó entre risas pero entonces su rostro palideció cuando vio que él no salía, rió pensando que estaba bromeando pero ante la desesperación cuando lo vio ahogarse y luego quedarse quieto saltó al agua, llegó hasta el fondo de la piscina y cuando subieron a la superficie él reía. "Caíste" Le había dicho con la voz ronca y una sonrisa en sus labios, una sonrisa tan natural y sincera que la conmovió, sin saber comenzó a llorar y llamándole idiota lo abrazó. Habían quedado un rato en silencio flotando en el agua caliente de la piscina, sintió las manos de Ryoma aferrarse a su cintura y enterrar su cabeza en su cuello, sintió su respiración en él y de pronto el mismo escalofrío que había prendido en fuego su cuerpo hace unas noches en la fiesta de antifaces, la poseía con más intensidad que antes.

Todavía sentía el beso que le dio tan vívido, la había tomado por la barbilla y chocaron sus labios. Ahí fue cuando descubrió que no sólo Ryoma se estaba viendo afectado por sus seducciones, sino ella también. Fue en ese momento donde admitió que Ryoma la hipnotizada y calentaba más que cualquier cosa en el mundo, ambos habían decidido profundizar el beso y con sus cuerpos pegados y ardiendo, se le hizo corto el tiempo cuando Ryoma la sacó de la piscina y entre besos la llevaba a la habitación. Ella no sabía decirle que no, no quería. Entre besos y besos sus ropas fueron despojadas y fue cuando él tocó sus cumbres cuando ella entró pánico y escapó de él.

Y allí estaba, con aquel remolino de sentimientos.

¿Quería estar con él? ¿Tener sexo con aquel hombre? Hacía nueve meses hubiera dicho que no pero ahora, por alguna razón, sabía que escapó de él no por no querer entregársele. Tenía miedo de que él la tratara mal luego de eso, tenía miedo de perder a aquel hombre que había conocido esos meses. Y ese hombre le gustaba. Demasiado como para perderlo por un acto sexual.

Pero él lo quería hacer, seguramente había mal interpretado sus actos, ella también quería pero ¿cómo decirle que se quería entregar a él sin miedo a que el Ryoma que había conocido se fuera?

o.o.o.o.o.

Tocó el timbre de la casa repetidamente. Se encontró a la mujer que buscaba abriéndole la puerta y de un empujó entró, ella lo miró sorprendida y algo temerosa, no aguantó más y la tomó por el rostro y la besó. Su fuego quería ser extinguido, buscaba con desesperación apagarlo ¡tenía que hacerlo!

— Ryo-Ryoma no –Osakada se alejó de él – estás casado ahora –Siguió besándola y ella aulló de dolor – ¡me hieres! –

Se alejó de ella furioso, furioso con ella, furioso con sus padres, con la vida. Furioso con Sakuno Ryuzaki.

La detestaba.

Detestaba a sus padres por criarlo para ser el hombre perfecto para una mujer según ellos y más allá de eso, por haberle mentido tantos años con que su esposa sería de la familia Osakada y desplomarlo ante la realidad de casarlo con una Ryuzaki para saldar cuentas con una vieja amiga.

Odiaba a la vida por colocarle de esposa a la mujer más tímida del mundo. Conocía a Ryuzaki desde que eran pequeños y algo había concluido y era que, de todas las mujeres existentes en la vía láctea no la hubiera querido a ella. Su actitud de niña buena, tímida y avergonzada no podría encajar con la arrogancia y autoridad de él. Ella era torpe, él era hábil. Ella lo pensaba todo antes de hacerlo, él prefería hacerlo y ya. La mujer llegaba a un grado de vergüenza que no era normal y él no tenía pudor alguno en ningún tema. Ellos no encajaban y el estar con ella había significado un martirio para él. Todas las personas la amaban, por su actitud tan bondadosa y humilde. ¡Al diablo la buena actitud de ella!

Por eso la odiaba tanto, porque a pesar de pensar todo eso, había logrado entrometerse en su mente como una cucaracha igual de tímida que ella. Con sus estúpidas sonrisas, su voluntad de fuego, su perseverancia, sus ayudas incondicionales ¡todo! Todo lo odiaba de ella. Gruñó furioso y salió de la casa de Osakada. La odiaba por haberlo calentado de aquella manera tan perfecta, por haberlo subido al punto más alto del cielo y desplomarlo bruscamente enterrándolo en el subsuelo.

La odiaba porque lo había ilusionado.

Las cosas entre los dos habían comenzado mal, demasiado. Se sintió vidente cuando todo sucedió tal y como él lo pensó pero de pronto sus actitudes cambiaron por estúpidos hechos, de pronto comenzó a disfrutar el hablar con ella, las guerras que tenían todos los días debido a sus distintas personalidades, disfrutó cada risa que extraía de ella, cada ridículo e inevitable sonrojo, cada caricia, cada abrazo y cada mirada. Sintió que se había vuelto una amiga para él pero entonces, algo en ella había cambiado.

Fue cuando comenzó a disfrutar de su cuerpo.

Solo con la vista, eso le bastaba para satisfacer sus deseos sexuales y aplacarlos. Ryuzaki como toda chica de la sociedad, la habían esculpido tras entrenamientos, ejercicios en su adolescencia y esas cosas que moldearan su cuerpo. Fue entonces cuando descubrió que la mujer estaba superdotada, sus grandes cubres, sus glúteos firmes, todo lo enloquecía y hasta ese momento no se había dado cuenta.

Fue entre tantos juegos de seducción que él estaba cayendo en sus redes y esa fiesta.

La maldita fiesta de antifaces.

Ellos no fueron juntos, no tenían esa costumbre de salir como pareja, ni siquiera sabía que ella iba a estar allí pues era una fiesta solo de jóvenes. La música electrónica resonaba por todo el lugar y luego de varias horas allí, casi a la media noche apareció una mujer exuberante. Rizos grandes y definidos, tacones altos, vestido deslumbrante, aroma exquisito. Había considerado mil y un veces el serle infiel a Ryuzaki solo por esa noche y lo estaba dando por seguro cuando la Diosa voluptuosa se acercó a él.

Creía que era Tomoka porque ese tipo de vestidos solo los usaría ella, pero aquella presencia no era de la exageración de su ex. Una presencia elegante parecía dominarlo con solo mirarlo con aquellos ojos pardos. Habían bailado mil y un veces, habían hablado pero nunca escuchó su voz en realidad y finalmente, entre algunos tragos, la acorraló a una de las esquinas discretamente y se acercó para besarla.

Había sonreído divertido cuando la fémina colocó su dedo índice sobre sus labios para impedir el beso, negó con aquel dedo y de pronto se quitó el antifaz… ¡y era ella! Sakuno Ryuzaki había logrado dejarlo con la mayor erección que había tenido en su vida, ella se había ido…

Nunca más hablaron de eso.

Y pensar que había sucedido ese fin de semana y ese día era apenas martes.

La verdadera razón de su odio fue ver su indecisión ante aquel día. ¿Por qué? ¿Por qué carajos después de tanto tiempo había hecho eso? ¿Por qué luego de haberse besado con tanta pasión y necesidad ella escapaba de él aterrorizada? La respuesta era obvia, ella no lo quería tener sexo con él, era una mujer muy recatada y estúpida como para rebajarse, solo lo había seducido y ya. Lo había manipulado.

Suspiró exasperado en cuanto volvió a la casa, todo lo que pensaba era mentira. No era eso lo que en realidad pensaba. No odiaba a Ryuzaki ni a nadie. Se odiaba a si mismo, se sentía miserable al creer que ella no sentía lo mismo por él. Y no solo en la seducción, él… sentía algo extraño y nuevo por ella ¿acaso ella lo sentiría?

Enarcó una ceja cuando la vio afuera de su habitación, aun con las ropas íntimas algo húmedas que dejaban que se marcaba todo su cuerpo. Blasfemó rabioso, no quería pensar en eso, la vio levantarse y correr hacia él. Respiraba agitadamente y sonrojada, tomó su mano y la acercó al centro de sus pechos, la vio mantener la cabeza gacha mientras comenzaba a mover la mano por una de sus cumbres. Su corazón se aceleró y su cuerpo respingó excitado.

¡No!. Alejó la mano

— Te estás obligando –Aseguró indiferente sin mirarla a los hombros.

— ¿Qué? Yo ¡No! Yo… -La vio hecha un manojo de nervios y exclamo exasperado. No por ella, sino por su corazón al latir más fuerte por verla así. Volteó para darle la espalda - ¡NO! –su grito lo alertó y la encaró. Sus labios temblaban al igual que sus piernas – yo… no es que no quiera…contigo…me da miedo…que te vayas –todo en su mundo se detuvo al escucharla – quiero seguir conociendo a Ryoma…no quiero… que después de esto se convierta en Echizen –había hecho ademán de comillas al decir su apellido mientras suspiraba – yo…no quiero perderte –

Rió.

Fue lo único que pudo hacer. Tomó su rostro y la besó. Esa niña tonta lo había desnudado por completo, descubriendo su verdadero ser y ¿tenía miedo de perderlo? Profundizó sus besos en cuanto sintió que una hoguera se formaba en su pecho, su corazón vacío ahora bombeaba repleto. Frunció el ceño al sentir que ella correspondía deseosa.

Entonces todas las sensaciones de hace unas horas volvieron.

Su ropa íntima tan suave dejaba sentir sus cumbres erectas. Acarició su espalda y caderas, como cuando había comenzado hace unas horas y de pronto subió a ella. La sintió respirar jadeante, totalmente roja y nerviosa. Se detuvo para mirarla, virgen y penosa, lo miraba con la respiración entrecortada. Él sonrió, se quitó toda su ropa y la vio, mordía sus labios deseosa al verlo, tragó en seco al sentir como todo su cuerpo ardía.

— Hazlo tú primero –Dijo tomando su mano y colocándola en su pecho – hazme sentir avergonzado

Ella lo miró dubitativa y él inclinó la cabeza dándole entrada a su cuello. Se posó en él y tímida pasó su lengua, tuvo que volver a tragar para no explotar. Aquella mujer apenas y lo tocaba y todo su cuerpo estaba enloqueciendo, sentía que sus venas iban a explotar. Sintió como ella cogía confianza y chupaba cada parte de su cuerpo, saboreaba su pecho, mordía y acariciaba su abdomen, la escuchaba gemir y volver a saborearlo, como si de una barra de chocolate se tratara. La sintió bajar y acarició sus cabellos, enredando sus dedos en las hebras rojizas y de pronto, sintió algo nuevo.

Su dama besaba desesperada sus caderas.

— Ryuzaki –La llamó pero ella continuó bajando sus besos, intentó subir la cabeza fallidamente – espera Ryu… -tarde. La vio mirar curiosa su largura, lo tomó y chupó la punta de este. No pudo evitar gemir cuando la sintió querer adentrarlo aún más en su boca. Jaló de sus cabellos para subirla, ella se quejó adolorida - ¿qué has hecho? -¿Acaso Ryuzaki había probado a su amigo por inercia? ¿Lo había hecho por pura curiosidad y por qué quería? Sonrió mientras besaba su cuello, la vida le había regalado un animalito tímido que podía hacer las más vulgares cosas. Subió la cabeza y besó sus labios – me toca a mí – dijo jadeando.

Se la había comido, con derecho. Como un panadero que se servía su propio pan, como un niño que reclamaba su regalo. Había besado cada recóndito rincón de aquella fémina de cabellos de fuego, hasta las zonas más sucias y ella… Ella lo había disfrutado incluso más que él, sus gemidos y orgasmos se lo decían.

Ya había sido tarde para ambos el arrepentirse cuando se había adentrado en ella en la cama de la habitación. La sintió temblar encima de él, ardiendo tanto dentro como afuera, empapándolo. Se sumergía en el mar profundo de ella, tan amplio y autoritario como ella se lo había esperado. Mientras la besaba, miraba su reflejo en el espejo de la habitación, él sentado y ella sentada encima y frente a él.

Azotó con fuerza uno de sus glúteos y ella grito, el reflejo de ver a su mujer tímida arquearse y mostrarse completa ante él no tenía precio, lamio uno de sus botones erectos mientras pellizcaba sus curvas traseras y la embestías. Estaba siendo tan perfecto que temía tener una eyaculación precoz y cuando pensó que no iba a aguantar más, entre embestidas rápidas, galopes fuertes, gemidos sonoros y besos mojados acabó en ella mientras sentía que ella se contraía en él.

La atrajo a sí lo más que pudo para vaciarse en sus cavidades profundas, la vio, abrazada a él con sus piernas y escondiendo su rostro sonrojado. Se encontraban sudando, cruzaron miradas y ella se sonrojó furiosamente con ambos ojos abiertos. Sakuno había visto lo más hermoso hasta ahora: su hombre arrogante sonrosado y con una sonrisa. Ella sonrió y él la miró con una ceja arriba. Se besaron mientras se dejaban caer en la cama, se sintió vacía en cuanto él salió pero toda soledad la abandonó cuando sintió unos brazos fuertes rodearla.

Y por fin, después de mucho tiempo, se durmió enseguida.

Ryoma la vio y sonrió, cerró los ojos y consintió a sus músculos cansado con una siesta.

Quizás la vida matrimonial sería mejor ahora.

N/A

Me pareció haber escrito un culebrón. Jajaja, peor al final terminó siendo corto.

Espero que les haya gustado.

Perdonen cualquier error ortográfico.

Hasta mañana!

Buen día/ noche