I

LA MALDICIÓN DE LOS MIL CAMINOS

------------

Recommended for listening:

Quutamo – Apocalyptica

Farewell – Apocalyptica

Endless Sacrifice – Dream Theater

------------

Haji se detuvo y miró en derredor. La ciudad entera vivía bajo una capa de nieve y frío, como si fuese dominio del reino de las nieves eternas. Miró hacia el cielo, permanentemente cubierto con gruesas nubes, desde donde descendían delgados copos de nieve. Cerró los ojos al suave contacto del viento helado, dando por entendido que el aire de afuera era igual a la vida que latía en su interior: helada.

Desde su encuentro con aquel extraño sujeto en el callejón londinense, se había dado a la tarea de vagar por Europa, en vista de que aún no era tiempo del advenimiento de su señora. Así, sus pies –y alas– le llevaron de Londres hacia el continente y visitado Copenhague, Estocolmo, Oslo, Madrid, Ámsterdam, Praga, Viena, Berlín, Varsovia… Después, había seguido hacia el oriente, llegando hasta las heladas Moscú y San Petersburgo. Ya que no tenía nada que hacer, cuando menos podría darse una vuelta por el mundo que aún no conocía.

Ahora, estaba clavado en un punto en medio de la nada. Vladivostok era un punto clavado entre la inmensidad del Pacífico y la vastedad de Siberia. Era un punto solitario en el mapa…así como él era un punto solitario en la existencia. Sólo su cello era testigo de sus andanzas por la vida y por el mundo, por lo que procuraba no pensar mucho en esos temas, mucho más acordes a una lectura de Novalis o Kant.

Años y años de vagar por la vida, necesariamente conducen a una frase, una resolución: cansancio de esperar, de vivir por su señora durmiente. Quisiera, de una vez y para siempre, dormir en la perpetuidad del sueño de los mortales. Sí…Haji quisiera descansar. Ha vagado por el mundo desde que el tiempo se detuvo aquel día, y aunque la presencia de Saya era suficiente para compensar por poco tiempo su ausencia, ciertamente la vida se hacía más pesada al igual que la nieve arreciaba en la noche siberiana.

Tenía miedo de haber perdido su norte, su razón para vivir. Es difícil para una persona que toda su vida ha tenido una y sólo una razón para seguir con vida, en lo que tiene en cuenta que su vida no termina. Sigue y sigue, como un mándala que da vueltas eternamente. Su corazón se dividía entre dos determinaciones casi igual de fuertes: que Saya despertara y no volviese a dormir…o que Saya volviese a dormir, pero que él lo hiciese, y no despertara nunca más.

--------------

--------------

Mientras vagaba por toda Europa, había escuchado la historia de Parsifal, el de la ópera de Wagner. Su historia, interesante dentro de todo, tenía un parecido con la suya propia; luego de vencer al mago Klingsor y recobrar la lanza sagrada, le fue impuesta la maldición por la cual siempre extraviaría el camino a casa: era la maldición de los mil caminos, donde cada vez que se acercase a Montsalvat, siempre se desviaría hacia la lejanía. Así pasó el tiempo…hasta que pudo encontrar el camino de regreso, y el final es conocido por todos.

–Siempre extraviar el camino a casa...–susurró, sentándose en una banca–.

El detalle era que él nunca había tenido hogar, más allá del zoológico, el desastre con Diva, las ideas vanguardistas de Joel y Amshel…nunca había tenido una memoria de sus padres biológicos, así que no se molestaba en tratar de recordar.

Recordaba el día en que todo sucedió. Aquella vez, cuando los cazadores acudieron en tropel para cazar a su señora, como si se tratase de una bruja de Salem. Recuerda claramente cómo su poder se salió de cauce y provocó una masacre equiparable a la que realizó Vlad III Dracul con los jenízaros turcos; pero también recordaba el gesto petrificado de miedo de Saya, al verlo actuar como si fuese una literal bestia. Desde entonces había jurado contenerse al máximo, para evitar tamaña mirada de su señora.

A la mención del famoso príncipe rumano, tuvo una memoria automática de Alucard. Recordó su voz, sus gestos, inclusive hasta el símbolo de su mano; instantáneamente, se detuvo en su recordar. Por alguna misteriosa razón, sentía que había visto aquel emblema en alguna parte: quizá algún libro, alguna historia, algún cuadro…

Pero no era la primera vez que se cruzaba con él. De hecho, lo había visto alguna vez hace muchísimo tiempo. Pero¿dónde?

Una luz de esperanza se abrió paso por las densas nubes de su mente. ¡Al fin había encontrado algo que hacer además de viajar por el mundo como un literal extraviado!; podría darse a la tarea de investigar sobre el emblema de Alucard, y qué quería decir. Luego, averiguaría por qué le era tan familiar.

– Ah, que interesante…–escuchó una voz que surgía tras de sí–. Alguien que se dedica a la investigación ocultista.

– ¿Quién anda ahí? –Respuesta automática –y defensiva– de Haji–.

– ¿Ya has olvidado quién soy? –Fue la lacónica respuesta de Alucard, surgiendo de la mismísma nada–.

– No…supongo que no –convino Haji, mirándolo aún y luego dirigiendo su mirada hacia sus guantes blancos, donde sólo pudo leer la inscripción Hell gates arrested–.

– ¿Interesado en lo que quiere decir? –susurró el vampiro divertido, enseñándole su mano derecha, forrada en un guante blanco. Al instante, Haji memorizó la figura completa–.

– Así es –convino, sin esperar mucho más allá de aquella respuesta. Al momento el servidor de Hellsing le miró largamente, en un cuadro remarcable de silencio–.

– Si te interesa, más vale que no busques en los libros de esoterismo convencionales –fue lo que dijo aquel–. Quienes me impusieron este sello lo sacaron de la mismísima nada.

Haji creyó entenderlo. El sello fue diseñado exclusivamente para contener su poder. Bueno, al menos tenía una pista para comenzar a buscar…y por lo menos no sería una búsqueda fácil.

– ¿Quién es tu ama? –Preguntó, mirándolo sobre el marco de sus lentes–.

– Saya es mi señora. Mi razón de ser. A ella le sirvo porque es para lo que vivo.

Alucard parpadeó, algo sorprendido por tan firme convicción. Él, por supuesto, sólo servía por gusto y por una nada agradable cuestión que involucraba al agradable doctor Van Helsing y a sus esbirros.

– Cada vez me agradas más…–fueron sus escuetas palabras, mientras iba desapareciendo en una capa de delgada niebla– estaré esperando con ansias el día en que tengamos que enfrentarnos…

--------------

--------------

–Bien, bien…–fue el susurro de Alucard, al aparecer de la nada en aquel calabozo que lo había contenido desde hacía tanto tiempo– al fin el mundo conoce un vampiro de verdad…

Se sentó en el suelo, y recordó el gesto de su amo, Arthur Hellsing, quien lo había confinado, convencido de que el uso de su poder era incluso excesivo para aquella organización. Su cabeza se apoyó sobre sus antebrazos, y sin más, se preparó para dormir; Londres había despertado a un nuevo día.

--------------

Notas del autor: bueno, ya ven…es el segundo capítulo. Disculparán el que no sepa cerrar muy bien los capítulos (todavía) y disculparán, también, el uso que algunos puristas de Hellsing podrían considerar non-grato. Tranquilos…sólo es para el uso re-creativo que tiene esta historia. De paso sea dicho, muchas gracias a quienes dejaron un review. En un momento en el que tenga un poco más de tiempo, con gusto le dejaré las gracias como corresponde.