Titulo: Female Academy

Género: Romance/Comedia/Adolescentes.

Rated: T

Advertencia: Escenas "casi" para adultos. Palabras malsonantes. No lemon (¿Límon?). No Yaoi.

Resumen: Tres amigos de la infancia coinciden al ingresar en una escuela que anteriormente fue exclusivamente para chicas. (Pero a causa de la baja natalidad en Japón cambió a una "Mixta). Al ser los primeros chicos rápidamente son conocidos por las demás féminas, captando el interés de alguna, y el odio de otras. Dramas, Triángulos amorosos, escenas "casi" para adultos, ¡Consejo estudiantil!. [Luffy x ¿?][Zoro x ¿?][Sanji x ¿?]

Disclaimer: Los personajes son exclusividad del Anime/Manga One Piece, cuyo creador es Eiichirō Oda-Sama. Yo sólo expongo al público la historia, junto a dichos personajes, sin ánimo de lucro. Sólo para divertirme un poco.

Muchísimas gracias por seguir esta historia. ^^

:-:

Después de haber acabado de desayunar se despidió de su hermana. Ella después de dejar impecable la casa seguramente iría al Dojo a seguir entrenando, o quizás iría de compras. Después de todo la universidad había entrado en una Huelga de estudiante durante tres días, y nunca se sabe por dónde iba a salir. Las mujeres son tan complicadas que dan pereza, lo mejor es ignorarlas y problema resuelto.

A pesar de este fundamento se ha apuntado a una escuela femenina por una única razón. Queda cerca de casa. Es la única de los alrededores en la que no tiene que coger tres autobuses para llegar. Es un problema menos con lo que lidiar en su vida.

Zoro no podia dejar de pensar en los tres años que faltaban para dejar la escuela y cumplir su sueño; Convertirse en el mejor Judoka del mundo. Después de todo había nacido en una familia cuyo pilar siempre ha sido el amor por las artes marciales.

Su difunto padre fue el mejor Karateca del país, Así cómo su abuelo fue un campeón muy conocido de Kung Fu. Incluso su madre dominó el Taekwondo.

Kuina intenta seguir los pasos de su padre, pero él había decidido abrir en la familia el estilo Judoca. Algo que ningún otro miembro ha practicado jamás.

A mitad de camino pudo observar cómo un grupo de chicos agobiaban a un chaval que simplemente los ignoraba y seguía su camino, pero uno de ellos le cortaba el paso. Sabía que no era asunto suyo, pero simplemente no podía dejarlo estar.

Luffy compró varios bollos en una tienda cercana a su casa. Necesitaba satisfacer el hambre mañanero que el desayuno no había llenado.

Estaba ansioso, no por comer, que también, sino por llegar a la escuela y empezar a hacer amigos. Era lo divertido de ese lugar, compartir risas es lo mejor que la vida le ha dado al ser humano. A parte de la comida, Claro.

Al no prestar atención de frente, chocó hombro con hombro con algo. Un bollo saltó por los aires, y en cámara lenta pudo recordar todo lo que había vivido con ese bollo.

~ Flash Back ~

– Quiero ese bollo.

– ¿ Este ?

– Sip.

~ Fin del Flash Back ~

Pero aún no estaba todo perdido, saltó sin miramientos para salvar aquél bollo tan especial. De nada sirvió, y encima cayó sobre los demás bollos. Gritó cómo si hubiera presenciado ante sus ojos un crimen. Miró sus manos manchadas de nata rosa, y tragó saliva.

– S-soy.. un asesino...

Merecía estar en la cárcel por aquél crimen tan despiadado y cruel. Había espachurrado aquellos bollos sin pensar en ellos. Era algo imperdonable.

– Idiota, ¿ Por qué no miras por dónde vas ?

Luffy recibió un golpe en la cabeza que hizo rebotarla contra el suelo. Un enorme chichón apareció en el lugar afectado, pero sentía que se merecía algo muchísimo peor.

– Lo siento... Por mi culpa he matado a estos bollos.

– Tch, a quién le importa unos asquerosos bollos.

Luffy volteo para asesinar con la mirada a aquél sujeto, pero quedó embelesado ante la chica que estaba de pié, con una falda de la escuela a la que iba, y unas panties rosas.

– A dónde miras, Cerdo asqueroso.

La muchacha pisoteó la cabeza de aquél maldito cochino. Por lo poco que había visto, la chica era pelirroja, y unos clarísimos ojos de color miel. Sentía algo presionando su estómago, pero quizás era por no haber probado siquiera un bocado de aquellos bollos.

Después de calmarse, Luffy le explicó todo lo que había sucedido, y la chica cambió su faceta enfadada por una de relajación.

– Bueno, si era sólo eso. Quizás me pase pisoteando tu cabeza.

– Jeje, si. Dolió un muchito. Shi shi shi

Luffy reía de una extraña manera, puesto que aún seguía sintiendo anormalidades en su interior.

– Bueno, te recompensaré con unos bollos. Pero mañana quiero el triple de su costo.

La cara de Luffy se iluminó, deslumbrando el lugar.

– Gracias, ... Etto... ¿Cuál es tu nombre?

Nami, respondió la muchacha ordenándole al pastelero unos bollos de nata. Luffy también se presentó por cortesía. Resultaba que ambos iban a la misma escuela, y Nami simplemente iba a comprar un pastel que le había pedido cómo favor una amiga suya. Después de este evento ambos caminaron juntos para la escuela.

– Sabes Luffy, eres el primer chico de la secundaria que veo.

– ¿ En serio ? ¿ Tan pocos hay ?

– Claro, Tonto...

Dijo entre risas

– Hace nada era una escuela de chicas después de todo.

Añadió. Luffy no entendía muy bien ese concepto, pese a las explicaciones de sus padres. Pero que más daba, ahora mismo estaba tan contento que ni siquiera necesitaba pensar en nada más.

– Por cierto. Hoy viene mi primo a esta escuela, es algo amargado y solitario, pero le vendrá muy bien tú compañía. Desde que se separó de sus amigos dea infancia no ha vuelto a tener otro.

Luffy asintió, prometiendo que se haría amigo de aquella persona. Al parecer hablar con una chica era muy divertido, y encima te hacía olvidar la comida.

Bueno no.

– ¡! Luffy, algo ocurre allí ¡!

Nami señaló a dos chicos que hacían la croqueta intercambiando golpes. A su alrededor estaba un grupo de chicos que los miraban desconcertados.

Luffy comenzó a correr, dispuesto a ayudar. Entonces los vió perfectamente.

– ¿ Z-zoro ? ... ¿ S-sanji ? ...

Cinco minutos antes.

Sanji observó a un grupo de chicos acercarsele. Se trataba de chicos de secundaria de alguna escuela cercana. Seguramente habían visto el libro de chicas en bikinis que traía consigo.

– Oye, Chaval. Dejanos ver un poco de eso. Tehee~

Ignorándolos siguió su camino, pero uno de ellos se interpuso.

– Oh venga, cejitas, dejanos ver.

Aquél mote hizo que el Rubio matase con la mirada a aquél tipo.

– No me vuelvas a llamar así. Sólo hay una persona que puede hacerlo, y tú no eres esa persona. ¿ Entendido ?

El chico sintió la dura mirada.

– Tranquilo amigo, sólo dejanos ver.

– Oe, ¿ Por qué molestais a este chico ?

Un tremendo Deja Vu comenzó a invadir la mente del rubio cuando escuchó aquella voz. Volteó, haciendo girar su cabello de una forma Cool.

– ¡ MARIMO !

Zoro observó impactando la imagen de su amigo de la infancia. Lo señaló con un dedo, y gritó:

– ¡ CEJITAS !

Los chicos a su alrededor no entendían nada. De pronto vieron cómo el rubio asaltó al peliverde con una tremenda patada, que este bloqueó con el antebrazo. Zoro agarró la pierna, e hizo perder el equilibrio al rubio, quién se llevó al peliverde consigo al ver que iba a caer. Ambos comenzaron a golpearse en el suelo.

– ¡ Por qué te fuiste, Marimo estúpido !

Sanji golpeó la cara de Zoro cuando este se encontraba debajo de él, pero al dar la vuelta a la tortilla fue el turno del peliverde.

– Tú también te fuiste, Cejitas de arroba.

Así siguieron hasta que una voz los hizo parar en seco.

– ¿ Z-zoro ? ... ¿ S-sanji ? ...

– ¡ LUFFY !

Gritaron al unísono. El moreno se abalanzó sobre sus amigos, extasiado de felicidad al poder verles de nuevo.

– Luffy, pero que... ¿ Zoro ? Que haces ahí tirado.

– Mierda, la bruja.

Después de una pequeña calma, los tres amigos pudieron reír gustosamente al reencontrarse en aquella situación. Además habían descubierto que Zoro era el primo de Nami, quién a su vez le había dejado la cara hecha un cuadro cuando este la llamó "Bruja". Y el pesado galán que lleva Sanji dentro había salido a flote al ver a aquella diosa bajar del mismo olimpo.

– No me lo puedo creer, vamos todos a la misma escuela. Shi shi shi

El ambiente estaba envuelto de felicidad y recuerdos imborrables de la infancia. Ese sentimiento de complicidad había vuelto a ellos, y sin duda la alegría de saber que iban a pasar la secundaría juntos era incalculable.

– Hablando de la escuela. Falta cinco minutos para las clases.

Dijo trivialmente Nami después de mirar su móvil, dos segundos después cayó en la cuenta de lo que había dicho.

– ¡ Llegamos tarde, maldita sea !

– Que hermosa es mi Nami-Swan cuando está apurada.

Los cuatro aceleraron sus pasos, puesto que llegar tarde significaría un castigo por parte del consejo estudiantil.

– Hancock-San, parece que hoy no viene ningún chico.

La mujer curvó los labios en una sonrisa de malicia.

– Quizás han muerto en un accidente de tráfico.

La rubia se llevó las manos a la cara.

– Hancock-San se ha vuelto una macabra persona.

– Vamos, Marguerite. Ya no queda más nadie, excepto Nami. Estará indispuesta. Llamaré luego a su casa.

Ambas muchachas se prepararon para irse, pero los gritos de la pelirroja fueron escuchados.

– Vamos Zoro, corre un poco.

– Lo siento, pero debo reservar mis fuerzas para el resto de clases.

La voz de un chico hizo saltar las alarmas de la morena. Después de todo lo que había vivido en esta escuela por fin se acercaba ese momento de repulsividad. Ahora más que nunca, en este preciso instante, no podía mostrar sus verdaderos sentimientos. Tendría que tapar este odio para seguir siendo la misma presidenta de siempre. Esa chica que lucha por una escuela perfecta.

– Marguerite. Recibelos. Cómo lo haga yo, me temo que arderá Merry.

Necesitaba algo de tiempo para asimilarlo. Asimilar que aquella secundaria perfecta se iba a ir al desastre por ellos. Por aquellos miserables hombres. Tragaría con aquello... De momento.