Tim Drake tenía un placer oculto, conocido sólo por él mismo y el objeto de sus fantasías: le encantaba ver al prepotente Damian Wayne al borde del placer.
No diría que se trata de alguna clase de fetiche, no llegaba a tanto, era sólo un gusto que había tomado al notar que era capaz de domarlo con aquel metodo tan inesperado.
A él mismo le gustaba el recibir placer y perderse en las sensaciones que sus clandestinas reuniones con el joven le brindaban; sin embargo, poco se le hacía comparable a poder mirarlo a él, con los ojos jade cristalizados y los labios rosados separados dejando salir largas exclamasiones de placer seguidas de súplicas por atención, que conforme avanzaba el tiempo se volvían cada vez más desesperadas.
Le fascinaba saber al otro a su merced, sin cabida para comentarios mordaces o miradas de superioridad. Bueno, al menos el Al Ghul no podía darse esos lujos. Era completamente manso bajo su tacto, completamente accesible a sus demandas.
--Drake --suplicó con el rostro contra la almohada. --... Ya basta de juegos --mas, desde el punto de vista de Tim, Damian Wayne no estaba en posición de exigir nada. Se limitó a sacar los tres dígitos de su interior y dejar que el joven buscara placer por cuenta propia.
Le tenía boca abajo, con las caderas alzadas contra sus ingles. Tenía al menor en cuatro bajo su cuerpo y éste ni siquiera podía pensar en quejarse por lo denigrante que aquella posición le parecería a su "yo" consiente mientras restregaba su trasero contra el miembro del otro.
A Drake le encantaba hacerlo esperar, limitándose a acariciar sus piernas y besar las cicatrices en su espalda, como si eso fuese lo que más le gustara de tener al menor en su cama. Y Damian no se quejaba, sólo súplicaba, aunque se negaría a admitirlo al día siguiente y volvería a tratar al mayor con indiferencia que aparentaba odio hasta la próxima vez que los deseos mutuos los reunieran.
--Por favor --las palabras se sentían extrañas en sus labios; Tim rió por lo bajo, moviendo una de sus manos hacia los glúteos del otro, acariando.
--¿Qué es lo que quieres? --exigió simulando embestidas contra su cuerpo. Ansiaba profanarlo, pero también escuchar al menor pedirle entre jadeos placenteros que le poseyera como en muchas noches ya había hecho.
Mordió su labio inferior, tratando de reprimir los sonidos que provenían de su garganta. --... Tim --le llamó por su nombre y un escalofrío recorrió el cuerpo del nombrado. --, te quiero a ti --cedió, moviendo las caderas contra el cuerpo encima suyo y ocultando el rostro en la almohada.
Drake lo penetró de una estocada, estrechando sus caderas hasta marcar sus dedos en la piel tostada, exhalando en la nuca de Damian su aliento cálido y causándole un estremecimiemto placentero.
Fuera de la habitación en que a penas se desataban sus pasiones, el cielo comenzaba a despertar con los destellos de una mañana nueva.
