Capitulo – 1

Me despertaron los rayos del sol de aquella fantástica mañana de verano. Me levanté y me puse la bata. Fui al baño y luego bajé las escaleras en dirección a la improvisada cocina que hizo mi padre cuando nací. Era la única que comia, al menos comida humana. Cuando llegué, mi padre, Aro, un hombre alto y pálido, con el cabello largo y de color negro, el cabeza de la familia vulturi, estaba sentado en una silla, esperandome como cada mañana.

-Buenos días papá -le saludé con mi habitual sonrisa. Por muy frío que pareciera, era el hombre más cariñoso que había conocido nunca.

-Buenos días, hija -me saludó.

Me dirigí hacia donde estaba él y le di un beso en su fría mejilla.

-¿Que hay hoy para desayunar? -le pregunté.

-Lo que tu quieras -me contestó con la sonrisa que tanto me gustaba.

Segundos después, con la rapideza que solo un vampiro posee, alguien se me acercó por detrás.

-Buenos días enana. Ya era hora de que te levantaras, esto es un aburrimiento cuando estás dormida -me dijo Felix desordenandome el pelo.

-¡Felix! Ya no soy una niña pequeña, tengo 17 años -me quejé.

-¿Que dices? si apenas tienes 9 años...

Felix era uno de los "familiares", por así decirlo, ya que no eran familia mia, que vivia con nosotros. Era grande, alto y muy bruto. Pero cuando se lo proponía podía ser muy cariñoso. Era como un hermano mayor para mí.

-¿Pero a que aparento 17? -le pregunté. Él asintió con la cabeza-, pues ya está.

-Chicos, no empeceis como cada mañana -nos regañó mi padre- Renesmee, desayuna ya. Tienes clase en una hora y aún te tienes que preparar.

-De acuerdo papá.

Me preparé un bol de cereales y mientras me los comia, iba pensando.

Como bien podreis imaginar, mi familia no es muy normal que digamos. Todos son vampiros. Bueno, todos menos yo, que soy semi-vampiro. Sí, ya lo se, extraño. Eso pasa cuando tu madre humana se enamora de un vampiro y deciden tener relaciones sin precauciones. Claro que ¿quien hubiera dicho que un vampiro y una humana podrian tener hijos?

El problema es que el embarazo es muy duro y en el parto la mujer puede morir, como mi madre, que murió al darme a luz a mí. Siempre me e estado regañando por dentro, por que si no hubiera nacido, mi madre aún estaría aquí, junto al ser que amaba.

Levanté la cabeza y miré a mi padre, que me miraba con un brillo en los ojos que yo muy bien conocia. Estaba pensando en mi madre.

-Te pareces tanto a tu madre -dijo de golpe.

-No empieces otra vez, papá.

-Vale -se resignó.

Acabé de desayunar y dandole un último beso a mi padre me fui a mi habitación.

De camino a ella, iba tan ensimismada en mis pensamientos, que me choqué con alguien.

-¿Estás bien Renesmee? -me preguntó Demetri.

-Sí -le contesté.

Demetri era el único que no consideraba de mi familia. Era alto y robusto, con el pelo largo hasta los hombros y de color negro. Simpatico, amable, dulce y cariñoso. Estaba enamorada de él desde que tengo memoria. Pero para él, yo solo era su hemanita pequeña. Y me lo había demostrado en numerosas ocasiones. Por supuesto, él no sabía lo que yo sentía hacia él.

-Me alegro -dijo con una sonrisa en los labios. La sorisa que hacía que me derritiera - Ya sabes que si te llega a pasar algo me muero.

Me ruborizé ante sus palabras.

-Bueno me voy a preparar para la clase.

-De acuerdo, te espero abajo.

Demetri también era mi profesor. Hacía las clases en casa por mi extraño crecimiento.

Llegué a mi habitación y me fui a la ducha. Cuando salí me vestí con un bestido azul oscuro, me puse los zapatos y me fui al salón.

Cuando bajaba las escaleras me cruzé con Alec y Jane, los gemelos. Alec era de estatura pequeña, con el pelo de color rúbio oscuro y de ojos rojos, como los de la mayoria. Jane era bajita, con el pelo color marrón clarito y los ojos rojos. A Alec le caia bien, y el a mi también, era bastante simpatico. Pero Jane era otra cosa, nos odiabamos mutuamente. No nos soportamos.

Cuando llegué al salón, Demetri me estaba esperando sentado en el sofá. Cuando me vió, se le dibujó aquella iresistible sonrisa que me deretía.

-Llegas pronto -me dijo cuando me senté a su lado.

-¿A si? No me había dado cuenta -mentí. Siempre me preparaa lo antes posible para poder verle.

-¿Empezamos? -me preguntó.

-¿No podemos tomarnos un día libre? -le pregunté esperanzada- ¡Plis!

-Bueno, está bien. Pero solo por hoy -se rindió- ¿Donde quieres ir?

-A dar un paseo por los jardines -contesté decidida.

-¿No prefieres salir a la calle?

-No, demasiado ruido. Prefiero pasear tranquilamente.

-Vale.

Caminamos juntos hacia la salida del jardín sin ningún roze, ni cogidos de la mano, como solia cogermela cuando era pequeña, ni nada.

Yo le qiería decir lo que sentía, pero tenía miedo. Miedo de que me rechazara, cosa segura, miedo de que nuestra amistad se rompiera.

Salimos al jardín y una suave brisa movió mis rizos color castaños. Cerré los ojos. Me encantaba la sensación del aire en mi piel.

Cuando los abrí, Demetri me miraba profundamente a los ojos. Me ruborizé.

-Estas tan mona cuando te sonrojas -dijo de golpe haciendo que mi corazón, que ya latía rápido por si solo, aumentara sus latidos.

Él se rió.

-¿De que te ries? -le pregunté.

-Me encantan los latidos de tu corazón.

Volví a ruborizé

-¿N-nos va-vamos? -tartamudee como una idiota.

-Claro -dijo con una sonrisa.

Empezamos a pasear sin rumbo.

Después de un rato caminando llegamos donde mi padre había instalado un par de culumpios para mí. Fui corriendo hacia el columpio y Demetri se sentó en el de al lado.

Empecé a columpiarme.

Sentía el viento en mi piel, se estaba tan bien con esa sensación.

Pero al cabo de un minuto, Demetri me paró.

-¿Que pasa Demetri? -pregunté desconcertada.

Pero él no contestó. Cogió mi rostro entre sus manos y se fue acercando a mí.

-Renesmee -dijo con un hilo de voz

-¿Sí?

-Te... -y antes de que acabara la frase, me besó. El beso que tantas veces había ansiado, me lo estaba dando. Los latidos de mi corazón aumentaron, desbocados. Empezó a mover los labios tiernamente y después de un rato se separó de mí- ...amo.