Una vez que dejó los libros en la biblioteca, se despidió del chico rubio, y se dispuso a buscar la dirección pero antes de poder hacer un movimiento…

-Oye…-dijo el rubio.- ¿eres nueva en la escuela?-

-Ammm… si, soy nueva, hoy es mi primer día- contestó un tanto nerviosa.

-Entonces… supongo que estás buscando la dirección y que el guardia solo te dijo dónde estaba y no te llevó.- supuso el rubio. ¿Acaso era brujo?

-¿Cómo lo supiste?- pregunto confundida y un poco asustada.

-Jejeje- río tímidamente- lo que pasa es que así es con todos los estudiantes nuevos, no los lleva simplemente les indica donde está pero como son nuevos no dan y se pierden. Así que si me permites te llevare hasta allá-

-Sería un gran placer- sonrió. Estaba realmente feliz de que al menos una persona le ofreciera ayuda, había pasado al lado de muchas personas y ninguna le tendió la mano y él fue el primero, realmente estaba feliz. Caminaron en silencio hasta llegar a la dirección y se pararon frente a la puerta.

-Bueno… este… me tengo que ir, yo si tengo clase, espero poder volver a verte y que tengas un excelente inicio de clases- dijo el joven y se retiró, ella se quedó helada y quería saber su nombre más no se atrevió a gritarle que como se llamaba y mucho menos correr hasta él. Abrió la puerta y entró a aquel salón, se veía perfectamente ordenado y muy limpio además de que olía muy bien.

-Disculpe- interrumpió el silencio. No estaba muy silencioso después de todo, ya que tenían música clásica pero apenas y se lograba oír. Se dirigió a una muchacha de aspecto duro, realmente daba mucho miedo o al menos eso era para ella. –Soy alumna de nuevo ingreso y me dijeron que tenía que venir aquí para que me asignaran un grupo.- La mujer solo la miró, se sintió intimidada con la mirada de la mujer y no dijo absolutamente nada. Esta se levantó de su lugar y le hizo señas de que la siguiera. ¿Acaso quería matarla? O mucho peor ¿Violarla? Pensó en un sinfín de posibilidades y ninguna era buena, abrió otra puerta y le dijo que pasará. Entró y se topó con… chan chan chan… simplemente era la directora, la cual daba un aspecto elegante, alegre y muy amable. Todo lo contrario de la otra mujer.

-Bueno días… ammm… disculpa ¿Cuál es tu nombre?- la saludo la directora mientras sonreía.

-Buenos días… mi nombre es María Isabel Fernández Hernández- contesto automáticamente y como robot.

-Es un placer señorita María, nos avisaron de que usted seria nuestra alumna de nuevo ingreso, es un placer conocerla.- comenzó a hablar la directora. –Mi nombre es Adeline Tisdale y soy la directora de esta prestigiosa escuela. Espero que te adaptes rápido. Toma estos papeles, entre ellos está el reglamento, tu horario de clases y papeles para que te registres en el dormitorio. Estarás en la clase A así que revisa tu horario.-

Sacó una hoja en la cual estaba marcado su horario de clases.

-Las clases terminan a las 12:30 y son las 11:30- dijo.

-Bueno no tiene caso que te presentes el día de hoy puesto que ya van a acabar las clases de tu grupo, por lo tanto preséntate mañana y tienes el resto del día libre. La señorita te guiará hasta los dormitorios y allá llenaras el formato que está en la carpeta que te entregue. Que tengas un buen día.- finalizó la directora y ella se retiró junto con la secretaria.

Ella la llevó hasta el dormitorio y allí estaba afuera una muchacha de buen aspecto y muy risueña. En todo el camino la secretaria no dijo ni expresó nada, lo cual a Mari le daba mucho miedo.

-¡MARGARET!- gritó la encargada de los dormitorios mientras saludaba.-Con que ella es la nueva alumna. Buenas tardes, mi nombre es Katerine pero me puedes llamar Katy, espero que nos llevemos muy bien, y ¿tu nombre es?-

-María Isabel Fernández Hernández, es un placer.- contestó algo nerviosa y apenada, mientras se tapaba la boca con la carpeta.

-Bien Marga, te puedes ir, yo me encargare del resto. Bien Mari tus maletas están aquí en la recepción y hay que llevarlas a tu nueva habitación, sin embargo tenemos un problemas…- se detuvo y miró a los lados como buscando algo. -¡TOÑO!- gritó tan fuerte que escuchó en media escuela.

El otro solo cerró los ojos con una expresión de Chin me descubrieron. Y como no tenía de otra se dirigió a donde nos encontrábamos.

-¡ANTONIO VEN MÁS RÁPIDO! ¡CORRE! ¡CORRE!- gritaba desesperada Margaret por el paso con el que caminaba Antonio.

-¡ANTONIO!- gritó María y se puso pálida, blanca y muy fría. Trago saliva en seco y temblaba. Ambos se sorprendieron por la acción de María y no entendían absolutamente nada. –Tal vez no me reconoció- pensó. Después de todo era buena idea usar lentes, distorsionarían, solo un poco su apariencia y no mostraría la verdadera.

-¿Qué paso?- preguntó Antonio algo nervioso.

-Bueno… pasaste justo en el momento indicado…- Antonio se estaba preparando para una buena regañiza- Bien, nos ayudaras a llevar esas maletas a la habitación 23, si es que no quieres que te regañe- al decir lo último, un aura negra salió detrás de Margaret y eso lo dijo con un tono más bajo y muy aterrador.

-¡WAAAAAA! ¡HARÉ LO QUE TU ME PIDAS! ¡LO QUE ME PIDAS! ¡PERO POR FAVOR NO ME REPRENDAS!- gritaba el muy cobarde Antonio, era diferente a como lo conocía María. Cuando ella lo conoció se veía muy valiente, algo malo, y un poco apuesto pero ahora, se veía completamente diferente, parecía un cobarde, un indefenso niño y sobre su apariencia… prefería no opinar.

Las ayudó a llevar las maletas hasta lo que sería la nueva habitación de María.

-La comida se sirve a las 2:30 en el comedor. Te esperare ahí y espero que mi comida sea de tu agrado. Tus compañeras de habitación llegaran hasta las dos de la tarde, espero que no te moleste esperarlas y mientras puedes salir a pasear por el campus, al rato en la tarde te explicaré algunas de las reglas para que no tengamos problemas. Muy bien, adiós.- se despidió Margaret de Mari. Antonio simplemente la miró de pies a cabeza, y como de costumbre, María se puso sonrojó. Toño estaba parado en la entrada de su habitación, momento perfecto para hacer, ustedes ya saben que, ya que se encontraban solos. María caminó hasta la puerta y la sorrajo gritando:

-¡¿QUÉ TANTO ME MIRAS?!- la puerta golpeó a Antonio, mandándolo por los aires y provocando que se golpeará en la pared y cayera inconsciente.

María abrió lentamente la puerta y vio a Antonio tirado en el suelo, provocando que se sintiera culpable por lo sucedido, pero ¿Quién manda a Toño a viborear a su nueva compañera? La respuesta nadie. Mari se volvió a encerrar en su nueva habitación, pensando en todas las posibles excusas que podría decir para defenderse aunque, según ella, no le creerían.

Miró sus maletas, suspiro y se dijo –No acomodaré mis cosas ya que podría ser que me allá tocado vivir con una o unas maleantes, y por acomodar mis cosas donde no deba me podrían golpear e incluso matar. Al pensar esto se puso pálida y se desmayó.

Al cabo de un rato se despertó y no recordaba absolutamente nada.

-¿Qué hago aquí?- se preguntó. Se levantó y abrió lentamente la puerta y pudo ver que Antonio ya no estaba ahí. -¡AHHHHH!- gritó tan fuerte que se escuchó en todo el mundo… bueno no, pero si se logró escuchar en toda la escuela. Recordó lo que le había sucedido hace unos minutos y se puso histérica -¡WAAAAA! ¡TENGO QUE HUIR! ¡REALMENTE TENGO QUE HUIR! ¡MI PRIMER DÍA EN LA ESCUELA Y YA TENGO PROBLEMAS! ¡NO PUEDE SER! ¡CONOCIENDO A ANTONIO YA ME DEBE HABER ACUSADO CON LA DIRECTORA O PEOR AÚN… CON LA AFI, CIA, O LO QUE SEA! ¡ESTOY MUERTA! ¡SOY PAÍS MUERTO!- se tranquilizó un poco- Debería de llamarle a mi jefe y contarle sobre lo sucedido- tomó el teléfono y estaba dispuesta a marcar cuando algo se le vino a la mente, algo con lo que no contaba- ¡NOOOO! ¡CONOCIENDO A MI NUEVO JEFE ME DEJARA SOLA! ¡ESO HARÁ! ¡ESO HARÁ! –Repetía como loca- ¡MALDITO COPETUDO! ¡¿POR QUÉ TU?! ¡ME DEJARAS A LA DERIVA YA QUE NO TE IMPORTO! ¡NOOOOO!-

En eso oyó unos pasos, unos pasos que se acercaban lenta pero misteriosamente, Mari comenzó a temblar y a sudar frío- Es mi fin- dijo en voz baja- Una mujer pateó fuertemente la puerta, entro enfurecida, le salía humo por la nariz y tras de ella había un aura negra, muy negra. –Estoy muerta- fue lo que pensó.