¡Hola de nuevo a todas/os!
Antes que nada, quiero agradecerles por acompañarme con este proyecto que inicio con mucho entusiasmo! Agradezco los comentarios que me hicieron y de verdad eso me motiva a subir más de este pequeño pedazo de mi mente (:
Aun soy nueva utilizando esto de verdad XD por lo que les responderé por aquí sus comentarios:
sukisuzukipuki: ¡Hey muchas gracias por el apoyo! Fuiste el primer comentario de esta historia y me llenó mucha emoción de leerte (:
Fio: Hola! De verdad muchas gracias por tu comentario! Me alegra que lo hayas disfrutado, y así es todo ocurre en una época antigua donde cada región de la tierra funciona como un sistema monárquico ;) ¡Espero disfrutes lo que continuará!
kami: Oh, me alegra que te haya gustado! Y espero que este capítulo también, gracias por tu apoyo :3
LizCastle05: Jeje muchísimas gracias por tu comentario! Me emocionan leerlos y espero que el resto sea de tu agrado! :)
De verdad gracias por su apoyo! No saben lo que motiva a uno para seguir con esto :3
Y bueno, sin más rodeos les dejo el primer capítulo de esta historia, espero la disfruten!
DISCLAIMER: El universo de "Dragon Ball Z", así como sus personajes, son propiedad de su autor original Akira Toriyama, como también en Toei Animation y Fuji TV. Esta historia está hecha únicamente por diversión, con permiso tomo los personajes prestados.
CAPÍTULO I. LA DECISIÓN
El sol se escondía por el oeste, el cielo rojizo comenzaba a transformarse lentamente en aquel lienzo oscuro donde se reflejaban los grandes luceros tan inalcanzables y magníficos. Una paz se podía respirar en el ambiente, la serenidad del campo, el canto de las aves a punto de huir de la oscuridad, el suave viento mover las hojas de los fuertes robles y las corrientes del río armonioso, sin duda alguna eso era la mejor riqueza que uno pudiera tener, paz, solo eso quería, nada más.
Por enésima vez soltó un largo suspiro cargado de nostalgia, no sabía porque, pero una extraña sensación en su cuerpo le hacía evocar tal sentimiento en cada crepúsculo. Siempre que veía hacia el oeste de aquellas verdes colinas en su pecho algo se movía intranquila mente, cientos de veces intentó descubrir que había más allá de esos prados, pero su padre jamás la dejó explorar aquel horizonte hipnotizan te y misterioso.
Posó su mirada aguamarina sobre el libro que portaba entre sus manos, doblando la pestaña superior derecha a modo de no perder la página donde continuaría leyendo el día siguiente en aquella misma rama del fuerte árbol que la sostenía a unos dos metros de distancia del suelo. De un solo saltó pudo bajar escalando el tronco del árbol sintiendo como la ligera incomodidad que este ocasionaba sobre su espalda al estar prácticamente toda la tarde sentada en la misma posición, pero cada dolor no se comparaba con la espera maravillosa de ver ocultar el sol por las tierras del oeste. El suave viento de la tarde comenzaba a calar el cuerpo, por lo que debía marcharse antes de que anocheciera más o enfermaría al estar tan expuesta.
Desde que era niña, todas las tardes llegaba a las orillas de los prados de su hogar escalando los majestuosos árboles y apreciar cada puesta de sol, no había día que hiciera tal acción convirtiéndola en su rutina preferida. Nadie le decía nada o cuestionaba, simplemente se escabullía para pasar ese rato a solas, en paz, lejos de todo aquello que jamás consideró suyo, lo único familiar en aquel lugar era ese roble y sus resplandecientes tardes.
El camino al castillo no era tan lejano del bosque, por lo que en menos de veinte minutos ya se encontraba en las caballerizas dejando a su hermosa yegua tan blanca como la nieve y de cabellos oro. La adoraba, fue su regalo de su quinceavo año de vida de parte de un importante duque; quien la pretendía desde que la conoció cuando solo tenía diez años y aunque el hombre le doblaba la edad no quitaba un dedo del renglón para poder acceder a la mano de la princesa de Tsufuru, sin embargo por alguna extraña razón el padre de la aludida jamás dio aprobación alguna.
Para el alivio de la joven, agradecía internamente que su padre hasta la fecha rechazara cualquier oferta de matrimonio tanto de condes, marqueses o incluso duques. La belleza de la joven no pasaba de desapercibida para todo aquel foráneo que atravesaba los siete mares hasta llegar al punto más remoto del planeta, y encontrarse que en el fin del mundo vivía un ser celestial, sin duda alguna valía la pena navegar hasta meses las bravas aguas con ver aunque sea una sola vez a la princesa de cabellos celestes.
Ella era aún joven para pensar en matrimonio, solo tenía diecinueve años y aunque por regla social ya debería haber contraído nupcias desde ya hace tiempo, su mente aún no estaba lista para convertirse en la mujer de alguien; ella era una mujer soñadora, quería descubrir las maravillas de este mundo, cada vez que leía un nuevo libro se quedaba asombrada por las riquezas que habían más allá de esa isla donde jamás en su vida había salido y moría de ganas por ser aunque sea una sola vez atravesar las fronteras de su hogar e ir hacia lugares desconocidos, en especial donde se oculta el sol. Su padre era un hombre muy estricto y algo severo, no siempre lo veía pero a pesar de eso la mantenía controlada, lo más lejano a que ella pudiera salir era a aquel bosque donde se perdía todas las tardes, su educación siempre fue bajo las fortalezas del castillo con una institutriz personal, por lo que interacciones con personas que no fueran el personal del castillo, no tenía la joven princesa.
Acomodó suavemente la falda de su vestido desarrugando con la palma de su mano el largo de esta al mismo tiempo dándose cuenta que los bordes de la tela a perlada se encontraba manchada por pequeños rastros de lodo. Los pasillos del castillo siempre fueron fríos y eternos, unos conducían a otros pasillos y así sucesivamente, el castillo era tan grande que a pesar de todos los años que llevaba viviendo ahí jamás terminó por conocerlos, había puntos donde dudaba en seguir o regresar ya que se alejaba tanto incluso de la guardia real. Sonrió al ver por fin al final del pasillo la puerta de su alcoba, a pesar que la luz lunar se filtraba por los vitrales no era de mucha ayuda con las sombras oscuras del enorme pasillo, pero una sensación turbia podía sentir en el ambiente, algo que la des tranquilizaba por completo. Nunca lo entendía, pero desde niña siempre tuvo miedo a la oscuridad, creyó que con el pasar del tiempo pasaría ese miedo en ella pero al parecer jamás lo desterraría de sí misma, cuando se encontraba hundida en ella siempre creía sentir que algo la asechaba pero al final no había nadie. Y esa sensación volvía como en esos momentos, tomó con fuerza entre sus brazos su libro de botánica avanzando rápidamente en las sombras pesadas de la noche, hace tiempo que no sentía la paranoia de persecución, pero en ese momento se sentía como una gacela a punto de ser devorado por un león. Su respiración se volvía rápida y agitada, su corazón latía con fuerza mientras que sus piernas comenzaban a flaquear. No esperó más y corrió con todas sus fuerzas hasta llegar a su alcoba, como felino se lanzó a ella encerrándose en aquellas cuatro paredes quienes eran su refugio de años y a una gran velocidad se acercó al taburete junto a su cama sacando unos cerillos para encender sus lámparas con velas. Su corazón poco a poco comenzó a recuperar su estabilidad al sentirse protegida junto a la luz de la vela, odiaba sentirse tan indefensa y vulnerable, y por más que recordaba no encontraba la razón de ese miedo inexplicable a la oscuridad, lo peor de todo es que le temía a la oscuridad no de la noche, si no se su hogar.
—¿Princesa Bulma?
La voz de la mujer detrás de la puerta la hizo dar un brinco sobre su lugar regresando a la realidad, se perdió tanto en su mente olvidándose que minutos antes llevaban llamando a su puerta. Nuevamente se acomodó el largo de su falta así como los flequillos revueltos de su rostro posicionándolos tras su oreja, se sentía tan tonta y expuesta, quien la estaba siguiendo era una de las sirvientas del castillo, no algo anormal.
—¿Ocurre algo Mildret? —Después de tranquilizarse decidió optar por recibir a la empleada con una calma falsa, encontrándose con la joven servidumbre de ojos almendra y cabellos miel sonriéndole amablemente, aunque en su rostro se podía apreciar nerviosismo.— ¿Todo bien?
—Señorita Bulma, la hora de la cena…
—Bajaré más tarde.—interrumpió la peli azul a la dama dándole la espalda mientras que se dirigía a su tocador.—No me apetece comer por lo mientras, antes tomaré un baño.
—Su padre llegó por la tarde de su viaje y la está esperando desde hace una media hora en el comedor para la cena.
—¿Qué? —Ahora comprendía el nerviosismo de la mujer, ya se podía imaginar la escena que el hombre le plantaría por aquella falta de respeto, y el nerviosismo ahora también era parte de ella de nuevo. — Maldición…
Había decidido por comenzar con la cena desde momentos antes, la palabra paciencia no pertenecía a su vocabulario y el insaciable apetito característico del hombre podía más que sus propios modales. Degustaba de un buen platillo de pato asado con puré de patata, junto con su imperdonable vino de la más alta calidad, saboreando entre sus labios su copa barnizada de oro, un obsequio que había robado de unas de sus tantas tierras que mandaba a profanar en su nombre.
El castillo por las noches podía ser tan oscuro como quisiera, a veces cuando la luna se posicionaba sobre este, sus destellos blancos se filtraban por los grandes ventanales iluminándolo los blancos suelos de mármol y tapices relucientes. Si algo él tenía es que lugar al que fuera a tomar como su pertenecía, su hogar lo decoraba siendo una réplica de los palacios más hermosos que había visto en todas sus misiones de combate. Entre ellos estaba aquel característico palacio del oeste, desde que piso los suelos del celestial lugar quedó prendado a su belleza para finalmente adaptar su castillo de una manera similar al del que fue alguna vez de los Brief.
Paragus tenía fama de ser un rey sanguinario, despiadado y sin sentimientos, pero no por aquella razón su gusto por el arte era de menospreciarse. El castillo constaba con pinturas de importantes artistas en todos sus pasillos, esculturas renacentistas y un exquisito gusto por el arte topiario. Toda esa belleza se la debía a todas las cosas que ultrajaba y robaba de reinos lejanos adoptándolos para sus tierras, la isla Tsufuru no era tan rica en sus recursos, pero los barcos exportadores de otros países la fortalecían haciendo que todo llegara con facilidad a sus manos.
Miró su reflejo en la loza reluciente, la edad le estaba cobrando ya la factura de sus actos, su cabello azabache se había teñido por destellos platinados y su rostro parecían habérsela formar más arrugas que cicatrices, aunque su porte jamás había desaparecido, a pesar de su edad seguía intimidando a cualquiera como hace diecinueve años.
—¡Padre! Disculpa la tardanza…
Frente a él aparecía la más pequeña del castillo agitada debido al enrojecimiento de sus mejillas, despeinada y aunque la luz en ese momento no era tan notoria en el comedor aun podía distinguir como el vestido blanquecino de la joven se encontraba sucio de estragos de lodo. Frunció las su ceño al notar como la peli turquesa tomaba posición a su lado derecho de la cabecera donde el siempre se sentaba solo que ahora ella se colocaba en un asiento más lejano, obviamente quería pasar de imperceptible su mal atuendo.
—¿Dónde has estado? —La fuerte voz del hombre provocó un espasmo recorrer en su estomago, su padre siempre había sido una imagen que infundía respeto y temor, y aunque ella fuera su hija no la limitaban de ciertos comportamientos de él, incluso con su rudeza sentía que la trataba como un soldado más. — Y compórtate, no te eduque para que te alimentes como un cerdo de corral; eres una princesa, no una vulgar.
La peli turquesa abrupta mente dejó de realizar cualquier movimiento, entre sus manos tenía un bold con fresas que momentos antes se encontraba desesperada sirviendo en su plato, pero no era por la falta de modales si no por el nerviosismo al llegar tarde para la hora de la cena, ella sabía que esa clase de tardanzas su padre no las pasaría de desapercibido, y si quería concretar pronto sus planes a futuro, debía dejar de dar motivos para su enfurecimiento y reprimendas.
El silencio volvió a reinar el lugar, ese tipo de comentarios ya los había escuchado desde que era una niña, claro no quería decir que no le doliera, pero con el pasar de los años se fue acostumbrando a la forma en la que su padre la trataba. Su relación con él nunca fue la ideal, poco hablaban sobre sus sueños e intereses, el hombre de por sí era muy cerrado y con la única persona con la quien se expresaba era su hermano. Curiosamente con su hermano, su padre pregonaba de orgullo al hablar de él, el heredero al trono; cientos de viajes lo llevaba a su lado y la educación del príncipe siempre fue en tierras extranjeras, algo muy opuesto con ella. Poco la mencionaba y las veces que foráneos llegaban a la isla sus interacciones eran cortas con ellos ya que Paragus se encargaba de encerrarla en su alcoba hasta que estos regresaran por donde llegaron.
Todo lo que sabía del mundo se lo debía a sus libros, los relatos de la servidumbre y de su institutriz que veía por ella hasta que cumplió los quince años. Muchas veces de pequeña intentó indagar con su padre incluso el porqué su parentesco al de ellos con la peli turquesa era muy distinto, ambos eran morenos, de cabellos azabaches y ojos oscuros, ella era todo lo opuesto, incluso ni su madre, que jamás la conoció pero gracias a los retratos de ella podía notar que la mujer era igual de piel morena, incluso Broly era parecido a la fallecida reina.
Hubo un momento en su pubertad que estalló contra su padre, ella era tan parlanchina pero también sabía que todo lo que se propusiera lo conseguiría de algún modo, aquella vez lo acusó de machismo, que la menospreciaba por ser solo mujer e incluso le llegó a reclamar sobre la diferencia de parentesco y que sentía que era adoptaba. Tal confrontación enfureció demasiado al Rey encerrándola en su habitación por tres meses sin que pudiera salir del castillo recordándole que hacía todo es porque la protegía de la maldad y crueldad de los hombres. Claro al principio no le creyó ya que nunca demostraba alguna muestra de amor o paternal como lo hacía con Broly, pero al ver que este desaprobaba todas las ofertas de matrimonio de hombres que eran incluso ancianos comparados con ella, comenzaba a creer que tal vez después de todo si quería el bien para ella, aunque fuera tan cerrado y rudo.
—Te hice una pregunta y no me la has respondido, Bulma. — La aludida que todo el tiempo se mantuvo concentrada en plato tratando de cortar correctamente la pieza de la carne hervida, levantó su mirada para encontrarse con el ceño fruncido del hombre quien al mismo tiempo tomaba un sorbo de su copa medio vacía, mientras que con su mano libre apoyaba su mentón sobre la palma de esta. — ¿Bien?
—Bueno yo…—Mordió su labio inferior tratando de buscar las palabras adecuadas moviéndose intranquila mente en su lugar. —Salí a cabalgar un poco, sabes muy bien que me encanta ver el atardecer…—Al ver la mirada fija del rey en ella sintió como su corazón dio un brinco ¿De verdad estaría dispuesto a escuchar su rutina? Muy pocas veces o casi nada eran las ocasiones donde se dedicaba a prestarle atención en sus intereses personales. Una dulce sonrisa se depositó en la comisura de sus labios carmín sintiéndose lista para continuar. — No me gusta estar mucho tiempo encerrara en el castillo, a veces es bueno para la salud salir a caminar un poco. —Suspiró más tranquila y confiada. — Así que me pasé toda la tarde leyendo un libro y cuando noté se me pasó el tiempo…¡Oh padre! ¿Sabías que el olor a hierba recién cortada, puede resultar ser agradable para nosotros, pero posiblemente se trata de una llamada de socorro? —Sus grandes ojos agua marinos se iluminaron al comenzar con su explicación pero más al ver la total atención del rey, aunque no expresaba emoción alguna como ella.— El compuesto que emite la planta al ser cortada es para llamar a depredadores vecinos para que vengan a defender la de quien la está atacando, ¡Qué increíble! Me sorprende todo la ciencia que hay detrás desde pequeños organismos. Una vez me comentó Marian que en la ciudad del oeste un importante catedrático podría instruir…
—¡Ya basta Bulma! —La estruendosa voz de Paragus cortó abrupta mente a la princesa, odiaba el comportamiento de la joven, nunca se quedaba callada y sus ratos de explotación de su lado científico lo desesperaba a sobre manera, nada de lo que escuchara provenir de la chiquilla le importaba en lo más mínimo, solo tenerla controlada y que no diera con su verdadero origen o de lo contrario se vendrían abajo sus planes ¡Pero como odiaba que cada día remarcara más lo Brief en la sangre! —No me interesa escuchar todas tus tonterías niña, solo te hice una pregunta y limítate a contestarla. Desde que tienes esa yegua pierdes tiempo innecesario.— Señaló apuntándola con su dedo índice.— Acepté porque es pura sangre pero estoy pensando en quitártela haber sí así cumples con los horarios establecidos de este hogar.
Bulma sintió como su mandíbula se tensó intentando no llorar, ya no era una niña de seis que le dolía las palabras de su padre, pero era inevitable no sentir impotencia ante sus palabras. Observó como el rey devolvía toda su entera atención en terminar de cenar su platillo, mientras que ella quedó en absoluto silencio observando el bold de fresas que tenía frente a ella. Si antes había sentido emoción por comenzar una charla con su progenitor, ahora sentía coraje, mucha rabia interna ¿Qué tenía de malo ella? Malo si hablaba, malo si no hablaba, ya no entendía que hacer para complacer a su padre.
Olvidándose de todos los protocolos que debía seguir, se levantó de un solo golpe de su lugar provocando que el movimiento de la silla rechinara en el suelo de mármol. El rey nuevamente depositó su atención en la peli turquesa observándola como la chica seguía estática sobre su lugar de pie, con sus manos apoyadas al borde de la mesa y su mirada perdida hacia al frente. ¿Qué se creía esa niña? ¿Otra de sus rabietas? No, sin duda necesitaba un hasta aquí.
—¿Qué mierda pasa contigo? —Sus palabras llenas de coraje no inmutaron en la princesa, ocasionándole enfurecer más. —¡Siéntate en este momento y termina de cenar!
—Ya me cansé…
—¿Disculpa? —El susurró de la princesa lo enfurecía a sobre manera soltando de mala gana su tenedor y recostándose en el respaldo de su silla. —Siéntate ahora y cállate.
—¿Porqué me detestas tanto? —El enfrentamiento entre los ojos oscuros de su padre y los celestes de ella ardían como dos titanes, odiaba eso en ella, aquella altanería en su mirada que aunque la tratara de domar, jamás podía arrebatar de la peli turquesa. — No entiendo porque te aborrece todo lo que intento decirte, no te exijo nada, no me considero mala hija, ¡Cumplo con todo lo que me dices! —La fuerza de su voz se quebrantaba conforme hablaba, sus manos temblaban y sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, pero no podía soportar más callar eso que siempre había sentido.—¡Solo te pido cinco minutos de tu día! Solo eso…
—¡Yo soy el que ya me cansé de ti! —Ahora el elevaba su voz como así mismo alejando de golpe su silla provocándola tirar al suelo, tal acto agresivo hizo dar un brinco a la princesa ya que podía ver furia en sus ojos. —Siempre estás alegando de todo, nunca te quedas callada, ¿Qué mierda quieres? Muchas jovencitas quisieran estar en tu lugar, ser la princesa de Tsufuru, mientras que tú te la pasas lloriqueando a cada momento solo porque las cosas no son a tu modo...
—¡A mí no me importa ser de la nobleza o una plebeya! —La fortaleza de su voz quebrantada crecía, ya no tenía nada que perder, se sentía como un libro abierto frente a su padre, dispuesta a ser destruido por el mismo. —Solo quiero que mi padre me tenga un poco de tiempo como se lo das a mi hermano…
—¿Es en serio? ¿De verdad te pones así por compararte con tu hermano? —Una carcajada salió del rey incomodando a Bulma, se sentía tan estúpida y expuesta.— Pensé que eras más inteligente Bulma, pero veo que solo son uno de tus tantos arranques infantiles, mujeres…
—No estoy bromeando padre.
—Ni yo insolente, he sido demasiado consecuente contigo y todo tiene un límite ¿Qué quieres? ¿Tener los mismos tratos de Broly? El es el heredero de la corona; mientras tú estás aquí sin hacer nada productivo para tu nación, tu hermano expande el territorio formando alianzas para que puedas vivir bajo un techo decente ¿Y tú? ¿Dime qué puedes ofrecer para enriquecerla? ¿Alguna vez has ido a batalla? ¿Sabes de acuerdos políticos? ¿Tan siquiera sabes manejar una espada? Las mujeres solo están para el hogar y los hijos, déjate de tus tonterías de libros y viajar, tú no sirves más que para poder hacer una buena alianza con algún reino, solo eso.
Las crueles palabras de su progenitor la dejaron en absoluto silencio, solo podía sentir como las lágrimas corrían por sus mejillas y sus piernas temblaban a punto de desplomarse, nunca, nunca se había sentido tan humillada como en ese instante. Mientras tanto, Paragus tomó entre sus manos enguantadas su copa sirviéndose un poco más de vino, actuando de aquella manera tan indiferente pasando de largo ignorando la presencia de la princesa.
—Por cierto Bulma. —Deteniéndose sobre el umbral de la puerta la miró de soslayo con su característica frialdad.— Hoy no solo llegará tu hermano, tenemos la visita de unos importantes personajes, así que no quiero que me interrumpas más con tus cosas ¿Entendido?
No fue necesario pronunciar una palabra más, el sonoro pasos de su padre alejándose del comedor fue suficiente para hacerle saber que su opinión le importaba un bledo. Le dolía más que a nada en este mundo, esto sin duda no era la vida que cualquier joven desearía tener, no ella.
—Al principio no quisieron optar por el camino fácil, pero con la fuerza necesaria, terminaron accediendo ante nosotros.
—Perfecto, las sagradas tierras de Karin son la cúspide para nuestro imperio…
—No aún. —Si la voz del rey era imponente, la de su hijo era un tanto perturbadora, era fuerte claro; pero jamás se podía notar algún rasgo de emoción alguna en ella, si estaba emocionado, enfurecido, congojado, simplemente era inerte así como todo en el. —Aún faltan reinos dominantes por derribar, entre ellos están los Saiyajin, tengo entendido que su poderío ha arrasado gran parte de las tierras lejanas del este.
—Sí, tienes razón, es conocido su pueblo como una potente raza guerrera. Pero comparado con el número de ejércitos que tenemos en cada región doblegaran ante nosotros tarde o temprano.
—Hablas como si solo se trataran de arriar mulas de combate, cuando se necesita estrategia. —Incluso para Paragus le sorprendía las palabras de su hijo, desde que el crío había obtenido la edad necesaria para salir al campo de batalla, muchas victorias se debían a él. Broly era el joven príncipe más fuerte de la historia de Tsufuru, su desarrollo abismal lo había adquirido en cada guerra, tanto física y mental, considerado más cruel que el mismo padre. —Atacaremos al más fuerte, arrancando la cabeza los demás serán pan comido.
—Al rey…
—No estoy hablando del rey, si no de su sucesor. Su popularidad de ser un fuerte guerrero sobrepasa incluso a la del padre, pero tengo todo calculado cuando llegue el momento de someter a los saiyajin.
—Bien, como es de costumbre esto te lo dejo en tus manos. Por ahora hay que recibir a nuestros invitados, no hay que hacerles ningún desaire. —Comentó con un ligero toque de burla en su sonora carcajada.— Encárgate de eso Broly.
—¿Y Bulma? —La pregunta no pasó por desapercibida del monarca causando enfurecimiento al recordar la escena del comedor. Nuevamente tomó entre sus manos un par de carpetas con papeles acomodándolos en orden.—
—Ya sabes, donde siempre debe estar.
—Hace tres años que no la veo, seguro ya es toda una mujer.
—Qué extraño, las veces que llegas aquí me imaginaba que ella corría a recibirte con uno de sus actos melosos. —Prosiguió concentrado en su tarea. — Sigue siendo la misma niña insolente, nada en especial.
—No, las pocas veces que he venido en estos tres años no he tenido la fortuna de encontrármela.
—Sigue siendo igual de altanera y caprichosa, pero pensándolo bien ya le daré lo que tanto me está pidiendo a gritos. Ya me cansé de su actitud.
—¿A qué te refieres? —A pesar de la in expresividad de su voz, Paragus notó un ligero cambio en su voz, no sabía si se trataba de curiosidad, asombro, o enojo, con su hijo nunca se sabía. —
—Pues ya está en edad de contraer matrimonio. —Nuevamente dirigió su atención a sus papeles ignorando por completo la primera expresión facial en el rostro de su hijo que nadie había visto en su vida, su ceño fruncido y el coraje en sus ojos decían más que mil palabras. —Desde hace tiempo debió haberse casado, pero todo este tiempo estuve reservándola para hacer una fuerte alianza, sin embargo gracias a tu astucia en el combate no ha sido necesario emplear otros métodos. Lo peor es que últimamente ha estado tan rebelde, yo no voy a estar soportando sus actos impropios, necesita un hombre que le diga cuál es su lugar, tal vez la case con un duque de Namekuseí…
—Iré a ver el embarcadero.
Para el rey aquel termino repentino de conversación por parte de su hijo lo tomó como algo normal, no era de relevancia en esos momentos Bulma, pero para Broly fue otra cosa, no podía soportar que su padre le diera ese futuro a su hermana, simplemente le daba rabia e impotencia.
Decidido salió de despacho personal del rey dispuesto a ir a su tarea encomendada, pero antes debía hacer una parada, no estaría tranquilo hasta visitar cierta persona. De memoria conocía todos los pasillos del castillo, rutas, atajos, subterráneos como terrazas, y aunque desde que había cumplido quince años era muy pocas las veces que estaba en su hogar, siempre se daba cuenta de los cambios que esta sufría. Recorrió todo el pasillo del segundo piso conociéndolo como la palma de su mano, no era necesario llevar una lámpara a pesar de la oscuridad, el había grabado en su memoria cada metro que lo conducía a su destino.
Finalmente estaba ahí, parado frente a la puerta tallada en madera con cerraduras de hierro. Torpemente intentó abrir la puerta pero notó que estaba bajo llave, su sangre hirvió con esa acción, el siempre tenía acceso a aquella habitación ¿Por qué ahora no podía? Rápidamente buscó la llave necesaria entre el majo que traía colgando sobre su cinturón adivinando cual era la indicada, y aunque estuvo por más de diez minutos buscándola, finalmente dio con una.
El cuarto estaba en completa oscuridad, lo único que se podía ver eran las cortinas traslucidas reflejando las luces exteriores de los pasillos. Todo seguía como lo había visto a última vez que entró, aquellas rutinas nocturnas que daba en cada misión que regresaba solo para corroborar que todo marchara bien. Sigilosamente se acercó hasta el centro del cuarto donde se encontraba sobre la cama descansando el ser de cabellos turquesas, su respiración era tranquila viendo como su pecho subía y bajaba lentamente, sus largos cabellos claros se encontraban regados sobre su almohada y algunos cubriendo parte de su rostro, su rostro, se veían aún rastros de lagrimas frescas algo que enfureció en el hombre. Sus ojos oscuros fueron bajando hasta sus hombros descubiertos, la simetría de estos eran tan perfectos, sus clavículas, el pequeño lunar detrás de su oreja derecha, su piel de porcelana y blanca como la nieve, tan delicada y sutil. La bata que llevaba no ayudaba mucho a la imaginación, en la posición en que se encontraba costada de lado izquierdo con las cobijas llegándole apenas los tobillos se podían apreciar la silueta de su cuerpo bien definido en esa tela de seda. Sus piernas tan largas y torneadas, sus pequeños pies descalzos, la forma de sus muslos uno arriba de otro, sus glúteos redondos, su abdomen plano con aquel seductor ombligo y sus senos, eran grandes e incontables de noches imaginaba estrecharlos entre sus manos concluyendo que estos eran más grandes para la cavidad en ellos.
La deseaba, no importaba que fuera su hermana, en sus fantasías sexuales siempre recurriera a ella, incluso cuando acudía a prostíbulos elegía a mujeres que se semejaran a ella pero nadie igualaba la belleza de su princesa. Todas las noches cuando el llegaba, siempre pasaba para admirarla mientras dormía y al amanecer desaparecía, pero hoy sería el día, no dejaría que ningún duque o conde le quitaran el privilegio de ser el primero, tantos años la estuvo reservando y protegiendo para él mismo.
Lentamente comenzó a gatear quedando sobre ella apoyando su peso sobre sus brazos para no despertarla con su propio peso, podía oler su esencia, sus labios semi abiertos y tan expuestos a él, toda ella era sensual y seductora.
Un leve jadeo lo des concentró de su hipnótica vista, posó su mirada sobre los ojos de la peli azul que se movía intranquila mente, parecía que tenía una pesadilla pero eso no provocó que este se meneara de su lugar. En un giro ella quedó completamente boca arriba dándole una generosa vista al heredero de la corona, sus senos se apreciaban a sobremanera y sin pensarlo más con el dedo índice de su mano derecha comenzó a acariciarlo sobre la tela, su pezón rosa se podía notar y el deseo de succionarlo con su boca se hacía mayor.
—¿Q-qué? —El jadeo de la princesa lo hizo dejar de hacer su acción pero no por eso retirarse de su posición. Bulma lentamente comenzó a despertar debido al roce de su piel con sus dedos encontrándose con la imagen de su hermano sobre ella, viéndola con lujuria y deseo. Un grito fue lo único que se escuchó en la habitación, ver aquel joven imponente sobre ella la alarmó a demasía, de la misma manera como le temía a la oscuridad. Pataleó, intentó huir, pero los fuertes brazos de Broly se lo impedían, ahora la mano con la cual acarició su seno se encontraba sobre su boca para que no gritara más. El rostro de ella se veía atormentado y miedoso, sus ojos expresaban horror pero fue más su impacto al reconocer quien era su captor.—
—¡Cállate! No quiero lastimarte.
—Bro..Bro…¿Broly?
Un instante de descuido fue necesario para ver como la bestia que la montaba se abalanzara sobre ella, su boca nuevamente se encontró obstruida con el fuerte agarre de las manos de su hermano mientras que con la otra mano libre intentaba profanar los suaves montes de la peli azul. Pataleo, forcejeó, pero su débil cuerpo bajo el hombre de acero que tenía sobre ella le era imposible escapar del depredador.
Su mente se encontraba bloqueada por ese instante, podía sentir como su vida dependía ahora en las manos de su agresor, se sentía tan expuesta, indefensa, mientras que su corazón latía a mil por hora. Podía sentir la viva sensación de cuando tenía cinco años y cayó en aquel profundo lago del bosque, su respiración se cortaba y luchaba por aferrarse a salir del agua en medio de la soledad. Aquella vez llegó su hermano para salvarla de una muerte por ahogamiento, desde ese instante él se había convertido en su héroe, cuando ahora era su depredador.
Sus ojos negros de desquicio miraron lascivamente a su presa bajo sus garras, la blanca piel de porcelana de la princesa comenzaba a marcarse sus dedos hundidos en las muñequeras de esta, logrando crecer más su excitación relamiendo sus labios. ¡Al demonio si tenía que estar en estos momentos recibiendo a los huéspedes! Venía esperando tanto este momento por tantos años, que no la dejaría ir esta vez de sus manos.
—Tú eres mía…—En un susurró sobre su oído, pudo hacer cimbrar el cuerpo de la princesa quien temblaba llena de miedo bajo su poderío. Al ver la reacción sobre ella, pudo sentir como su cuerpo comenzaba a exigir hacerla suya, pegando de una manera descaradamente su endurecida entrepierna sobre las caderas de la peli azul. —Mereces a un hombre de verdad…
—¡No no no no! —Gritó con todas sus fuerzas desgarrando su garganta.— ¡Vete al demonio!
Armándose de valor y coraje, de una manera sobre comunal (o al menos para ella) enterró sus finas uñas en el rostro del hombre dejándole zarpazos de estas, no sabía que ocurría con ella en ese momento pero su instintito de supervivencia la impulso a hacer lo impensable.
Fueron los segundos suficientes para que ella pudiera escapar del descuido del heredero rodando por la cama, mientras que el moreno gruñía tocándose su rostro ligeramente ensangrentado; los segundos perfectos para que ella alcanzara a tomar la lámpara de su tocador y lanzársela sobre su cabeza.
Y el tiempo se detuvo, el eco de sus forcejeos sonaban en su cabeza, todo comenzaba a darle vueltas sobre su propio eje, mientras que el cuerpo de su hermano inconsciente yacía boca abajo sobre su cama junto con un pequeño riachuelo de sangre recorrer por su cuello.
El instinto de supervivencia seguía a flor de piel, y como si corriera de la oscuridad, salió a toda velocidad sin rumbo alguno fuera de aquel lugar que siempre le causó sus peores miedos. Podía sentir como sus pies descalzos tocaban los fríos suelos de mármol así como sus grandes pasos recorrer por los pasillos sin salida trotaban al ritmo de su corazón a punto de desbordarse.
A pesar del frío de la noche, la adrenalina que sentía en esos instantes le provocaba emerger de ella un calor agotador, la planta de sus pies ardían y sus piernas temblaban. Finalmente su próximo destino estaba al alcance de sus manos, un par de pasos se encontraba a ella la sala de juntas del palacio por lo que no dudo en entrar en busca de su padre, a pesar de todo, era la única persona en todo el mundo con quien se sentía protegida.
Paragus al escuchar las puertas abrirse abrupta mente levantó su vista de los papeles en los que se encontraba sumergido para encontrarse con la imagen de la peli azul temblando llena de miedo, sus grandes luceros brillaban de tanto llorar, mientras que su pecho notablemente subía y bajaba por la adrenalina.
Él había sido claro con ella, lo que menos quería era tenerla ahí y mucho menos en esos momentos. Se limitó a fulminarla con la mirada frunciendo notablemente su entrecejo, sus manos arrugaron las hojas que tenía entre ellas terminando por examinarla de pies a cabeza, la mujer de por sí era blanca como la nieve, pero parecía su piel transparente.
Bulma ignoró todo lo que tenía a su alrededor, ignoró el malestar expresado en el rostro de su padre, solo quería que la protegiera de las garras de su depravado hermano.
—¡Te dije que te quedaras en tu cuarto! —Levantándose abrupta mente de su puesto, el rey miró con reprimenda a Bulma, la peli azul se detuvo de golpe al ver el acto violento de su padre ahogándose por completo las palabras, si segundos antes sentía un poco de seguridad, se había esfumado por completo. —
—¡Padre! Necesito hablar contigo…—Su corazón se desbordaba en cada latido que daba, sus manos comenzaban a temblar y toda pizca de temple se habían esfumado con el simple cruce de miradas azabache y celeste.— Yo…yo…bue…
—¡Me importa una mierda lo que te ocurra! —Con su puño cerrado dejó escapar un golpe hacia la mesa provocándola intimidar, logrando que la princesa retrocediera un par de pasos mientras que sostenía su acelerado pecho. Nunca lo había visto tan alterado como en ese momento, las venas de las sienes del rey podrían explotar el cualquier momento y puro coraje podía leer en sus ojos. —Estoy cansado de ti y de tus estúpidos actos sorpresivos, lárgate inmediatamente y no querrás ver mi verdadera furia.
—¡Papá por favor escúchame! Yo no quiero…
—¡Suficiente!
No supo en qué momento, pero ya se encontraba por los pasillos del corredor principal siendo arrastrada de un brazo por el fuerte agarre del rey. Luchaba por detenerse pero lo único que provocaba entre cada forcejeo era que el agarre de su padre la lastimara más de la cuenta.
Cuando vio que se encontraban entre el pasillo que daba hacia las escaleras del primer piso que conectaban con la entrada principal se detuvo zafándose del hombre. Su antebrazo derecho ardía y dolía como no imaginaba, la grande mano de su padre se había quedado impregnada en los delicados brazos nívea de la princesa, pero debía decir aquello que le dolía más que eso.
—¡Tienes que escucharme! —Bramó la princesa retrocediendo ante el nuevo agarre del rey.—¡Es…es Broly!
—Me importa un carajo lo que salga de tu boca, ¡He dicho que vuelvas a tu habitación!
Exasperado, Paragus tomó de la muñeca a la princesa arrastrándola por el pasillo por donde segundos antes se habían tenido. Sin embargo para Bulma era un momento decisivo, no entendía como las palabras no podían salir de su boca, y lo que menos quería era regresar al cuarto donde yacía inconsciente su depredador.
—¡Padre!...Broly…¡Broly me quiso violar!
Y como si esas hubieran sido las palabras mágicas, por primera vez logro capturar la atención completa del rey, donde vio como su espalda ancha se tensionó al escuchar tal confesión. Bulma por su parte sintió una gran liberación emerger de ella, de nuevo la seguridad volvía a ella sintiéndose protegida.
Paragus soltó la muñeca de la joven princesa como si quemara, se quedó en su lugar varios segundos sin decir algo o reaccionar, Bulma solo sostenía entre su mano su muñeca lastimada observando la espalda de su padre y sus cabellos oscuros bañados con toques platinados. Y lo que jamás espero recibir de su padre en su vida, en ese momento ocurrió.
No vio venir el certero golpe de la ruda mano del rey contra su mejilla izquierda, solo pudo sentir un pequeño riachuelo de sangre recorrer parte de su labio inferior. Ahora, quien yacía sobre el suelo, aturdida y con un pulsante dolor de oído intentaba mantener su vista fija hacia el hombre quien le levantó la mano; dominante y con su altanería ya veía desde arriba, tal como si se tratara de la escoria más impura del mundo. Y entonces todo su mundo se desmoronó dentro de ella, ya no quedaba más confianza, protección o amor…No, jamás esos términos entraron en el vocabulario de su padre hacia ella.
Humillada y abatida, sentía como las lagrimas se dejaban asomar sobre sus luceros celestes, con el dorso de su mano derecha intentaba vanamente limpiar la herida abierta, pero dolía más la acción de su progenitor, dolía hasta el alma y ahora podía sentirse completamente sola.
—No te eduqué para que te comportes como una vulgar zorra.—Mirándola con todo el desprecio del mundo, la apuntó con su dedo índice remarcando más su enojo.—Esto ha llegado hasta un límite.
—¡Dime porque me odias! ¿Qué te he hecho?—Le desgarraba el alma, sentía como su voz se quebraba con cada palabra, pero no podía callar lo que tanto había reservado.— Incluso pareciera que no soy tu hija, ¡En nada!
—¡Basta!
Un nuevo golpe se avecinada, o eso dedujo al instante Bulma al ver como su mano tomaba posición para dejarla nuevamente callada, sin embargo esta vez ella no cerraría los ojos; lo miró con todo el desprecio y dolor del mundo. Su sospecha comenzaba a crecer a sobremanera, sentía que esa nunca fue su familia.
Paragus dispuesto a cerrarle la boca de un solo golpe, escuchó las puertas del corredor principal abrirse de par en par, entrando atreves de ella uno de sus soldados reales en compañía de los huéspedes extranjeros que tanto estaba esperando.
La escena fue un tanto incomoda, los presentes se quedaron sobre su lugar observando en silencio, mientras que Paragus se limitó a cerrar su mano en un puño reteniendo el coraje que le había hecho pasar la princesa. Acomodando su larga capa de tono burdeo, se aproximo a ellos dejando por detrás a Bulma, quien aún seguía tumbada sobre el suelo observando al resto.
—Mi señor.—El soldado real reverenció al rey anteponiéndose a los extranjeros.— El heredero a la corona de Namekuseí, Piccolo Jr. Daimaku hijo, en compañía del duque Dende Daimaku, han llegado.
—Vaya, que gratificante que hayan llegado, es todo un placer tenerlos en mi humilde morada.—Saludó reverenciándolos, logrando que los extranjeros hicieran lo mismo por breve segundos.—
—El placer es nuestro.—Contestó el más grande de los dos Namekuseíjin.—Esperamos no haber llegado en un momento inoportuno.—A pesar de su aspecto serio, una ligera sonrisa ladina se dejó mostrar en los labios del hombre, causando una ligera irritación por parte del Rey y nerviosismo en el joven acompañante.—
—Para nada, nada en especial.—Sonrió con hipocresía invitándolo a caminar en su compañía, directo al salón real.—Espero que el recibimiento que les dio mi hijo, haya sido todo un agrado para ustedes.
—Temo que el príncipe Broly no nos fue a recibir, mi hermano y yo estuvimos esperándolo hasta que el amable soldado nos escoltó hasta el palacio.
Paragus buscó rápidamente con la mirada a Bulma, quien esta seguía en la misma posición humillante, solo que el corto encuentro de miradas fue una guerra de titanes; los ojos agua marinos ardían en llamas, dolor, frustración, mientras que en los azabaches vil odio.
—Entiendo, una disculpa en su nombre, seguramente tuvo algún altercado en el camino…¿Me harían el honor de acompañarme al gran salón?
El rey caminó con esa arrogancia característica de él, seguido del heredero al trono de Namekuseí quien le iba dando un breve tour por el palacio real. Por unos breves segundos, el Namekuseíjin posó su fría mirada en la joven que bajo las sombras de la oscuridad lo observaba meticulosa, no podía distinguir muy bien su rostro por completo pero su par de ojos cielo brillaban entre las penumbras.
Para Bulma, le causó mucha intriga el visitante a sus tierras, su mirada llena de misterios le causó curiosidad, pero su mente estaba más concentrada en lo vivido con su padre minutos antes de que los interrumpieran.
Cuando finalmente se quedó sola en la oscuridad del pasillo, vanamente intensó ponerse de pie aún con el dolor en su cuerpo, su labio ardía y su mejilla palpitaba en un tono enrojecido. Las lágrimas se apoderaron de sus mejillas, la humillación aún estaba presente y el dolor, al vivo fuego.
—Señorita, ¿Se encuentra bien?
Dio un pequeño brinco sobre su lugar en busca de la jovial voz que le hablaba, para su sorpresa aún seguía en el mismo lugar el más joven de los Namekuseíjin mirándola con suma preocupación, por un momento creyó que estaba totalmente sola.
—Sí, no es nada…—Ocultando con el dorso de su mano el rastro de lágrimas, le regaló una casta sonrisa dispuesta a irse, pero el suave tacto del jovencito que seguramente no pasaba los doce años, alcanzó a tomarla de la mano impidiendo que huyera de él.— ¿Ocurre algo?
—Se ve muy lastimada, déjeme ayudarla por favor.— La mirada confundida de la princesa incomodó al duque de Namekuseí sacándole un rubor en sus mejillas.— No lo mal interprete, no quiero molestarla ni ofenderla; verá vengo de un pueblo donde nos caracterizamos por nuestros métodos curativos, al verla así mi instinto de ayudarla salió a flote, espero no incomodarla…
—Mi dolor va más allá de lo físico… —Susurró entre dientes siendo audible solo para ella.— No quisiera provocarle molestias, seguro lo están esperando, no es nada grave.
—Créame, mi presencia en esa reunión está de sobra, mi hermano es quien tiene interés en eso, ¿Entonces puedo ayudarla?
Bulma se limitó a sonreírle al joven pre adolescente, a diferencia del hermano, el más pequeño de Namekuseí le causaba comodidad, algo que nunca tendría en esas cuatro paredes.
—Listo, con ese ungüento logrará hacerle cicatrizar de manera más efectiva sus heridas.
La peli azul observaba maravillada la asombrosa técnica de curación del joven duque, quien efectivamente le había corroborado con una edad de doce años. Sentada sobre la pequeña mesa de madera que tenían en su cocina, presionaba con fuerza un pedazo de carne fresca sobre las marcas de su muñeca; según el Namekuseíjin le había indicado que hiciera eso para que bajara la hinchazón.
Ahora ella observaba como el duque se meneaba de un lado a otro de la cocina ordenando los utensilios que había ocupado para preparar el ungüento con las especies que había extraído del jardín anexo a la salida trasera. Sin embargo su mente se encontraba divagando entre lo ocurrido con su padre, jamás imaginó que el hombre al que mas "amaba" le había hecho tal cosa y lo peor es que de Broly nunca se esperó un acto tan despreciable como el simple hecho de atentarla.
Para ella, Broly era su máximo ejemplo a seguir, siempre lo admiraba y aunque rara vez lo veía, lo adoraba como a ninguno llegándolo a considerar su mejor amigo. Y ahora con esto, todo su mundo que construyó con falsas ilusiones se venía abajo; sentía asco, rabia, impotencia, le quemaba el alma.
El joven Namekuseíjin a pesar de ser discreto, estuvo todo el tiempo observando la tristeza que emanaba la joven de cabellos exóticos, como él la veía de esa forma. Para ser sincero no tenía una idea de quien se tratara, pero la escena que presencio al entrar al palacio en compañía de su hermano, no fue nada grata.
Dende así como Piccolo, fueron educados en base al respeto hacia sus semejantes, de donde ellos provenían era un pueblo pacífico, aunque poderoso en el área medicinal y la herbolaria, pero lo que si no podían perdonar eran actos violentos como el maltrato y humillación hacia una mujer, incluso era penado algo como esa acción.
Instintivamente sintió la necesidad de proteger a la mujer, decidió quedarse unos pasos atrás para averiguar la forma en cómo ayudarla, y si su pueblo pensaba en unirse con los Tsufurujín, estaba seguro que con esto no tenían ningún objetivo en común.
—Señorita, disculpe mi intromisión ¿Pero segura que se encuentra del todo bien? —Bulma volteó a verlo inmediatamente y pudo notar en su mirada lo que años jamás había visto en su hogar, sincera preocupación. Sonrió enternecida al ver al joven su preocupación genuina por ella, ni siquiera llevaban una hora platicando y podía sentir que él le hablaba tocándose el corazón.—
—No…—A pesar de ser un débil susurro, el duque pudo escuchar con claridad colocándose junto a ella, observando como la mirada celeste de la mujer se perdía en un punto fijo hacia la nada.— Nunca nada ha estado bien…
—¿Necesita ayuda? —Bulma lo miró de nuevo sonriéndole levemente y meneando en negación la cabeza, el joven duque sintió el dolor fluir de ella ahora él siendo quien posara la mirada hacia la nada.— Lo que menos quiero incomodarla, al contrario deseo ayudarla…
—¿Porqué tanto interés en ayudarme? —Su voz sonaba sin fuerza, llena de vacío. —Ni siquiera importa quién soy…
—Porque ni aquí, ni en Namekuseí, ni siquiera en otra parte del mundo está bien maltratar a las mujeres…
Bulma quedó en silencio bajando la mirada, a lo que Dende supuso que dio en el clavo. El silencio en la cocina perduró por varios minutos, la princesa analizando cada palabra de su mente, el duque formulando las palabras correctas para ayudarla, pero ninguno se animaba a decir lo que realmente pensaba.
—Siempre he sido invisible para esta familia…—Susurró la princesa atrayendo la atención de Namekuseíjin.— No importa lo que haga o diga, solo sirvo para recibir órdenes o ser un simple adorno de mesa…
—Usted vale más que eso, nunca permita que nadie la humillen de esa forma.
—¿Sabe? Nunca me he sentido que pertenezco aquí, toda mi vida me la he pasado encerrada tras estas fortalezas, bajo las sombras de la noche, sin que nadie le importe mi presencia o se preocupe genuina mente lo que me interesa….
—Entonces deje todo esto, no permita más que la lastimen. —Los grandes ojos de la princesa se depositaron por completo en Dende, quien este se ruborizó al tener la completa atención de la joven dama, debía reconocer que verla de cerca era más hermosa que a simple vista. —Nadie debería ser prisionero de la vida…
—Dejar todo…
—Esta no es una vida digna para usted, no la violencia…
Las palabras del joven duque calaron muy en el fondo de la princesa, quien con una actitud un poco más decidida se levantó de su lugar dejando a un lado el trozo de carne dispuesta a ir hasta la entrada de la puerta, encontrándose con la noche estrellada y la bella luna iluminando el lugar.
Entonces las ganas de vivir golpearon con fuerza sus venas, el momento había llegado lo que siempre anheló, y con lo sucedido en ese palacio infernal, estaba más decidida en cometer semejante paso.
—Usted…¿Podría ayudarme? —El aludido duque por segundos la miró extrañamente, pero al entender a lo que se refería inmediatamente se bajo de la mesa sonriéndole ampliamente.—¿Podría realmente ayudarme?
—Antes que nada, por favor llámeme Dende, no me gusta que me llamen de usted, me hace sentirme viejo.
—Bien, Dende.—Sonrió la princesa asintiendo afirmativamente.— Necesito irme de aquí lo más pronto posible.
El namekuseíjin se quedó mirando sorpresivamente a la peli azul, un pequeño brillo en sus ojos se asomaba y podía jurar que una chispa de emoción se podía ver en su pálido rostro.
—Claro, hablaré con mi hermano respecto a esto para…
—No.—Lo interrumpió causando extrañes en el duque.— Nadie lo debe saber, ni el rey…solo tú y yo.
—Pero…¿Porqué?
—Porque de ser así, jamás seré libre de aquí…¡Por favor ayúdame Dende! ¡Te lo suplico!
Dende se quedó observando en silencio por varios segundos a la princesa, podía ver en sus ojos el suplicio de su ayuda y confidencialidad. No sabía qué hacer, él pensaba actuar de acuerdo al protocolo, consultarlo con su hermano y ayudar a la mujer trayéndole justicia por parte del rey abusivo, pero lo que le estaba pidiendo parecía alto de cuidado.
Bulma por su parte les rogaba a todos los dioses que le ayudaran a salir de ahí, esta era la oportunidad y no la desaprovecharía, sabía que si se quedaba ahí se la comerían viva y probablemente ella cometería alguna locura, por primera vez quería correr el riesgo sin importar las consecuencias.
Después de meditar las palabras de la peli azul, Dende la analizó por unos castos segundos, tal vez lo que estaría por hacer incumplía las normas, pero podía sentir la verdadera ansiedad surgir de la mujer.
—Está bien, no le diré a nadie. Pero esto es peligroso, lo que quiero es ayudarte no ponerte en más peligro. —Suspiró. — ¿Quién eres? ¿Qué eres del rey?
El silencio volvió en la princesa, ahora estaba esa parte ¿Qué era de él? ¿Su hija? Si decía eso, probablemente jamás saldría de ese lugar, era obvio que siendo la hija del rey todo se volvía imposible para sus planes. Entonces estaba la otra parte ¿Realmente se consideraba la hija del rey?
—Yo…—Suspiró.— Mi nombre es Bulma, solo soy una…empleada más del palacio. Soy huérfana, por lo tanto el rey se encargó de darme los cuidados y atenciones a cambio de trabajar para ellos, pero…ya no puedo más, no puedo vivir de este modo, siento que no puedo respirar más aquí…
Dende escuchó palabra por palabra de la mujer, para ser sincero el esperaba que ella fuera algún pariente cercano del rey, su forma de vestir, sus delicados modales, en especial sus manos suaves y tersas delataban que no pertenecían a la clase de obreros, incluso parecía toda una princesa, pero no estaba como para juzgar por las apariencias. Al final con una sonrisa le indicó la aprobación a su ayuda, recibiendo un abrazo por parte de la peli azul que podía ver júbilo en sus ojos celestes.
—¿Cuándo le gustaría que mande por usted?
—Hoy mismo, hoy debo dejar el lugar o de lo contrario mañana será demasiado tarde.
El duque quedó en silencio ante la afirmación de la princesa, no esperaba una salida tan abrupta mente, en realidad no sabía cómo manejaría la situación, pero estaba seguro que la sacaría de su infierno a como diera lugar.
—Bien, entonces hay que movernos en este instante. Uno de nuestros barcos de carga saldrán en quince minutos de su puerto, solo que irá a hacer pequeñas paradas por parte de las tierras del este y oeste…
Una sonrisa decoro el rostro de la princesa, por fin sería libre de ese infierno llamado hogar, pero más fue un canto al escuchar el rumbo de aquel barco, hacía ese lugar tan soñado por toda su vida…
—¿Tiene algún rumbo en mente? —Prosiguió el Duque.— Nuestro barco mercantil después de Namekuseí, el siguiente punto de llegada puede ser Vegetaseí o tal vez Capsule, ya sabe la vieja capital del oeste...
—¡Sí! —Sonrió la princesa llena de emoción.— ¡Ese es el lugar indicado!
Hasta aquí hemos llegado al primer capítulo ¿Que les pareció?
Igual como en el anterior, espero no lo hayan tomado un poco largo o esté lenta la historia. Parte creo que sí o al menos el momento más esperado donde queremos que se conozcan nuestros protagonistas si tardará al menos dos capítulos más no los quiero presionar, y es que antes de ese encuentro pasaran cosas claves para el seguimiento de la historia. Solo les puedo decir que cuando llegue a ese punto, su encuentro será algo intenso ;)
Y pues del resto, como les había marcado en el prologo lo vuelvo a hacer, esta historia data en un tiempo antiguo de la tierra donde se rige bajo un sistema monárquico.
Quiero aclarar lo siguiente, quiero incluir los personajes de db que tanto queremos, sin embargo ellos tomaran un rol en la historia distinto a lo que es el anime (bueno, es un UA después de todo jaja) como por ejemplo Piccolo que lo hice hermano de Dende (aquí Dende no es un Dios de la Tierra xD) y así como sus planetas o lugares de procedencia, en este universo serán lugares o tierras de donde pertenecen y de esa manera adoptaran su nombre de lugar.
No obstante, no cambiaré sus personalidades, quiero conservar esa esencia de ellos que nos encanta...
Respecto a Bulma, como lo comenté anteriormente, tal vez se vea inofensiva pero conforme pase los capítulos verán ciertos cambios ;) y bueno de nuestro amado y sexy principe, aun hay falta así que no coman ansias xD
Eso es todo por hoy, igual la prox semana subo o quizá antes (Tengo exámenes :'( haré lo posible! )
Gracias por el apoyo, besos! (:
