Capítulo Dos
-No... Esto no puede ser verdad- Corrió hasta el cuerpo inerte de Gabriela, que estaba bañado en sangre, y con varios cortes en el cuerpo. Parecía haber sido asesinada a cuchilladas.- Gaby, cariño...- Genzo estaba consternado. Le faltaba la respiración y un fuerte dolor en el pecho empezaba a invadirle. Sostuvo la mano de Gabriela, pero había algo en ella que le hizo mirarle detenidamente. Un pequeño pañuelo arrugado era sostenido con vehemencia. Se lo quito, y lo abrió. Dentro, estaba escrita la palabra "CAISTE", en sangre fresca. Genzo tiró el pañuelo con rabia.
-¡Maldición!- respiró profundo, mientras el dolor pasaba y buscaba una manera de hallar a la verdadera Gabriela. Debía estar pasándolo realmente mal.
Caminó en dirección contraria a la que iba, y decidió buscar la forma de volver a la estancia, o de encontrar la salida, pero con Gabriela. Iba a paso rápido, hasta que chocó con lo que parecía ser el fondo del paisaje. Comprendió que había llegado al límite del espejismo, y golpeó fuerte el paisaje falso. Un grito lo alertó. Venía del otro lado del "vidrio".
-¡Gabriela!- gritó desesperado. Los sollozos aumentaban, pero escuchó con claridad que le llamaban.- Gaby, ¿estás bien? Escúchame- los gemidos fueron cesando, y su voz se escuchaba más fuerte- Todo es mentira. Sea lo que sea lo que hayas visto, es falso. Yo estoy bien. Aún... Aún no hemos salido.
Un golpe del otro lado le hizo apartarse. Un segundo golpe más fuerte rompió el vidrio. Una vez el paisaje empezó a caer, Genzo vio a quien debía ser Gabriela con una vara de hierro en las manos. Estaba empapada de sangre, y por sus mejillas se marcaba el maquillaje negro, deshecho por las lágrimas, pero lucía enfadada. Arrojó la vara y corrió a abrazarlo.
-¿Estás bien, nena?- Genzo la abrazó fuerte. Ahora era mayor el miedo a perderla.
-Prométeme que nunca, nunca me vas a forzar a hacer algo que no quiera- Gabriela apoyó la frente en el pecho de él.
-¿Porqué lo dices? ¿Qué pasó allí?
-Tu otro yo quería sodomizarme o yo que sé.
-Tú lo has dicho: Mi otro yo. Jamás me atrevería a hacerte daño, pequeña- le dio un beso en la frente y se separo un poco.- Intentemos buscar la salida, ¿sí?
Gabriela asintió. Se veía agotada. Semejante casa del terror... ¿A quién se le ocurriría?
Detrás del paisaje que estaba del lado de Genzo, había una puerta con las mismas características que la de la entrada. Genzo se acercó para abrirla, pero Gabriela lo detuvo.
-Ni lo sueñes. No querrás saber lo que hay allí.
Genzo la miró desconcertado. Olvidó la idea de abrir la puerta y caminó de un lado a otro, desesperado.
-¿Y qué se supone que haremos? No veo otra forma de salir de aquí.
-Debe haberla.- Gabriela se limpió las manos ensangrentadas en su jean. Tocó su bolsillo, y metió su mano derecha. Había encontrado el móvil.- ¿Cómo no se me ocurrió antes?- Marcó el número del móvil de Victoria. A lo mejor podría ayudarlos. Pero desistió de la idea, y cerró el teléfono- No hay señal.
-¿Y es que esta estúpida casa no tiene cobertura?- Genzo tecleaba desesperado en su móvil, con el mismo resultado que Gabriela.
Ambos quedaron en silencio. Gabriela se sentó con las piernas encogidas, y apoyó su frente en ellas. Genzo fue a su lado y le abrazó. Permanecieron así por un rato, perdidos en la oscuridad de una estancia distinta a la primera, con una puerta sellada por algo horroroso, y sin otra posible salida.
-¿Dónde quedaron nuestros dobles?- preguntó Genzo, echando un vistazo rápido al lugar.
-No tengo idea. Supongo que se perdieron cuando rompí el espejismo- Gabriela revolvía con sus dedos la arena en la que estaban sentados, haciendo pequeños dibujos y letras- Toda esta farsa es psicológica. He tratado de buscar la forma en que trabaja la casa, pero no la he encontrado.
-¿Qué viste detrás de aquella puerta?- Genzo la miró fijamente. Gabriela dudó un poco. Extendió las piernas y se inclinó hacia atrás.
-Será diferente para ti. Cuando la abrí, pensé que era la salida. Así que la abrí, y entré. Pero me hizo llegar a otro lugar, con recuerdos de mi infancia distorsionados. Todos me causaban dolor. Son mis miedos, Gen. Los que tuve desde siempre, los que tengo… los que tendré. No sé cómo salí de allí, pero te deja en un estado de desesperación y ansiedad que no quiero volver a experimentar.- le devolvió la mirada fija a Genzo- Y no quiero que tú pases por eso.
-¿Y si es la única forma de salir, um? Superar los miedos.
-Tiene sentido. El problema no es abrir la puerta y entrar. El problema es poder salir. Aquí todo está relacionado: el salón de las puertas es tu vida, y las puertas son las diferentes opciones que tienes para elegir. Cada una te conduce a una etapa diferente de tu vida. El espejo es el reflejo de lo que eres, lo que percibes de ti mismo. Es tu alma. El abismo es la reunión de todos los pecados que has cometido. Lo que has hecho es lo que ha profundizado el abismo, y lo seguirá haciendo hasta que mueras. La sangre... No lo sé muy bien, pero creo que tiene que ver con tus adicciones. Cómo fluyen, cómo aumentan, cómo te ahogan. Luego, la salida a la feria falsa… Es como cuando elijes un camino fácil, crees que lo has conseguido todo, pero no sabes el infierno que te espera.
Y ahora estamos aquí, en el "limbo" por así decirlo. Y esa puerta, son tus miedos, como dije antes.
-Y como dije, no hay otra forma de salir, sino enfrentándolos.- Genzo se puso de pie- Hagámoslo juntos, ¿Vale?- le tendió una mano a Gabriela y le ayudó a levantarse.
-Vale. Sólo que…- Gabriela se inclinó y le dio un beso. Genzo puso una de sus manos en la cintura, y con la otra recorrió suavemente la mejilla de ella.
-Te amo, nena- le susurró al oído.
-Yo también te amo, Gen.- Gabriela se separó y tomó la mano de él. Ambos caminaron hacia la puerta y entraron.
