Nota: #HeTardado84AñosEnActualizarIKnow #SoyUnDesastre. Gracias por los reviews y favoritos! im dead

Advertencia: posible ooc.


Hinata Shouyo es sol y.

(Kageyama ya se ha acostumbrado a incendiarse).

Contrario a la creencia popular Kageyama y Hinata no están saliendo juntos

(todavía).

Hinata es, sencillamente, un idiota. Pero es un idiota sincero que se hace fácil de querer —que no es que él le quiera o alguna cosa similar, ridiculeces, aunque, bueno, tal vez...—. A veces Kageyama no pueda evitar mirarlo con fijeza, y con una expresión de concentración extrema en su rostro, como intentando resolver un problema muy difícil de matemáticas.

Kageyama odia las matemáticas.

Pero a Hinata no. Y sí, lo llama imbécil e idiota (porque es lo que es–)

— Mira quién habla —se burla Tsukishima, Kageyama lo ignora olímpicamente.

–y se buscan pleito las veinticuatro horas de los siete días, siempre que no estén en la cancha o con Yachi, pero.

Tiene ojos de avellana y un metro con sesenta y cinco y cabellos de mandarina y una sonrisa tan, tan amplia que resplandece (es como si Hinata mismo fuese un bombillo de más de mil wats). Y a veces Kageyama está seguro de que va a quedarse ciego de tanto observarlo. Y peor aún, descubre que no le importaría en lo absoluto.

— Al menos así no tendría que ver tu fea cara todos los días —comenta. Hinata le grita que se calle.

— Mi cara no es fea Bakayama.

— Sí lo es.

(me provoca mareos y un extraño movimiento en el estómago, es lo que no admite; me provoca algo tibio, en el pecho).

— La tuya está peor, asustas a los niños pequeños —acusa Hinata.

— ¡¿HAH?!

Y se enzarzan en otra discusión.

Lo dicho, Hinata es un idiota (pero quizás Kageyama igual lo sea, así que todo está en orden).

Las manos de Hinata son delgadas y pálidas, como de leche. Y pensar en leche le da sed, pensar en Hinata, sin embargo...

Igual no son nada femeninas. Kageyama lo sabe, porque se ven con raspones en las palmas y callos en los dedos y porque sus uñas son demasiado cortas, de tanto practicar con el balón. Son manos de chico. Masculinas. Todo en Hinata es masculino, en realidad. Da igual que sea bajo de estatura, a su modo de ver, no importa.

Pues es gritón y revoltoso, un huracán de luz–

(Hinata es el fuego de vela, que se mete por debajo de su piel y se la entibia en las tardes con viento).

A su lado, jamás tiene frío.

Y Kageyama se siente en un conflicto consigo mismo cuando, un día, de la nada absoluta, se descubre con la imperiosa y enorme necesidad de tomarlo de la mano.

A él. A Hinata. A otro muchacho.

Voy a morirme, y Hinata es el responsable de ello.

Hay un ejército de abejas en su estómago que zumban y lo pican y por qué, por qué. Tan injusto. Se desquita con Hinata y se pelean el doble.

(aún anhela entrelazar sus manos).

Vencer a Aoba Josai y a Shiratorizawa es algo indescriptible. Como saltar de un acantilado con la seguridad de que te crecerán alas y no te lastimarás.

Somos cuervos, y somos fuertes.

A Kageyama lo llena la dicha. De poder continuar jugando. De ser parte de un equipo y no una dictadura. De tener a alguien que es capaz de recibir sus poderosas levantadas y que no va a abandonarlo nunca. De tener a alguien–

Hinata está sonriendo (Hinata siempre está sonriendo), y choca los cinco con Tanaka.

Hinata no lo sabe, pero para sus adentros, Kageyama también sonríe —debido a él—.

Kageyama es el primero en notarlo.

(Porque es denso, pero no así de denso).

Con Hinata es feliz. Se siente extraño a su alrededor, con ganas de brillar aunque sea un solsticio de invierno. Invencible.

Así que Kageyama lo descubre. Y opta por guardárselo para sí mismo.

No es el fin del mundo.

— Mentí.

Hinata deja de prestar atención a la tarea de inglés.

— ¿Uh?

— Tu cara no es nada fea.

Creo, honestamente, que eres algo así como guapo.

Hinata abre y cierra la boca.

— O-oh. Uh, bueno, lo mismo digo —desvía la mirada y aprieta los labios. Más tarde Yachi los encuentra sumidos en un silencio incómodo y con las mejillas ardiendo (son fuego y cenizas), se asusta y piensa que tienen fiebre y casi se desmaya.

Debe haber cosas peores que un chico gustando de otro chico, empero a Kageyama no se le ocurre ninguna.

Quizás un mundo sin voleibol. U Oikawa-san burlándose de él y enseñándole la lengua en gesto infantil —cosa que ocurre a menudo cuando llegan a encontrarse por casualidad—. O Karasuno perdiendo las nacionales–

(que Hinata lo rechace, pero es imposible ya que él no planea confesarse de ningún modo).

Pues se trata de su secreto mejor guardado.

Y su corazón, que es un balón de vóley, bota con ímpetu contra su pecho-gimnasio, y vuelve a rebotar.

Van los dos a casa de Hinata a estudiar para los exámenes que se aproximan. Y la hermana pequeña de Hinata arma un escándalo (es la primera vez que se ven).

— ¡Me llamo Natsu! ¿Sabías que tus ojos son muy lindos y azules?

— Uh, qué.

— Largo de aquí Natsu, vamos a estudiar —dice Hinata mientras se sonroja por la vergüenza.

— ¡Pero Tobio es nuestro invitado! —reprocha ella, haciendo un mohín—. ¡Quiero pasar tiempo con él!

— ¡Dije que no!

— ¡Egoísta, lo quieres para ti solo, te acusaré con mamá! —chilla Natsu, y sale corriendo de la habitación. Kageyama no sabe qué decir. Hinata se jala los cabellos y chirria los dientes.

— Agh, a veces me saca tanto de quicio...

Una semana más tarde Hinata le entrega de mala gana en el salón de clases algo que parece ser un dibujo amorfo hecho con crayones. Hay corazones en las esquinas del papel. Y mal dibujados un chico alto de pelo negro y una niña más baja de pelo naranja.

— T-ten, de parte de Natsu. Tiene un crush contigo y es súper incómodo, no hagas preguntas por favor.

Kageyama pone una expresión en blanco, no obstante, guarda el dibujo.

Finge que no se exalta cuando sus dedos se tocan al tomarlo.

Es que le basta con eso. Con tener lo que tienen, sea lo que sea. Rivalidad. Amistad confusa. No pide más, de verdad.

Aún así–

Hinata es el primero en confesarse. Y eso sí que es toda una sorpresa.

Ni siquiera lo medita, el muy imbécil. Se encuentran ambos terminando de practicar, todos los demás se han ido, y suelta, de la manera más casual posible:

— Kageyama.

— Uhm.

— Me gustas.

El. Temible. Apocalipsis.

Kageyama gira el cuello tan rápido que cree que se le va a romper en dos.

— Disculpa.

Resulta que los signos de interrogación son demasiado poca cosa para él, no los utiliza al hablar. Hinata frunce el ceño y se pone en pose defensiva.

— ¿Qué, quieres pelear Bakayama? —y al ver que no contesta, reitera, muy bajito, y casi a regañadientes—: me gustas.

Kageyama suelta el balón, incrédulo.

— ¡No me mires así ugh!

— Pero... somos chicos —señala estúpidamente.

Todavía intenta procesarlo. Que le gusta. Él. A Hinata.

—Ahá. ¿Y? No lo escogí, tener un crush, menos en ti. Fue debido a Natsu, si no insistiera tanto con que te vuelva a invitar y que eres "tan alto y apuesto como un príncipe azul" jamás lo habría admitido. ¡Y es culpa de tus pestañas, son ilegalmente largas! Y-y-y bueno, pues eso. No necesitas corresponderme ni nada sabes.

— Hinata idiota.

— ¡Oye–!

Se calla al notar que está ruborizándose.

—... También me gustas.

— Ah. Esto, ¿qué? —Hinata parpadea.

— ¡No me hagas repetirlo!, ya me oíste.

Silencio, vergüenza, cariño (cariño).

Sí que son tontos.

Entonces se toman de las manos (por fin) y Kageyama cree que podría morirse.

Hinata hace el primer movimiento en cuanto tiene la oportunidad. Le delinea la palma con el pulgar, muy lento, y sus meñiques se cruzan y a Kageyama le suda la mano. Sus latidos corren de izquierda a derecha, histéricos.

— Así que ¿somos novios? —pregunta Hinata.

— Supongo.

— ¿Y puedo besarte sin que me golpees? Tengo muchas ganas de besarte.

¿Podrías ser menos sincero y directo Hinata? me va a dar un infarto.

— Claro...

Hinata sonríe con los dientes. Y se para de puntitas, cogiéndole el rostro con ambas manos, firmemente y sin delicadeza. Un poco tosco, bastante aguerrido. Kageyama cierra los ojos.

(Su boca sabe a mandarina y).

Es viernes.

Termina más o menos así:

Kageyama ha caído en el amor.

fin