Uno más de Satinalia. Gracias por sus alentadores comentarios :)

Una princesa en Satinalia

Para el pequeño Alistair, la parte favorita del banquete que el arl Eamon daba al finalizar cada año, era cuando este terminaba porque sólo cuando finalizaba, lo dejaban entrar al castillo para ayudar con la limpieza de las mesas y los criados le permitían comer todo lo que quisiera. Lo que más le gustaba era ver en algún plato los restos de un trozo de pastel de queso que haya sido demasiado para el exigente paladar de uno de los nobles invitados.

El niño recordaba vagamente que hubo ciertas ocasiones en que le era permitido estar en las cocinas cuando la fiesta de Satinalia se llevaba a cabo en el salón principal, pero desde que el arl se había casado con una mujer orlesiana, todo acceso para él le quedó prohibido. Su nuevo hogar era al lado de los animales dentro de los establos, lejos de los ojos de la nueva arlessa. Muchos podrían pensar que era un trato bastante cruel para un niño, pero Alistair era feliz a su manera. Le gustaba jugar con los perros, se arrullaba con el sonido de los mugidos de las vacas y le gustaba platicar con los caballos cada vez que los cepillaba. Cuando llegaba el clima frío del invierno y comenzaban a caer los primeros copos de nieve, Alistair formaba una enorme pila de heno para mantenerse caliente. Algunas veces, llamaba a alguno de los canes para que durmiera con él y así mantenerse aún más cómodo. Se decía a sí mismo que no tenía nada que envidiarle a los demás niños o a esos nobles que seguramente en ese mismo instante bailaban alegremente entre los muros del castillo.

Bueno, tal vez lo último era una pequeña mentira. Parado en la enorme entrada de madera de su rudimentario hogar, su mirada estaba puesta en las luces que se veían a través de las ventanas, inclusive puede que dentro del castillo estuviese su padre o su medio hermano, comiendo platillos recién hechos, sopa caliente y pastel cuyo aroma que emana de un postre recién seguía en el aire. También era probable que su padre esté repartiendo regalos de Satinalia entre todos los invitados ¿en esta ocasión habrá traído algo para mí? Se preguntaba el pequeño, puede que el arl Eamon se lo guarde y se lo entregue mañana.

Una ráfaga de aire helado le caló hasta los huesos, en ese momento Alistair deseaba en verdad estar dentro del castillo calentando sus manitas heladas con el fuego de la chimenea. Luego se dio cuenta que eso nunca sucedería y negó con la cabeza, ese no era su lugar ni ahora ni nunca. Debía asegurarse de guardarse esos pensamientos para sí mismo ya que de decirlo en voz alta, se llevaría unos buenos regaños por parte de la arlessa o, aún peor, unos buenos golpes. Según ella, eso le enseñaría cuál era su lugar.

Tomó un montón de heno y comenzó a apilarlo, fue a un pequeño cofre de madera algo gastado por el uso y los años, sacó de su interior unas cuantas mantas viejas para ponérselas encima así como sus dos únicas figuras talladas: un caballero y un gólem. El primero había sido un tesoro que había encontrado en el lago Calenhad mientras nadaba en un caluroso día de verano. La segunda figura fue un regalo del arl Eamon en una de sus visitas a Denerim, era cuando aún no había contraído nupcias. De eso hacía ya unos cuantos años, era el único juguete que había recibido como regalo. Nunca había recibido un presente en Satinalia que él recordara, solamente las sobras del banquete, que aunque fuesen o no restos, para él tan sólo de imaginarlo le parecían deliciosos. Lo único que le quedaba era esperar a que las luces se apagaran y él tenía toda la la libertad de entrar a comer cuanto deseara. Se recostó sobre el heno y sus cobijas y comenzó una de sus sesiones de juego nocturnas.

"Toma esto horrible monstruo. Yo soy un valiente caballero y protegeré a todos de tu maldad ¡Pagrr! ¡Wragggrrr!"- el niño hacía los sonidos de la pelea que le parecía que sonaban mejor.

Uno de los perros lo vio de reojo, al parecer lo había despertado.

"Lo siento amigo, trataré de no hacer tanto ruido. Vuelve a dormir."

El perro no hizo caso a las palabras de Alistair y comenzó a olisquear. Salió corriendo del establo sin que Alistair pudiese detenerlo.

"¡Vuelve acá!"- gritó el niño. Si ese perro se perdía en medio de la noche y el frío, lo harían directamente responsable a él.

Se levantó rápido y se disponía a salir a buscarlo, cuando un grito lo tomó por sorpresa. Había alguien afuera. Se apresuró para ver qué era lo que ocurría.

- "¿Quién anda ahí?"- pregunto Alistair.

- "Soy sólo yo. Tu perro me asustó por un momento, pero es bastante juguetón."- dijo una vocecita infantil.

En la oscuridad pudo distinguir la figura de una niña, estaba acariciando la barriga del perro y a este parecía que esos jugueteos le gustaban.

- "¿Qué se supone que haces aquí afuera?"

La pequeña sólo se encogió de hombros.

- "Salí a dar un paseo."

"¿En medio de la noche y nevando? Eres una niña muy rara."- ella seguía jugando con el perro sin prestarle atención.

"Será mejor que entres al establo, allí está calentito. Aquí afuera te enfermarás."- le dijo Alistair.

"Si tú lo dices."

El perro siguió a los dos niños. Ya adentro y con la luz de una vela, Alistair pudo notar el vestido tan elegante que llevaba la pequeña debajo de un abrigo igual de llamativo.

- "No eres del pueblo ¿cierto?"

"Claro que no, mis padres son invitados en el banquete del arl. Ellos siguen ahí, yo decidí escaparme."

- ¿Escaparse de un banquete? Era justo el lugar donde él deseaba estar y ella se escapaba sin pensarlo, eso no tenía sentido alguno para el niño.

- "¿Por qué te escapaste?"- Alistair no pudo evitar la curiosidad por la actitud extraña de esa niña.

"Porque estaba aburrida."

-"¿Cómo puedes aburrirte cuando en el banquete hay tanta comida?"

Por el gesto de su rostro, la pregunta le resultaba extraña a la pequeña.

- "La comida no es divertida ¿para ti lo es?"

- "Si son pasteles de queso por supuesto, me gusta comerlos. Además no es sólo la comida, hay bailes y regalos… bueno, honestamente yo no sé bailar,pero hay regalos. Eso debe ser divertido."

- "Los regalos no son sino hasta el final del banquete, mientras tanto yo debía esperar quieta y bien portada, sentarme en una silla y no hacer ruido ¡No podía jugar con mis muñecas! ¡¿puedes creerlo?!- la pequeña sacó de entre su abrigo un par de figuras, una de ellas era un dragón y la otra era ¿una princesa con una armadura?

- "¿Por qué tu muñeca tiene armadura?"- preguntó Alistair extrañado.

- "¿Te gusta? Yo misma se la hice, le quité el tonto vestido que tenía y le hice una armadura de tela."

- "Las princesas no usan armaduras."- dijo Alistair confundido.

Ella no estaba de acuerdo con lo que decía Alistair al parecer.

- "Tiene que usarla, de lo contrario ¿cómo se protegería cuando peleara contra el dragón."- ella mostró la otra figura apretada ensu manita.

- "Las princesas no pelean contra dragones, a ellas las salva un caballero del dragón."- él mostró su figura de caballero algo desgastada de tanto juego.

- "Pero mi dragón es muy grande, tu caballero necesita la ayuda de mi princesa. Ella es muy buena peleando."

- "Mi caballero puede contra tu dragón, él es muy fuerte. Ya ha vencido muchas veces a este temible gólem. No necesita la ayuda de tu rara princesa en armadura"- el niño mostró con orgullo el único juguete que recordaba haber recibido en su vida.

- "Mi dragón es mucho más grande que ese gólem, lanza enormes bolas de fuego ¡graaaww!"- ella comenzó a hacer los sonidos que en su mente imaginaba hacían los dragones y comenzó a atacar al caballero de Alistair.

- "Pues mi caballero puede esquivar fácilmente ese ataque."

- "No puede porque mi dragón vuela muy rápido ¿ves?"- el dragón de juguete embistió a la figura del caballero.

- "¡Ey! ¡Eso no me lo esperaba!"- dijo Alistair sonriendo.

- "Entonces necesitas la ayuda de la princesa ¡Tarán! Ella aparece para ayudar al caballero contra ese horrible dragón."

- "El dragón ha llamado un gólem para ayudarlo a vencer al caballero y a la princesa ¡y no piensan rendirse! ¡están en problemas!"

- "¡Tenemos que vencerlos no importa cómo!"

Una larga batalla se libró en los establos. Es obvio que tenían que ganar los buenos, en eso estaban de acuerdo ambos niños.

- "¿Quiere tu caballero pelear otra vez?"- dijo la niña emocionada.

- "Por supuesto que…"

- "¡Por fin te encuentro! ¡Padre y madre están muy preocupados! ¡Te aseguro que estás metida en un gran problema hermanita!"

La niña levantó la vista para ver al joven que la esperaba en la puerta del establo. Alistair lamentó de que sus juegos hubiesen terminado, su mirada triste lo decía todo.

- "¡Ops! Es mi hermano. Lo siento tengo que irme."- ella se levantó apresuradamente.

El chico dio un vistazo rápido a Alistair.

- "¿Tan rápido has hecho un nuevo amigo? Te aseguro que mi hermanita jugará contigo la próxima vez que regresemos a Risco Rojo. No pongas esa carita ¿de acuerdo?"

Alistair sólo asintió con su cabeza. Al bajar la vista, notó que la niña olvidaba sus figuras.

"Oye, olvidas a tu princesa y a tu dragón."

"Puedes conservarlos, terminó el banquete, así que ya puedo dártelos como obsequio de Satinalia, además todo caballero necesita un dragón a quien vencer y la princesa debe ayudarle a vencerlo. Tú mismo has visto que aunque es muy fuerte, tu caballero no podría lograrlo solo."

- "Claro que puede."

- "No, no puede."- era una de esas discusiones infantiles que parecía no tener final, así que el hermano de la pequeña los interrumpió.

- "Suficiente, es tarde y nuestros padres están preocupados. Despídete de tu amigo."

- "Adiós. Te prometo que el siguiente año continuaremos con nuestra batalla. Feliz Satinalia."

- "Feliz Satinalia."- ambos agitaron sus manos en señal de despedida.

- A Alistair lo ponía más feliz el hecho de tener una amiga que el de por fin recibir un regalo de Satinalia. Lo mejor de todo es que ella volvería y él la esperaría ansioso.


Había ya tres años desde la última vez que vio a su amigo. La pasadas Satinalias habían faltado al banquete anual del arl por diversos motivos, el primero fue su caída estrepitosa de un árbol y eso le ocasionó el romperse una pierna, el segundo fue una fuerte neumonía producto del intenso invierno. Ella no lo había olvidado y debido a que nunca preguntó siquiera su nombre, no sabía a quién escribirle.

Sin embargo cuando volvió, ya no pudo encontrarlo. Nadie supo decirle qué había sido de él, y cuando preguntó por él a la misma arlessa dijo que no recordaba a nadie con las características que ella le había dado.

- "Elissa, cariño ¿te encuentras bien? Te ves decaída."- le dijo la mujer a su lado.

- "Estoy bien madre. Sólo es el viaje."

- "Es cierto, un viaje de Risco Rojo a Pináculo es agotador. Ya falta poco mi pequeña."

Elissa empezaba a creer que se había imaginado todo eso, tal vez era tan pequeña que lo imaginó. Nan decía que los niños llegan a tener una gran imaginación, pero si todo lo imaginó ¿dónde habrán quedado su dragón y su princesa con armadura?