Dedicada a mi querida amiga Mayra Exitosa, porque siempre se puede Hermana

Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979

EL VALOR DE LA SANGRE

En hotel cinco estrellas a puertas cerradas George Johnson y seis de su guardias se reunían con Amend Sadam, era un hombre de semblante tosco de unos sesenta años, nariz prominente, una larga y espesa barba, su tés era oscura, ojos Negro y penetrante, vestía con una nunca negra, junto a él se encontraban cuatro hombres muy bien armados, posiblemente para otros la presencia de estos cinco hombre habría resultado intimidante, pero no para George y militar retirado de las fuerzas especiales inglés, estaba acostumbrado a lidiar y negociar en este tipo de situaciones

- ¿Entonces cuanto están dispuestos a pagar, por ese paquete? George levantó una ceja y vio por unos minutos analizando la situación

- Primero necesito comprobar que es lo que ustedes dicen que es, o más bien si es quienes usted dice que son, como usted comprenderá nadie quiere una carga que no le corresponde, como imagino que es su caso ¿no?

- Solo servían como mula de carga, ya ni eso desde que se enfermaron no han sido más que una carga, a uno de los hombres de George se le tenso la mandíbula, George al escuchar aquello vio una oportunidad y no dudaría en aprovecharla.

La manera en la que ese hombre se expresaba, solo dejaba ver el desprecio que sentía, tan solo de tener que tocar el tema, George estudio su lenguaje corporal, sabia que debía ser astuto y tratar todo puntualmente y tratar de tomar ventaja de la repulsión que mostraba el hombre que se expresaba tan despectivo de el tema.

- ¿Cómo se enfermo? No se nos informo de esta situación, usted debe entender que lamentablemente no vamos al poder continuar con todo esto, al menos que antes se les realicen algunos exámenes antes de continuar con ninguna negociación, es necesario confirmar que realmente son quienes usted dice que son, y si se repondrán esa enfermedad que usted dice que padecen

El hombre ni se inmutó, solo mostró fastidio, hizo un gesto con la cara que no dejó lugar a dudas.

- Si no los quieren irán a parar a la calle, yo no voy a cargar con ellos, no es mi responsabilidad, si no pueden trabajar, se van.

- ¿Será qué los podemos ver?

George preguntó con cara de indiferencia, el hombre hablaba en una lengua extraña para casi todos los extrajeron presentes, tan sólo uno entendía lo que le decía a sus hombres.

Era un dialecto utilizado por los nómadas, tan antiguo como las arenas del desierto mismo, pero uno de los hombres que se encontraban a un costado de George entendió todo aun a si permanencia inmóvil, aunque por dentro la impotencia y la ira lo estaban consumiendo, en su mente las palabras dicha retumbaron como un trueno.

- Si no aceptan a esas basuras blancas al salir de aquí, les cortan el cuello y los dejan botados en donde estos puedan encontrar los cuerpos, en mala hora mi sobrino se casó con esa zorra mestiza. El hombre debió mantener la calma para que no se fueran cuenta de que el entendía todo a la perfección

El hombre que acompañaba a George se contenía de siquiera hacer un gesto, tenía ganas de tomar del cuello y hacerlo sufrir, hacerlo gritar del dolor en ese mismo lugar, hacerlo pagar por todo el daño que había hecho.

George hacía una seña con la cabeza, enseguida una de sus hombres acercaba un maletín que tenía unos pestillos de seguridad combinación y lo colocaba sobre la mesa de madera que se encontraba en justo frente a él, después de unos minutos entra un hombre arrastrando a dos niños uno de cada lado, ambos muy blancos uno de cabellos Negro y el otro con el cabello castaño claro, sus facciones eran como las de los Andrew, refinadas y agradables a la vista, se parecían mucho a Mary, en ellos no había nada de su padre, los pequeños eran tan solo piel y huesos.

El corazón se le partió a los que venían las condiciones de estos dos pequeños, la piel de los niños estaba marchita y apenas podían mantenerse en pie, el estado de desnutrición en el que se encontraban era evidente

- ¿Está seguro que son los hijos de Mary Andrew?

Un dolor punzante se instaló en el pecho de uno de los hombres que acompañaba a Guerra era enorme, durante años viajó por el mundo ayudando a todo el que pudiera y no pudo hacer nada, nada por estos dos niños, dos niños indefensos que habían sido víctima sabrá Dios de cuántos maltratos y necesidades.

La maldad de este hombre era inimaginable, dejar que esos dos pequeños llegarán a este estado y ahora pretender venderlos, venderlos como ganado, los niños de su deteriorada condición, permanecían parados tan erguidos como les era pasible, con una mirada desafiante, después a soportar lo que el destino les pudiera traer, al escuchar el nombre de su madre, un brillo apareció en sus ojitos ¿lágrimas? Tan solo se vieron entre ellos, conteniendo el llanto.

- ¿Cómo comprobaran que son los hijos de esa mujer?

- Simple Amend con una prueba de ADN, ¿caballeros si nos permite? George esperó unos minutos hasta que Amend con la cabeza para luego agregar

- Existe una manera mucho más rápida, si quieren terminar con esto de una vez, soltó el hombre luego de esos minutos de silencio
- ¿De qué manera sugiere usted?

- La otra mujer, la que era igual a la esposa de mi sobrino, tiene un hijo, ella puede decirles si son los hijos de Mary.

- ¿Identificarlos? Cuestionó George volteado a ver a uno de sus hombres.

- Hasta hace dos años ellas vivieron juntas, hasta que el padre de su esposo la reclamo, hasta donde se ella vive acá en el Cairo, será fácil dar con ella.

- Entonces podemos esperar a que ella los identifique, luego llegaremos a un acuerdo, podríamos tomar unas muestras para mandar a realizar las pruebas de ADN, Sir William condicionó todo esto, George hizo un gesto con las manos mostrando a los niños y los hombres que los tenían tomado de los hombros con fuerza, a lo que Amir hizo un gesto con la mano para que los soltaran.

- Albert, toma la muestra por favor, dijo George.

Albert como autómata, tomó unos guantes de látex y se los colocó para no contaminar la muestra, se aproximó a los niños y se agachó para indicarles que abrieran la boca, los niños estaban un poco renuentes, esto hasta que se escuchó un sonoro grito que los hizo palidecer y abrir la boca al mismo tiempo

- Que abran la boca malditos bastardos, la expresión de los niños era una mezcla de terror y rabia, la furia podía verse en aquellos ojos que aún contenían las lágrimas.

- Lo lamento, dijo Albert en un tono de voz tan bajo que sólo ellos pudieron escucharle.

Luego de tomar la muestra el niño de cabellos castaños se desvaneció y casi da al suelo pero Albert se percató a tiempo y logró sostenerlo antes de que se golpeara contra el suelo frío.

Al levantarlo pudo sentir su huesitos bajo la delgada piel, parecía que se le iban a romper, Albert no se atrevía a sostener con fuerza, tuvo que contener las ganas de abrazarlo y no soltarlo

Tratando de controlarse se puso de pie con el niño aun en brazos, ajustándolo a su pecho con mucho cuidado, la ira crecía como un llama viva, que lo consumía pero no podía descubrirse ante aquel hombre, no quería arriesgar la vida de los niños, por un momento toda su atención estaba en ese pequeño de cabello castaño que tenía en brazos, olvidando por completo del niño pelo Negro que al ver que no soltaba a su hermano lo tomaba del pantalón con toda la fuerza que su frágil y cansado cuerpo, eso hizo que Albert pestañara algunas veces antes de mirar hacia abajo

- Señor George el niño está muy débil, no creo que resista mucho tiempo, haciendo las veces de doctor, Albert lo colocó sobre un sofá y le reviso el pulso, el niño tenía un poco de temperatura, por impulso movió la cabeza de manera negativa.

- ¿Crees que sobreviva Albert? George que había llegado a conocer a Albert se preocupó al ver los gestos que inconscientemente hacia.

- No, por mucho tiempo Señor George, lo lamento mucho, Albert haciendo de tripas corazón, se levantó dejando al pequeño recostado en el mueble, incorporándose a la posición inicial, podía ver como el otro niño tomaba la manito de su hermano

George se levantó sin la menor muestra de emoción en su rostro y camino hasta la puerta de salida.

- Lo siento mucho en estas condiciones es imposible hacer ningún tipo de trato con usted, le ahorrare el dolor al señor Andrew y le diré que los niños estaban muertos, o simplemente que no eran hijos de su sobrina, buenas tardes Señor Amend, antes de alcanzar la puerta se escuchó el ruido de varias armas que los hombres de Amend sacaron, y como un reflejo Albert y sus hombres desenfundaron tan rápido como ellos en respuesta.

- Usted y yo acordamos algo, usted entrégueme el dinero y usted llevase a estos bastardos

- ¿No pretenderá usted que le pague por un cadáver? Espetó George alzando la voz, indicando con un movimiento de cabeza a uno de sus hombres para que tomara el maletín.

- Acordamos un millón de dólares por este par de mocosos y ese es exactamente lo que espero recibir por este par de inútiles, George esperaba alguna señal de Albert para saber que hacer, el gesto de Albert fue tan sutil que sólo George lo pudo notar, fue tan solo un pequeño movimiento en su cara, el que hizo el rubio y el moreno se volteó y con una mueca en la boca, tomó el maletín y lo lanzó a un costado, haciendo un gesto despectivo.

- Si, el niño se muere voy a venir por el dinero, tres meses atrás cuándo hablamos usted aseguró que se contaban con un excelente estado de salud, si las muestras de ADN no son positivas, puede tener la certeza voy a venir por usted, escuche bien "vendré por usted, no por el dinero", no habrá lugar en este desierto dónde pueda esconderse, Alberto tomó al pequeño que aún estaba inconsciente y lo tomó en su brazo y luego cargo al otro peque pelo Negro, por fin los había recuperado y por nada del mundo se separaría de ellos nuevamente por fin su hermana Mary podría descansar en paz, por fin el mismo tendría paz George salía de aquel salón y tras el Albert con sus sobrinos en los brazos, mientras los cuatro guarda espaldas custodiaban su salida

Continuará...