Nota de la autora: me pongo muy nerviosa cada vez que publico un capítulo. ¡Demasiado! Un abrazo de oso para todos los que leyeron la historia ― no tienen idea de lo maravillosa que me hace sentir ser leída.


Su mente estaba difusa, como si todo estuviese tras la densa cortina de vapor. Sentía que podría dormirse en cualquier momento.

Las imágenes que le llegaban cada vez eran más distantes. Adormilado, sentía que se iba. Una nube cargada con tranquilidad se apoderaba de él. Sus párpados se cerraban lentamente y cada vez que pestañeaba tardaba más tiempo en abrir los ojos de nuevo. Sentía que podría tomar una siesta ahora mismo. Sus ojos estaban casi completamente cerrados, un hilo de habitación era todo lo que veía, cuando un pensamiento lo golpeó como un rayo.

Dormir en los brazos de Billy.

―...y pensé, al ver la mantequilla de maní entre los dos panes ―las palabras de Billy comenzaron a llegar a Spencer―: «podría besar a este perfecto emparedado de mantequilla de maní». Con la lengua, hermano.

Aquella consideración lo hizo despertar de su ensoñación. Sintió un escalofrío bajar por su espalda. Spencer se sacudió ligeramente, envolviéndose en sus brazos en el acto.

―¿Estás bien, hermano apestoso? ―Billy inquirió. Spencer se quedó mirando los dedos de Billy envolviendo su muñeca, el frío del contacto comía su piel. Billy estaba jalando el brazo de Spencer, estirándolo, frotando la esponja contra la piel bronceada mientras hacía contacto visual con el adolescente que parecía estar congelado y perdido.

Spencer reaccionó.

Sacudió la cabeza hacia los costados, luego se percató de que era la dirección incorrecta y se corrigió. Su conciencia seguía algo nublada, aun así llegó a captar una estúpida risa.

Parpadeó una vez y de nuevo. Pesadamente.

Abrió sus ojos.

Billy invadió su campo visual.

Siempre era Billy.