Capítulo 1.- Mata a la capital.

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Han pasado aproximadamente dos días desde aquel asesinato doble de Villa Terracota, el perpetrador había desaparecido sin dejar rastro y se estaba llevando una investigación por parte del gobierno pero no había pistas, decidiendo las autoridades olvidar el asunto por orden de Primer Ministro.

Lejos de ese lugar, una caravana hacia un viejo por uno de los caminos cerca de la capital, los conductores llevaban un simple cargamento como cualquier otro, no se percataron en ningún momento que llevaban un polizón.

En la parte de arriba de la carreta iba sentado un muchacho de no más de 18 años, de complexión mediana, su cabello era de un color pelirrojo oscuro, estaba recogido en una sencilla cola de caballo, suelto le habría llegado a la nuca, tenía un rostro agraciado, unos ojos azules muy perspicaces, y en su mentón se observaba un poco de vello facial, todavía sin ser considerado propiamente una barba.

El joven vestía una ropa que tenía pinta de aventurero o de ermitaño, una camisa de botones vieja sin mangas, un chaleco de cuero negro un poco gastado y también sin mangas, unos pantalones grises raídos, unos guantes de piel de explorador con los dedos descubiertos y una botas de cuero de viaje que le llegaban casi a las rodillas.

Los brazos descubiertos por su ropa eran musculosos, si bien no eran robustos, estaban bien marcados, lo cual sugería una condición física excelente.

Algunas cosas curiosas sobre el aspecto de este chico es que tenía una cicatriz atravesándole el ojo derecho y su hombro izquierdo estaba vendado.

Dejando de lado eso último, el extraño no pasaba de aparentar ser el típico chico bien parecido que vivió en el campo y ahora viajaba en busca de oportunidades.

En estos momentos el extraño observaba un mapa donde venían distintos caminos, intentando localizar un sitio.

"Veamos, creo que dentro de un par de minutos más llegare al punto designado, allí podre tomar línea directa con la capital".- pensaba el muchacho examinado el mapa cuando en eso sintió un temblor proveniente del suelo.

Justo en frente de ellos, del piso, una enorme criatura de apariencia insectoide, la cual lanzo un aterrador rugido.

-Un…¡UN DRAGÓN DE TIERRA!.- grita uno de los conductores de la caravana.

"Y justo ahora tenía que aparecer".- piensa el muchacho con fastidio, empieza a incorporarse en el momento que la bestia se lanzaba contra ellos, pero entonces…

El muchacho percibió una presencia tras ellos, acto seguido vio una sombra pasar sobre él, un sonido de metal cortando el aire y al momento siguiente el monstruo tenía el brazo cercenado y salía sangre a chorros.

Detrás del dragón, otro sujeto aterrizo suavemente con una espada desenvainada, era aún más joven que el pelirrojo, de cabello castaño, ojos verdes, llevaba una camisa de botones blanca y un suéter de color beige pálido, pantalón de mezclilla resistente, botas y guates de combate.

Aquel recién llegado miro al insectoide con una sonrisa de suficiencia.

-Bestia peligrosa de primer nivel, dragón de tierra.- dice el chico del suéter.- Un digno oponente.

"Interesante".- piensa el pelirrojo. La enorme bestia da un rugido de furia y avanza hacia el chico de la espada.

-Estas furioso ¿eh?.- dice este al tiempo que la garra que le quedaba al dragón caía sobre él, pero ya no se encontraba ahí. De pronto el chico del suéter se encontraba sobre la enorme bestia.- Se acabó.

Acto seguido el chico del suéter hizo varios mandobles en el aire cual experto de guerra y aterrizo de nuevo frente al monstruo, el cual de repente tenía cortes por todo el cuerpo que sangraban. El dragón se quedó quieto un par de segundos y luego cayó al piso provocando un temblor.

"No estuvo para nada mal, jeje, este chico tiene talento".- pensaba el pelirrojo quien había mirado divertido todo el espectáculo.

-Eso fue asombroso.- dice uno de los conductores.

-Realmente acabaste con esa bestia peligrosa tú solo.- dice su compañero, entonces el chico del suéter se voltea para responder.

-¡Pues claro! Para mí eso no fue nada, derrotarlo fue muy sencillo.- responde el chico, pero lo hizo de una manera tan infantil e inocente, que los conductores y el pelirrojo ponen una cara de incomodidad.

"Pero que forma más estúpida de arruinar tu momento niño".- pensaba el pelirrojo con algo de decepción.

-Por cierto, me llamo Tatsumi.- dice el chico con una actitud un tanto fanfarrona.- Un hombre que será famoso en la capital imperial. Deberían recordarlo.

Estas últimas palabras llamaron la atención de los conductores y del chico pelirrojo, este último poniéndose realmente serio.

-¿Estás diciendo que, buscas la fama en la ciudad imperial?.- pregunta el segundo conductor de la caravana.

-¡Sí!.- responde Tatsumi con orgullo.- Obtener fama y fortuna en la capital imperial… Es el sueño de cualquier chico de campo.

-La capital no es el lugar de sueños y esperanzas que tú crees.- dice uno de los conductores a lo que Tatsumi alza la mirada extrañado.- Ciertamente es animado, pero hay monstruos peores que ese dragón de tierra.

-¿Qué?.- pregunta este extrañado.- ¿También hay bestias peligrosas en la capital?

-Son las personas.- dice el segundo conductor.- parecen humanos pero su corazón es de monstruos. La capital está llena de gente así.

-Je.- responde Tatsumi con una sonrisa.- aprecio su advertencia, pero no puedo echarme atrás. Yo… nosotros, tendremos nuestro éxito en la capital mundial.

Ante esta respuesta, el pelirrojo no hizo más que sonreír amargamente.

"No lo comprende, y no lo va a comprender hasta que lo vea por sí mismo".- piensa el muchacho.

-Oye ¡tú!

Tatsumi se voltea al escuchar la llamada y ve en lo alto de la caravana al aventurero, de pie y con los brazos cruzados.

-¿Quién eres tú?.- pregunta sorprendido uno de los conductores pero el pelirrojo los ignora y toma sus cosas con las que estaba viajando. Entonces en un ágil salto, aterriza justo al lado de Tatsumi.

-Supongo que no te caería mal un acompañante.- dice el pelirrojo sonriendo, Tatsumi estudia al recién llegado por un par de segundo y luego él también sonríe.

-Claro que puedes venir conmigo.- responde Tatsumi.- no podría decepcionar a mi primer admirador.

"¿Admira…?.- piensa el pelirrojo haciendo un esfuerzo monumental por mantener su postura.- "Este tiene que salir más seguido"

-Bueno, pues pongámonos en marcha este…- empieza decir Tatsumi algo titubeante, hasta que el pelirrojo se dio cuenta de que no se había presentado.

-A sí que descortés de mi parte, soy Nero.- dice el pelirrojo extendiendo la mano en señal de saludo.

-Tatsumi, futuro héroe de la capital imperial.- responde el joven espadachín estrechando con fuerza la mano de su interlocutor.

Así ambos emprendieron entonces su camino a la capital, sin saber, al menos por parte de Tatsumi, que sería el viaje que cambiaría su vida en un giro de 180° para siempre.

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-¡WOW!, asombroso, así que esto es la capital.

Ni bien habían entrado y Tatsumi ya estaba pregonando lo asombroso que era la capital.

"Es como un niño en navidad, con esa actitud será presa fácil".- pensaba Nero mientras caminaban por las esplendidas calles.

-Si hago dinero aquí, podría comprar el pueblo entero.- seguía diciendo el espadachín.

-Se ve que tienes un objetivo muy claro.- dice Nero con un poco de indiferencia, pues estaba más ocupado observando sus alrededores.- ¿y bien?, ¿Cuál es tu primera parada?

-¿Qué? A si, deberíamos dirigirnos ya a los barracones.- responde Tatsumi.

-De modo que soldado ¿eh?.- dice Nero.

-¿Mmmmm?, ¿Tu no venias también a enlistarte en la guardia imperial?.- pregunta el espadachín pero el pelirrojo suelta una sonrisa un tanto amarga.

-No nada de eso, digamos que mis asuntos aquí son un tanto más… oscuros.- responde Nero, su media sonrisa seguía allí, pero su mirada parecía haberse vuelto más seria.

Tatsumi no acababa de comprender la última frase de su acompañante pero decidió dejarlo pasar, pues tenía mejores cosas que pensar.

Pasados unos quince minutos y después de preguntar un par de direcciones, llegan a un edificio que parece ser los barracones, un tanto lujoso y llamativo para una construcción así.

-Bien, es aquí donde nos separamos.- dice Nero de repente.

-¿Eh?.- responde Tatsumi algo asombrado.

-Tú tienes asuntos por atender, yo debo ir y atender los míos.- dice Nero dándole la espalda al joven espadachín.

-En ese caso la próxima vez que nos veamos será cuando sea un héroe reconocido de esta ciudad.- dice Tatsumi en aquel tono confiado que se estaba volviendo muy característico de él.

-Je, seguro.- dice Nero alejándose mientras se despide haciendo una seña de despedida. "Eso si logras sobrevivir a esta ciudad".

Al avanzar por las calles, el pelirrojo no dejaba de observar el ambiente a su alrededor, todos y todo parecía tan alegre, tan vivo, tan pacifico, aunque para el joven aventurero, todo esto no era más que una enorme y colorida pantalla de humo, y eso lo ponía un poco de malas.

Después de caminar un rato Nero entra entonces en un callejón, mira entonces alrededor para asegurarse que nadie lo ve entonces con una agilidad sorprendente se agarra de una de las ventanas de los edificios, y empieza a trepar, siendo caza agarrar y mantenerse en cada una de las salientes por pequeña que fuese, el pelirrojo no tarda en izarse en el techo y queda de pie, contemplando la ciudad.

"Necesito un lugar más alto".- piensa Nero observando a su alrededor y entonces divisa una atalaya al norte, el pelirrojo sonríe y entonces empieza a correr.

Él iba por los tejados, saltando chimeneas, en una clara muestra de agilidad, tal y como aparentaba su apariencia, el pasaba de un edificio a otro debido a los cables que los conectaban unos con otros, y cual artista de circo, era capaz de caminar por ellos en perfecto equilibrio, hasta finalmente llegar al edificio donde estaba la torre.

Nero se escupe en las manos y empieza a trepar por los relieves y estatuillas usando la sola fuerza de sus brazos hasta llegar a la cornisa de arriba, una vez ahí, logro posarse y obtener una mejor vista donde la zona se encontraba.

"Excelente".- piensa el pelirrojo puesto que con solo ver el extenso paisaje ya era capaz de ubicar su posición en toda la zona.

Viendo que su reconocimiento había terminado, Nero decide bajar, entonces divisa una carreta con paja que venía pasando justo debajo de donde él se encontraba apostado, sonriendo, el joven aventurero se pone de pie en la cornisa y contrario a cualquier juicio humano, se lanza desde aquella altura.

El pelirrojo sonríe mientras caía, pues hacer ese tipo de saltos le daba una sensación de libertad inconmensurable, y pasados unos segundos cae perfecta y silenciosamente en la paja de la carreta, el conductor no había notado nada, y tampoco los transeúntes de las calles.

Rápidamente Nero sale de la carreta y se sacude la paja del pelo.

"Mi paquete no llegara hasta mañana, hasta entonces deberé pasar desapercibido".- piensa el pelirrojo mientras se encaminaba a los barrios bajos y entonces en su rostro aparecer una media sonrisa pícara.-"Y ahora, ¿en donde puedo encontrar un poco de diversión mundana en esta ciudad?"

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Era ya la hora del crepúsculo, Nero había llegado ya a los barrios pobres de la capital, y a primera vista se notaba demasiado la diferencia entre esta y las calles del centro, pues por donde se mirara, aquí las construcciones eran pequeñas, apenas algunas llegaban a los dos pisos y se veían viejas y sucias.

Pero las personas que vivían ahí no parecían en su mayoría afectadas por aquellas difíciles condiciones.

El pelirrojo a donde quiera que mirara, observaba gente trabajando, limpiando el patio de sus viviendas, en bares, o apostando.

Casi ninguna de las personas que Nero veía parecía estar realmente en un estado de real desesperación, al contrario, todos parecían estar dando lo mejor para llegar al final del día, se podía percibir el esfuerzo de toda esa gente.

Y a diferencia del ambiente falso que el aventurero había visto en las calles centrales, este se sentía real, dándole a Nero una sensación de empatía por aquellas personas.

"Espero poder sacar a estas personas de esta situación, darles algo esperanza".- pensaba el pelirrojo, pues él había vivido en carne propia vivir en situaciones parecidas como aquella.

Fue entonces que una canción con un alegre tono céltico llego a los oídos de Nero, el alzo la vista y al final de la calle por la que iba noto un bar que por alguna extraña razón le llamaba la atención, puesto que era prácticamente igual a los demás que había visto.

"Quizás podría ser un buen sitio para relajarse".- piensa Nero sonriendo ligeramente y acercándose al establecimiento.

Al acercarse vio que encima de la parte de enfrente se veía un letrero donde se podía leer el nombre del bar: "La Jaula de la Fiera".

El pelirrojo hizo su sonrisa más amplia al ver semejante nombre mientras entraba en el bar y cuando se puso de pie en el interior del bar no pudo evitar reírse un poco.

En aquel sitio aunque no era muy grande ni mucho menos, era bastante activo y alegre, se veía agente bebiendo y riéndose, algunas parejas bailando en el centro de la estancia al compás de la música y otros divirtiéndose apostando en juegos de cartas o las clásicas vencidas.

"O si, esto es lo que me gusta".- piensa Nero bastante animado por el ambiente de aquel sitio y fue directo a la barra.

-Oh no te había visto por aquí, ¿eres nuevo en la capital?.- dice el cantinero, este era un sujeto de mediana edad, canoso y con un rostro bonachón, el tipo de personas con el que puedes contar tus penas mientras te embriagas y este te da muy buenos consejos para seguir adelante.

-Je, claro, solo soy otro humilde viajero que ha venido en busca de oportunidades.- dice Nero aun con su sonrisa de complicidad.

-En ese caso viniste al lugar indicado, aquí todos son amigos de todos y si buscas una buena compañía, puedes venir cuando quieras.- dice el cantinero sirviéndole al pelirrojo un vaso de licor.

-Supongo que todos tenemos nuestro pequeño lugar feliz, incluso en la capital.- dice Nero dando un sorbo a su trago.

-A si, son tiempos difíciles para nosotros ahora que el Emperador Makoto está en el poder.- decía con calma en cantinero mientras pasaba el trapo en la barra.- aunque sería más adecuado decir que es el Primer Ministro quien está en el poder ya que el Emperador carece de cualquier tipo de influencia.

-No me extraña, los niños son bastante fáciles de manipular e influenciar hoy en día.- decía Nero mientras le daba otro sorbo a su trago de licor, en eso se da cuenta de unos letreros pegados en una de las paredes del bar.- ¿Y ellos quiénes son?

El cantinero voltea a ver hacia donde apuntaba el pelirrojo y esboza una sonrisa.

-Esos, se podría decir que son nuestros ángeles de la guarda, 3 de los 6 miembros de la banda de asesinos más peligrosa de toda la región, Night Raid.- decía el cantinero al tiempo que rellenaba el vaso a su interlocutor.

-Interesante.- decía el pelirrojo mientras un sentimiento de ansia lo envolvía, había escuchado de ellos y de sus habilidades y siempre sintió curiosidad por ver que tan buenos eran en primera fila.

-Por cierto no me presentado, me llamo Rafael.- dice el cantinero extendiendo su mano.- soy conocido por ser el amigo de todos en esta paste de la capital.

-Mucho gusto, soy Nero.- dice el pelirrojo estrechando su mano.- el hombre que espera dejar su marca en la misma.

En eso estaban cuando un grupo de fornidos hombres se acercó a la barra y uno de ellos puso su mano en el hombro de Nero.

-Oye nuevo, ven aquí, es hora de darte tu pequeña bienvenida.

-No crees que un poco pronto para golpear al chico nuevo del pueblo.- dice el pelirrojo repentinamente serio.

-¿Qué?, ¡no!.- dice el sujeto.- aquí estamos entre hermanos y como hermanos esta es nuestra manera de dar la bienvenida a los nuevos miembros.

Los sujetos señalaron a la mesa más grande que había en la estancia y se veía un grupo de personas haciendo uno por uno competencias de vencidas.

-Ah, ¿era eso?.- dice Nero y su expresión vuelve a ser relajada y despreocupada.-Si, porque no.

-De acuerdo, puede que al ser tu primera vez en este sitio no te vaya del todo bien, pero descuida seremos suaves.- dice el hombre ocupando su asiento en la mesa y Nero sentándose frente a él, el sujeto entonces puso su brazo empinado en la mesa, este era el doble de musculoso que el pelirrojo, mas este no se veía especialmente intimidado ni nada de eso.

-Descuida.- dice Nero alzando también su brazo.- estaré bien, ¿empezamos?

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Había anochecido ya en la capital, los barrios bajos no habían disminuido casi nada su actividad, pues las calles no solían desocuparse hasta pasada la media noche.

Sin embargo de entre los transeúntes se destacaba una persona que caminaba sola entre los la calles.

Se trataba de una mujer de entre 20 y 19 años, rubia, ojos dorados y de mirada felina, y con un cuerpo que le quitaría el hipo a más de una persona, mas con la vestimenta que llevaba para realzar sus atributos, una bufanda alrededor de su cuello, de igual forma su torso es cubierto por un top negro ceñido al cuerpo que llega solo hasta a la parte media de su cintura, dejando visible gran parte de su figura, en los brazos llevaba dos mangas anchas conectadas a brazaletes metálicos dorados que se hacen más angostas en sus antebrazos llegando hasta otros brazaletes del mismo color en la parte de sus muñecas. La sección inferior de su vestimenta estaba compuesta por un cinturón de hebilla redonda que sostienen unos pantalones con un diseño estilo Cowboy, los cuales tiene una abertura en cada uno que deja entre ver su panty color negro, y calzaba unas botas.

Y a pesar de todo esto y de las obvias miradas que daban los hombres al verla pasar, esta actuaba como si le importará un cacahuate y seguía caminando de forma relajada.

Fue entonces cuando lo escucho, un sonido de vítores y risas llego hasta sus oídos, venia de una dirección que conocía bastante bien y no solo eso, algunas personas estaban corriendo muy ansiosas en esa misma dirección, y esto solo podía pasar cuando algo verdaderamente interesante estaba ocurriendo.

-Alguien o algo debe de estar causando una verdadera fiesta en mi bar favorito, enhorabuena de haber llegado.- dice la mujer con una amplia sonrisa felina en su rostro.

Ella de inmediato se dirige al bar La Jaula de la Fiera y entra de inmediato yendo en dirección a la barra.

-Ah, Leone-chan.- dice Rafael saludando a la recién llegada.

-Rafael, escuche que algo interesante estaba pasando y tuve curiosidad.- decía la mujer llamada Leone.

-Tenemos a un chico nuevo en la ciudad, y ya sabes cómo aquí todos le suelen dar la bienvenida a los recién llegados.- decía el cantinero sin darle mucha importancia.

-Huy ya veo.- decía Leone con un tono ligeramente indiferente.- espero que no le allá ido demasiado mal.

-Al contrario, creo que le está yendo bastante bien.- dice Rafael señalando detrás de la rubia.

Leone se gira para ver a que se refería y ve algo extrañada a todo un grupo de gente, ella se asoma a ver qué está pasando y ve a dos sujetos en unas vencidas, uno era uno de sus amigos del barrio y el otro era un pelirrojo que debía ser el chico nuevo, estaba de espaldas a ella así que no le podía ver la cara, aquel chico, pese a no ser tan corpulento como su contrincante, le llevaba una clara ventaja y no tardaría mucho en ganarle.

-Entonces él es el nuevo ¿cierto?.- pregunta Leone a Rafael.

-Si, a ganado a todos sus contendientes desde que llego a mi bar esta tarde, inclusive están haciendo apuestas sobre a cuantos más va a vencer hasta que se canse y pierda finalmente o se retire.- dice Rafael limpiando la barra.- Puede que sea incluso más fuerte que tu Leone-chan.

Estas últimas palabras hacen que en el rostro de la aludida aparezca una feroz sonrisa.

-Oh eso ya lo veremos.- dice Leone empezando acercarse al sitio de la competencia.

-Por cierto Leone.- dice Rafael.- Lo de tu deuda de una semana…

-Ah sí, ten, esto debería cubrirlo.- responde Leone dándole una bolsa repleta de monedas al cantinero, y antes de que este pudiera preguntar de donde saco todo ese dinero Leone ya había dejado la barra.

-Demonios.- grito el tipo grande cuando Nero estampo su mano contra la mesa, y todos lanzaron aplausos y porras a Nero mientras le servían más bebida.

-Carajo hermanos, creí que darían más pelea.- decía el pelirrojo mientras le servían más bebida.-¿Es que no hay nadie que sea un verdadero reto?

-Claro, estoy yo.- dice una voz tras de él, y todos se apartan de inmediato dando paso a Leone.

Nero se quedó paralizado al ver a su nueva contendiente, a pesar de la situación, no pudo dejar mirar a aquella mujer de arriba abajo.

Si, había visto a otras mujeres antes e incluso tenido aventuras con ellas, pero algo en esta lucia…diferente.

"Wow, está definitivamente es mi tipo".- piensa Nero al tiempo que una sonrisa se formaba en su rostro y arqueaba una ceja.

Y por otra parte.

"Huy casi…pero nah, es lindo y todo pero le falta algo bastante esencial".- piensa Leone mientras rodea la mesa, los demás apartándose como si le tuvieran miedo y al final sentándose frente al pelirrojo aventurero.

-¿Y bien, te vas a quedar ahí o vamos a jugar?.- dice Leone tronándose los huesos de los nudillos.

Nero no lo sabía, pero aquel encuentro estaba a punto de cambiarle drásticamente la vida permanentemente.