Capítulo 01: Las heridas siempre son invisibles.

...Soren se había dormido. Él ni siquiera se dio cuenta de cuando parpadeo por última vez, despertó de golpe, muy sorprendido. El Sol comenzaba a salir y sus rayos le impedían ver hacia el lado este, los únicos sonidos que escuchaba eran el canto de los pájaros y el agua del río cayendo.

El mago se talló un poco los ojos y luego bostezó, se dirigió rápidamente a donde estaba Ike y lo encontró ya despierto, usado algunas ramas y troncos pequeños para encender una fogata.

–Gracias a la diosa, te esperaba. Por tu ausencia tuve que intentar encender una fogata. –comentó Ike al notar la presencia de su amigo, con algo de flojera y desgano.

–Necesitas unas cuantas piedras para que eso funcione. –dijo fríamente el estratega–. De cualquier modo, ¿ya has pensado bien las cosas?

–... –Ike se quedó callado por unos segundos, se rascó la cabeza y luego se acercó a Soren–. ¿Tú que crees?

–¿A qué te refieres exactamente?

–Quiero saber tu opinión, eso es todo. –respondió el mercenario peli-azul.

–No tenía mucho por lo que luchar en Tellius. Al ser un estigmatizado, ninguna de las dos razas me tomaba en cuenta si es que se llegaban a enterar, solamente hay unas cuantas personas a las que les importo. –Soren se sentó en una roca, y lo siguiente lo dijo con la cabeza abajo, con un tono triste y tranquilo a la vez–. Quise viajar contigo porque tú fuiste mi primer amigo y la única persona en quién confío, quiero hacer una "nueva vida" alejado de todos mis problemas por este maldito estigma.

Ike deseó desde lo más profundo de su ser no haber escuchado eso, no tuvo intenciones de hacer recordar a Soren aquello, pero... sintió que él también necesitaba encontrar un camino. Ahora era Ike el que debería de ayudar a pensar las cosas al estratega. El mercenario simplemente buscó una piedra y encendió la fogata.

–Iré por peces, espero que te gusten. –avisó el héroe radiante, como si no le importase lo que dijo el peli-verde.

El mago no comprendió al principio la actitud de Ike, sólo se limitó a restarle importancia, aunque tal acción era casi imposible. –¿Puedo acompañarte? –preguntó tratando de olvidar lo anterior.

–Claro, un mago que maneje el viento me sería de mucha ayuda, gracias.

El oji-rojo sonrió, después de todo, le agradaba sentirse útil. –Gracias a ti.

–Dejaré la fogata encendida, ojalá y no te moleste.

–¿Qué dices? No creo que quieras ver tu patria hecha cenizas. –el oji-azul sabia a que se refería, así que en seguida apagó la fogata–. No esperaba que me entendieras.

–Tampoco soy un tonto. –le sonrió y empezó a caminar–. Vamos, tenemos mucho en que pensar.

Ike fue el único que fue por los peces, Soren se quedó parado, conservando su mirada fría y luego su libro se cayó, esto no causó ningún efecto en Soren. Al poco tiempo Ike volvió, obviamente preocupado por el estratega, no había ido a ayudarle con los peces y hasta se esperó algunos minutos a que Soren le acompañara... pero eso jamás sucedió.

El héroe de la guerra del Rey loco se acercó a su amigo e iba a tocar su cabello, éste voló y rosó la cara de Ike suavemente. El mercenario se tranquilizó un poco al notar que Soren respiraba normalmente y retrocedió unos cuantos pasos, estaba dispuesto a irse y a llamarle una vez más al peli-verde oscuro.

–Me había asustado. –el héroe de las llamas azules suspiró–. ¿Qué ha...?

... El mago cayó de rodillas... tal sonido fue acompañado con un millón de ecos en los oídos de Ike. Éste fue rápido con su amigo y al levantarlo, vio sangre en sus manos y en su estómago. Lo que no encontró fue rastro de arma en su torso o en su cuerpo. No tenía idea de lo que debía hacer, ¿qué tanto lograría estando en medio de un bosque? Se le ocurrió darle una poción, pero eso no sirvió de nada.

La angustia comenzó a apoderarse de él, ¿cómo iría salvarlo? ¿Qué se podría hacer en esos momentos? Ike cerró los ojos y puso la cabeza de Soren sobre el pasto, se hacía el fuerte para esperar lo peor y no llorar. Abrió los ojos y con su mano temblorosa se fue acercando para tocar el cuello del estigmatizado (eso sonó mal u.u), tenía miedo de ya no sentir su pulso y tener que dejarlo ahí tirado... aunque eso no se comparaba con el dolor que sentiría si es que llegara a perder a su mejor amigo.

–Ike... –lo escuchó hablar, pero pareció más un susurro.

–Soren... ¡Soren! –sus gritos no servían de nada, seguía escuchándolo repetir su nombre y ni de menos su boca se había abierto un poco... estaba claro que alucinaba.

Sus ojos rojizos continuaban abiertos, sin mostrar expresiones, sin dar señales de vida... la sangre ahora salía por sus ojos, era el único cambio en el mago desde que Ike llegó. El peli-azul se deshizo del miedo y tocó precipitadamente el cuello de Soren...sintió su pulso... suspiró de alivio y se recostó al lado de su amigo, se dedicó a pensar en cómo curaría al estratega...

... Y a pensar si había sido una alucinación más...

Continuará...

Lo hice corto, y eso fue porque quería dejarlo en una parte de suspenso. Cumplí mi objetivo, ¿no? Como sea, eso es todo para el capítulo 01. Nos leemos en otra ocasión.