-Solo...fue una aromaterapia, solo fue una aromaterapia…- Susurró sosteniendo fuertemente sus rodillas contra su pecho. Sentía como su corazón latía fuertemente, el eco de su sangre en sus oídos.

-Dib-Gusano…- Susurró Zim, estirando una mano hacia él. – Te dije…que no jugaras…con ese jodido...libro.- Tosió sangre y cubrió su boca.

-¡Solo era una aromaterapia! –


-¿L-lo sabías? – Preguntó mortificado, con las manos cubiertas de sangre. Zim seguía en el suelo, ya no salía sangre de su boca, pero aún no estaba completamente reconstruido para moverse.

-Y aún así lo hiciste.- Movió las antenas y las pegó a su cabeza.- Aún sigue aquí.-

-Yo…yo…- Observó a su alrededor, no había nada. El único ruido proveniente eran las chispas de los circuitos de Gir. – No…no es verdad, todo esto es un sueño.-

-Mira a tu alrededor y repítelo.- Con pesadez se colocó sobre sus piernas, tentáculos salieron de su pak y se dirigieron a las patas mecánicas que estaban en el suelo. –Si me hubieras hecho caso, estuviéramos en mi base…- Guardó silencio por un momento. -¡No puedes vencer al gran Zim!- Gritó al aire enfurecido, al observar aquella silueta obscura observarle fijamente.

…Unos días antes…

Las pesadillas se habían hecho más frecuentes. Solía despertarse en medio de la noche y veía sus ojos rojos en el fondo de su habitación, recargado en una esquina con una sonrisa de oreja a oreja. Claro que desaparecía en cuando parpadeaba rápidamente lleno de pánico.

Por algún tiempo pensó que aquella voz en su cabeza era producto de alguno de los muchos traumatismos que había tenido en lo largo de su pelea con Zim. Y debido a su falta de sueño y al estrés que empezaba a acumularse en su cuerpo, había decidido relajarse de alguna forma.

Comenzó a buscar libros de meditación y de relajación.

Dos días antes de lo narrado anteriormente, Dib se topó con una vieja librería que estaba seguro no haber visto en la ciudad nunca. Por fuera parecía un lugar pequeño y sucio, pero el letrero de "Abierto" con luz neón de color azul colado en la puerta le invitó a pasar. Al entrar, se dio cuenta que la fachada quedaba de acuerdo al interior. Había pilas de libros cubiertas de polvo, la luz era tenue y el ambiente tenía un aire pesado. En el fondo había un gran escritorio con libros de diversos tamaños y atrás de ellos había una persona leyendo tranquilamente.

-Oh, bienvenido joven. Pasa, pasa…Hay una gran variedad de libros, escoge el que te agrade..-

Comenzó a observar los estantes, cada tanto regresando la mirada a aquel anciano, que al parecer era el dueño de la tienda.

Había una gran variedad de libros, desde libros de cocina hasta antiguos libros de anatomía.

-¿Buscas algo para manejar el estrés, eh? –Le dijo aquel anciano sonriéndole pícaramente. –Tal vez los libros de aquel estante te ayuden…-Sonrió y apuntó al estante que se encontraba a sus espaldas.

- ¿Eh? ¿Cómo lo supo? –Volteó y observó el estante. -Literatura… ¿erótica? –Susurró en voz baja y el anciano soltó una carcajada.

-Ah…esta juventud, más a la izquierda niño…- Dijo limpiando una lágrima de su rostro y continuó leyendo.

-Ah… -Respondió algo sonrojado y avergonzado. En ese estante había diversos libros de meditación de diferentes religiones alrededor del mundo. Escogió el que tenía explicaciones más sencillas y rápidas.

Si Dib hubiera ojeado el resto de los libros, se habría dado cuenta que estaba cometiendo un error al escoger un libro tan "simple". Pero el cansancio que acumulaba día con día su cuerpo le impidió pensar mejor.

-Me llevaré este. – Sonrió débilmente al anciano, este solo le regresó una cálida sonrisa. –No había visto esta tienda antes… ¿Acaba de llegar a la ciudad? – Preguntó curioso debido a que la tienda tenía una variedad de libros con contenidos interesantes y no estúpidos como el resto de las "librerías".

- Suele cambiar con las estaciones, a veces aquí…a veces allá. – Susurró contento mientras guardaba el dinero en la caja registradora. –Diviértete.- Dijo el anciano con malicia cuando Dib cruzó la puerta.


-El humano cabezón es mío, del poderoso Zim y de nadie más…- Amenazó a aquel ente con palabras llenas de rabia. -¡MIO!-

-No me hagas reír basura espacial, él chico ha sido mío desde mucho antes de que tu sucia existencia llegara a este planeta. – Cruzó los brazos sobre su pecho. – Ve nada más lo indefenso que esta sin mí.-

-¡Yo no le pertenezco a nadie! – Gritó Dib levantándose del suelo, lográndose mantener en equilibrio al sostenerse contra una pared. – Comienza a salir el sol…- En su rostro apareció una sonrisa…- Es tiempo de que te vayas…-

-Oh…no te preocupes, regresaré ni bien se haya puesto otra vez.-

Solo hasta el momento en el que aquella sombra desapareció, Dib se permitió colapsar en el suelo.

-Gir…llévame a la base.-

-¿Zim?... Oye… oye...Escúchame, no te quedes así!...¡ZIM! – Intentó hablar, pero su voz se ahogó en su garganta. Intentó moverse y su cuerpo se paralizó. En ese momento su vista se nubló. - ¡Maldición!-