La presión de un joven, la luz de una estrella
No tengo yo mucha relevancia, la verdad. Seguro que antes ni siquiera has oído hablar de mí, de seguro también que mi apariencia es del todo desconocida. Pero no te preocupes, eso no importa ahora. Nada más soy una luz, parte de una estrella, la estrella de la velocidad. Estoy yendo un poco rápido con esto, ¡Será de sangre! Takoora Saeki a tu más humilde servicio.
Es un poco extraño pensarlo. Lo del boxeo me parece tan distante, y muy cercano al alma siendo revés. No me puedo creer que apenas hable con mi hermano, pues de seguro muchas cosas tendría que contarme. Es algo triste vivir alejado de Tokyo y las ciudades circundantes.
Hoy, casi de milagro, me ha llamado por teléfono. Me ha dicho que perdió su última pelea, también su latente título. Le han tachado como un modelo viejo, algo pasado e inútil ahora que nuevos talentos se presentan. Me molestó un poco oírlo, me llego el pesar siquiera meditar el tema. Me asustó el pensar si seguiría con su carrera tras aquella situación, que dejaría lo que de verdad le ha dado la vida, lo que de verdad ha despertado su interior. "¿En qué estás pensando exactamente, tarado?" fue lo que pensé de inmediato, la mala espina que me dio… incluso un par de veces me he ahorrado suficiente como para comprar una revista y enterarme de las nuevas. Más que datos sobre campeones odiados no me aparecieron, y ni siquiera viajando a por vídeos de sus peleas me he enterado de algo.
Como punto final, supe por variadas y clandestinas fuentes de su empleo de medio tiempo. ¿Una rueda de sushi, no? Reí al pensar en cuantas veces pudo anhelar un trozo de aquella comida antes de haberse acostumbrado. Compré un par de pasajes, busqué algún abrigo y solté el cabello, pues lo tenía amarrado tal cuál cierta persona. Era "hereditario" mantenerlo así a lo largo de la familia, cuestión de gustos tal vez.
El viaje fue rápido, no sentí siquiera el eterno cansancio de la espera. Me puse delante del edificio…y dudé un poco en entrar, pues la luna estaba puesta intentando iluminar el voraz y nocturno paisaje, como el ojo de un gato. Pero me tragué mis palabras, fueran cuales fueran; terminé deslizando la puerta de vidrio, y tintineó una acomodada campanita que anunció mi llegada, y retumbó en la soledad del sitio a esas horas
-¡Takuma-kun! –Dije alzando mi mano con cierta gracia- No preguntes nada, te he perseguido como un perro desde hace siglos. – Musité al momento. Pareciera que solo un espejo nos separaba. Yo era algo más joven, un tono más aclarado. La única diferencia notable era su uniforme de cocinero, y el pelo amarrado en una gran coleta del mismo color. Él, algo impresionado, me recibió con una cálida sonrisa, intentando no ver las cosas desde un mal ángulo.
-Takoora… - Murmuró él, mientras pasaba un paño a uno de los tantos platos que tenía en mano – Supongo que bastante tenemos que hablar.
[No sé de dónde ha salido esta idea, pero si llega a gustarle a alguien, podría alargar el relato. No sabemos nada nadita de Saeki xD]
