Aviso: Este fic participa en el reto anual "Long story 3.0" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


Capítulo uno: "Crimen y castigo"

El resto del día sábado lo había abocado completamente a pensar en cuales serían los posibles escenarios que se le presentaría, dándole vueltas al hecho de volver a cruzarse con Granger. Pero cada vez que lo pensaba más irreal le parecía. Eventualmente decidió que era totalmente improbable que justamente él consiguiera el puesto, sobretodo porque la dueña de la empresa se negaría a tener a un ex mortífago entre sus indefensos empleados.

—Granger dándome trabajo, claro. —Gruñó antes de irse a dormir, queriendo que sus propias palabras zanjaran el tema, pintando un poco de lógica en la situación.

Pero aquella no fue su suerte. Cuando el timbre sonó bien entrada la mañana, se espantó como quién nunca ha oído semejante sonido en su vida. Pero la verdad era que nunca lo había ido a visitar nadie, ni siquiera por error, por lo cual no conocía el ruido infernal que hacía el timbre cuando llamaban.

— ¿Qué cosa tan terrible hice en la vida para que me despertaran de forma tan cruel…? —Se quejó sin pensar en lo que decía mientras se levantaba de su cómoda cama.

Viendo la realidad tal como era, él no podía permitirse un lugar muy espacioso y cubierto de lujos como le hubiera gustado tener. Simplemente su piso contaba con una habitación modesta con baño, una cocina-comedor, y un baño para visitas conectado a una pequeña sala. Luego de cruzar toda la sala abrió la puerta sin detenerse en el protocolo de vestimenta normal para todo ser humano cuerdo. Notó que los ojos de su visita estaban posados en la parte baja de su cuerpo y como el rostro de ella comenzaba a enrojecer mientras intentaba quitar la mirada del rubio, en ese momento es cuando cayó en cuenta que sólo vestía ropa interior.

—Carajo. —Murmuró simplemente mientras le cerraba la puerta en las narices a la chica ruborizada.

Él nunca había sido muy avispado apenas se levantaba, le costaba hilar pensamientos coherentes y pensar con claridad era un desafío matutino, pero un Malfoy no debía demostrar tamañas falencias, le decía su padre, por lo cual siempre se levantaba al menos una hora antes de tener que hablar con una persona, así tenía tiempo de despejar su mente y aclarar sus pensamientos. Pero el timbre había sonado sin dejarle margen para pensar que debía ponerse, al menos, un pantalón. A paso apresurado se metió a su habitación para agarrar su bata púrpura oscuro para luego volver a la puerta mientras se la colocaba con cierto esfuerzo. En cuanto abrió la puerta, la joven seguía ahí parada tal como la había dejado momentos antes pero esta vez estaba estrujando el pañuelo de colores que adornaba su cuello, levantó la mirada un poco avergonzaba y, en cuanto vio que Draco ya estaba cubierto, formó una pequeña sonrisa, sacudiendo la cabeza levemente.

—Buenos días. —Saludó, Draco hizo lo mismo mientras su acompañante sacaba un papel de su bolsillo— Vengo por parte de Ediciones Fénix, para comunicarle sobre el puesto al cual usted se había postulado, —Observó el papel entre sus manos— ¿Es usted... Draco Malfoy?

El aludido asintió con la cabeza sin poder articular palabra, no se había preparado para que sucediera esto.

—Muy bien. Mi nombre es Terry Robinson y, debo felicitarlo —La sonrisa de la chica se ensanchó aún más, como si aquello la hiciera inmensamente feliz— porque lo ha conseguido, usted obtuvo el puesto.

Definitivamente no esperaba eso.

— ¿Cómo? —Inquirió sin poder decir nada más elaborado.

–Bueno, usted tiene el puesto. —Repitió simplemente— Si me permite acotar, al parecer no fue tan difícil como creíamos todos, la señorita Granger de inmediato decidió.

—Señorita Granger. —Coreó. A este ritmo la chica iba a creer que tenía daños cerebrales o que era un troll. O peor aún: que se trataba del idiota de Hagrid, así que carraspeó e intentó hacer una pregunta inteligente— Uhm, gracias entonces. ¿Cuándo se supone que comienzo?

—Hoy es domingo. —Puntualizó, probablemente creyendo que Draco no sabía en qué día se encontraban— Así que mañana a primera hora tendrá una pequeña entrevista con su jefa y luego comenzará su día laboral.

Claramente creía que tenía problemas mentales. Tendría que haberse lavado la cara al menos, joder.

—Mañana lunes —Comenzó, intentando demostrarle que no estaba tan desubicado en el tiempo, aunque pareció un poco forzado— estaré allí entonces.

—Perfecto. Debe presentarse a las ocho de la mañana y verá a la señorita Granger, ella le dará más detalles de lo que se espera de usted como su secretario. —Rebuscó en su bolsillo y le entregó una tarjeta— Allí se indica un número, podrá llamar si se le plantea alguna duda. Es mi número.

Por un momento, Draco pensó que la chica estaba coqueteándole, pero descartó la idea debido a que no poseía la totalidad de sus facultades mentales como para saltar a sacar conclusiones. Además, las chicas no solían ser las primeras en mostrar interés por un hombre, principalmente si tenían un anillo en el dedo anular. La muchacha le sonrió amablemente mientras le deseaba un buen día y giraba para comenzar a alejarse por el pasillo. Probablemente se había quedado más tiempo del que creía pensando si aquel era un anillo matrimonial o no.

Al cerrar la puerta, el cerebro de Draco comenzó a funcionar de forma vertiginosa, la idea de trabajar con Granger golpeaba cada recoveco de su mente. Pero todo se frenó de repente, tan velozmente como empezó, se detuvo ante la peor parte de toda esa situación: No sólo trabajaría con Granger. Sino trabajaría para ella.

—Qué mierda. —Masculló mientras retornaba a su habitación dispuesto a volver a dormirse, dejando la tarjeta de la joven en la mesita de noche.


La casa estaba silenciosa, apenas se escuchaba el débil sonido que producían las gotas de agua al repiquetear en el techo, y algún que otro relámpago que hacía que la joven se sobresaltase.

Hermione se encontraba leyendo uno de los libros que más le había gustado publicar, era una novela de amor al estilo Romeo y Julieta, de esa clase de amor imposible sin un posible futuro, pero que le fascinaba justamente por ese hecho en particular. A pesar de su favoritismo, esa noche no lograba concentrarse, siempre le había gustado leer los domingos y durante las tormentas incluso a pesar de los truenos, pero había algo que estaba haciendo recorrer las líneas del libro pero sin dedicarse a la lectura realmente. Desafortunadamente, sabía qué era lo que le causaba esa ansiedad.

El día anterior, ella había tenido que quedarse en su oficina luego de que todos sus empleados se hayan ido. Tenía que repasar los currículums de los que se postulantes así, apenas decidía, llamaba a Terry para que al otro día pudiera avisarle a quién consiguiera el puesto. Primero los había separado por género con gesto distraído con el objetivo de organizarse, hombres por un lado y mujeres del otro, para luego comenzar a leer primero el de las féminas.

En cuanto acabó, se encontró un tanto decepcionada por no haber encontrado a alguien que realmente destacara entre las mujeres, así que rápidamente pasó a las planillas masculinas. Le echó un vistazo al primer curriculum y luego a la planilla, nada extraordinario, aunque tenía buenas referencias; agarró la siguiente planilla, pero esta no tenía currículo. Le extrañó el hecho de que Jane hubiera aceptado una planilla sin uno, así que con curiosidad leyó el nombre que estaba escrito con letra prolija pero un poco temblorosa, y al hacerlo, su respiración se detuvo por un momento. Releyó intentando sostener firmemente la planilla, pero ese nombre le había sorprendido, nunca en sus sueños más descabellados creyó que justamente él le solicitaría trabajo.

Draco Lucius Malfoy.

Eso sí destacaba de los demás.

Con prisa terminó de leer la planilla, la dio vuelta para ver el reverso y estaba en blanco. Ni siquiera una mancha. Si aquello era una broma, Malfoy hubiera escrito algo detrás, ¿no? Probablemente un "¿enserio pensaste que trabajaría para ti, sangre sucia?" e incluso algunos "JA JA JA" en mayúsculas. Pero por una extraña razón no creía que fuera alguna clase de burla, no creía posible que él hubiera se hubiera tomado la molestia de estar entre muggles con el sólo objetivo de burlarse de la castaña, debía de tener algún motivo detrás de aquello. Antes de pensarlo dos veces, tomó su teléfono móvil para buscar entre sus contactos a Terry y le comunicó que ya había encontrado a su secretario, le dio toda la información y le pidió que le avisara a él a primera hora del otro día. Luego de cortar, guió su mirada al reloj que descansaba sobre su muñeca, sólo había tardado media hora en decidirse.

Pero, lo que le causaba aquella extraña agitación era el encuentro de mañana con aquel rubio. ¿Seguiría todo igual? Primero debía preguntarle porqué se presentó en su empresa para pedir trabajo, necesitaba saberlo. Era un poco irónico si se ponían a pensar en ello detenidamente.

—Ya no puedo con esto. —Se dijo para sí misma en un murmullo.

Con un movimiento suave, dejó el libro a un lado y se levantó del sillón para posicionarse frente a la ventana. La fina lluvia caía detrás del vidrio, que comenzaba a empañarse por la cercanía de Hermione.

¿A Ron le parecería mal? -El pensamiento se le cruzó por la mente casi de forma imperceptible, y se arrepintió apenas se le planteó aquella idea. Claro que a Ron no le caería bien la decisión de la castaña, él odiaba a Malfoy.

Suspirando se dio vuelta para mirar la caja que se encontraba sobre la chimenea, algo que hacía inconscientemente cada vez que pensaba en Ron. Hacía un mes y trece días que no le llegaban noticias de su prometido y era una situación que la torturaba cada día que pasaba sin una noticia. Porque si había algo que detestaba más que tener a Ron lejos, era no saber algo... Y odiaba no saber cómo se encontraba el pelirrojo.

Hacía medio año que Ron se había metido en una misión del Ministerio en el extranjero; Hermione no estaba segura, pero creía que lo había hecho para demostrarle a ella su hombría, su valentía o alguna estupidez por el estilo. Le escribía cada semana, contándole los progresos de su aventura pero sin darle demasiados detalles y bromeaba con respecto a lo mucho que extrañaba todas las manías de su novia; pero ya hacia más de un mes que una lechuza no picoteaba su ventana llevándole una carta del auror. Más de una vez fue a reclamarle esta situación a Kingsley, exigiendo saber en qué condiciones se encontraban, si la misión estaba teniendo éxito o que le informara si él estaba bien al menos, pero el Ministro se excusaba diciendo que era un asunto confidencial, en el cual ella no podía entrometerse. Ese argumento no la convencía, dudaba que eso fuera completamente cierto. Sentía que simplemente quería sacársela de encima.

Hermione sabía lo que pensaban todos de ella. Decían que la guerra la había trastornado tanto que había decidido exiliarse al mundo muggle. Pero no era ni por asomo la verdad, ella no estaba huyendo de la magia aunque todos hayan tomado su accionar como un escape, simplemente era un proyecto que quería llevar a cabo por sí misma, y el único lugar en el cual podía hacer eso posible era en al ámbito muggle. Sabía que en el Ministerio o en cualquier establecimiento mágico obtendría lo que deseara sin que alguien se opusiera, pero ella no quería eso para sí misma, ya que su papel durante la guerra influenciaba en lo que ofrecían. Le gustaban los desafíos, quería ganarse lo que merecía; así que se retiró al Londres muggle para comenzar una pequeña empresa literaria que pronto se agrandó de forma desmesurada, algo que la enorgullecía en demasía. Pero la comunidad mágica no entendía aquello, y ella ya no estaba dispuesta a dar explicaciones.

Aun así, podía llegar a comprender cómo podrían sentirse los magos británicos con el hecho de que una de sus heroínas, se haya retirado con los muggles, sin explicación alguna. Era probable que lo sintieran como una traición, sin embargo Hermione no renegaba de su magia, ni de las personas que creían que no estaba bien lo que hacía. A pesar de esto, el mundo mágico siempre le hizo saber cuán agradecidos estaban por el papel que había desarrollado en la guerra.

La castaña se acercó a aquella caja donde guardaba sus cartas con Ron, con suavidad rozó sus dedos en ella, con cierto gesto anhelante. Sacudiendo la cabeza, se alejó de allí caminando hacia su habitación, intentando dejar de pensar como hacía cada noche, sin éxito en cada tentativa.

Se acostó en la cama que desde hacía tiempo se le hacía enorme y fría, y rogó, como todas las noches, que al otro día tuviera noticias de aquel hombre que extrañaba cada minuto que pasaba sin él, simplemente esperaba por Ron. Pero sabía que era otra cosa que la esperaría al día siguiente.

Ni más ni menos que Draco Malfoy.


¡Hola!

Bueno, planeaba subir esto unos días antes, pero sentía que le faltaban algunos detalles. Además, he estado loca con los preparativos para mi cumpleaños (es mañana 26, yeyy), así que perdonen de verdad si hay algún pequeño error.

En fin, en este capítulo deseaba explicar la situación de Hermione sin hacer quedar mal a nadie. Ni Hermione reniega de su magia ni el mundo mágico reniega de nuestra castaña, ¿se llegó a comprender eso? Si tienen alguna pregunta, no duden en preguntar (:

Quería comentarles que los nombres de los capítulos serán títulos de libros, siguiendo un poco con la trama de la historia c: simplemente para agregarle un toque.

Además, debo agradecer los dos reviews que me dejaron. Es muy amable de su parte, ¡de verdad se los agradezco!

Espero que les guste, y no duden en dejar su opinión en un review, ¡que siempre son bienvenidos!

Agustina.