Hermione apenas sentía su cuerpo. Era como si un espiral se la hubiese tragado y escupido en un tiempo y dimensión paralela. Tenía una corta pijama brillante y sedosa. Eso le hizo pensar una gran cantidad de cosas.
Se asomó por la puerta, con sus pies descalzos, apenas sintiendo el suelo bajo ella. Las luces estaban tenues y Severus solo estaba sentado. Seguía fumando y contemplando a la nada mientras lo hacía. Se dio la vuelta para mirar a Hermione.
- ¿Te sientes mejor?- le preguntó y ella no supo qué responderle. ¿Se sentía mal? asintió patidifusa y simplemente se mantuvo apegada al marco de la puerta- Bien, vamos a dormir- dijo el hombre apagando el cigarrillo en un cenicero.
- ¿A dormir?- preguntó ella y Snape pasó a su lado.
- Sí, a dormir. ¿O es que pensabas que no duermo aunque trabaje?
Hermione quiso opinar, pero no sabía a qué se refería en lo más mínimo. Severus se dejó caer en la cama casi de una forma antinatural y la miró desde la misma. Hermione permanecía de pie sin entender qué estaba sucediendo. ¡Estaba casada sin su consentimiento expreso! Snape arqueó una ceja y esperó pacientemente.
- Ven a dormir si no quieres cansarte de nuevo- le espetó y ella hizo lo que le ordenaron. Seguramente luego se despertaría de ese ridículo sueño que estaba viviendo.
Hermione se recostó lentamente en la cama y Severus la cobijó con mucho cuidado. Ella le daba la espalda y no tardó en sentir sus brazos alrededor de ella. Hermione se movió con incomodidad. Era tan extraño.
- ¿Tenemos que dormir abrazados?- preguntó con una vocecilla y él habló tan cerca que creyó que estaba sobre ella.
- No, aunque de vez en cuando te gusta dormir así.
- ¿Y por qué yo no puedo recordar eso?
- Te diste un golpe muy fuerte ayer en la noche- resumió aquel hombre, soltándola lentamente- Te caíste y te golpeaste.
- ¿Cómo me caí?
- Estabas con Potter y Weasley. Hubo una especie de persecución, no lo sé y te golpeaste contra el suelo. Estabas herida, me avisaron para que fuera a verte. Al llegar solo estabas inconsciente, así que te traje a casa y luego estaba donde me viste.
Hermione decidió que no le daría más vueltas al asunto. Con un suspiro suave, continuó hecha un ovillo en la cama. Aunque ella no quería sus brazos alrededor de ella, Severus Snape no cambió de posición, permaneció del mismo lado que ella.
- Avísame si necesitas algo- fue lo que le dijo antes de cerrar los ojos y comenzar a dormir. Ella no le contestó, no sabía qué contestar. ¿Cómo iba a poder dormir estando en una cama que no era la suya, junto a un hombre que en su vida le había tratado con respeto y resultaba ahora que fumaba y era su esposo. ¿Qué tenía que hacer para despertarse de esa realidad alternativa?
La noche sucumbió ante el día y ella sentía la misma incertidumbre que la noche anterior. No podía pensar en una forma coherente de casarse con Snape y convivir juntos. Al levantarse, su "esposo" estaba escribiendo una carta. Caminó con lentitud hacia él e intentó mirar sobre su hombro.
- Buenos días- le dijo él y ella asintió en silencio.
- ¿Qué hace?
- Escribo una carta. Tus amigos me pidieron enfáticamente que si te recuperabas, les escribiese avisándoles. Creo que estaban muy preocupados. Bueno, lo estaban. ¿Tienes hambre, Hermione?
- Profesor yo...
- Soy tu esposo- le recordó, pero ella no podía decirlo. Le costaba tanto entenderlo- Se...eh digo, Severus... yo...
- Ya lo sé, no te gusta comer demasiado. Sin embargo, tienes que alimentarte si deseas recuperarte.
Hermione no dijo nada y Snape se perdió por un pasillo. La casa era mediana, aún para dos personas que vivían solos en ese lugar. Observó como la lechuza se iba con un aleteo bajo y luego lo vio cruzar la casa hasta la cocina. Allí había una pequeña elfina.
- Mi esposa desea desayunar- dijo y la elfina asintió con vigor. Snape ladeó la cabeza para mirarla.
- ¿Ella es...?- preguntó y la elfina dirigió toda su atención hacia Hermione.
- Winky. ¿No lo recuerdas? Tú me pediste que la trajéramos a casa, que querías ayudarla y todo lo demás.
- ¿La señora Hermione se siente mejor? Winky estuvo muy preocupada toda la noche por su salud.
- Sí Winky, me siento mejor. Gracias.
- Qué bien señora. Muy pronto tendrá el desayuno.
- Gracias, Winky.
Hermione se mantuvo en el sofá, tratando de entender qué había sucedido con su vida. Severus estaba sentado a un lado de ella, leyendo con mucha paciencia. Su esposa estaba concentrada, hasta parecía preocupada. Alzó la vista del periódico que leía y la contempló con calma.
- ¿Sucede algo?
- Es solo, que no puedo recordar. ¿Qué hago aquí? ¿Por qué?
- Eres mi esposa. Ya lo recordarás.
