Bien, antes que nada pido disculpas por la tardanza, sé que no es excusa pero estoy por salir de clases y eso indica trabajos, tareas y proyectos por entregar, vengo saliendo de una semana de examenes (para entrar a otras dos) pero eso no impide que escriba.
El eslabón que une al Clan.
«Era imposible no querer protegerla cada vez que sonreía…»
El semblante de Sakura mostraba rastro de desconcierto, no esperaba una muestra de afecto como aquel beso depositado en su mejilla, no era normal. Llevó su mano a su rostro en un intento de retener aquel suave contacto junto a ella. Quería recordarlo, estar completamente segura que no había sido producto de su imaginación.
—¿Pasa algo? —preguntó con interés. Sakura negó con la cabeza, bajó la mirada y tomó la mano de Itachi. La respuesta había quedado en su interior, ¿cómo explicarle aquél extraño sentimiento que se apoderaba de ella cuando él estaba acerca?
—No, no es nada, solo qué… —mordió su labio inferior antes de comenzar a caminar. No, Itachi no lo entendería—. Cuéntame cómo es la vida de un ninja —murmuró de improvisto. Sus ojos brillaron tratando de desviar la atención del muchacho— ¿Es difícil? Muchas veces te has ido por días, y siempre llegas sucio y con la ropa rasgada. Mikoto-san debe tenerla difícil contigo, Ita-chan —susurró soltando un bufido.
Itachi sonrió al recordar que era la misma frase que había utilizado con ella.
—¿Desde cuándo te interesa la vida de un ninja?
—Desde que sales mucho de misión —contestó Sakura, en su mente se proyectaban recuerdos de cada una de las veces que Itachi le mencionaba que estaría ausente por semanas. Odiaba que se fuera, una parte de sí se inquietaba y no estaba tranquila hasta verlo atravesar la enorme puerta de Konoha seguido de varios tipos raros a su lado.
—Es parte de nuestro trabajo, Sakura. Salir y arriesgar nuestra vida por el bien de la villa es nuestro deber —hizo una pausa—. Sí, es difícil, te mantienes lejos de tus seres queridos por largos periodos de tiempo pero son sacrificios que se deben hacer, y algún día lo entenderás.
—Hm. Siempre dices eso —hizo una mueca de molestia. Itachi continúo caminando y Sakura lo siguió desconcertada. Miró para ambos lados y entonces vaciló por un momento.
—Sasuke-kun…—pronunció suavemente. El agarre de ella cesó y sus ojos se centraron en un par de niños platicando a escasos metros de ellos— Ino-chan…
Había dejado de caminar, su mirada reflejó un aire de tristeza que Itachi no fue capaz de descifrar.
—¿Qué sucede?
—Sasuke-kun ha invitado a Ino-chan al festival de primavera esta noche... —susurró con un delgado hilo de voz.
—Eso no tiene importancia, Sakura, siempre se puede hacer algo al respecto —musitó dedicándole una mirada rápida a su hermano para regresarla a ella. Suspiró, como si una fugaz idea hubiese cruzado por su mente—. Sigamos, le he dicho a mi madre que llegaríamos para el almuerzo. Ha insistido en verte, me ha dicho que tiene algo para ti.
—¿En serio? ¡Mikoto-san es la mejor! —murmuró en alto. Su expresión apagada fue sustituida por una amplia sonrisa, como si la imagen de minutos antes jamás hubiera ocurrido. comenzó a acelerar el paso hasta el punto de llegar a correr—. ¡Apresúrate, Ita-chan! Llegaremos tarde
—gritó varios metros por delante de él.
Sasuke observó la escena y se despidió de Ino, para alcanzar a su hermano. Pero al ver que ni siquiera lo había escuchado llegar soltó un bufido y se cruzó los brazos con los labios curvados ligeramente hacia abajo: estaba molesto.
—Pensabas irte sin mí, Itachi —dijo Sasuke. Itachi apartó la vista para encontrarse con la mueca de molestia de su hermano a un costado.
—Lo siento, Sasuke —musitó en voz baja. Desde que había aceptado su misión había querido mantenerse alejado de él, el hecho de que se le acercara le complicaba más las cosas. Aún no tenía todo claro, necesitaba esa noche para aclarar sus ideas, no tenía el valor suficiente para mirarlo de frente.
Y sin echarle un vistazo retomó su camino.
—¿Por qué siempre haces eso? Dime algo, siempre me tratas como…si no te importara —musitó quedamente con la mirada baja. Itachi se detuvo en seco dándole la espalda.
—¿Qué te gustaría que te dijera? —preguntó con voz inexpresiva. Sasuke guardó silencio, vio a su hermano apretar los puños y sus ojos serios más incompresibles que nunca. El silencio se prolongó por unos segundos sin que el menor de los Uchiha se atreviera a contestar—. Como lo imaginaba —dijo con desdén.
Una atmósfera de tensión los cubrió, un silencio que ninguno de los dos fue capaz de quebrantar. Sakura expandió los brazos varios metros adelante en un intento de llamar la atención de ambos, Itachi apenas alzó la vista para alcanzarla.
«La ausencia de sonido puede ser peor que cualquier grito.»
El viento sopló meciendo las ramas de los árboles. Con el vaivén de del viento, las hojas fueron esparcidas por todos lados del jardín simulando lo que ocurre en la vida real: aquello que no funciona es apartado del resto, es arrojado a un punto incierto para evitar que ensucie el conjunto de hojas verdes que viene siendo el todo del árbol. Porque hay que conservar su belleza.
Como hay que conservar la belleza de la villa y del clan.
A veces se planteaba si aquella situación tendría alguna otra salida que sola la que le mostraban: y estaba seguro que sí. Pero también estaba seguro que las palabras y las decisiones de un Uchiha imperioso no podían ser refutadas, y más arraigado aún, deshechas. Y si eso no era suficientemente malo, su panorama se tornaba desolador con un clan abarrotado de Uchiha's obstinados.
«El clan, el clan…»
Itachi cerró los ojos y sintió un escalofrío cruzar su espina dorsal provocándole malestar. Atribuyó el sentimiento incómodo al sueño agrio que llevaba asaltándolo semanas atrás: La imagen de una luz opacada por unos faroles rasgados y unas manchas carmesí ensuciando los muros de su familia, gritos y el filo de una katana blandiendo lo regresaban a la realidad, justo al final de verse a él como el responsable de aquella imagen sombría.
Responsable de aquella revuelta, responsable del silencio sepulcral y del frío que lo agobiaba.
Itachi suspiró pesadamente, como si al inhalar oxígeno le cansara o representara un esfuerzo sobrehumano. «¡Basta!» Se recriminó internamente, «No es tiempo para flanquear.» No podía darse el derecho de dudar, ni de temblar como lo estaba haciendo en ese momento. Terminó de mentalizarse y su respiración se volvió pausada.
Observó el comunicado que tenía en la mano derecha y su mente regresó a la realidad.
De fondo escuchó la voz de Sasuke peleando con Sakura y a su madre suavizando la situación. No dejó de observarlos, su madre siempre ha sido una buena intermediaria entre los dos. Una mujer inteligente, con esa habilidad de saber qué decir y cuando decirlo, una habilidad que a él le hubiese gustado heredar.
«Quizá debería ser así de buena con el clan…» pensó.
Itachi desvió su atención una vez más, observó con recelo el aviso de reunión que su madre le había dado al llegar y se detuvo en la frase que decía «CÓDIGOA:IMPORTANTE» No necesitaba seguir leyendo, sabía perfectamente a qué se referían cada vez que decían "Importante",
«Sería bueno que replantearan sus prioridades…» se dijo internamente.
Con desgana enrolló el comunicado de los Uchiha y lo guardó con recelo entre sus ropas, ya lo había decidido: no asistiría. Itachi volvió a escuchar los gritos de Sasuke y soltó un suspiro incorporándose de golpe con la intención de ayudar a su madre, si no podía con ambos, por lo menos se encargaría de uno.
—¿Qué sucede? —preguntó Itachi colocándose en medio de ambos— ¿Por qué tanto escándalo?
—Sasuke-kun es un pesado, Ita-chan —contestó Sakura.
—¿Yo? Pero si eres tú quién no me deja en paz—dijo Sasuke cruzado de brazos y mirándola de lado.
—¡Porque tú me estás molestando!
—¡Eres tú quien no me deja de molestar! —contraatacó el pequeño Uchiha inflando las mejillas— ¡Dile que es una molestia!
—¡Ita-chan, dile que no lo soy!
—¡Mamá, la molestia trata de poner a Itachi en mi contra!
—¿Y bien? —preguntó Itachi sin entender. Mikoto colocó una mano en su cintura y asintió a decir:
—Sasuke quiere ir al festival de primavera esta noche. Le he dicho que los llevaré a los dos, pero insiste que solo lo lleve a él porque tu hermano invitó a alguien más —replicó Mikoto mirándolo con desaprobación, Sasuke giró el rostro con indignación.
—No me quiere dejar ir, Ita-chan —finalizó Sakura con tristeza.
—Para eso tiene ella a su…
—¡Sasuke! —llamó Itachi impidiéndole que terminara con la oración—. Yo llevaré a Sakura al festival. No hace falta que la molestes.
Sasuke lo miró confundido, ¿qué había sido ese cambio repentino en su hermano? Era como si estuviese a punto de decir algo malo, Itachi estaba más extraño que nunca. Hizo un puchero desviando la atención, tampoco le importaba si el cambio era por Sakura.
—¿De verdad?
Itachi asintió sin sonreír, por alguna razón un sentimiento de intranquilidad lo corroyó. Se sentó sobre el tatami y guardó silencio mientras veía a su madre colocar unos platos sobre la mesa. Sasuke se había dado por vencido y sólo cargaba la vajilla sin apartar la mirada celosa de Sakura.
—¿Ves, Sakura-chan? No pasa nada —murmuró Mikoto con una sonrisa.
Itachi guardó el momento en su memoria. Claramente podía contar con los dedos de una sola mano —y le sobrarían dedos— las veces que Sakura y Sasuke permanecieron en un mismo lugar sin pelear en más de cinco minutos. Los dos siguieron a Mikoto a la cocina y entonces escuchó un ruido, estaba seguro que había sido el pisar de una madera que estaba descolocada.
Prestó atención al sonido. Unos pasos poco notorios se oían por uno de los corredores, solo alguien con la habilidad sensitiva alta podría percibirlo. O alguien con la agudeza entrenada para hacerlo. Itachi Inspiró profundamente, el encuentro era inevitable. Debía tener cuidado con lo que dijese a partir de ese momento, Sakura y Sasuke estaban presentes.
La habitación estaba llena de murmullos, no estaba seguro de haber visto a Sakura sonreír de esa manera a alguien que no fuera él. De los labios de su madre brotaban frases del por qué Sakura no los visitaba con frecuencia, invitaciones a comer más seguido con ellos ¡y varias ideas que a Sasuke le parecieron descabelladas!
Itachi contempló la escena. Estaba seguro de lo que Sasuke estaba pensando: «Como si no fuera suficiente verla invadir la casa con la frecuencia con la que lo hace, como para verla todos los días.» Lo supo por la forma en la que los labios se curvaron en un gesto de desagrado. Y sonrió internamente al ver a ambos niños correr hacia la cocina.
Y entonces escuchó los pasos más cerca que antes.
El sonido hueco de la puerta corriéndose provocó un escenario distante. Un hombre alto y corpulento, con facciones similares a las suyas apareció justo detrás de Itachi. Su expresión cambió drásticamente, sus ojos se volvieron vivaces y su semblante serio. Sasuke reconoció esa mirada en él, desde los roces con el clan la veía más seguido. Un gesto desafiante.
La atmósfera ya no era la misma, se había vuelto más densa, más pesada.
—¿En dónde has estado, Itachi? —la voz de Fugaku hizo eco en la habitación. Mikoto miró a su esposo y a su hijo y tuvo un mal presentimiento.
—He estado ocupado, me han asignado una misión —contestó sin voltear a mirarlo.
—De acuerdo —soltó con brusquedad—. Pero tenemos que hablar.
Los ojos de Itachi se entrecerraron, como si hubiese predicho aquél instante. Con un ágil movimiento se puso de pie quedando a la misma altura que su padre, ambas miradas chocaron. Sasuke no había experimentado un espacio de tiempo tan distante, su padre y su hermano como dos desconocidos. Todo parecía ir más a prisa.
—No puedo —dijo mirando hacia Sakura—. Hay algo que tengo que hacer esta tarde. Es importante.
—¿Más importante que el clan?
Un molesto silencio se formó. Itachi guardó la calma deteniéndose en los contras de la discusión, sabía que un silencio como ese no era bueno para ninguno de los dos. «Si realmente quieres saber te lo diré» pensó poco antes de abrir la boca.
—Es posible… es importante para mí —musitó con voz distante y pausada.
—Itachi sale a una misión importante por la mañana, querido —intervino Mikoto—. El equipo ANBU ha venido por él. Se verá con el Hokage- sama esta tarde.
Las palabras quedaron en el aire, Fugaku los miró con desconfianza y un murmuro brotó de su garganta.
—Cuando dejes de perder el tiempo, recuerda que tienes un deber con el clan que te vio nacer —dijo dándoles la espalda—. No llegues tarde. Itachi volvió a escuchar los pasos de su padre, pero esta vez alejándose. A pesar de ya no estar presente, la habitación daba la sensación de
haberse reducido. El silencio se volvió a producir como minutos antes, Itachi miró extrañado a su madre que pasaba por un costado.
—¿Por qué lo has hecho?
—Porque eres mi hijo —respondió Mikoto—, y estoy orgullosa de ti. Haz lo que tengas que hacer, Itachi. Y lleva a Sakura-chan al festival de primavera.
¿Podía ser verdad? Sus palabras hicieron eco en su interior…
Volteó a mirar a su madre, su rostro era el mismo inquebrantable de siempre, a diferencia que una sonrisa lo adornaba. Siguió sus movimientos hasta detenerse en su hermano y en Sakura.
Era verdad, «Sakura… está aquí»
—¡Sakura-chan! Tengo algo para ti —dijo Mikoto llamando su atención, probablemente en un intento de borrar el momento de tensión que acababa de presenciar.
—¿Para mí? ¿En serio? —expandió sus ojos con emoción— ¿Qué es, Miko-san?
—Ya lo verás, Sakura-chan.
«¿Miko-san? Hm, primero Itachi y ahora mamá» pensó Sasuke sin dejar de mirar a la pequeña "molestia". Se tomaba muy en serio eso de la confianza.
Mikoto sacó una caja blanca, en la superficie llevaba escrito "Para Sakura" junto a un hermoso listón que lo adornaba. Itachi las miró con interés, había visto a su madre ir de compras y regresar con el paquete entre sus manos semanas atrás, pero no imaginaba que aquella Yukata de flores rosa sería la sorpresa que le tenía a Sakura. Ahí reflejaba lo mucho que había deseado tener una hija…
—Hm, no importa que utilice, no es que vaya a impresionar a alguien importante okāsan —resopló Sasuke con total intención de molestarla—. Después de todo irá con Itachi.
—¡Sasuke! Deja en paz a Sakura-chan —repitió Mikoto con desaprobación.
—Hm, no importa Miko-san, después de todo el que no impresionará a nadie importante serás tú, Sasuke-kun.
—No sabes nada, Ino irá conmigo al festival, le he dicho antes de regresar a casa —farfulló el pequeño Uchiha con aire de suficiencia.
Sakura permaneció callada, su mirada baja indicaba que Sasuke había ganado. Itachi miró a su hermano, no sabía cuándo mantener la boca cerrada. Mikoto llevó las manos a la cintura, como lo hubiese hecho después de ver algún desastre provocado por el menor de sus hijos. Su mirada de enojo le indicaba que estaba en problemas.
—Vamos, Sakura-chan, pruébate la Yukata. Sería bueno que la usaras hoy. ¿Qué dices? —la pequeña asintió y Mikoto la guió a una de las habitaciones. Los hermanos las vieron alejarse hasta perderse por los pasillos, Itachi esperó un par de minutos asegurándose de estar los dos completamente solos y después se dirigió a Sasuke.
—No deberías decir ese tipo de comentarios frente a Sakura —dijo captando su atención—, ya deberías estar al tanto de sus sentimientos. Sasuke vaciló un momento y lo miró con desgana soltando un bufido.
—Hm, y lo estoy, Oniisan. Sakura no me quiere de la forma que imaginas —hizo una pausa y bajó la mirada con disgusto, como si hubiese recordado algo que le molestaba—, deberías saberlo mejor que nadie, Itachi. Hasta un niño como yo se da cuenta de eso.
Itachi guardó silencio, suavizó el gesto y dijo:
—¿Estás celoso? —cuando Itachi habló el cuerpo de Sasuke se tensó, se sintió abrumado ante su voz. Tuvo la intención de salir corriendo pero sus piernas se lo impidieron, quizá más que estar celoso le odiab… «¡Ya!» El pequeño Uchiha sacudió la cabeza apartando cualquier pensamiento nocivo.
Quiso responderle que de ninguna manera tenía celos, pero sus labios titubearon, y la negativa murió con su silencio.
Sasuke vio a Itachi dirigir su pálida mano hacia él y cerró los ojos, pero al sentir los dedos de su hermano enredarse en su cabello los relajó. El aire no era pesado como cuando había estado su padre, era diferente… podía sentir una especie de tristeza deambular por el ambiente, probablemente sería la suya, Itachi no tenía razones para sentirse de esa manera.
Sus padres estaban orgullosos de él. Lo había escuchado de su madre recientemente, de su padre día a día, de sus profesores, de sus tíos, del clan… de todo el mundo. Inclusive él estaba orgulloso de su hermano. Y Sakura…
«Itachi, siempre Itachi…»
—Hermano, yo… —musitó con voz queda.
—No importa. Sigo siendo tu hermano mayor, Sasuke —dijo dedicándole una sonrisa, de esas que hacía tiempo no veía en él—. No importa si algún día o ahora me aborreces, estaré contigo. Ya sea como una mano o como un obstáculo que debas superar.
El pequeño Uchiha se sintió avergonzado y bajó la mirada, no obstante la mano cálida de su hermano siguió posada sobre su cabello de una forma afectiva. Y durante ese breve instante se sintió afortunado, su hermano lo conocía, y a pesar de sentirse pequeño a su lado, él estaba ahí para demostrarle que era importante.
Con el brazo fuerte de Itachi rodeándolo se sintió protegido, se sintió fuerte. Fue entonces que Sasuke Uchiha reconoció una vez más el abismo que había entre los dos.
«Hermano, eres inalcanzable…»
Itachi dirigió la mirada a su hermano y asintió en silencio. No hubo necesidad de que alguno dijera algo, había sido suficiente. Sasuke se sentó junto a él y al cabo de unos minutos escucharon risas, risas cada vez más cercanas hasta que Sakura seguida de Mikoto aparecieron.
—¡Hemos regresado! —murmuró Mikoto entrando con una Sakura levemente sonrojada—, y ¿bien? ¿cómo se ve Sakura-chan?
Los dos hermanos desviaron la mirada a la pequeña. Sus mejillas combinaban con la Yukata blanca de flores rosas que llevaba, el obi de un rosa más fuerte ceñía su pequeña cintura y el cabello recogido con flores de cerezo hacían honor a su nombre.
—Te ves bien, Sakura —se contuvo Itachi, estaba su madre y tenía que comportarse, por otro lado Sasuke…
—Ya le he dicho que no impresionará a nadie…—soltó con la misma actitud anterior, Sakura lo miró con el ceño fruncido.
—Hm. ¿Estás celoso, Sasuke-kun? —preguntó Sakura. El rostro de Sasuke se deshizo por un segundo, regresó a su postura anterior y soltó un bufido. Odiaba que esa "molestia" fuera tan afín con Itachi. Y Sasuke no contestó, simplemente se limitó a salir de la habitación. Sakura tenía razón y había sido su turno de ganar.
—¡Sasuke, alistaste si quieres que te lleve al festival! —articuló Mikoto como advertencia. Sasuke no dijo nada, por alguna extraña razón se le habían ido las ganas de salir.
Itachi observó a su hermano salir y antes de cruzar la puerta corrediza colocó una mano sobre su hombro llamando la atención del menor.
—Sasuke… Cuando regrese de misión, no olvides que tenemos un entrenamiento de kunais que terminar —dijo Itachi. Al escuchar las palabras de su hermano, Sasuke olvidó por completo por qué se había sentido abatido y asintió con la cabeza.
A pesar de las diferencias, Itachi no dejaba de ser Itachi. No dejaba de ser su hermano mayor…
—Itachi, es mejor que lleves a Sakura al festival —dijo Mikoto mirando el reloj de pared—, está por comenzar. Y recuerda que debes llegar temprano, tu padre quiere hablar contigo. Y en cuanto a ti, Sakura-chan, no te preocupes por nada. Diviértanse, que yo me encargaré de avisarle a tu padre, ¿entendido?
Sakura asintió sin dejar de mirarla, Mikoto era fenomenal.
Así que así se sentía sentirse querida por una mamá…
Itachi notó el rastro de tristeza en el rostro de Sakura y se incorporó acariciando con cuidado su cabello, no quería arruinar el impecable trabajo de su madre. Sakura lo miró y sonrió.
—¿Nos vamos, Ita-chan?
Itachi salió con Sakura en brazos, quería alejarse cuando antes del barrio Uchiha. No tenía tiempo para encontrarse a su padre o con algún miembro del clan. Sakura lo tomó con calma, con el tiempo que llevaba conociéndolo había entendido que nada le pasaría siempre y cuando se mantuviera junto a Itachi y no abriera los ojos hasta que él se lo indicara.
El sonido del viento meciendo las hojas, el "crack" de las ramas que resonaba en sus oídos, el olor a musgo y a humedad fue sustituido uno a uno por el sonido de las risas y los murmullos. El olor a dulces y fresas con chocolates inundaron sus fosas nasales, junto a una sensación extraña en el estómago que últimamente reconocía a la perfección. Una presión que le contraía las vísceras.
«Se llama vértigo, Sakura» le había dicho Itachi. «Es una sensación intensa parecida al mareo que se desarrolla al realizar una actividad a una velocidad acelerada» . Ella simplemente contestó que no sabía que era vértigo, pero que no le gustaba, que le provocaba náuseas y unas ganas intensas por vomitar.
¡Vaya recuerdo! Ese día había aprendido la definición exacta de vértigo. Con todo y lo que el vértigo conllevaba.
Sakura había llevado las manos al estómago y poco después de tocar suelo firme, corrió a un árbol. ¡Había vomitado después del primer viaje largo que Itachi le propició desde el barrio Uchiha hasta su casa! Lo que aconteció después: el rostro pálido y desencajado de la pequeña rosada le dijo a Itachi a gritos que era mejor olvidarlo.
Desde entonces le había prometido no ir tan a prisa…
—Ya puedes abrir los ojos, Sakura —le indicó Itachi.
Sakura se movió pesadamente, definitivamente jamás se acostumbraría a la forma de "transporte" que Itachi empleaba. Él sonrió, Sakura tenía los ojos entreabiertos y el rostro ligeramente empalidecido por el vértigo que sentía, una imagen que por muy cruel que fuera, le gustaba ver.
—¿Tan malo ha sido? —preguntó Itachi dejando a Sakura en el suelo. Su cuerpo tembló pero ella no dijo nada, simplemente volvió la mirada y él pudo comprobar la respuesta en la expresión de su cara.
—¡Ita-chan! Lo haces a propósito —lo miró con enfado.
—¿No ocurrió nada, cierto? —murmuró tomándola de la mano para comenzar a caminar, el rostro de Sakura se suavizó—. Entonces todo está bien.
Las calles de Konoha estaban abarrotadas de diversos colores y bonitos adornos que colgaban de los balcones y las ramas de cerezos. No era raro que el tema central fuera el rosa, durante las primeras semanas de abril se llevaba a cabo el festival Hanami, también llamado festival de los cerezos en flor. En esas fechas los cerezos florecían dando su espectacular transformación en primavera, revelando a través de sus flores el misterioso ciclo de la vida.
Sakura se mostró maravillada, hacía dos años que no asistía a un festival, y algo en su interior le dijo en que ninguno de los años anteriores las flores habían brotado con tanta magnificencia. Su mirada verdosa se perdió al ver los faroles que emitían una delicada luz que se extendía desde el corazón de la aldea hasta perderse en dirección del Río Nakano, donde los cerezos se extendía a los largo de su cauce.
El olor dulzón de la comida típica inundó el interior de Itachi, sería una de las tantas cosas que extrañaría en su partida. Esa noche era la última que pasaría, al menos recordando la vida a la que aspiraba. Agradecía que fuera con Sakura y en una época tan emotiva como lo era esa, de solo imaginar lo que acontecería su ritmo cardiaco aumentó, jamás había experimentado un vuelco de angustia con tal magnitud.
Sakura jaló el brazo de Itachi buscando su atención. Itachi movió la cabeza y al verla el enojo apareció.
—No me estás prestando atención, Ita-chan —reclamó.
—Lo siento, Sakura —se disculpó—. ¿Qué sucede?.
—Hm, no importa —infló una de sus mejillas—. En aquél lugar venden dangos y té verde. Su mirada escudriñó la dirección hacia donde el pequeño dedo índice de Sakura apuntaba.
—¿Más dangos?
Ella asintió y él no dijo nada, sólo accedió a soltarla y Sakura emprendió camino por sí sola al puesto. Si ella quería dangos, le daría todos los que le pidiera. Aparte de protegerla era lo segundo que podía hacer, darle dangos.
Itachi la siguió de cerca y emitió un suspiro de sorpresa al verla interponerse a mitad de la fila, caminó más de prisa temiendo que se fuera a meter en problemas al ver como dos niños la miraban molestos, pero ella infló las mejillas y sus ojos se cristalizaron amenazando con romper en llanto.
Sakura podía aparentar en ocasiones ser una niña ingenua, impulsiva y escuálida, pero era considerablemente inteligente e ingeniosa. Y eso le quedó claro a Itachi cuando ambos niños le cedieron su lugar al verla derramar las primeras lágrimas —que estaba seguro eran falsas— por miedo a que siguiera llorando.
E increíblemente había salido victoriosa.
—¿Así que te llamas Sakura, eh? —repuso el anciano de los dangos. Sakura asintió con una sonrisa y un especial brillo en sus ojos apareció. Tenía un extraño método para socializar.
Los escuchó platicar en medio de algunos murmullos sin importancia, le eran inentendibles desde la distancia a la que se encontraba y los siseos de los alrededores no ayudaban lo suficiente. La curiosidad lo hizo acercarse, no daba razón a lo que hacía, pero sabía que su curiosidad sería severamente castigada en una misión oficial.
—Sakura, que bonito nombre…
«Sí, lo es…» pensó para sí mismo.
—Tu nombre es muy significativo, jovencita, dicen que quienes lo portan son sensibles y emotivos, valientes y determinados —un deje de sabiduría apareció en el rostro del anciano—. Además, atraen a personas limpias y relucientes, por eso poseen un camino lleno de vida, Sakura…
«Limpio y reluciente…» Itachi la contempló con una expresión diferente. «Un camino lleno de vida…» Él no podía darle eso.
Sakura sonrió antes de tomar sus bocadillos y de despidió con efusividad. El anciano la miró acercarse a Itachi y notó un vacío reflejado en los ojos de aquel pálido muchacho, quizá no todas las Sakura atraían a personas relucientes.
Caminaron hasta una banca y Sakura contempló las luces que los rodeaban. Había oscurecido por completo, la tarde había dado paso a la noche y la noche a algo incierto. Tomó uno de los dangos y se lo llevó a la boca, el sabor dulce contrastaba con el sabor amargo que tenía en los labios. No importaba, nada tenía que importar en ese momento. Sería Itachi, Itachi nada más.
—El anciano de los dangos ha dicho que atraigo a personas limpias y relucientes, Ita-chan —susurró Sakura bebiendo un sorbo de su té—,
¿sabes? Ahora lo entiendo.
—¿A qué te refieres Sakura? —preguntó con interés, las mejillas de ella se tornaron rosadas.
—Llevo tiempo preguntándome el por qué te conocí —Sakura bajó la mirada tratando de ocultar su rostro, ¿acaso se arrepentía? Tenía razón para hacerlo, pero dolía y no encontraba un motivo coherente.
—Está bien, Sakura, no pasa nada —musitó Itachi después de beber un sorbo del líquido esmeralda que sostenía. Tras el sorbo sintió la calidez del té verde recorrerle el interior: le quemaba.
—No, no entiendes, Ita-chan —Sakura alzó la mirada—, es solo que… no había conocido a nadie como tú: limpioy reluciente.En el puesto de dangos el anciano me ha dicho que es por mi nombre, mi nombre atrae a personas como tú, aunque seas la única que haya encontrado en mi vida. ¿Sabes? Le agradezco a mamá, supo escoger el nombre indicado. Al principio lo odiaba, mi cabello tiene este extraño color rosa, y sentía que el nombre solo lo empeoraba. Pero ahora —atinó a decir— por ti…lo amo, Itachi-san.
Itachi la miró perplejo y Sakura guardó silencio. ¿Qué podía hacer ante su sinceridad? Se recriminó mentalmente, no podía cometer una estúpidez, pero ella simplemente lo desarmaba.
—¿Eso crees? —musitó como un susurro, y ella asintió— Ya veo… es sencillo, Sakura, esto es así porque me haces mejor persona. No es tu nombre el que atrae personas "limpias y relucientes", eres tú, con esa capacidad para cambiarlas.
.
«Pueden ser casualidades u otras rarezas que pasan, pero donde quiera que ando, todo me conduce a ti…»
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—Es necesario que lo encuentren, el clan ha levantado sospechas y Shisui ha recibido la orden de mantenerlo vigilado las veinticuatro horas. El cuerpo de policías son los más insistentes y si no actuamos de prisa tendremos problemas —dijo una mujer con voz de hierro y de rígidas facciones que destilaba años de experiencia por cada uno de sus poros—. No lo pienses tanto, Sarutobi. Ya sabes lo que tienes que hacer.
La torre Hokage se quedó en silencio, levemente iluminada por un par de velas que se consumían lentamente en una esquina del salón. El fuego de una de ellas comenzó a menguar por el viento frío que se filtró por la rendija.
Danzou cruzó los brazos sobre su regazo y su único ojos visible se clavó en la expresión estoica del tercer Hokage, que permanecía en mutismo.
—Que adelante la misión para esta noche —dijo Koharu con firmeza. Estaba decidida a terminar con el problema arrancándolo desde la raíz. Exterminarlos acabaría con aquella situación de una vez por todas.
—No los subestimes, si han levantado la guardia pueden estar esperando que algo suceda, no podemos seguir alimentando sus sospechas. Busquen a Itachi —ordenó el tercer Hokage con sensatez—, se aplaza la misión dos días. Tenemos que planear una estrategia.
Y ante el eco de sus palabras la atmósfera se inundó de tensión. La expresión recia de Koharu se arreció y su ceño se frunció notablemente.
—¡Tiempo suficiente para que actúen!
—¿Qué dices, Sarutobi? ¿Te has vuelto loco? —exclamó Homura con molestia—. Las cosas están empeorando, ¿y se te ocurre una barbaridad como esa?
—¡Ya escucharon! Llamen a Ebisu y que le notifique de inmediato —repitió Sarutobi con voz imperiosa, moverse desprevenidamente podría provocar el fallo de la misión y eso traería consigo muertes innecesarias, y él estaba dispuesto a agotar cada recurso antes de acudir a medidas drásticas—. Serán dos días. Que se desvíe la atención asignándole la misión que se tenía para Genma. Ellos no han hecho ningún movimiento, aún podemos encontrar una salida. No hay necesidad de derramar sangre inocente.
Era cierto que su deber como Hokage era establecer el orden y mantener la paz en la villa, quizá el consejo lo olvidaba, pero él no, Itachi y el clan Uchiha seguían formando parte de Konoha. Y su deber era buscar una manera de enmendar aquella situación sin arriesgar vidas de forma desmedida.
—¡Salgan y busquen a Itachi Uchiha, hay un cambio de misión! —exclamó con determinación una vez más.
El Hokage salió de la habitación dejando a sus consejeros y a Danzou a la expectativa. A su partida un pelotón de tres ANBUS desaparecieron entre las sombras con un pergamino en manos en medio de un siseo.
.
Sakura bostezó frotándose los ojos con el dorso de la mano. Itachi la miró de soslayo repetir la acción y un brillo centelló en sus trémulos ojos verdes.
—¿Estás cansada? —musitó en voz baja.
—No —negó Sakura con la cabeza—. Una basura me entró en los ojos, Ita-chan. Estoy bien —mintió la pequeña con el rostro adormecido.
—Mientes mal, Sakura. Podías haberlo dicho antes —murmuró Itachi en un intento de adoptar un tono despreocupado. Después de verla correr, y juguetear de un lado a otro se sorprendía de que no se hubiese dormido unas horas antes.
Siguieron caminando unos metros más pero la pequeña Sakura exhaló cansada y un bostezo gigante brotó de su garganta.
Itachi hizo una pausa y se colocó en cuclillas obligándola a subir sobre su espalda. La pequeña de cabello rosa no se negó, cansadamente lo abrazó por el cuello y hundió su nariz en el oscuro cabello de Itachi, y él la escuchó soltar un suspiro prodigioso seguido de un murmullo inentendible.
Sakura se removió y terminó por adoptar su postura final: su cabeza acomodada sobre el hombro del muchacho y su flequillo cubriéndole la frente. Itachi comenzó a caminar con pasos lentos temiendo despertarla, la miró de soslayo y sonrió con conformidad al percibir su respiración acompasada cerca de su oído.
Tan suave y tranquila, pero constante. Dormida le recordaba a Sasuke, llena de energía, de vida, pero en sus manos aparentaba ser completamente frágil. Y él siguió con pasos lentos temiendo incomodarla.
Las calles comenzaban a despejarse, sólo algunos faroles iluminaban el camino que lo llevaban a la casa de los Haruno. Y conforme iban avanzando las risas se iban haciendo más distantes, como susurros lejanos, como señal que el corazón de la aldea iba quedando atrás de ellos, como prueba que todo tiene que terminar en algún momento. Itachi cerró los ojos y soltó un suspiro porque lo sabía.
Sus ojos negros se abrieron de golpe y su andar se detuvo de repente. Un viento frío y borrascoso movió sus cabellos e hizo temblar el cuerpo de Sakura que se removió con pesadumbre. Un silencio sepulcral y apropiado se levantó entre él y los tres ANBUS que aparecieron de frente interceptando su camino.
—Tenemos un aviso del Hokage-sama —dijo uno de ellos rompiendo el silencio hosco. Itachi alzó la mirada y asintió quedamente.
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Las calles a esas horas estaban completamente vacías guardando un profundo silencio, afonía que le recordaba la compostura inquebrantable de su clan. Itachi desvió la mirada al cielo entintado, la tenue luz ámbar de la luna se comenzó a opacar por el celaje brumoso, y acreditó aquella nube de tormenta como un presagio.
Pero no fue capaz de detenerse. No al momento.
Los ojos oscuros de Itachi se volvieron álgidos y apresuró el paso. Con una velocidad ávida estaba por atravesar las puertas del barrio Uchiha, pero se detuvo inquieto bajo el umbral de la entrada embargado por un estremecimiento acre. De un salto se posicionó sobre las delgadas baldosas del tejado y su mirada se clavó en dirección al denso bosque de Konoha seguido del sharingan brillando en todo su esplendor.
Un aire frío le dio en cara pero no le importó. Sus serias facciones palidecieron pero sus ojos rojo escarlata no dejaron de escrutar el bosque, resplandecían anclados justo al fondo, donde debía estar el templo y las ruinas antiguas de sus ancestros, cerca de los confines del clan.
Itachi deslizó la mano derecha por el costado de su pierna y cuando sintió palpar el filo del kunai, el viento helado volvió a soplar moviendo tempestuosamente las copas de los árboles, llevándose consigo, el delgado veto de chakra que había percibido con anterioridad. Y el frío le caló los huesos, pero no se movió ni un centímetro
Se quedó de pie observando firmemente. Había estado percibiendo días atrás una presencia que surgía del templo y que lo seguía de cerca, vigilando, como un cazador acecha a su presa a sangre fría. Nadie más parecía percibir el delgado veto de chakra que se ocultaba, y que siempre se desvanecía en el mismo lugar.
Le inquietaba.
Sólo los miembros del clan conocían la ubicación exacta del templo mayor y sólo algunos pocos lo que se encontraba escrito en las piedras sacras. Lo que fuese que estuviera merodeando tenía conocimiento de lo que había en ese lugar y algo quería de él. Itachi se dio la vuelta y sus manos deslizaron el arma de regreso al cabo de unos minutos.
Y antes de retomar su camino sintió la presencia de alguien acercarse entre la espesura de los árboles.
—Deja de esconderte —ordenó—, sé que estás ahí.
Mas Itachi no se volvió, se quedó de espaldas. Y la otra presencia no salió de las globosas copas de los árboles ni emitió ningún sonido. Y al confirmar sus sospechas retomó su camino.
Las ramas de los árboles proyectaban sombras largas que se extendieron por el asfalto donde pisaba. Itachi atravesó por completo el barrio y después de doblar en la última esquina vislumbró la casa más profunda pero también la más grande. A los costados un par de sombrillas adornaban la puerta, del tejadillo que cae en plano oblicuo por encima del umbral dos faroles con el símbolo de su clan le dieron la bienvenida.
Su luz, a pesar de ser tenue fue suficiente clara para guiarlo a través de la oscuridad. En todo su camino por el barrio son los únicos que recordó resplandecer en lo alto, llenándolo de una sensación cálida y fría al mismo tiempo.
A llegado a casa.
Itachi se detuvo frente la puerta principal y no escuchó nada, salvo el silencio hosco. Sasuke no salió a recibirlo, el rostro de su mamá desde la cocina tampoco, y a pesar de no querer irrumpir la tranquilidad que habita los corredores, se dirigió al interior de la casa.
Porque su padre lo espera.
Y antes de abrir la puerta del recibidor sus rasgos se volvieron más pálidos y gélidos. Sus ojos ya no tienen el aspecto peligroso que el color carmesí le confiese, pero eso los vuelve aún más inexpresivos, más inescrutables que nunca. Al correr la puerta, al fondo se encontró con sus padres sentados sobre el tatami.
Su madre con las manos cruzadas sobre el regazo y su padre mirándolo desafiante con los ojos afilados y férreos. Itachi cerró detrás de sí y el ambiente se volvió tenso.
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—¡¿Qué significa eso de que no vendrás a la reunión de mañana?! —exclamó Fugaku claramente irritado— Creo que no entiendes cuál es tu deber.
—Mañana salgo de misión —contestó Itachi a secas, su mirada siguió igual de inalterable que de costumbre—, mi madre ya te lo había dicho.
—¿Qué clase de misión? —preguntó con severidad.
—No puedo decírtelo, es de alto secreto. Me han pedido discreción.
Fugaku cruzó los brazos pero un gruñido escapó de su boca. Cerró los ojos y un silencio abrumador se levantó cubriéndolos a los tres.
—Itachi —murmuró—. Tú representas el eslabón que une al clan con el corazón de la villa. ¿Lo sabes, verdad?
—Si… —dijo en voz baja casi para sí mismo.
—¡Pues grábatelo bien en la cabeza! —profirió Fugaku con voz imperativa y fuerte—. Mañana vendrás a la reunión.
Itachi guardó silencio y lo miró fijamente, sorprendido por la pretensión que mostró su padre. Es claro que él tiene sus prioridades, y entre ellas no ve cabida para las de su hijo. No, ya no hay cabida para él, ni en el clan, ni en su familia…
Pero ninguno de sus pensamientos escapó de su boca, porque sabe que nada hará la diferencia.
Ellos han tomado una decisión y él la suya. En ese momento vio a su madre observarlo con un brillo triste en la mirada y un semblante compasivo. Itachi bajó la cabeza en forma de reverencia hacia ella y Mikoto cerró los ojos porque es su madre y conoce los sentimientos de pesadumbre que agobian a su pequeño Itachi…
Nada los hará cambiar de opinión.
«Resulta fácil ver las cosas desde aquí, meramente atraídas por el recuerdo, donde tienen parecido alguno. Pero a mí no me cuesta ningún trabajo seguir hablándoles de lo quesé.»
No falta mucho para el amanecer, la noche no termina de disiparse pero da indicios de que no tardará en hacerlo. Se colocó la katana sobre su espalda y en su brazo fulguró la insignia ANBU que lo acredita como legitimo ninja de Konoha. Se ató el protector a la frente y la frialdad apareció en sus ojos. Está decidido.
En la entrada de la Villa tres personas más esperan a su líder, sus máscaras le impiden ver sus identidades pero no le dio importancia, los conoce y con eso es suficiente.
Esperan a que él les dé la orden, les murmura unas indicaciones y les deja en claro el objetivo. Ellos asienten y se posicionan metros atrás de su capitán, Itachi les alza una mano señalando una dirección y desaparecen con el alba.
«Limpioy reluciente…» se repitió como un susurro.
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