Operación Fortuna (2/13)
Parejas = Harry/Severus
Disclaimer =Los personajes de esta historia son propiedad de J. K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
Belladona: Ay, linda… habría querido leer tus historia desde hace mucho, pero estoy hecha un lío con mis cosas… con decirte que aún no termino del todo este fic, pero como ya estoy en el capítulo final, me atreví a subirlo : ) … jajaja… tienes razón… no difiere mucho el plan A del B, pero weno : ) … seguimos en contacto… besos enormes.
Lupita: Que bueno que te animaste a leer la historia, chica : ) … espero que también te agrade lo que sigue… byeee.
Fabianadat: Bienvenida, chica!!!! … me alegra que te hayas pasado por acá… debo decir que no se nada de portugués, pero entendí bastante de tu mensajito… nos vemos pronto!!!!!
Isabellatrix: ¿Y qué tal tus historia? … no puedo prometerte nada, pero espero que ya muy pronto pueda pasarme por tus fics… aún me falta una de Belladona por leer : ( … el plan es muy loco, pero como ambos son muy, pero muy guapos, creo que les va a ir muy bien, jejejeje… al menos yo si le atoraba con los dos, jajaja… beshitos linda.
Capítulo II. Comienza la cacería
Harry simplemente no podía creer que estuviera en Monte Carlo. Tuvo que pellizcarse el brazo para confirmar que no estaba soñando. La ciudad era mucho más hermosa de lo que se imaginaba y le agradeció a su amigo rubio que lo hubiera llevado ahí. Él aún estaba seguro de que no iba a conseguir pareja, pero el hecho de estar en ese lugar valía la pena el intentarlo. Pese a todos sus malos augurios sobre la empresa, todo se realizó sin ningún tipo de problema. El dinero que al final consiguió Draco sobrepasó todas sus expectativas, pero al moreno le causaba cierta aprehensión. Si ambos fracasaban al intentar conseguir pareja, se verían en la calle y sin un céntimo en el bolsillo.
Harry protestó horrores cuando fueron de compras y el rubio llenó dos enormes maletas con su ropa. No negaba que era excitante tener tantas prendas nuevas y lindas, pero consideró que eran excesivas. Draco lo hizo callar al decirle que no podía presentarse dos veces luciendo la misma ropa y que ésta era su tarjeta de presentación. Si tenían buena ropa, mejores eran sus posibilidades de encontrar una pareja con dinero. Otra de las cosas que hizo el rubio y que no dejó de asombrar a Harry, fue que consiguió una lista de las personas que asistirían a los mejores eventos de la ciudad. Ambos se afanaron en investigar quiénes serían los más apropiados para sus planes y para cuando llegaron a la ciudad ya tenían algunos objetivos. Los dos estuvieron de acuerdo en enfocarse en los hombres pues su gusto así lo dictaba, pero por si acaso, también consideraron los nombres de algunas mujeres.
-Bien, muy bien –comentó Draco con regocijo cuando ya se encontraban en la enorme habitación que alquilaron–. En este mismo momento doy oficialmente el banderazo para que empiece nuestra misión –se acercó a Harry y lo tomó de las manos–. 'Operación Fortuna' da comienzo.
-Tengo miedo, Draco –le confesó el moreno sin titubeos.
-Todos saldrá a pedir de boca, no te preocupes –le dio un beso en la mejilla–. Sonríe y la fuerza estará contigo.
Harry no pudo menos que echarse a reír por esa frase tan ridícula.
-Ahora bajemos al comedor para dejarnos ver y comenzar con nuestra cacería.
Se arreglaron mutuamente antes de salir de la habitación. Tomaron el elevador que los llevó al vestíbulo y se tomaron un segundo para ver quiénes se encontraban ahí. Los expertos ojos de Draco lograron ubicar a un par de personas importantes, pero no las tomó en cuenta pues ya estaban casadas. Le había puesto muy en claro a Harry que no debía inmiscuirse con nadie que no estuviera soltero porque su objetivo era casarse y si no se podía, al menos debían convertirse en la pareja oficial. No les convenía ser amantes y por ello estaba prohibidísimo tener relaciones sexuales durante el tiempo que estuviesen en Monte Carlo. Como Harry jamás había dormido con nadie, no le importó en lo absoluto esa prohibición.
-¡Ay, qué horror! –comentó Draco en voz baja antes de caminar hacia el comedor sin mirar alrededor.
-¿Qué cosa? –le preguntó Harry que sí miraba hacia todos lados con curiosidad.
-Vi a Alastor Moody –le contestó el rubio cuando ya ocupaban una mesa.
-¿Y ése quién es?
-Un hombre muy rico, pero bastante asqueroso –le informó todavía en voz queda–. Acaba de entrar, pero no vayas a voltear porque está mirando hacia acá.
Harry se contuvo de mirar sobre su hombro y se concentró en la carta. Se moría de curiosidad por saber quién era el hombre que había despertado esa antipatía en su amigo, pero realmente no tardó mucho en conocerlo porque al cabo de unos cuantos minutos, un vino muy caro fue llevado a su mesa. Draco miró al mesero con una elegante ceja levantada pidiendo una explicación.
-El señor Moody les ruega que acepten este presente, jóvenes –les informó el mesero con mucha formalidad.
Draco miró hacia el hombre que le sonrió de inmediato. Harry entonces vio su oportunidad y también volteó. Casi se va de espaldas a ver la apariencia de Alastor Moody. Era un hombre mayor cuyo rostro estaba surcado de innumerables cicatrices. Sobre su ojo izquierdo llevaba un parche al estilo pirata que le proporcionaba un aspecto aún más siniestro si acaso era posible.
-Dígale a ese señor que no bebemos en la comida –Draco rechazó el botella con un fino movimiento de la mano–. Y también que no se moleste en enviarnos una en la cena porque no la aceptaremos. Puede retirarse.
-Lamento haberlos importunado –se disculpó el mesero llevándose la botella consigo.
-¿¡Pero qué le pasó en la cara!? –preguntó Harry impactado por la apariencia del hombre.
-Unos dicen que fue víctima de una tribu en el África, pero otros afirman que un marido celoso fue el que se las hizo –se encogió de hombros–. En fin. Ése no es nuestro problema. Él es una de esas personas que debemos evadir a toda costa.
-¿Por qué?
-Por que no le interesan las relaciones a largo plazo. Sé de buena fuente que le encanta coleccionar amantes. Ha tenido a más de tres al mismo tiempo.
-Entonces lo evitaré –afirmó Harry con rapidez porque el hombre le causaba escalofríos.
Comieron ya sin que nadie los molestara y Draco aprovechó para informarle a Harry algunas identidades de los demás comensales. El moreno se asombró al saber que casi todos los que estaban ahí eran muy ricos y poderosos. Se podían encontrar desde actores de renombre mundial hasta potentados comerciales.
-¿Es que nadie tiene casa aquí? –preguntó al pensar que todos se hospedaban en el hotel.
-¡Por supuesto que sí! –le contestó Draco riendo–. Sólo que vienen a este sitio para comer y conversar entre ellos. Por eso debemos ser muy cuidadosos en nuestro comportamiento. Si hacemos algo mal, el chisme se correrá como pólvora encendida.
-¿Algo mal? ¿Cómo que cosa? –Harry bajó los codos de la mesa lo más discretamente que pudo.
-Como irte a la cama con el primer pelafustán que te lo insinúe –rió aún más porque captó el movimiento de su amigo–. No te preocupes, Harry. Trataré de estar contigo el mayor tiempo posible para que no cometas errores.
-¿Qué quieres decir? –lo miró alarmado–. Pensé que estaríamos juntos siempre.
-Ese es el plan, pero tal vez en algún momento debemos separarnos –la alarma en los ojos verdes se acentuó–. No creo que quieras hacerme mal tercio cuando tenga que salir a bailar con alguien o estar junto a mí en la playa cuando reciba mi propuesta matrimonial.
-No, por supuesto que no, pero…
-¡Guau! Ése sí que es un verdadero ejemplar masculino –exclamó Draco cortando las protestas de su amigo–. Ni te atrevas a voltear –le recomendó a Harry de inmediato–. Un muchacho acaba de llegar y me miró, pero no quiero que se dé cuenta que me interesa.
-¿Y quién es?
-No lo sé, pero lo averiguaré.
Siguieron hablando de trivialidades y esta vez el chico de ojos verdes se quedó con la duda porque jamás pudo voltear para conocerlo.
-¡Oh! Es un verdadera lástima –comentó Draco con enfado mientras seguía con la mirada al desconocido joven que salía del comedor después de haber hablado brevemente con Moody.
-¿De qué hablas?
-De que me puedo ir olvidando de ese chico. Es sólo un empleado de Moody –se encogió de hombros filosóficamente–. Ni hablar. Es hora de movernos de aquí –se levantó dejando a la mitad su café pues estaba demasiado amargo para su gusto–. Ya nos dejamos ver y es hora de explorar otros lugares.
Harry se fue detrás de él cuando salían del comedor, pero no se contuvo y volteó a la mesa de Alastor. El hombre enseguida levantó la copa de vino que tenía en la mano y lo saludó con ella. A Harry le supo mal no corresponder el gesto y movió la cabeza en señal de despedida. Agradeció en el alma que su amigo no se dio cuenta de esto porque entonces lo habría llenado de reproches.
* * * * * * * * * *
Después de deambular por la ciudad por un par de horas, dirigieron sus pasos hacia uno de los mayores casinos de la ciudad. Harry se quedó boquiabierto con la magnificencia del lugar y miraba hacia todos lados como un niño dentro de una tienda de dulces.
-Ten esto –Draco le puso unas monedas en la mano–. Puedes jugar, pero trata de no terminártelo, ¿está bien?
-¿Y qué juego? –Harry miró hacia las diferentes mesas.
-Lo que quieras, pero aléjate de las máquinas tragamonedas. Jamás te dan nada.
Y dicho esto, dio media vuelta y dejó a su amigo solo. Harry entonces se dedicó a caminar de un lado a otro sin decidirse en participar. Se detuvo en algunas mesas para observar y tratar de entender la mecánica de los juegos y al final decidió que la ruleta era la más fácil. Cambió un poco de dinero en monedas especiales y se fue a sentar. Cuando puso su apuesta sintió que algunas irónicas miradas se posaban sobre él porque la cantidad que apostó era ínfima, pero el encargado de la ruleta la aceptó. La rueda comenzó entonces a girar y Harry vio como la bolita saltaba sobre ella sin decidirse a ponerse en alguna ranura. Era una sensación muy rara desear que cayera en el número que había pedido y se sintió desilusionado cuando ésta se colocó en un lugar muy alejado del elegido por él. Ya estaba por levantarse cuando decidió jugar una vez más. Nuevamente puso una apuesta y se llenó de gozo cuando ganó. Las monedas que pusieron frente a él eran bastantes y de diferentes colores y sólo para averiguar cuánto había ganado, las tomó y fue a cambiarlas. Se asombró al ver la enorme cantidad que le entregaron. Le dieron ganas de volver a la ruleta, pero se contuvo. Sabía que a Draco le sobraba muy poco dinero y lo que ahora tenía en el bolsillo les ayudaría más adelante. Así que lo que hizo fue ordenar a un mesero una bebida y deambuló por el lugar.
No sabía dónde estaba Draco porque por más vueltas que dio, jamás pudo encontrarlo. Ya estaba cansado de tanto caminar, pero no se atrevía a volver al hotel sin su amigo. En una de esas vueltas, se acercó a una puerta abierta y sintió una corriente de aire. Se aventuró a traspasarla y se vio en un balcón que tenía una maravillosa vista de la ciudad. Se llenó los pulmones del aire del atardecer antes de caminar hasta un extremo de la baranda y se recargó en la pared. Nuevamente se sintió feliz de encontrarse en ese lugar y se quedó dónde estaba sólo mirando a la lejanía. Cuando ya estaba a punto de volver al casino, escuchó voces a sus espaldas e instintivamente trató de pasar desapercibido. Cerca de él se estaba una planta muy alta que le sirvió de escudo y quedó oculto. Una pareja había salido al balcón y Harry se sintió incómodo al notar que estaban discutiendo. Se le hacía mal escuchar una conversación privada, pero no podía irse porque estaban justo entre él y la puerta.
-¡Es que no puedes hacerme esto! –escuchó que decía una mujer con voz chillona–. ¡Te demandaré por no cumplir con tu palabra!
-Haz lo que creas conveniente –le contestó el hombre con voz profunda–. Pero en lo que a mí concierne, todo se acabó.
-¿¡Pero por qué!? –su voz se hizo aún más aguda–. ¿¡Qué cosa hice mal!?
-Eres demasiado posesiva y celosa y eso no me gusta. Lo sabes perfectamente –fue la fría contestación.
-¿¡Y para eso me hiciste venir!? ¿¡Por qué no me lo dijiste por teléfono!? ¿¡Para burlarte en mi cara!?
-Me gusta terminar las cosas cara a cara para que después no haya malos entendidos.
-Recapacita, por favor –le suplicó–. Sé que seremos muy felices juntos.
-He tomado una decisión y cuando lo hago… jamás cambio de opinión y lo sabes.
-¡Te arrepentirás! ¡Te juro que te arrepentirás! ¡Conmigo nadie juega! –fue la amenaza que le hizo la mujer antes de marcharse.
Harry se atrevió a moverse para mirar al hombre que se quedó donde estaba, pero no le pudo ver el rostro porque le daba la espalda. Al cabo de unos segundos, él también abandonó el balcón y Harry se vio en libertad para marcharse. No le había gustado ser testigo de un rompimiento, pero no había podido evitarlo. Entró nuevamente al casino y recomenzó su tarea de buscar a Draco. Desistió de hacerlo después de una hora y regresó al hotel. Se sentía muy cansado y lo único que le apetecía era acostarse. Ya estando a punto de tomar el elevador, una mano sujetó su codo evitando que lo abordara.
-¿Podría tener unas palabras con usted? –le preguntó Alastor con una fea sonrisa.
Harry no pudo evitar un estremecimiento de repulsión, pero pronto se controló.
-Lo siento mucho, pero…
-No lo entretendré demasiado tiempo –insistió el hombre–. Por favor.
Aún sujetándolo del codo, lo hizo que se alejara del elevador y lo llevó hacia unos sillones que estaban en el vestíbulo.
-Siéntate, por favor –le dijo tuteándolo.
-¿En qué puedo ayudarlo? –le preguntó el moreno sabiendo que ya no podría escapar.
-Simplemente quisiera saber tu nombre y el de tu amigo.
-¿Y eso para qué?
-Simple curiosidad –siguió sonriendo.
-Yo… pues… –titubeó visiblemente.
-No puedo creer que sus nombres sean secreto de estado –lo bromeó.
-Por supuesto que no, pero…
-¿O quieres que adivine?
-¿Sería capaz? –ahora fue su turno de sonreír.
-Sabes que no porque si fuera así no te lo estaría preguntando –le guiñó con su único ojo.
-Yo soy Harry… Harry Potter.
-Mi nombre es Alastor… Alastor Moody.
-Mucho gusto, señor Moody –le tendió la mano.
-Créeme que el gusto es todo mío –aceptó su mano y se la estrechó con fuerza–. ¿Y tu amigo se llama…?
-¿Por qué no se lo pregunta usted mismo? –le respondió no queriendo develar ese dato.
-Porque creo que no le caí bien –declaró con pena y Harry supo que se refería a la botella que había intentado obsequiarles en la comida.
-Yo no creo eso, así que dejaré que lo intente –se levantó del sillón–. Que pase buena noche, señor Moody.
-Llámame Alastor, por favor –también se incorporó.
-Lo siento mucho, pero me es imposible hacerlo. Con su permiso.
Harry se apresuró a alejarse sin percatarse de que un par de ojos negros lo siguieron hasta que desapareció dentro del elevador.
El moreno iba pensado que a pesar del siniestro aspecto del hombre, no era tan repulsivo como había pensado en un principio. Ciertamente no encajaba en lo que ellos estaban buscando, pero no pensaba que Alastor Moody fuera mala persona. Llegó a su habitación y grande fue su sorpresa al encontrar a su amigo ya recostado en la cama.
-¿Pero qué demonios haces aquí? –le preguntó algo enojado porque lo abandonó en el casino.
-Alguien se ofreció a traerme –le contestó el rubio como si nada–. Lamento haberte dejado solo, pero sabía que nada malo te pasaría.
-¡Podías haberme avisado! –siguió recriminándolo.
-Te busqué, pero no te vi por ningún lado –seguía de lo más tranquilo–. ¿Y cómo te fue con el juego? ¿Te divertiste?
Harry sacó entonces el dinero que había ganado y lo dejó caer en la cama.
-¡Caracoles! –Draco tomó el dinero y lo contó–. ¡Vaya que tienes suerte! ¿Cuántas veces jugaste?
-Sólo dos –le contestó ya más tranquilo–. La primera vez perdí, pero en la segunda me llevé todo esto.
-¿Y en qué fue?
-En la ruleta.
-Creo que mañana te llevaré de nuevo al casino para ver si sigues conservando la suerte.
-Sólo si te quedas conmigo –lo amenazó.
-Entonces no puedo –le devolvió el dinero y volvió a acostarse–. Me quedé de ver con Vincent. Creo que si juego bien mis cartas, lo convenceré de que me lleve a una importante reunión por la noche.
-¿Con Vincent? ¿Y quién es ése?
-Su nombre completo es Vincent Goyle y es un verdadero cavernícola –le contestó Draco con enfado.
-Él no estaba en la lista que tenemos, ¿verdad? –comenzó a desvestirse.
-No, pero se nota que tiene mucho dinero. Me costeó algunos juegos, pero desgraciadamente no tuve tu suerte y perdí en todos –hizo un puchero de enojo.
-¿Seguro que es un buen candidato?
-Pues sí, pero no me agrada del todo –suspiró profundamente–. Tendré que seguir con mi búsqueda. Aunque en verdad se nota que tiene mucho dinero.
-¡Ah, por cierto! Hablando de dinero, hace un rato hablé con Alastor Moody. Quiere saber cómo te llamas.
-¿¡Qué cosa!? –lo miró con los ojos muy abiertos–. ¿¡No te dije muy claro que no debías tener tratos con ese señor!?
-Sí, pero es que me habló cuando ya estaba a punto de tomar el elevador y no quise portarme grosero.
-¡Santo Dios! –se llevó las manos a la cara–. Sólo espero que nadie importante te haya visto con él porque sí así fue, eso te creará una pésima fama y ya nadie querrá salir contigo.
-Creo que exageras –se le hizo un nudo en la garganta.
-No, no lo hago –lo miró con extrema seriedad–. Prométeme que no volverás a hablar con él.
-Te lo prometo –le dijo cuando recuperó el habla.
-Ahora vamos a dormir. Ya mañana seguiremos con nuestra operación.
Harry se acostó después de apagar la luz, pero no se durmió de inmediato. Las palabras de Draco aún resonaban en su cabeza y rogó porque ese encuentro con Alastor Moody no le acarreara problemas en el futuro.
Hasta pronto!!!!
