Antes de lo que esperaba estuvimos frente a lo que parecía ser una discoteca muy lúgubre. Recordé las explicaciones sobre vampiros de Jack y me reí interiormente. Juro, que si no encontraba algún ataúd en ese sitio, sería por puro milagro. Bajándome del coche, empecé a hacer una inspección, algo rápida, del local. El edificio en sí parecía un antiguo castillo, de esos de la bruja malvada. La fachada de piedra, con plantas enredaderas y un pequeño jardín con charca incluida te daba la sensación de haber viajado en el tiempo.
Sin sentirme demasiado segura, me acerqué todo lo que pude a Jane, cogiéndola del brazo. Me bastó una mirada para darme cuenta de que ella estaba igual que yo. Era del género idiota que tuviera miedo a entrar en ese sitio. Es decir, ya me habían asegurado que los vampiros no mataban a sus donantes, aunque podía darse el caso. Era rarísimo que sucediera, pero por otra parte, no sabía la clase de vampiros que estarían ahí dentro. Estúpidamente, quise hacerme la valiente.
-Jane, si no estás segura, podemos dar media vuelta.
-No, no, no… -Respondió enseguida-. Hemos venido, y ya que estamos aquí, entraremos. Locos o no, no pienso irme sin ver el interior.
Por "interior", queda claro que se refiere a los chicos. A pesar de no tener vergüenza, pensé aliviada, que al menos tenía algo de cerebro para pensar. Si hubiera gritado a los cuatro vientos que quería ver chicos guapos, la fila de personas que esperaba en la puerta para entrar nos habría mirado de arriba abajo, y lo que menos queríamos era llamar la atención.
Nos colocamos las últimas en la cola, seguidas inmediatamente por un pequeño grupo de tres personas. Uno de los chicos se nos miró todo el cuerpo, mientras el otro ponía los ojos en blanco. La chica, que estaba entre ellos, me dedicó una pequeña sonrisa a modo de disculpa. Esa atracción incomprensible volvió, pero con una intensidad mucho menor a la que tenía con Jack. Había poca iluminación y no podía verles bien, pero podía decir que eran hermosos.
-¿Vais a entrar?
La cantarina voz de la chica sonó como una dulce canción de cuna, y no pude evitar sonreír. Su expresión alegre y excitada me dio una idea clara de las ganas que tenía de entrar al local. Iba a responder, justo cuando Jane miró hacia atrás, ahogando apenas un gritito de sorpresa. La miré, entornando los ojos, observando cómo se quedaba totalmente muda. Solo por eso, ya me caían bien.
-Sí, es la primera vez que venimos. –Respondí por las dos. La cola empezó a moverse y tuve que girarme, aunque la chica se puso a nuestro lado.
-Entonces os encantará. –Me tendió la mano y sonrió-. Me llamo Nimue.
-Yo soy Alice, y ella es Jane.
Contesté, señalando a mi alucinada amiga. Al cogerle la mano, estuve completamente segura de que eran vampiros. Al menos, ella. Fingí no darme cuenta de su temperatura corporal y seguimos avanzando, hasta llegar al portero. Jane puso ojitos, escapando de forma rápida de su aturdimiento. Intercambiaron un par de palabras, y después el oso que custodiaba la puerta se dirigió a los dos chicos que teníamos detrás. Aunque la conversación trascendió en un tono bastante bajo, logré captar los nombres. Por cómo se dirigió a ellos, el que nos había mirado se llamaba Felipe, y el otro, el que había hecho rodar sus ojos, era Duncan. Al parecer, él y Nimue eran hermanos, pues compartían el mismo apellido.
Acompañadas por aquellos tres vampiros, conseguimos entrar en el local. Era increíblemente oscuro. Luces de neón bombardeaban sin cesar la pista de baile, donde un montón de gente bailaba al ritmo de "Push", de Enrique Iglesias. Al fondo, detrás de la cabina del DJ, había muchísimos compartimentos ocultos por cortinas de un rojo sangre. Supuse que eran espacio privados, y también imaginé cual sería su función.
En un abrir y cerrar de ojos, Nimue había desaparecido entre la multitud y Felipe, a quien apenas podía ver con tan poca luz, se llevó a Jane con él. Mi amiga tenía expresión de estar flotando en una nube, y estaba segura de que haber nombrado en ese momento a Jack, me habría respondido algo del tipo "¿Y quién demonios es Jack?". Se me escaparon algunas carcajadas y tuve que llevarme la mano a los labios para disimularlas. Como de costumbre, me tocaba mirar y esperar a que Jane se marchara con algún chico, al menos, para no dejarla sola. Vislumbré un grupo de sillas, apartadas de la pista y sin pensármelo, me dirigí a ellas. Claro, que no supe que Duncan venía detrás de mí hasta que me di la vuelta y me lo encontré prácticamente pegado a mí. Me llevé la mano al pecho, en señal de susto.
-Lo siento. –Susurró, componiendo una mueca. Sonreí a modo de respuesta y tomé asiento-. ¿Puedo sentarme?
-Claro. –Dije.
-De verdad, lamento lo ocurrido. No quería asustarte.
Pensé en lo irónico de la frase. Presumiblemente, él era un vampiro. Ya que, si Nimue lo era y decía que eran hermanos… obvio. Y sabiendo que yo era una simple humana, que podía matarme con un simple mordisco y él se quedaría tan pancho, no quería asustarme. De todos modos, no debería hacerme mucho caso. Desde que sé que los vampiros existen, me he vuelto demasiado cínica. Hablando de vampiros… ¿Ellos captarían el olor de Jack y su familia? ¿Olería todavía a Peter? Él pareció leer mis preguntas, porque sonrió enormemente, antes de acercarse mucho a mí para susurrarme.
-¿A cuántos como yo conoces, dulce Alice?
Abriendo mucho los ojos, me aparté lentamente. Él mantenía una sonrisa picara en ese rostro tan bien formado, sin dejar de mirarme. Notaba subir cierto calorcillo por mi cuerpo, pero no era ni parecido al que sentía cuando Jack o Peter me miraban. Bueno, a Peter nadie podía superarle. Agaché la cabeza, conteniendo las lágrimas y las ganas de marcharme.
-¿He dicho algo malo? –Preguntó, sonando sincero-. ¿Fue tan desagradable?
-No es eso. –Susurré, mirando el suelo-. Había decidido dejar de verlos, y encontrar otros… como tú, me los ha recordado. Eso es todo.
-Comprendo. Lo lamento. –Suspiró-. Cambiemos de tema. ¿Cómo es que no estás bailando?
-Oh… -Dije, observándole-. A mí las fiestas, la bebida y esas cosas no me van. Solo acompaño a Jane. Le recomendaron este sitio y me arrastró con ella.
-¿De verdad? –Asentí.
-Además, estas canciones no me gustan. Soy más… de otros estilos.
-¿Reggae?
-¡No! –Exclamé, fingiendo horrorizarme. Duncan se rió con ganas-. Linkin Park, por ejemplo. Esas canciones no suelen sonar en las discotecas que Jane me obliga a frecuentar.
-Bueno, entonces tienes más suerte que yo. Soy más de música clásica, relajante… y cualquier canción que incluya una gaita, me vuelve loco.
Estuvimos hablando durante mucho tiempo. Cualquier tema era bueno, y descubrí que tenía muchas cosas en común con aquel imponente vampiro. Me habló de Escocia, de cuando era humano, del tiempo que llevaba al lado de Nimue y Felipe,… era increíble la de cosas que había visto. Reímos muchas veces, sobre todo cuando me contaba anécdotas con humanos de por medio. La palabra "sorprendente" no hacía justicia a los relatos de Duncan. Incluso me contó algunos secretillos de sus años de joven vampiro. Terminé dándole mi número de teléfono y pensando si volvería a quedar con él. Cuando estábamos hablando sobre un próximo encuentro, Jane apareció colgada del brazo de un sonriente Felipe, a quien le brillaban sospechosamente los ojos.
-Es hora de que te lleve a casa, Alice. –Sentenció, sin apartar la vista de Felipe ni la mano de su pecho-. Se hizo muy, pero que muy tarde.
-Genial. –Suspiré-. Mi madre me matará.
Con un par de sonrisa y gestos con las manos, nos despedimos de los dos vampiros, y me apenó no poder decirle adiós a Nimue, pero no la encontré por la pista de baile y me figuré que estaría detrás de una de las cortinas, acompañada por algún donante. Con una última mirada al lugar, salimos del local. Jane no paraba de parlotear sobre lo fantástica que había sido la experiencia de ver a Felipe lamer la sangre que brotaba de sus heridas, las cuales no eran profundas y fueron hechas expresamente para que él bebiera. Como era lógico, Jane pensó que se trataba de un friki que se creía un vampiro. Si solo supiera la verdad, estaba convencida de que no regresaría nunca más a este sitio y mucho menos, hablaría maravillas de él.
A mitad de camino, nos encontramos con un cuerpo tirado en mitad de la carretera. Asustándose, Jane frenó a un lado y se bajó, corriendo a socorrerle. Pensaba hacer lo mismo cuando un hombre vestido de negro se acercó a ella y le apuntó con una pistola. El que estaba tumbado, se levantó. Solo fingía en mitad de la calle. Traté de agacharme, presa del pánico, pero fue inútil. Uno de nuestros atacantes abrió mi puerta, sujetándome por el pelo y tirando de mí.
-Mira, amigo. Aquí tenemos otra nena.
-Van bien vestidas. –Sonrió-. Déjala a mis pies y revisa el coche. Seguro que llevan algo de valor.
Dicho y hecho. El cabecilla se quedó con nosotras, mientras el otro entraba en el coche y empezaba a rebuscar. Al poco tiempo, salió con dinero y nuestros móviles. Al ver el aparato, Jane empezó a quejarse y el tipo, sin remordimiento, le pegó un tiro. La bala atravesó la cabeza, salpicándome la cara y el vestido de sangre. Sin pensar, caí hacía atrás, arrastrándome. El atracador me apuntó la pistola, pero algo lo detuvo. Su compañero me sujetó nuevamente por el pelo y me tumbó, colocándose encima de mí.
-Aparta, no quiero testigos. –Ordenó el cabecilla, pero el otro le ignoró.
-Cállate, pienso divertirme un poco con la chica.
No tenía idea alguna de lo que pensaba hacer, pero tampoco me apetecía averiguarlo. Opuse toda la resistencia que podía, moviendo mis manos y pies. Escuché las pisadas del cabecilla y supe que se marchaba. Viendo que no podía librarme de mi asaltante, llené mis pulmones de aire y comencé a gritar. Entonces, ocurrió lo que menos me esperaba. El hombre sacó una navaja y me la clavó en el estómago. El dolor era insoportable. Gemí por el dolor, mientras notaba como el puñal entraba una y otra vez en mi vientre. La tortura era insufrible y sin pelear, me sumí en una oscuridad absoluta. Mi último pensamiento fue para Peter. Al final, se libraría de mí.
