departamento 18 ii
Entró por la puerta que rechinó al ser abierta. El polvo era tanto que las partículas opacaban la luz que entraba por la ventana.
Caminó recorriendo con la vista el lugar hasta que divisó una sombra en la luz que caía sobre el piso desde la ventana que daba a la calle.
Recordó que no había escuchado ni visto movimiento alguno en la habitación de a lado, la curiosidad le invadió brevemente hasta que recordó que debía desempacar, comprar ropa y algo para limpiar con el dinero que su "generoso" tío le había prestado.
Toda esa tarde la ocupó en compras básicas para su casa. En la noche, cuando se disponía a dormir, una dulce melodía le distrajo; la ventana cerrada no le permitía escuchar bien, se acercó para abrirla pero con el ruido de la ventana la música se detuvo. Cerró nuevamente la ventana y la música comenzó de nuevo.
El sillón ya un poco más limpio le sirvió a Trowa para quedarse dormido arrullado por la música de aquel violín semidesafinado.
Al otro día, no supo cómo pero se encontró desayunando en casa de una vecina, ella era joven, de cabellos castaños rojizos y risados. Su nombre era Catherine.
-oye... y ¿sabes quién vive en el departamento 18?- cuestionó dando un aire de indeferencia a su pregunta.
-pues, yo nunca he visto a nadie ahí, pero en el edificio dicen que hay algún hombre loco o enfermo mental que fue abandonado por su familia o algo así. Claro, es sólo una leyenda urbana.- estaba sentada frente a él sólo viéndolo comer como si de una maravilla se tratara.
-ah, es que anoche escuché un violín ser tocado en aquel lugar.-dijo viendo su plato antes de dar un sorbo más a la sopa en la cuchara para terminar de comer.
-no sabría decirte bien por qué y la verdad ya me acostumbré a no darle importancia.-explicó cerrando los ojos y agitando su mano como abanico.
-oh bueno, gracias por la comida- se levantó rápidamente y llevó sus platos hasta el fregadero para salir en dirección a su nuevo hogar. Estuvo viendo el cielo a través de las ventanas que recién limpiaba.
La noche llegó nuevamente, con ella, los recuerdos. Trowa descansaba en el sillón con un libro en manos. Lo hojeaba, en la primera página, aquella dedicatoria con letra de pluma fuente: "cuídalo mucho y nunca olvides que te amo"
Decía firmado por aquel hombre que tanto había llegado a amar.
-Heero- suspiró sacando una pequeña foto de su cartera. Eran ellos dos juntos sonrientes, serenos, se correspondían, al fin y al cabo. Cuando ya todo había terminado, nunca supo cómo pero estaba en la calle, dejado por su "amado" novio. Había pedido ayuda a su tío y así había terminado, entre el polvo.
La melodìa del violín de a lado perduraba.
Vagas lágrimas resbalaban de su rostro al recordar su éxito en los negocios y cómo una jugada sucia de un "aliado" le habìa hecho perder todo. Lentamente se fue dejando llevar por la melodía y cayó en los sueños.
El violín dejo de tocar a un rato de quedarse dormido el ojiverde, las blancas manos que sostenían aquel desgastado instrumento le apartaron para dirigirse a la ventana que abrió con cuidado de no ser escuchado, se trepó ágilmente en la ventana vecina asomándose. Un joven dormía con semblante dolido en el sofá. De un salto entró ligero como un copo de nieve y se acercó con cuidado al castaño. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para admirarle, se quedó embelesado, acarició la fría mejilla del joven frente a él, en sus sueños siempre había visto a tal ser como una ilusión lejana pero ahora podía tocarle, era más real que su asquerosa vida y el solo pensarlo le provocó lágrimas de alegría que cayeron en la camisa y cuello del castaño mezclándose con las suyas.
Un leve movimiento de parte del dormido sirvió como advertencia al intruso para alejarse.
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Lamento haberme tardado pero cayó un rayo en mi casa. xD nos leemos pronto.
Any.
