Se acercaba la noche, por lo que todos los alumnos de último grado estaban ocupados colocándose las túnicas de gala para poder congregarse en el gran comedor y recibir uno por uno sus títulos oficiales de magia.
Las casas de Gryffindor, Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw no paraban de firmar sus anuarios como recordatorio de esa generación, prometiéndose que se escribirían a pesar que la vida y el destino siempre terminaría por cambiar su curso.
Hermione decidió que no era buena idea acudir a su recamara, caminó hasta la torre de los leones para verse una vez más con sus amigos de toda la vida bajo el cobijo del castillo; aquellos quienes había ayudado durante la búsqueda de los horrocrux y con quien siete años seguidos habían compartido todo, alegrías y tristezas, triunfos e inevitables perdidas, no había sido una experiencia escolar tranquila o monótona, sino todo lo contrario, esos años habían estado llenos de aventuras, de grandes desafíos y emociones fuertes.
-¿Y entonces iras a la escuela de aurores Harry?- Preguntaba la castaña aún alisando los pliegues de la túnica de Ron, tratando de ayudarlo a que no se mirara fatal.
-Así es, incluso Ron y yo rentaremos un apartamento en la ciudad ya que queda cerca y estudiaremos juntos- admitió con entusiasmo el chico de la cicatriz.
Las facciones de Harry estaba mas curtidas, su rostro infantil había cambiado radicalmente, dejando atrás cualquier vestigio del niño que era antes, se endureció con la guerra adquiriendo no solo una madurez que lo convertía en todo un hombre apuesto parecido a su padre James, sino en la prueba fehaciente de supervivencia a pesar de las profecías.
-Por qué no vienes con nosotros Hermione, podrías ser nuestra compañera de apartamento- Invito el pelirrojo.
-Claro Ronald, ya me imagino viviendo con dos hombres sin que la gente piense mal- Ella reía con cierto dejo de tristeza, abrazándolos a ambos de lado y sonriendo como nunca, pues aún recordaba cuando los tres canturreaban por el bosque prohibido para mitigar el miedo que sentían al pisar ese lugar tan siniestro.
-Pues nos harás falta, nosotros solos seremos un desastre en las materias- El pelirrojo rodaba los ojos con una risa mientras que la castaña le daba un golpe juguetón en el hombro.
-¿Asi que solo por eso me quieren allá verdad?, ¿Cuándo cambiaran ustedes dos?- Dijo con falsa indignación.
-Claro que no es por eso Hermione, ya sabes lo pesado que es Ron a veces- Indicaba Harry divertido mientras que la chica volvía a tener su expresión seria.
-¿Qué te pasa Hermione?.
-Nada, es solo que… extrañaré todo esto- Ella suspiraba con nostalgia. - ¿Recuerdan cuando entramos a Hogwarts?
-¡Como olvidarlo! yo me entere que era mago apenas unos días antes de primer año- Harry sonreía.
-Y yo no sabía que sería el mejor amigo de Harry Potter.
-Así que ¿Solo por eso me hablaste en el tren grandísimo tonto?- Acuso.
-Bueno, compraste todo un carrito con golosinas, así que comencé bien- El pelirrojo guiñaba el ojo haciendo que la castaña riera un poco al recordar que no tenía pensado siquiera que se conocerían y se adrian tan amigos. Solo ayudaba a un niño a encontrar su rana que había escapado cuando entró a un vagón sin saber que se encontraría con el niño que vivió y un pelirrojo con los que viviría un sinnúmero de aventuras que no tenía contempladas estaban detrás de esa inofensiva portezuela.
-Ustedes… me rescataron de un trol… y no es Levi-o-sá- Hermione tenía lagrimas en los ojos, mientras recordando aquel instante a partir del cual se harían amigos inseparables, no podía contenerlas mientras que los otros dos paraban de reír para observar que de verdad la castaña los extrañaría, pues no era fácil ahora romper con aquella amistad forjada por siete años de vivencias, incluso de peligro de muerte. Harry la abrazó completamente y Ron hacía lo mismo comenzando a llorar los tres.
-Eres la hermana que nunca tuve Hermione y agradezco a la vida el haberte conocido preciosa.
-Te quiero no solo por las tareas Hermione y lo sabes.
-Haberlos conocido ha sido lo más grande que pudo pasarme en la vida chicos, gracias… por todo-
Ella cerraba sus ojos para llorar plenamente, necesitaba desahogarse, sacar todo aquello que por años dejo guardado, la impotencia, las ganas de vivir una vida llena de paz a lado de ellos, pero sabían que el deber estaba delante de todo. Por esa razón esas lagrimas salieron copiosamente desbordándose de esa presa que ella misma había afianzado para mostrarse fuerte, y ahora… esos momentos serían los últimos en el colegio juntos.
Sabía que no los perdería, pero también sabia que muchas cosas cambiarían a partir de entonces, dejar el castillo que los había acogido por tantos años marcaba el cambio definitivo, el punto de no retorno.
Extrañaría mucho a sus amigos, la relación tan cercana que hasta ahora habían mantenido, pero eso era parte de crecer, el costo que tiene que pagarse cuando empiezas a tomar decisiones que te encaminan a cosas diferentes.
Ellos siempre serian sus amigos y tendrían un lugar especial en su corazón, pero ya era tiempo de aprender a estar sola, para buscar su propio camino y conquistar sus sueños.
Aun no tenía claro que haria a partir de entonces, lo único, de lo que estaba segura, es que quería ser ella misma, a partir de ahora era un nuevo comienzo.
Rodeada por el cálido abrazo de sus amigos se despedía de su viejo yo, con la promesa de un nuevo mañana, donde se descubrir a si misma.
Llegaron por fin al gran comedor donde un sinnúmero de alumnos se congregaban, muchos de ellos se limpiaban las lagrimas que escurrían de sus ojos debido a la inevitable despedida, tenía que lidiar con el hecho de no ver a sus amigos como todos los días en clases, sus salas comunes, la biblioteca e incluso Hogsmeade donde estaban acostumbrados a pasar las tardes para tomar una cerveza de mantequilla y departir con amigos.
Los Slytherin que regularmente molestaban a otras casas ahora estaban mas serios que de costumbre, mas resignados a que quizá un mundo exterior y la vida misma con sus altas y bajas los esperaba para no tenerles piedad alguna por mas sangre pura que fueran. Los Hufflepuff hacían planes para poder verse mas a menudo, muchos habían aplicado a la escuela de aurores en Londres donde Ron, Ginny y Harry estudiarían.
Hermione no tenía un plan definido, pues le llegaban constantemente invitaciones a facultades mágicas de todo el mundo; la misma Minerva McGonagall la recomendaba ampliamente para pertenecer a su cuerpo estudiantil y destacar plenamente su participación en la salvación de Londres. Aunque eso a la castaña poco le interesaba, pues para ella fue mas una pérdida que algo memorable de contar.
La mesa principal estaba como siempre hasta el final de esa gran aula, los profesores e incluso el ministro de magia mismo habían asistido a la entrega de títulos respectivos. Mafalda Hopkin quien anteriormente era asistente de Cornelius Fudge ahora era subsecretaria al lado de Kingsley sustituyendo a Dolores Umbridge, quien ahora estaba recluida en San Mungo por desordenes mentales.
-Mis queridos alumnos, parece que fue ayer cuando por primera vez los recibí en la entrada de estas sagradas aulas, para asignarlos a una casa que a partir de ese momento los adoptaría y veo con sumo orgullo que todos han cambiado, crecido y madurado con el paso de los años, pero sobre todo ya están preparados con plena convicción de que ahora pueden no solo usar su magia, sino emplearla con sabiduría y para el bien común. Esas serían las palabras de nuestro exdirector Albus Dumbledore… que de estar en mi lugar concordaría conmigo en que son una generación de magos y brujas fuertes… ustedes pertenecen a una generación diferente, marcada en muchos sentidos, se han visto en la necesidad de afrontar diversas situaciones a lo largo de su formación… no ha sido nada fácil ni agradable vencer los obstáculos a los que ustedes le hicieron frente, sin embargo, por eso mismo son una generación de guerreros, una generación de magos y brujas que se enfrentaron al mal, lucharon y salieron victoriosos
La profesora ataviada con motivos plateados enunciaba a cada personaje relevante de esa parte de la historia así como también decesos, pérdidas, los héroes caídos provocando con esto lágrimas de los ahí presentes. Los demás la escuchaban con atención haciendo un recuento de los daños sin omitir un detalle, pues habían sido testigos de cada uno de los sucesos.
Era un discurso sumamente emotivo, que tocaba las fibras más sensibles de los presentes, eran demasiados sentimientos por procesar, muchas emociones en algunos casos contradictorias; la inevitable felicidad por culminar esa etapa en sus vidas se sumaba a la nostalgia por dejar atrás los últimos vestigios de una infancia que vivieron a trompicones, pero sin duda no se podía dejar de sentir ese sabor amargo por todos aquellos que no tuvieron la oportunidad de una vida.
Hermione no pudo evitar mirar de reojo a Draco quien se miraba serio, diferente a otros días en comparación con la figura altanera que conoció cuando tenía tan solo once años de edad. Ese niño que ostentaba de su dinero, su posición, su poder, el abolengo de sangre pura que albergaba su familia había muerto; definitivamente perecido también en la guerra para dejar en su lugar a un hombre contrariado y azotado por los fantasmas que convergían de su vida pasada.
Draco se encontraba en la parte media de los de su casa, y a su lado Pansy Parkinson quien fuese siempre su mejor amiga, su confidente. Hermione lo contemplaba, aún recordaba lo sucedido en el lago, sintiendo en sus labios el sabor de ese beso desesperado donde le confesaba lo que sentía, todavía preguntándose desde cuando callaba ese sentimiento, todo eso que por apariencia no sacaba a relucir por temor al qué dirán.
Pudo notar sus ojos brillantes y una lagrima resbalando de uno de sus ojos grises que fue limpiada mucho antes de que cualquiera se diera cuenta de sus debilidades, pero no mostraba tristeza, mostraba resignación, una muestra tal vez de que caminaría con la frente en alto ante la adversidad de ser conocido como el traidor o la escoria. La castaña había leído que Lucius estaba en Azkaban y probablemente ahora las cosas cambiarían sobremanera para los Malfoy, sobre todo… para ese rubio.
Ella no pudo evitar llorar con él, haciéndolo en silencio, escuchaba a todos hablar, despedirse, aquel discurso de McGonagall le había removido demasiadas cosas, heridas que aun no sanan por completo, pero estaba concentrada en esa mirada gris llena de dolor contenido, lleno tal vez de arrepentimiento por un camino que no deseaba seguir, hastiado de mantener una imagen que difícilmente sería creíble para los demás y sobre todo… el odio a si mismo por no revelarse contra todo eso en su momento.
Hermione creía que Draco era una víctima más en aquella guerra, sin importar lo que el resto de la sociedad mágica pensara. Dudaba mucho que hubiera sido de otra manera, aun cuando en su mansión familiar estuviera albergado el cuartel de los mortifagos. Desgraciadamente había nacido en la familia equivocada en el momento menos indicado, así se vio arrastrado para las demandas y exigencias que competía haber nacido en una cuna de oro.
Absorta en sus pensamientos, a penas fue consciente de la mención por parte de la directora.
-Hermione Jean Granger, mención honorífica en todas las materias obteniendo en la historia de Hogwarts el promedio más alto después de Lily Evans, un aplauso por favor.
En ese momento la profesora ovacionaba a la chica y todos los ahí presentes aplaudían como nunca por la gran estima que le tenían a la castaña, pues para ellos siempre había sido una chica gentil, dulce y fuerte que los ayudaba dada la oportunidad.
Draco volteaba sin darse cuenta que estaba siendo observado por unos ojos caramelo, los mismos que se habían percatado de la lagrima traicionera que había escapado de sus ojos.
Sostuvo su mirada perdiéndose en la calidez de sus ojos, rememorando ese instante que compartieron hacia tan poco en el lago negro. Sonrió con dificultad, deseado correr y abrazarla, felicitarla por ese logro tan grande y retractarse de todas las palabras venenosas que en su momento lanzó contra ella. Solo suspiró y aplaudió serenamente sorprendiendo a los de su casa, pues no pensaron que precisamente él le dedicara siquiera un gesto de respeto.
Ella no tuvo más remedio que pasar al frente recibiendo felicitaciones de todo el mundo que no dudaban en saludarla, y lejos de disfrutarlo le incomodaba un poco ser el centro de atención comprendiendo lo que sentía Harry en todo momento. Caminó para saludar a todos los profesores quienes se levantaban para ofrecer sus respetos y se dirigió con Mcgonagall para por fin recibir su título.
Afortunadamente la profesora no le había pedido dar un discurso alentador sobre su experiencia en el colegio, pues las palabras se quedarían cortas a comparación de un sinnúmero de experiencias adquiridas, de llanto, de angustia, de aventuras que unas cuantas líneas no describirían ni una milésima parte de lo que en verdad había sido para ella cursar su educación mágica media superior en la escuela de magia y hechicería.
Se acercaba la noche y por lo tanto el baile de fin de curso estaba por iniciar en el gran comedor; sitio que previamente habia sido engalanado con no solo las banderas de las cuatro casas que la constituían sino con retratos de todos y cada uno de los alumnos de aquella generación en fotografías movibles que describían algunas vivencias durante los siete años.
Los listones, los globos, la decoración tuvieron el motivo de cada una de las características de los países de donde eran oriundos todos los alumnos, así que muchos de ellos podían sentirse identificados con su tierra estando por última vez en el colegio.
Los cotilleos, murmullos e incluso chismes no faltaban en cada una de las salas comunes de todas las casas, y en especial en la de Gryffindor, donde ahora la pelirroja hermana de Ron presumía ante sus amigas que por fin Harry se le había propuesto normalmente. Muchas se sorprendían de lo hermoso que se miraba el anillo de oro blanco con un diamante en forma de corazón que el pelinegro le obsequio días antes de la graduación y lo miraban con la esperanza de que algún día pudiesen tener uno en su dedo anular.
-¿Cuando fue Ginny? ¡Cuéntanos por favor, por lo que más quieras! - Parvati no dejaba de sostener su dedo casi intentando arrancarlo de su lugar para poder apreciar mejor la joya.
-Fuimos a Hogsmeade y bueno… solo sucedió chicas- Dijo la pelirroja, sin decir mayor detalle, aun estaba ruborizada recordando la petición por parte del hombre del que había estado enamorada desde niña. Fue una petición más bien sencilla, aunque original y algo escueta debido a que Harry no se caracterizaba por ser poético en las palabras, pues era un tanto tímido a la hora de expresar sus sentimientos.
-Esta increíble Ginny, yo sabía que tu y Harry estarían juntos para toda la vida- Mencionaba otra de las chicas alrededor de esos vitoreos.
La historia de amor de ese par en algunos momentos no estuvo definida, algunos suponían que con tantas cosas encina no lograrían permanecer juntos, pero ahora el anillo que engalanaba el dedo de la pelirroja, confirmaba que su amor había sido lo suficientemente fuerte para sobrevivir incluso a una guerra.
Hermione llegaba tranquilamente después de haber platicado un rato con Luna, ya que al compartir la torre de los premios anuales había forjado una cercanía mucho mayor a la que tenían anteriormente. Observó que un tumulto de chicas rodeaba a su mejor amiga y supuso de qué se trataba, asi que se acercó para compartir con ella su alegría deseando apartar a las demás que al parecer la asfixiaban con un mar de preguntas.
-Es lindo ¿Verdad?- Puntualizó la castaña.
-Sí, ya lo viste Hermione?- Mostraba Ginny la mano con una enorme sonrisa en los labios.
-¡Claro! yo misma lo escogí. Ten por seguro que si hubiera sido Ron quien acompañado a Harry a escogerlo tendrías un aro de cebolla frito en ese dedo como mucho.
Las chicas hicieron un silencio para después soltar carcajadas a diestra y siniestra, pues imaginaban al par de amigos desesperándose por encontrar la mejor adquisición y que seguramente Ron optaría por algo más sencillo, quizás rallando en lo absurdo, convirtiendo algo tan significativo en algo completamente fuera de lugar.
La castaña estaba feliz por ella, y aun recordaba que Harry se deseaba retractar de proponerle matrimonio pues aun no se sentía a la altura, ya que como todo hombre, no se consideraba listo para un paso tan grande como el compromiso. Hermione en cambio le daba ánimos insistiendo que ya era tiempo de tomar las riendas de su vida y que si bien no se le concedió una familia tenía derecho a comenzar la suya propia. Esa idea hizo que el chico diera aquel paso tan importante.
Después de sumarse a las felicitaciones colectivas, la castaña decidió que era el momento apropiado para retirarse a su habitación a arreglarse para el baile.
De alguna manera deseaba aletargar sus últimos momentos en la escuela pero sencillamente el tiempo era el peor aliado, despiadado como era incluso parecía que corría de manera más rápida para atormentarla. A pesar de tener un artilugio colgante que podía retrasar cada minuto e incluso cada dia, decidió que no debía jugar con eso tan peligroso; casi les costaba la vida a Harry y a ella la última vez.
Suspiró dirigiéndose a la bañera para quitarse la falda quedando tan solo en ropa interior aún con la camisa del uniforme puesta pero desabotonada; tomaba una toalla para caminar hacia a la puerta cuando en ese instante observo que algo se paraba en el filo de la ventana y entraba a su habitación para posarse en un mueble cercano. Volteó y caminó hasta ver a un cuervo de plumaje brillante y hermoso con ojos negros, tan oscuros como la noche misma y curiosamente igual de enigmáticos.
-Creo que te perdiste amiguito- Sonreía un poco acercándose al ave pero ésta retrocedía un poco alejándose de la chica, pero sin dejar de prestar atención a la misma.
-Es normal que sientas miedo, pero no te aseguro que no te are daño ¿Tienes hambre?, creo que buscare algo de carne seca que tenemos en la alacena- La chica se dirigía prontamente al sitio tomando la bolsita para alimentarlo pero cuando volteó de nueva cuenta éste no se encontraba. Suspiró un poco y dejó el paquete en el tocador para disponerse a tomar una ducha para estar lista a tiempo.
Pasando el tiempo necesario salía totalmente fresca pero aun con esa expresión taciturna, como si ese baile en lugar de provocarle una gran alegría era como una ceremonia luctuosa, una sensación peor a la de la guerra, o quizá una más grande comparada con la que Bellatrix le ocasionó en la mansión de los Malfoy, ¡Los Malfoy! Inevitablemente volvía a pensar en esos ojos grises tan próximos a su rostro, en esa boca delgada y delineada tocando sus labios y esas manos blanquecinas rodeando su cintura para fundirse en ella.
-Draco…- Susurraba a solas tomando el vestido en color azul cielo que sus padres le habían enviado para la ceremonia, extendiéndolo con cuidado sobre la cama para que no se maltratara.
Pensaba en lo mucho que se transformaron sus sentimientos hacia el rubio en tan solo un día, todo como consecuencia de ese beso robado. La sola idea de volver a ver al rubio le provocaba un vuelco en el corazón, una emoción distinta a la que sentía cada vez que lo miraba por los pasillos con esa actitud altanera y petulante. Por fin, lo había desnudado, lo había expuesto después de tantos años cayendo a la cuenta de que las apariencias engañaban de maneras misteriosas. Y tal vez, si el mismo Dumbledore viviera le daría un consejo acertado sobre la diferencia entre un enemigo y un enamorado.
Se sentaba en el tocador para tomar la plancha de cabello y moldear cada mechón de manera circular para rizarlo un poco conservando la caída y el largo del mismo. Así mismo, opto por un maquillaje delicado que asentara los rasgos de su cara, ampliando su mirada y definiendo mas el color de sus labios, todo con el fin de dar una buena impresión a todos los de la ceremonia, sin dejar de ser ella misma.
Se tomo su tiempo en cada detalle, disfrutando de esa pequeña transformación que se obraba en ella con ese elegante atuendo. No le importaba llegar tarde en lo absoluto, a pesar de la puntualidad que la caracterizaba, ese día se permitió entretenerse, después de todo, no tenía una pareja de baile, no era porque no hubiera tenido invitaciones, era mas bien que simplemente no se había detenido a pensar como todas las demás chicas, sobre quién sería el afortunado que iría de su mano, pues ahora, ya no estaba un Viktor Krum que la rescatara de las criticas o las habladurías sobre su soltería.
A esas alturas de su vida había superado sus inseguridades y no necesitaba demostrarle a nadie lo que valía. No había elegido a nadie de los caballeros que habían solicitar ser su pareja, en mucho porque estuvo más entretenida en otros menesteres y no deseaba agobiarse con una decisión que la llevara a tener que hacer preparativos para quedar bien con una pareja.
Se colocó adecuadamente el vestido admirando el escote pronunciado; pues esas facciones de niña contrastaban a la perfección con sus curvas definidas. Ni ella misma se había dado cuenta de lo mucho que había cambiado en el transcurso de toda su vida en el colegio de magia. Había estado demasiada ocupada por mantenerse con vida como para notar el cambio que se efectuaba en su persona, sin embargo, ahora con regocijo podía admitir lo que la naturaleza había obrado en su persona.
Sonrió para si misma poniéndose la gargantilla con rostro de león en su cuello y aplicando algo de perfume en zonas estratégicas. Mientras se terminaba de poner la joyería daba una vuelta ligera para observar el largo del vestido de tela sedosa que se unía a su cuerpo como una segunda piel, sus zapatos altos del mismo color y un chal de seda que acompañaban a la perfección todo aquel conjunto sofisticado, muestra del exquisito gusto de la señora Granger tenía en el vestir.
-Estoy lista- Se dijo a si misma admirando por última vez su imagen en el espejo.
Sus tacones se hacían sonar mientras bajaba las escaleras con cuidado para no tropesar.
Harry, Ron y los demás se habían adelantado para alcanzar una mesa, donde pudieran estar todos juntos. Hermione lo considero una grandiosa idea, pues deseaba un momento a solas esa noche para ver la sala común de Gryffindor para despedirse del lugar de manera adecuada y sin interrupciones.
De pie en el centro de la sala común giraba lentamente, admirando y al mismo tiempo grabando todos y cada uno de los detalles del lugar; la hermosa chimenea de piedra frente a la que paso tantas tardes y noches embargada por su calor; camino un par de pasos para pasar sus manos por los libreros y las mesas de estudio, acariciando suavemente la manera irregular, esas muescas que los años han dejado en ellas, recordatorios de todos los jóvenes estudiantes que en el algún momento de sus vida estuvieron en ese mismo lugar pero en otros tiempos.
Los cuadros adornando las paredes, el color de los mullidos sillones, el olor peculiar podía jurar que aun percibía un poco de ese aroma extraño que quedo en el aire después de que los gemelos Weasley pasaran por ahí años atrás con sus bombas fétidas y sus explosiones por las tantas bromas de su repertorio.
Sus ojos se fijaron en los retratos que a su ves la observaban con los ojos acuosos, con ese mismo sentimiento que la embargaba a ella en ese momento. Les sonreía con cariño, con ese respeto afable que siempre le habían inspirado, agito su mano enguantada de seda azul a manera de despedida. Inundada por esa abrumadora sensación de perdido, no podía creer que ese fuera su último día como estudiante en Hogwards.
-Los extrañaré mucho, y siempre los llevaré en mi corazón. -Su voz era un poco más que un murmullo, su voz rota por la emoción le impedía expresarse con su característica elocuencia. Le hubiera gustado decir algo más, pero se sentía incapaz de hacerlo sin ponerse a llorar.
-Viaje bueno Hermione Granger, atrapa siempre tus sueños, no los dejes ir- Un viejo profesor de cabellos encanecido y barba indicaba solemnemente desde su retrato y la castaña mordía un poco sus labios para no llorar. No deseaba estropear su maquillaje.
Salió por fin de la torre de los leones caminando lentamente hacia las escaleras cambiantes donde podía observar a los últimos alumnos llegar ataviados con sus atuendos galantes, hermosos, como cada baile de navidad o Halloween. Sonrió para si misma bajando lentamente cada uno de los escalones de piedra, observando a alguien que llamo su atención y la dejó gratamente sorprendida, pues no pudo evitar que con su sola presencia su respirar se detuviera por unos instantes.
