CAPÍTULO 1
1
13 de Enero de 2007, 07:06 a.m.
Reiner Wolf se encontraba desayunando en la misma cafetería de cada mañana. El mismo café doble a la americana, muy fuerte y amargo, y un cigarrillo después. La misma mesa de la esquina, lo único que variaba cada semana era el libro que sostenía mientras desayunaba antes de volver al trabajo. Echó un vistazo a su reloj, aún era temprano, por lo que volteó la vista de nuevo al libro. La literatura clásica era su única pasión fuera del trabajo.
La campanilla de la puerta sonó cuando un nuevo cliente entró y un remolino de fría brisa entró con quien quiera que fuera. Ni si quiera levantó la cabeza, le daba igual. Sin embargo, el sonido de unas botas no se detuvo en ningún lugar, siguió hasta que llegó a su altura y se paró justo delante de él.
- Agente Wolf.-dijo alguien al otro lado de la visión de su libro.
Sí, Reiner Wolf era policía, a pesar de que su apariencia no lo diera a entender a primera vista. Reiner tenía el pelo abundante y desordenado, en punta y de color negro. Sus ojos eran claros pero de expresión dura, y sus rasgos faciales eran rectos y atractivos. Desde el principio se negó a llevar uniforme, siempre había opinado que la gente actuaba diferente en presencia de uniformes, por lo que se limitaba a ir con su chaqueta de cuero y vaqueros, o como se decía en argot: de "paisano". Los habitantes de Shadenburg conocían de sobra a sus agentes, por lo que no debió de pelearse con mucha gente para prescindir de su uniforme.
Reiner le dio una larga calada al cigarrillo antes de levantar la vista hacia el agente Stauffemberg, un señor entrado en años con bigote blanco y mejillas sonrosadas. Algo debía de haber pasado, algo gordo como para que fueran a buscarlo expresamente tan temprano. El departamento de policía de un pueblo como Shadenburg no se caracterizaba precisamente por el desbordamiento de trabajo policial. Es más, apenas eran una veintena de agentes activos y la sección más popular era la de objetos perdidos.
- No me lo diga.-contestó expulsando el humo mientras hablaba.- Otro de esos críos malcriados se ha deslomado en la montaña o se ha perdido en el bosque.
- Verás… Wolf.-Stauffemberg tenía el ceño fruncido y a pesar del frío daba la sensación de estar sudando, luego continuó en voz baja:- De madrugada hubo… un asesinato.
Reiner soltó la colilla en el cenicero y comenzó a interesarse por el asunto. Su trabajo por lo general era aburrido, se paseaba por las calles, comprobando que todo estuviera como siempre, firmaba papeles, atendía a la gente… No es que le gustara la idea de que se hubiera cometido un asesinato en Shadenburg, pero había que reconocer que era toda una sorpresa.
- ¿Qué ha pasado?
- Se lo contaré de camino al lugar de los hechos, la noticia no ha salido el periódico, por lo que nadie sabe nada y es mejor que así sea antes de concretar qué se le dirá a la prensa.
Reiner pagó la cuenta y sacó un nuevo cigarrillo al pisar la calle con el agente Stauffemberg. Realmente supondría un duro golpe para el pueblo. Shadenburg sacaba sus mayores ingresos económicos del turismo ya que poseía una famosa estación de esquí y el encanto de los clásicos pueblos europeos que tanto atraía al turismo extranjero, pero contando con todas las modernidades y lujos.
- Bueno, empieza a cantar, Stauffemberg.-dijo dando la primera calada.
- En realidad… han sido varios asesinatos.-suspiró. Reiner se quedó mirándolo atónito. Más de uno, qué locura, nunca pensó vérselas con algo así en su puesto.- El médico forense ya está en el lugar de los hechos y… hay algo más.
- ¿Cómo?-casi exclamó.- ¿Aún hay más?
- Mañana por la mañana tendrá los informes de las víctimas sobre su mesa, Wolf, el asunto, como verá, es raro de cojones. Y aparte… se está barajando ya la posibilidad de pedir ayuda a la Interpol.
Reiner volvió a ceñir el entrecejo.
- ¿La Interpol?-casi rió. Realmente era como salir de la sartén para caer en las brasas.- ¿Qué pinta alguien de la Interpol aquí?
- El número de víctimas es más que suficiente para iniciar una investigación exhaustiva, no es ninguna tontería lo que va a ver. Además, ninguno era alemán o del pueblo, y es precisamente por el hecho de que todos fueran turistas extranjeros por lo que a la Interpol puede interesarle.
- Bien, de acuerdo. ¿Se sabe algo del móvil, posibles asesinos, motivos o lo que sea?
Stauffemberg tardó un poco en contestar, pero después miró directamente a los ojos de Reiner, quien percibió al instante un asomo de terror en ellos. Al parecer había algo más que aún no le había contado y tenía todas las papeletas de ser la guinda del pastel.
2
18 de Enero de 2007, 06:00 a.m.
A Liese Krauser le costaba correr, estaba agotada y herida, pero algo la perseguía y no podía permitirse el lujo de descansar. Los edificios de la ciudad eran como monstruosas sombras gigantes, apenas había luz en las calles y sólo tenía su linterna reglamentaria. Casi tropezó con la cantidad de escombros que había por el suelo de asfalto, pero consiguió virar la esquina de un edificio y ocultarse en las sombras aunque sólo fuera para retomar el aliento.
Con un rápido movimiento, hizo deslizar el cargador vacío de su Beretta de nueve milímetros y, con la otra, buscó uno nuevo por entre los compartimentos de su cinturón. Nada. Estaba realmente jodida y lo sabía.
Asomó la cabeza por la esquina del edificio para comprobar con alivio que su perseguidor no daba rastro de vida y entonces pudo expulsar por fin todo el aire que estaba conteniendo desde hacía rato.
Necesitaba un plan… un buen plan.
La quietud del callejón fue interrumpida por un sonoro estruendo que lanzó lejos unos contenedores de basura que tenía próximos. Liese se cubrió la cabeza por acto reflejo, por suerte no la había alcanzado nada pero la había encontrado. Al levantar la vista vio como una garra gigantesca había surgido de entre las sombras. Retrocedió a trompicones, meneando la cabeza como si negara la existencia de la criatura que se le aproximaba, trastabilló con los escombros hasta que se detuvo cuando chocó de espaldas contra una pared. Ahí estaba él de nuevo… y el tiempo pareció detenerse por un instante.
Una silueta humanoide alta y de hombros anchos se le acercaba. Por fin había salido a su encuentro. Era musculoso y aún conservaba su rostro humano, solo que ya no lo era, y la prueba de ello era la enorme garra que ahora era su brazo derecho, la cual balanceaba en acto amenazante. Pero sin duda, lo más estremecedor era una especie de tumor grueso y ensangrentado que hacía las veces de corazón y le latía húmedamente, casi saliéndosele fuera del pecho.
- Jack…-jadeó, pero dudaba que pudiera oírla siquiera, que hubiera algo más en él aparte del instinto de depredador.
Liese se levantó para volver a correr. Sabía que a la hora de la verdad no iba a ser capaz de hacerle daño a su hermano… o más bien a lo que había quedado de su hermano en ese cuerpo monstruosamente mutado. Sin embargo, por mucho que corriera, sintió que se le echaba encima. Vio cómo su sombra la cubría y la adelantaba y, entonces, oyó un gruñido sobrenatural a su espalda, muy cerca, y segundos después la potente y letal garra de su hermano atravesaba su cuerpo.
- ¡Noooooo!-Liese casi saltó de la cama, intentando deshacerse de las sábanas que se le habían enrollado de forma angustiosa al cuerpo.
Se quedó quieta durante unos momentos, mirando las paredes grises del dormitorio que le habían asignado en los cuarteles militares de la BSAA. Respiró profundamente mientras se pasaba las manos por el sudoroso rostro, aquella pesadilla la perseguiría toda su vida. La muerte de su hermano mayor ya había sido un hecho lo suficientemente traumático como para que le hubieran dado además todo lujo de detalles acerca de su muerte en Europa hacía casi tres años. Pero ese hecho le había enseñado que en la vida puedes elegir entre hundirte o levantarte todas las veces que hagan falta, y ella ya había escogido. El problema es que cuando intentas levantarte, los golpes son más duros y duelen más, y eso lo sabía de primera mano.
Una luz débil entraba por las rendijas de las persianas de acero, debía de estar amaneciendo. Miró el reloj digital de la mesita de noche que marcaba las 6:20 a.m. Era hora de levantarse, de hecho, ya se oía movimiento en los dormitorios contiguos. La habitación no era gran cosa, sólo una cama individual, una mesita y una cómoda, pero al menos tenían cuarto de baño privado, estrecho, pero privado.
Con un suspiro, Liese se dirigió al baño para darse una buena ducha y así aclarar su mente. Cuando notó como el agua le recorría el cuerpo, cerró los ojos, pensando en su pesadilla recurrente, en lo que quería decir, el motivo por el que había optado sacrificar su vida para unirse a la BSAA, un grupo militar de nivel mundial encargado de luchar contra el bioterrismo. Sí… el motivo de todo aquello era su hermano, la única familia que tenía, y por ello, se hizo la promesa de pagarles con la misma moneda a todos los que pudiera.
Sonrió con amargura.
Todo parecía muy irreal en aquellos momentos, su hermano había mutado hasta convertirse en un monstruo a manos de una organización terrorista que planeaba dominar el mundo sembrando el caos y la destrucción. Pero toda aquella artimaña no era nueva, todo había empezado mucho antes en una pequeña ciudad de Estados Unidos, Raccoon City, donde miles de personas habían muerto en horribles circunstancias. Y para más inri, su capitán de división era uno de los supervivientes, el admirado Chris Redfield. Todo el mundo lo trataba como a un héroe en la BSAA, siempre les daba charlas sobre moralidad, sobre justicia y compañerismo, el bien y el mal, lo cual le daba aún más pinta del típico héroe de las películas. Durante la academia no había hecho más que contar batallitas e historias de terror sobre un laboratorio secreto lleno de monstruos y zombis, además de una compleja conspiración por parte de la reputada empresa mundial Umbrella.
A veces todo eso la superaba, era más de lo que podía soportar. Incluso a pesar de lo que ella misma había llegado a presenciar, aún era incapaz de aceptar la verdad. Daba igual lo bien que lo contaran todo, seguía siendo una locura lo mirara por donde lo mirara, sin embargo, era lo que había escogido. Su nueva vida.
Cuando salió de la ducha, se fijó en su reflejo en el espejo. Cada vez tenía más ojeras ya que descansaba peor cada día desde que había terminado su formación militar en la academia de la BSAA y había pasado a ser soldado oficial del equipo Bravo. Esa noche había dormido cerca de seis horas, un nuevo récord, teniendo en cuenta las terribles circunstancias ocurridas en su primera misión. Se sentía como si le estuviera fallando a la memoria de su hermano y a sí misma, y no podía soportar esa sensación.
«La primera vez que de verdad quiero hacer algo bien y voy y lo fastidio»
Recogió su largo pelo rubio en una coleta y después se vistió. Esa mañana sería la decisiva y si volvía a fallar, no estaba segura de querer seguir intentando levantarse, la carga cada vez era mayor y ella cada vez se encontraba más sola. El capitán Redfield decidiría su futuro y lo mejor sería empezar a mentalizarse para lo peor, pues su día de estreno fue un verdadero desastre.
Cuando salió se dirigió a paso rápido y decidido hacia la oficina del capitán Redfield, era hora de dejar las cosas claras. «Y también va siendo hora de tener unas palabras con ese capullo de Nivans»
Por el camino pudo ver a través de las ventanas como a esa hora de la mañana ya había helicópteros despegando de las pistas aéreas, apenas había divisiones activas en otras partes del mundo por lo que la de Norteamérica era la más concurrida. El ambiente por lo general era bastante serio, las bromas y los chistes estaban en un segundo plano.
Piers Nivans se encontraba al lado de la puerta, cruzado de brazos y medio apoyado en la pared, con los labios fruncidos. Los dos habían sido citados por la misma razón y la estancia de ambos en la BSAA pendía del mismo hilo, por lo que se podría decir que estaban con el agua al cuello.
Liese alzó ligeramente la barbilla, con un cierto aire orgullo, se negaba a dirigirle la palabra. Piers la observó de reojo pero ni se movió. A Liese le parecía increíble que lo tomaran por una joven promesa, cuando en la misión había demostrado todo lo contrario, no era más que otro de esos niñatos descerebrados llenos de testosterona que tenían la inmadura necesidad de estar por encima de los demás en todo. Bueno, la verdad es que tampoco ayudaba mucho que le odiara a muerte, y tampoco era el estilo de Liese besarle el culo a nadie, y menos a un tío. Aún así, en el fondo, no le consideraba un incompetente absoluto, pero había demostrado que no se podía confiar en él.
Y justo cuando el ambiente y el silencio no podían ser más tensos entre ambos, la puerta se abrió y asomó el capitán con una expresión de pocos amigos. Piers y Liese adoptaron al segundo la posición de firmes e hicieron el saludo militar, entonces Chris les hizo un gesto para indicarles que pasaran.
Intentó respirar hondo y después soltó el aire lentamente, mientras intentaba mantener una expresión neutra. Menudo rapapolvo les esperaba.
Chris se colocó tras su escritorio con los brazos cruzados sobre el pecho, y esperó a que ambos se colocaran frente a él antes de empezar su discurso.
- Estoy tremendamente descontento con vuestra actitud.-declaró en primer lugar.- Sabéis perfectamente que lo que yo considero más importante ahí fuera es la confianza en el equipo, el compañerismo, no dejar nunca a nadie atrás. La misión es lo primero, sí, pero vuestra supervivencia también lo es.
Chris hizo una pausa, y ambos novatos contuvieron la respiración.
- Estoy al tanto de vuestras habilidades en combate,-prosiguió finalmente con un suspiro.- y por eso he dado la cara por vosotros, pero debo comunicaros que mis argumentos no han bastado para convencer a mis superiores, en la BSAA no podemos tolerar este tipo de conductas.
- ¿Van a echarnos, señor?-preguntó Piers entonces, desde luego era la pregunta del millón de dólares. Chris apoyó los brazos en el escritorio, pero mantuvo el rostro con la misma expresión.
- He conseguido llegar a un acuerdo.-comunicó tras una breve pausa en la que a Liese le pareció que el tiempo se había detenido.- Hemos recibido un aviso. La policía de un pueblo de Europa central ha contactado con nosotros por motivos que se les escapaban a sus competencias y han solicitado un equipo armado de reconocimiento. Nuestra teoría es que todo el asunto apesta a un brote de virus T, pero aún no hay nada ni culpables a los que perseguir. No han hablado de nada similar a lo ocurrido en Raccoon City, pero no vamos a correr el riesgo de que el brote se extienda. Por suerte se trata de un pueblo de montaña, lo que nos daría ventaja para actuar con la rapidez oportuna.
- Disculpe pero, ¿piensan darnos otra oportunidad mandando a nuestro equipo a Europa?-dijo ella frunciendo el ceño.
El rostro de Chris no mostró señales acerca de lo que estaba pensando, pero asintió.
- La misión es sencilla.-puntualizó.- Se trata de una misión de reconocimiento, saber qué está pasando y si es necesario desplegar a varios equipos. Se sabe que Umbrella ha caído pero no sabemos qué resquicios siguen sin resolver. Pondré mi mano sobre el fuego por vosotros dos si hace falta, pero si falláis no habrá nada que hacer e iréis a la calle. ¿Lo habéis entendido?
- Yo no.-dijo Piers.- Señor, corríjame si me equivoco pero, ¿significa todo eso que Krauser y yo vamos a tener que trabajar solos en esta misión?
Liese levantó las cejas, entre asombrada por la propuesta de una misión en el extranjero y horrorizada por tener que cumplirla con Nivans.
- Sí. Ese es el punto al que quería llegar. Ya he aceptado la misión y os he propuesto a vosotros dos como los candidatos óptimos, estaréis bajo mi mando, pero seréis vosotros los que pringuéis y además únicamente vosotros dos.-Chris se giró y desplegó un mapa que estaba anclado a la parte superior de una pizarra donde estaba señalado un punto en rojo.- Mañana a primera hora saldréis rumbo a Alemania y ni que decir tiene que si os negáis a cooperar entre vosotros, estáis en la calle, si os negáis a participar en esta misión, estáis en la calle, y si fracasáis, estáis en la calle. ¿Queda todo claro?
Piers y Liese se miraron por un segundo, cada uno mostrando una profunda expresión de desagrado en el rostro.
- Bien.-sonrió el capitán, conforme con que al menos hubieran accedido sin protestar.- Los quiero aquí a las 16:00 para una puesta al día de la información y la exposición de teorías.
3
13 de Enero de 2007, 07:06 a.m.
Reiner sentía como el corazón le daba un vuelco cada vez que contemplaba los cadáveres que ya estaban metidos en bolsas. A pesar de su rebeldía en cuanto a acatar ciertas normas, era el favorito de su superior, por lo que éste se encargó de que examinara uno por uno los cadáveres, si alguno de sus agentes estaba capacitado para manejar algo así, debía ser él.
El lugar de los hechos tuvo lugar en la zona nocturna del pueblo, donde se encontraban los pubs nocturnos y las discotecas. Y concretamente, la matanza había tenido como foco de sucesos la discoteca más famosa: la sala Kaiser. Toda la zona había sido acordonada por la policía un par de horas antes, desde que los camareros de la discoteca llamaron a la policía, para evitar así a los curiosos.
Los cuerpos que se habían recuperado estaban desgarrados y mutilados brutalmente. Los rostros habían sido destrozados por las garras o dientes de algo desconocido y los cuerpos estaban empapados de una sangre aún húmeda. El café de esa mañana se le estaba revolviendo en el estómago violentamente ya que la escena era tan fuerte que no todos los agentes presentes se quedaron a mirar más de cinco segundos. Y verdaderamente no había estómago que lo aguantara. Las víctimas habían sido cuatro jóvenes en aquella discoteca y dos más estaban desaparecidos, al menos que supieran ellos.
De repente, sintió como una sensación de desastre inminente y horror le invadía por dentro. Lo que veía se le escapaba a su entendimiento. Aquello no se trataba de ningún tipo de ajuste de cuentas o pelea de bares… Y empezaba a dudar de que allí en Shadenburg estuvieran preparados para algo tan grande como aquello. Había sido un acierto lo de pensar en contactar con la Interpol para el apoyo.
- ¿Quién de los presentes es el médico forense?-inquirió.
Una mujer de unos cuarenta años se aproximó a Reiner y los cadáveres con una expresión sombría en su rostro. Estaba contrariada por lo sucedido, tanto por lo que veían como por las primeras hipótesis que se empezaban a barajar. Verdaderamente, el horror y el pánico empezaban a aflorar entre los agentes.
- Soy Lena Müller, la médico forense del hospital. Usted debe ser el agente Wulf.-se presentó ella y después le dio un apretón de manos.
- Sí.-Reiner suspiró y miró de reojo los cadáveres, aún no se creía nada de lo que veía.- Sé que aún tiene que inspeccionar los cuerpos en su laboratorio del hospital para elaborar su informe pero me ha parecido que… que la causa de la muerte ha sido el desmembramiento y… ¿dentelladas de algún animal?
- Es exactamente mi diagnóstico inicial, sí.-la doctora Müller se cruzó de brazos apesadumbrada. No envidiaba para nada su trabajo, desde luego, sobre todo con algo como eso.
- Sin embargo, no recuerdo que hayamos tenido problemas con los lobos, doctora, no suelen acercarse al pueblo y aún así, no atacarían a la gente.-replicó él.
- Nadie ha dicho nada de lobos aquí, agente Wulf.-casi murmuró y Reiner puso los brazos en jarras con el ceño fruncido.- Aún tengo todo el trabajo por delante sobre las patologías pero diría que esas dentelladas no las ha producido ningún animal.-tras decir esto, miró a los ojos de Reiner intensamente, pero éste pareció no haber deducido la respuesta por sí solo.- Las marcas de dientes en la carne… son humanas.
4
No podía creer que esto le estuviera pasando a ella. No fue su culpa, sin embargo ahora se encontraba a la espera de oír una sentencia judicial que podría cambiarle la vida para siempre. Una semana completa en aquel juzgado, viendo como compañeros de trabajo le daban la espalda para proteger sus trabajos la hicieron sentir lo peor del mundo. Ellos sabían que Elisabeth siempre hacía minuciosamente su trabajo, aún así parecía que tenían más fuerza las coacciones de su superior que la amistad de años y años que había tenido.
Se paseaba nerviosa por el pasillo del juzgado frotándose las manos. Su respiración se había vuelto algo pesada y tenía una ligera sensación de mareo provocada por la propia ansiedad.
- ¿Quieres calmarte por favor?- dijo una voz masculina.
- ¿Calmarme? Debes estar de broma Joel.-le dijo a su abogado.- Me están acusando de la muerte de esa mujer y de su bebé sólo porque el jodido informe no incluía la diabetes que padecía y mucho menos que estuviera embarazada. Hice exactamente lo que se me ordenó, lo que Marvin me ordenó, una solución salina con ácido acetilsalicílico para combatir la neumonía que padecía. En ningún momento se me informó de que la mujer padeciera diabetes de tipo I y mucho menos que estuviera esperando un bebé. Así que no me pidas que me calme- dijo finalmente totalmente exaltada.
- Lo sé Elisabeth, lo sé. Estoy haciendo todo lo que puedo para limpiar tu nombre, pero francamente…
- Estoy jodida ¿no es así? Voy a cargar con la culpa de Marvin sólo para limpiar el buen nombre del hospital de San Marcus.-dijo finalmente sentándose junto a Joel en el banco de madera.
- Haré lo que pueda Eli, te lo juro, pero las pruebas que nos han dejado sólo te señalan a ti como única responsable.- se explicó Joel.
- ¿Iré a la cárcel?- preguntó ella totalmente preocupada.
- Intentaré que eso no ocurra. Tú guardaste la copia del informe original que está sin manipular. Puede que Marvin alterara el original, pero la copia está intacta, tal cual la escribió él. Eso te librará de la cárcel, pero quizá te inhabiliten por una buena temporada.
- Estupendo, mejor eso que nada. ¿Verdad?-echó la cabeza hacía atrás respirando profundamente.
- Tranquila.-Joel apretó suavemente la mano de la mujer a la que conocía desde hacía años pues sus familias eran muy íntimas y había crecido juntos.
- Gracias Jo….
Fue interrumpida cuando la puerta de la sala se abrió dejando ver al alguacil y al secretario judicial que les pedían que volvieran a entrar. La familia de la mujer entró antes, lanzándole las mismas miradas de odio y dolor que cada día se repetían.
Y daba igual que la responsabilidad no fuera suya, ella cargaría con esas muertes el resto de su vida sin importar que ese jurado no la encontrara culpable.
Joel apoyó su mano sobre la espalda de Elisabeth para que caminara, ya que se había quedado parada en medio del pasillo.
- Vamos Eli, un poco más y ya estará- la animó él.
Resignada e intentando asimilar que esto se acababa, entró en la sala y tomó asiento.
- En pie- ordenó el alguacil.
Todos los presentes se levantaron de sus asientos cuando el Juez entró en la sala y volvieron a sentarse cuando éste se sentó también.
- Vamos a proceder con el veredicto del jurado en el caso de la acusación particular de la familia Anderson contra Elisabeth Anne Green por negligencia médica. ¿Tiene el jurado un veredicto?- preguntó el Juez.
- Sí señoría- respondió el portavoz del jurado poniéndose en pie.
La puerta de la sala se abrió y Marvin, el jefe médico del hospital San Marcus de Londres, entró. Elisabeth le miró fijamente, era su culpa, él lo sabía y sin embargo le daba igual. Tenía demasiado dinero como para que le importara la miserable vida de una simple trabajadora de su hospital. Triste y cruel realidad.
- Este jurado- continuó el portavoz- ha decidido que sobre los cargos de negligencia contra Elisabeth Anne Green, la acusada es declarada….
Hizo una pequeña pausa mientras el corazón de Elisabeth parecía salirse del pecho.
- Inocente, dadas las pruebas presentadas se considera que Elisabeth Anne Green no fue responsable directa de los hechos. Nos basamos en el documento número 7 presentado por la defensa. La copia del documento que recibió la acusada y la correspondiente copia manipulada. Aún así, este jurado considera que la acusada deberá ser inhabilitada por un periodo de dos años dado que entendemos que su misión principal debió haber sido revisar el expediente médico de la paciente que se conserva en el propio hospital antes de suministrar medicamento alguno- concluyó finalmente.
- Muy bien- dijo el magistrado- ¿Quiere la acusada ponerse en pie?
Con las piernas temblando, Elisabeth se puso en pie junto con Joel.
- Este tribunal declara inocente a Elisabeth Anne Green de todos los cargos, sin embargo quedará inhabilitada por un periodo de dos años en el ejercicio de su profesión médica. Caso cerrado- dijo finalmente golpeando con el mazo.
Las voces de los asistentes se hicieron presentes. Elisabeth respiraba con dificultad y Joel se dio cuenta.
- Eli, ¿Estás bien? Se acabó, no te han encontrado culpable directa de los hechos. Te inhabilitan, pero nada más. Así que tranquila- dijo él.
- ¿Qué pasará ahora?- preguntó preocupada.
- Probablemente la familia de la víctima presente cargos contra Marvin y el hospital- explicó Joel.
- Me alegro de que así sea y que este maldito hijo de puta no se salga con la suya- dijo ella mirando con odio a Marvin que hablaba por teléfono con el rostro desencajado ante la posibilidad de que se abriera una nueva investigación sobre él.
- ¿Qué harás ahora?- preguntó Joel preocupado.
- Buscar una nueva vida, he oído que Tricell está buscando nuevo personal.- respondió ella.- Gracias por todo.
Recogió su bolso y salió de la sala, necesitaba salir de allí inmediatamente, dejar atrás toda esta pesadilla, si es que realmente podía….
