-Siempre deben de estar atentos a lo que hacen, y ser dedicados- mencionaba el casamentero a Víctor y Victoria.
Era ya el tercer día que ensayaban, y simplemente Víctor no lograba hacerlo correctamente, tal vez por los nervios, tal vez simple torpeza, o a lo que más lo atribuía: que no quería casarse.
Estuvo conviviendo un poco con Victoria, y sobre todo viéndola en los ensayos y seguía en su posición, era buena mujer, pero no la indicada.
-Otra vez, desde los votos- dijo el casamentero.
Víctor pasó saliva y se aproximó.
-Con, con está mano sostendré tus deseos, no, anhelos, seré tu copa y tu vino, no no, tu copa nunca estará vacía porque, porque yo, he
El casamentero dio un golpe en la mesa.
-No puede ser que ha estas alturas no pueda mencionar bien los votos señor Víctor, estamos a pocas semanas de la boda, no, yo no puedo dirigir esta ceremonia si no hay compromiso por el novio- dijo.
-¡Aguarde! No puede cancelar, todas las invitaciones ya han sido entregadas- dijo exaltada la madre de Victoria.
-Si el novio no se aplica, no me expondré a dirigir un ridículo, señora.
-Oh, por favor, no hay necesidad de exaltarse tanto, Víctor aprenderá los votos, y le aseguro que mañana estará listo- dijo la madre de Víctor.
-Si no está listo mañana, se cancela, y sin discusión- dijo el casamentero antes de salir dando grandes zancadas.
-Bien, que así sea- dijo el padre de Victoria y también salió, acompañado de su esposa.
-¡Esperen, lo hará bien!- dijo la madre de Víctor y jalando a su esposo salió corriendo tras los señores, dejando a Víctor y Victoria solos.
-Que metida de pata- comentó Víctor rascándose la cabeza.
-No te preocupes, con un poco de práctica estoy segura que lo lograrás- le contestó Victoria.
-No estoy tan seguro, me pongo muy nervioso, y tengo actitud de torpe, así que ¿qué me espera?, nuestros padres me matarán si consigo que esto se cancele.
-Diría que lo único que puedes hacer es relajarte Víctor, ¿por qué no das un paseo o haces algo que te guste? Despeja tu mente y vuélvelo a intentar, estoy segura de que lo harás mejor mañana.
Víctor la miró, y le sonrió tímidamente, tal vez el saber que se casaba con una buena persona lo motivara.
-Eso haré- respondió, un poco más seguro.
-¡Víctor! ¡Vámonos!- escuchó decir a su madre desde la sala principal.
-Bueno, hasta mañana- le dijo a Victoria y salió por la puerta.
-Vamos, sube al carruaje- dijo su padre en cuanto salió de la casa.
-Preferiría ir a pie, quiero despejarme un poco y
-De eso nada, lo que tienes que hacer es practicar- comenzó su madre- no arruinaremos la boda por tus errores y
-Puedes ir hijo, cochero, vámonos- contestó su padre, a lo que Víctor agradeció, y al instante el carruaje partió, dejando oír las protestas de la madre de Víctor, a veces el señor apoyaba a su hijo en estas pequeñas cosas, sabiendo que era difícil complacer los deseos de su madre, ya que él pasaba por eso a diario.
Víctor comenzaba a caminar sin rumbo fijo, sólo a donde lo llevaban sus pies, y no dejaba de pensar en la boda mientras el sol comenzaba a ocultarse.
Después de un rato, ya siendo de noche se percató de que estaba en la entrada del bosque, y no queriendo regresar ya a su casa, se adentró en él.
-No puede ser tan difícil, tengo que hacerlo bien, sé que no quiero pero aún así no es como que me dieran elección, además Victoria es una buena chica, no merece ser ridiculizada el día de su boda- se paró entre los árboles y sacó de su bolsillo el anillo de plata que le daría a Victoria en la ceremonia.
-Veamos- se aclaró la garganta- con esta mano sostendré tus anhelos, tu copa nunca estará vacía porque yo seré tu vino, con esta vela iluminaré tu camino y con esta mano, te pido ser mi mujer- al finalizar puso el anillo en una delgada rama de un árbol.
-Wow, lo hice bien- sonrió un poco- jaja, sí.
Se acercó para recoger el anillo, pero en ese momento notó cómo se movía, a lo que se quedó quieto y asustado, mientras, la rama comenzó a moverse más y se abrió una grieta en el suelo por donde comenzó a salir una figura debajo de ella, y comenzaba a subir cada vez más rápido, todo se puso frío, el aire comenzó a sacudir los árboles y las hojas volaban alrededor del lugar, y Víctor comenzó a alejarse lentamente sin apartar los ojos, hasta ver una sombra, después la luna salió de entre las nubes y la divisó: una mujer, vestida con un vestido de novia algo roto y viejo, cubierta con un velo en la cara y el resto flotando tras ella.
Se llevó la que creía una rama (que en realidad era su mano) a la cara y se alzó el velo.
-Acepto- susurró.
Y Víctor vio borroso antes de desmayarse.
