BUENO ALGUIEN ME MANDO UN MENSAJE Y ME DIJO _¡OYE! ¿Por qué NO PONES UN CAPÍTULO EXTRA DE LA HISTORIA PARA QUE SEPAMOS MÁS DE QUE VA? Y YO DIJE ¿Por qué NO? ASÍ QUE AQUÍ TIENEN EL PRIMER CAPÍTULO CONTADO POR BELLA. ESPERO LES GUSTE Y ENTIENDAN DE QUE VA LA HISTORIA PARA QUE SU DECISIÓN TENGA MÁS MATERIAL PARA DECIDIR. BESOS. LAS AMA Jane.

P.D VEN MI NUEVO NOMBRE?

Disclaimer: Los personajes de Twilight le pertenecen a la fabulosa S. Meyer la historia yo solo la adapto a Twilight, espero que la disfruten y sea merecedora de sus comentarios, hacia mi adaptación y la magnífica historia… Si saben cómo quitarle a Edward a S. Meyer díganmelo por favor. jajaja

Disfruten… *Nota al final. Besos…

MUSICA_ Skylar Grey – I Know Yoy.

SEDUCCIÓN…

Las mentiras del pasado, engaños del presente, traiciones del futuro, son sucesos que harán que estos dos amantes se internen en el camino de la seducción sin ser consientes del amor que entre ellos surge a través del tiempo.

=CAPÍTULO 1 POV BELLA=

Después de pasar la primera semana del año con el padre de mi hermanastro en Swan regreso el martes 8 por la mañana a Seattle. Tampoco puedo quejarme, he sido yo la que ha decidido buscar trabajo fuera del entorno de mi hermano.

Tengo una entrevista de trabajo para entrar a trabajar en una empresa de ámbito internacional, cuyas oficinas centrales están situadas en la zona del centro. Tan solo tres personas saben de esta entrevista: Jacob, mi amiga Alice y Charles, el padre de

Emmett, mi medio hermano. Aunque a ninguno de ellos le he dicho el nombre de la empresa. No pude evitar contárselo también a Charles, aunque le pedí encarecidamente que me guardase el secreto.

No he querido contarle nada a Emmett, para que no influya de alguna manera o trate quizás de evitar que me ponga a trabajar. Seguro que me pediría que trabajase con él en alguna de sus empresas. Por el momento prefiero ser independiente. Demostrar que puedo salir adelante por mí misma sin tener que depender de mi hermanito rico. Si. Mi hermano es rico. En realidad la fortuna de la familia de mi hermano procede de su padre,

Charles Swan V, que a su vez es el noveno Duque de Lichfield, por lo que mi hermano en el futuro será Emmett Swan VI y heredara el título. Al fallecer su abuelo se convirtió a su vez en el VI marqués de Mossley, pero al contrario que su padre no utiliza los privilegios que le otorgaría el uso del título.

Estoy citada a las 11 de la mañana aunque me hacen esperar casi media hora en recepción. Por lo visto, el gran jefe ha tenido un imprevisto.

– ¡Buenos días! – Saludo a una concentrada recepcionista en lo que sea que esté haciendo en ese instante. Es la segunda vez que paso por allí, aunque en la otra ocasión fui directamente a la tercera planta donde está el departamento de Recursos Humanos. Fue el jefe de dicho departamento, con quien me reuní en aquella ocasión. Solo espero tener suerte y ser yo la elegida. El edificio donde se encuentra la empresa es un inmueble de reciente construcción de 8 plantas de altura. Ahora mismo estoy en la recepción del área de dirección situada en la última planta del edificio. – Soy Marie Swan – continúo dirigiéndome a la recepcionista. – Estaba citada para una entrevista con el director. Lo siento pero no me han facilitado su nombre. – Me explico. En realidad, mi nombre es Isabella Marie Swan, aunque mi familia y amigos me llaman Bella, cuando me decidí a buscar trabajo opte por utilizar solo mi segundo nombre. Isabella suena demasiado pomposo y no soy una persona a la que le guste ostentar de lo que pueda o no pueda tener.

Mi hermano nunca ha entendido porque prefiero vestir ropa de Zara o Mango, en lugar de

Carolina Herrera, o cualquier otro diseñador de reconocido prestigio. No digo que no lo haga en ocasiones puntuales y mucho menos que no me guste.

– Buenos días señorita Swan. – Contesta educadamente haciéndome retornar al mundo real, la castaña de ojos verdes, que me mira desde el otro lado de su mostrador, a la vez que se levanta de su silla dirigiéndome toda su atención. – Siento informarle que el director viene con retraso de una reunión fuera de la oficina. ¿Si no le importa sentarse un momento y esperarlo? – Me señala mientras me da las correspondientes explicaciones, con la palma abierta de su mano hacia un sofá doble de cuero blanco, de la gran sala de recepción, con una mesita de café justo en frente.

– ¡Claro que no!. – Digo con la mejor de mis sonrisas.

– ¿Le apetece un café, un refresco?. – Me pregunta por cortesía.

– No, gracias. – Le respondo. Sé que si intento tomar algo, mis nervios conseguirían que acabara derramándome algo encima de la ropa.

Hace bastante calor dentro de esas oficinas, por lo que me tomo la libertad de quitarme el abrigo antes de sentarme, el cual, me queda entallado a la cintura, desde donde forma un ligero vuelo con un largo a la altura de las rodillas, con lo cual, me cubre el vestido de punto entallado a mi cuerpo en color burdeos de manga larga que llevo debajo por completo. Es completamente recto y me cubre un par de centímetros por encima de las rodillas. He optado por unas medias negras con unos zapatos de 8 cm también negros.

Para controlar mis rizos me he recogido el pelo en un moño bajo, dejando escapar algún mechón suelto por las sienes tapando las orejas. Mostrando a su vez unos pendientes de perla blanca engarzados en oro. Sencillos a la par de elegantes. También he optado por ocultar el gris de mis ojos tras mis gafas de pasta con forma de media luna negras. Sé que mis ojos a veces resultan demasiado intimidatorios. Habitualmente alterno el uso de las gafas con lentillas.

Me siento donde me han indicado, desde donde tengo una panorámica inmejorable de la estancia donde me encuentro. Es bastante grande. El mostrador en forma de U está situado justo en frente de los dos ascensores que dan acceso a la oficina, y justo en frente del lateral de esa misma U, está el sofá donde me encuentro sentada. Cruzo las piernas y dejo mi bolso sobre mi abrigo a un lado. Llevo esperando cerca de 30 minutos, tras los cuales mis nervios e impaciencia se van acrecentando. Parece que ella capta mi nerviosismo y en un momento dado, se acerca a mí para indicarme que no tendré que esperar mucho más.

Apenas han pasado 5 minutos, cuando oigo el timbre del ascensor indicando que alguien ha llegado. No me hago ilusiones, creo que es ya la cuarta o la quinta vez que lo escucho, pero aun así un imán invisible me obliga a alzar la mirada. Veo a un hombre alto, apoyado contra el mostrador y de espaldas a mí, hablando con la castaña de ojos verdes. Desde donde estoy, puedo comprobar que es un hombre de hombros anchos, se pueden advertir sus músculos bajo el traje gris marengo de raya diplomática y realmente caro que lleva puesto. Tiene el pelo negro y rizado, aunque los lleva controlados con gomina. Bajo su brazo cuelga un abrigo negro. Tras escuchar lo que le dice la mujer, se gira hacia donde estoy yo y comienza a caminar hacia mí. Es entonces cuando puedo verle la cara.

Creo que mi tono de piel se ha debido de volver más blanco de lo habitual.

No puede ser, de todas las empresas que hay en Seattle, no puedo haber acabado haciendo una entrevista en la de él. El mejor amigo de mi hermanastro. Sin darme apenas cuenta, su mirada hace que me traslade al pasado. A un recuerdo grabado a fuego en mi memoria. Era la víspera de mi 16 cumpleaños. Un 13 de septiembre de 2006.

(*.*)(*.)

¡Hola princesa!. ¡Siempre tomas el sol así! – Me dijo una voz en mi oído. Estaba cómodamente tumbada boca arriba tomando el sol en topless en la torre más alta de casa a la cual solo se accede a través del corredor donde se encuentra mi habitación, por lo que solamente yo, mi hermano o el servicio suele acceder.

En raras ocasiones lo veía, ya que al estar interna en un colegio de monjas, rara vez tenía oportunidad de ver a sus amigos. Rápidamente quise ponerme la parte de arriba de mi bikini, que había dejado abandonado en el suelo. Pero él fue más rápido y tras agacharse para recogerlo, lo mantenía retenido entre sus manos, situándolas a su espalda, mientras se sentaba en mi tumbona a la altura de mis caderas. Automáticamente me cubrí mis pechos con los brazos lo cual le hizo esbozar una sonora carcajada.

Sin darme tiempo a reaccionar me cogió de las muñecas para situarlas por encima de mi cabeza, y reclinándose ligeramente con su cuerpo contra el mío, pero sin llegar a tocarnos me dijo. – ¡Deberías echar el cerrojo de la torre cuando subas aquí a tomar el sol!. – La sonrisa seductora que me regalo, hizo que algo desconocido entre mis piernas consiguiese estremecerme. – ¡Sobre todo si lo vas a hacer desnuda!. – De nuevo otra sonrisa. Moví impulsivamente mis piernas doblándolas y extendiéndolas sin ser yo realmente quien las controlaba.

Pues como has entrado tu podría entrar cualquiera ahora mismo, – le dije tratando de liberarme de él, pero sin conseguirlo. – Incluso mi hermano. ¿Cómo lo explicarías? – Esboce una sonrisa forzada. – Además, – le dije dando muestra de una seguridad en mi voz que no sé muy bien de donde la saque e ese momento, tras de dejar de moverme. –No estoy desnuda. ¡Estoy haciendo topless!

Para su información señorita. – Me dijo muy despacio. – He echado el cerrojo, por lo que nadie puede acceder si no le abrimos y por otro lado. – Continuaba hablando mientras recorría todo mi cuerpo con la mirada a la vez que esbozaba una gran sonrisa. – ¡No es que esas braguitas que llevas tapen nada! – Subió de nuevo su mirada a mis ojos, y soy fui capaz de sentir como su respiración cambiaba, tornándose completamente acelerada. – Bells – me dijo intentando recuperar la compostura. – ¿Cuantos años cumples mañana?

16. – Le respondí también con mi respiración acelerada. Sentía como mi pecho subía y bajaba. Estaba tan cerca de mí, que a veces mis pezones rozaban ligeramente su camisa. Sabía que a pesar de ser tan joven, mi cuerpo aparentaba más edad.

¿Eres virgen?. – Me preguntó mirándome a los ojos.

¡Que!. – Mi voz manifestaba que me sentía claramente insultada por su pregunta. – ¿Cómo te atreves a preguntarme algo así?. – Le respondí realmente ofendida con otra pregunta.

¡Respóndeme!. – Me contesto con calma aunque pude ver que no se iba a quedar tranquilo hasta que no le diese una respuesta. Cerré los ojos y asentí ligeramente con la cabeza, pero no fui capaz de articular palabra alguna. Sentí una extraña sensación en el estómago. El roce de su camisa con mis pezones conseguía que sintiese una ligera humedad entre mis piernas. Instintivamente frotaba mis piernas una contra la otra tratando de controlar la reacción que me producía su roce en mi cuerpo. Completamente desconocida para mí. – ¿Te han besado alguna vez?. – Aun mantenía sujetas mis manos con una de las suyas, mientras que con la otra perfilaba mi labio inferior.

No, – Le respondí abriendo los ojos y encontrándome con su mirada.

Quiero hacerte un regalo. –Me dijo con la voz algo ronca mientras su mano abandonaba mi boca para ir de nuevo al encuentro de la otra sobre mis muñecas. – Si te suelto, – busco mi mirada. – ¿Me prometes que no gritaras y permanecerás tumbada dónde estás?.– Me miro muy serio, pidiéndome sinceridad. En ese instante no lo pensé, tan solo asentí con la cabeza. – Dímelo en voz alta, Bells – me exigió inclinándose más hacia mí, acercando su cara más a la mía. – ¿Confías en mí?. – Su voz tan solo era un sensual susurro.

Si, te lo prometo. – Le dije mirándolo a los ojos. – ¡Confió en ti! – En ese instante me soltó, pero yo no retire los brazos de donde les había dejado. Sin dejar de mirarnos a los ojos, sentí la lenta caricia de sus manos a lo largo de mis brazos hasta mis hombros, para después recogerme la cara entre sus manos. Instintivamente humedecí mis labios con la lengua cuando vi como restaba la distancia entre nuestros rostros, para depositar sus labios sobre los míos. Rozándolos apenas en una caricia, para después abandonarlos en seguida, girando despacio hacia mi mejilla derecha, regándola con pequeños besos hasta mi sien, pasando por mi frente para después realizar el camino inverso hasta llegar de nuevo a mis labios, y tras mirarme durante un segundo a mis ojos, se apoderó de mi boca, animándome a abrir mis labios para él, buscando el contacto de su lengua con la mía.

Mis brazos, adquiriendo vida propia se movieron, desobedeciéndole, para rodearle en un abrazo mientras sus manos se deslizaban entre nuestros cuerpos recogiendo con ternura mis pechos, que por aquel entonces apenas habían empezado a aflorar, pero que ya daban muestras de lo que serían en un futuro. Sentí como jugaban sus dedos con mis pezones. A medida que sus caricias se intensificaban, nuestras respiraciones se iban volviendo más y más pesadas.

Cuando su boca abandonó la mía para que pudiésemos recuperar el resuello, sentí como fue descendiendo hacia abajo, recorriendo mi cuello con su aliento y terminar reemplazando a una de sus manos, mordiéndome suavemente el pezón, mientras esa mano seguía su investigación hacia abajo, acariciándome el vientre con la palma abierta, hasta el borde de mis braguitas del bikini. Mi cuerpo reacciono arqueándose hacia él, mientras mis brazos le abrazaban con fuerza intentando retenerle, pegado a mi cuerpo.

Nuestras miradas se encontraron por un instante. El aún estaba sentado en la tumbona, con el torso reclinado sobre mí, acariciándome el nacimiento del pelo. Tras retirar mis manos de su nuca, se incorporó para observarme, y volver a colocar mis brazos en la postura inicial. Con la mirada me indico que no las moviese de donde las había colocado a lo cual yo asentí cerrando los ojos, entregándome a él.

Note sus manos deslizándose por mis pechos, mi cintura, para llegar al punto donde las tiras de mi bikini se ajustaban a mis caderas. Aún recuerdo el tirón de la tela al deshacerse los nudos, mientras notaba, a pesar de tener los ojos cerrados, su mirada clavada en mi cuerpo.

¡Mírame Bells! – Me ordeno tras lo cual yo obedecí. Vi lo que yo supuse en ese instante que debía ser el deseo en sus ojos. Ligeramente alce la cadera, tras lo cual el retiro la fina tela de debajo de mí, quedándome completamente desnuda ante él. – ¡Eres preciosa!. – Me dijo, mientras se tendía sobre mí y abría mis piernas colocando una rodilla entre ellas. Aunque la otra pierna la mantenía apoyada en la fría baldosa de la torre.

Volvió a besarme en la boca con más ansias si cabe, para recorrer después todo mi cuerpo con su boca y sus manos, hacia mis pies. Colocándose de rodillas en el suelo, tiro de mis piernas hasta el borde de la tumbona, sentí su mirada entre mis piernas. Instintivamente intente cerrarlas para ocultar esa parte tan íntima de mí, tras lo que él con una mirada felina me indico que no se me ocurriese cerrarlas. Comenzó a recorrer mis piernas con sus besos, primero desde el tobillo hasta las rodillas, y después comenzar por la cara interna de mis muslos, obligándome a abrir todavía más mis piernas para él.

Cuando me di cuenta de lo que pretendía intente retirarme, intentando incorporarme de golpe, pero sujetándome con firmeza con las manos por mis caderas me lo impidió.

¡Quiero ser el primero en devorarte!. – Me obligo a tumbarme de nuevo y tapándome la cara con las manos me deje hacer. Continúo con la tortura de pequeños besos sobre la cara interna de mis muslos, mientras que con sus dedos, separaba los pliegues de mi sexo e introducía un dedo dentro de mí, comenzando a moverlo suavemente. Automáticamente todo mi cuerpo se tensó. – Relájate – Me dijo mientras que con el pulgar presionaba en un punto completamente desconocido para mí, a la vez que movía su dedo dentro de mi humedad. – ¡Abre más las piernas!, voy a meterte otro dedo. – Tras decirlo lo hizo mientras comenzaba a moverlos de fuera a dentro y de dentro a fuera, mientras me sujetaba por el vientre con la otra mano. Cuando saco los dedos para colocar sus manos debajo de mis nalgas, emití un pequeño quejido de frustración. Que apague cuando volví a sentir sus labios por mis muslos, anticipándome a como seria lo que vendría a continuación. – ¡Tienes una mancha de nacimiento en un sitio muy especial e íntimo!. – Me dijo mientras apoyaba su barbilla en mi vello púbico, haciendo referencia a una pequeña peca con forma de media luna situada justo al lado de los labios de mi sexo. Escondida de miradas indiscretas.

¡No se lo contaras a nadie! – Le dije a modo cómplice, mientras me incorporaba apoyándome en los codos y sonriéndole.

¡Será nuestro secreto!. – Me dijo mientras volvía a desaparecer entre mis piernas y depositaba un beso en el centro de mi ser.

¡Tus brazos!. ¡Túmbate!. – Me ordeno sintiendo su aliento en la parte más íntima de mi cuerpo, tras lo cual yo obedecí y comencé a sentir como su lengua invadía mi sexo mientras mi cuerpo trataba de absorber todas las emociones que ese hombre me estaba regalando, me sentía flotar en medio de un mar de nubes blancas. – ¡Déjate llevar!. – Me dijo emitiendo su aliento de nuevo contra mi sexo, a la vez que volvía a introducir su lengua dentro de mí, mientras con sus manos me acariciaba y jugaba con mis pechos. – ¡Ahora!. – Me susurro sujetándome con firmeza por mis caderas.

Y en ese momento salte, salte de las nubes para aterrizar en sus brazos a la vez que gritaba su nombre. ¡Edward!. Subió despacio besándome cada milímetro de piel que encontraba a su paso, hasta mi boca devorándome con ansias, mientras yo sentí algo duro contra mi vientre. Tímidamente le abrace con brazos y piernas a la vez que movía mis caderas, dándole permiso para continuar con lo que vendría a continuación. Preguntándome como seria, que sentiría. Me daba completamente igual que el hombre que tenía sobre mi cuerpo tuviese 16 años más que yo, que fuese el mejor amigo de mi hermano y mucho menos pensé en las consecuencias que ese acto podría tener.

¡Me gusta el sabor de tu miel!. – Me dijo interrumpiendo mis pensamientos– ¡Es fantástico!. Sabes a chocolate con fresas, dulce y exquisito, pero a la vez prohibido. – Me dijo mientras escondía su cabeza entre mi cuello.

¿Y tú?. – Le pregunte tímidamente, tras lo que suavemente coloco un dedo sobre mis labios.

¡Ssshhh!. – Me dijo haciéndome callar. Acariciándome los labios con su pulgar de nuevo, consiguiendo que me estremeciese– Creo que esto ha sido un regalo más para mí que para ti. No puedo, – inclino la cabeza dirigiendo su mirada hacia mis pechos, pero levantándola en un segundo, me dijo mirándome a los ojos. – ¡No voy a arrebatarte tu virginidad!. ¡Mi princesa!. – Alce nuevamente la cadera incitándolo, provocándolo. – ¡No hagas eso!. – Me dijo cerrando los ojos, al sentir como me movía yo debajo de él, frotándome contra su masculinidad.

¿Y si quisiera regalártela a ti?. – Le pregunte con picardía mientras me mantenía completamente inmóvil. No porque quisiera, sino porque encontró la forma de inmovilizarme. – ¿Prefieres que se la regale a alguien que no la merezca?

¿Y crees que yo la merezco?. – Su pregunta cargada de sorna, me hizo pensar.

¡Creo que no!. – Le dije sintiéndome rechazada. Tras lo cual, tras apartarse de mí, me dejo el bikini sobre mi estómago.

¡Vístete!. – Me ordeno en un tono de voz bastante seco. – Podría subir alguien y no sería correcto que te encontraran así, y menos conmigo.

En menos de un minuto me puse el bikini y recogiendo mis cosas baje directamente a esconderme en mi cuarto, dejándole solo en la torre.

(*.*)(*.)

Esa fue la última vez que vi a Edward Cullen. Hace ya casi 7 años…

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¡Ahhhhhh! Díganme que ustedes también gritaron cuando vieron el nombre. Les juro que esta historia les va a fascinar, encantar, las atrapara, y obsesionara. Jajaja, ok no sé si todo eso pero de que les va a gustar, es va a gustar. Recuerden hermosas seductoras que esta es una adaptación, lo que quiere decir que nada me pertenece, ni los personajes ni la historia. Como bien saben al final les diré como se llama la historia y quien es la hermosa autora. SI SABEN NO LO DIGAN. (si son MAYUSCULAS chillonas)

Ahora bien recuerden que hasta que termine de adaptar =Mi Ángel= esta historia empezara a correr.

¡Quiero comentarios!

Está neófita Inmortal les espera. Besos.

Cambio y fuera…

Locura realizada…

By:antoCullen::

Jane.