-¿Sedienta?- Preguntó Nott a su lado.
-Ese hombre…- Susurró Hermione. –Lo he visto en otro lado.- Explicó.
-Panfletos, propaganda, películas…- Dijo Theodore. –No te entiendo.-
Hermione asintió levemente, pero no, no se refería a eso, no se refería a panfletos, ni propagandas, ni a la televisión que no le permitían mirar en la Policía, era algo más, como si le conociera de otro lado, como si supiera algo sobre él. Le volvió a mirar por el rabillo del ojo y supo que él le miraba igualmente.
-Averigüe qué sabe él de mí.- Masculló Hermione más rudamente de lo que planeaba.
Theodore Nott asintió sonriendo y ella le devolvió la sonrisa mecánicamente, se tomaron de la mano y volvieron a la pista de baile, para cuando la fiesta acabó, ella ya tenía bastante rato en su cuarto.
No podía dormir, daba vueltas en la cama, se sentía amenazada, esta no era una misión como las demás, en las demás misiones, llegaba a un lugar, mataba a un tipo y salía de aquel lugar, nunca había tenido que dormir bajo el techo del enemigo, con la amenaza latente en ella. Sin embargo, esta misión tenía una recompensa diferente, ya no le darían unos pocos días en una soleada playa de América, o un festín en su nombre, le darían su libertad, su vida, algo que no había tenido en mucho tiempo, la posibilidad de decidir.
-Malfoy.- Dijo Theodore con naturalidad pasándole un habano al rubio. -¿Qué te ha parecido mi prima Jean?- Preguntó casual.
Draco Malfoy levantó la mirada del tablero de ajedrez y sonrió casi imperceptiblemente. –Una chica maravillosa, sin duda.- Respondió de forma automática.
-Maravillosa, tiene múltiples dones.- Comentó. –Baila, teje, pinta, muy elocuente diría yo.-
-Mañana podemos llevarla al campo, que conozca el lago.- Dijo el rubio mirando el tablero.
-Que maravillosa idea has tenido.-
Ambos hombres miraron el tablero aspirando su habano, cada uno pensando en cosas diferentes, uno pensaba en la muchacha castaña, la forma en que bailaba y caminaba elegantemente, el olor que desprendía su cabello castaño, la curva de su espalda y sus finas maneras, y el otro, tranquilamente en su siguiente movimiento.
-Jaque mate.- Murmuró Nott con una sonrisa.
A la mañana siguiente Hermione se sintió extrañamente descansada, quizá se debía a la cama decente en la que por fin podía dormir, se estiró y miró a su alrededor, en cualquier momento podía entrar alguien y dispararle, había sido imprudente dormir sin un arma cerca, pensó, pero a quién engañaba, ni forrada en armas podía salir viva de esa, se levantó molesta y fue a tomar un baño.
-Señorita Nott.- Escuchó del otro lado de la puerta de la habitación, se acercó para abrir enrollada en su albornoz.
-Buenos días, señorita Lovegood, por favor, llámeme Jean.- Dijo con una sonrisa.
-Jean.- Repitió la mujer. –El desayuno está servido, señorita, los caballeros le esperan.- Dijo sonriente.
-Bajo en un minuto, discúlpeme con ellos.-
La mujer rubia salió de la habitación y ella sacó un bonito vestido blanco y unos botines, se vistió, se dejó el cabello suelto y bajó para reunirse con sus anfitriones, se sintió extrañamente atraída cuando vio al Señor Malfoy con una camisa sencilla azul claro y unos pantalones finos color beige, tomando café mientras charlaba con su "primo" y otro hombre.
-Buenos días caballeros.- Dijo dando una reverencia.
-¡Jean! ¡Has decidido despertar, dormilona!- La voz de Nott, fría y determinante hacía un extraño contraste con sus palabras. –Goyle, ella es mi prima Jean.-
Hermione le tomó la mano elegantemente a la nueva figura, que se la besó con torpeza.
-Pero vamos a desayunar, nos espera un maravilloso día.-
Todos siguieron a Nott al comedor, y se sentaron bastante separados unos de otros.
-Cuéntame, Jean ¿A qué parte de América fuiste?- Preguntó Goyle con una sonrisa tosca.
-Pues, pasé unas semanas en Cuba, otro tiempo en Argentina, Venezuela, Ecuador, de todo un poco.- Explicó sonriente.
-¿Qué lugar te gustó más?- Preguntó nuevamente.
-Sin duda Cuba.- Respondió ella. –Las personas tienen un aire alegre que se contagia con facilidad. La playa, el clima tropical, el sol dorándote la piel… preciosa.-
Durante el desayuno hablaron de los múltiples viajes de Hermione, seguido de la experiencia del Señor Goyle en América, Malfoy sólo miraba atentamente y asentía.
-Señor Malfoy ¿Qué hay de usted? ¿Ha viajado a América alguna vez?-
Draco miró a Hermione de una forma indescifrable, que la hizo pensar que había comentado algún improperio, sin embargo, no borró su sonrisa dulce hasta que el hombre respondió.
-No, jamás he viajado a América, sinceramente, nunca he salido de Europa.- Sorbió un poco de vino. –Y tampoco me gustaría hacerlo, ya hay lugares bastantes desagradables aquí.- Murmuró con tono despectivo.
Hermione se revolvió incómoda en su asiento, sin embargo, soltó una risa suave y elegante, que fue coreada por Luna Lovegood, el señor Malfoy sonrió galantemente y el tema quedó zanjado. Durante el resto del desayuno, el postre y el café, Draco Malfoy no le quitaba la mirada de encima a la Señorita Jean Nott.
-Prima, el señor Malfoy ha tenido la magnífica idea de llevarte al campo, tenemos una casa preciosa junto a un lago, el clima está perfecto para nadar.-
Hermione sonrió nerviosa, y asintió efusivamente. –Me fascina el campo.- Dijo con entusiasmo.-Permíteme subir a arreglarme y bajaré en seguida.-
Hermione subió las escaleras casi corriendo pero con elegancia, Theodore se quedó mirando hasta que Goyle llamó su atención.
-Nott.- Dijo firmemente, él volteó a mirarlo con expresión neutra. –Debo irme, pero espero que consideres este negocio que te hago, me encantaría una mano allá.- Comentó, y dándole un apretón de manos, salió, no sin antes detenerse a hacer el saludo del partido en la puerta, al que ambos hombres, Nott y Malfoy, respondieron.
-¿Aceptarás la oferta de Goyle? – Le preguntó Draco encendiendo un habano.
Theodore negó levemente aspirando del suyo. –No, estoy muy bien aquí, Draco, es un honor ser escolta de Riddle, pero ambos sabemos que no estoy en condiciones.-
Draco Malfoy lo miró fijamente mientras asentía. – ¿Te encargarás entonces de la central aquí o quieres que te envíe a algún campo? Puedes hacer mucho dinero en Belsen.-
-Ya tengo mucho dinero.- Dijo Theodore Nott y ambos rieron. –Déjame un tiempo aquí para descansar, al menos mientras mi prima pueda acompañarme, luego, iré a dónde me envíes.-
Draco asintió complacido.
-¿Se va antes o después de mi estadía?- Preguntó.
-Después, tengo entendido que se va unos días después de tu partida.-
En eso, la muchacha bajó en un vestido sencillo y zapatos de campo, con un bonito sombrero.
-¡Lista, caballeros!- Dijo sonriente.
Draco iba adelante con Theodore al volante, delante y detrás de su auto, iban otros dos llenos de oficiales, Jean hablaba animadamente sobre alguna obra de teatro que vio en América, pero Draco no podía prestarle demasiada atención, porque hablaba muy rápido, cosa que le parecía encantadora, no le había preguntado por considerarlo imprudente, pero suponía que Jean tenía sólo un par de años menos que él, sin embargo, parecía una niña caprichosa y sensual, tenía las mejillas rosadas y tersas todo el tiempo, y del cabello se le escapan rizos rebeldes, sin embargo, había algo en su mirada que la hacía ver mayor, pero aún no alcanzaba a distinguir que era.
Jean le inspiraba ternura, pero no por ello le inspiraba confianza.
Al llegar a la casa de campo los oficiales se quedaron cerca, Hermione y Luna subieron al segundo piso a ponerse sus bañadores, Jean se negó a bañarse sola en el lago, por lo que Luna se vio obligada a meterse con ella.
-¿Encuentra muy aburrido trabajar con mi primo?- Preguntó mientras disfrutaba el agua.
Luna sonrió soñadora. –Para nada, el señor Nott es una persona sumamente interesante.- Murmuró.
Hermione la miró con perspicacia, Luna ponía un tono dulce a sus palabras, y había notado que le miraba cuando él parecía absorto en alguna conversación, podía notar la fascinación de la muchacha por el teniente, pero se preguntaba si aquel hombre gigante y frío podría alguna vez sentir algo por nadie, claro que aquello no debía importar, al tamaño, se refería, pues incluso ella, tan pequeñita y delicada, no se creía capaz de sentir nada por nadie.
Incluso en la adversidad aquella vena romántica de Hermione salía a flote, muchas veces, cuando disparaba a algún hombre en el pecho, se preguntaba si le hacía un favor disparándole al corazón, si ya no lo habría matado otra mujer desde adentro, y se reía de sí misma.
Luna la vio sonriendo y la miró con extrañeza.
-¿No le afecta la guerra, Jean?- Preguntó suavemente.
Hermione la miró con comprensión y sonrió más ampliamente.
-No es mi guerra.- Dijo sencillamente, y siguió nadando, eso era lo que más le dolía de su condición, el silencio absoluto, nadie sabía cómo se sentía, nadie sabía si le afectaba o no, si quería o no estar en un lugar, era un peón, una simple pieza de la que se desharían fácilmente, ahí estaba la prueba, la habían enviado a una misión suicida, tanto Scrimgeour como Nott sabían que sería su última misión, y sinceramente, una parte de ella se sentía liberada, como si se graduara de una larga y ardua carrera.
Nadó durante un rato antes de verse sola en el lago, Luna se sentó a tomar sol, y un rato más tarde, el Señor Malfoy se zambulló nadando un gran tramo, Hermione pudo ver su cuerpo tonificado y bien formado, era bastante alto, guapo, aristocrático, Hermione le miraba con una sonrisita, y él se acercaba a ella nadando.
-¿Le ha gustado, señorita Jean?- Preguntó pasándose una mano por el cabello.
-¿Disculpe?- Hermione enrojeció.
-El lago, que si le ha gustado.- Murmuró él severamente levantando una ceja.
-Oh, muchísimo, hace un poco de frío, pero por lo demás, es precioso.- Dijo sonriente.
El señor Malfoy no dijo nada más, salió del lago y ella le siguió para almorzar.
-Señorita Nott.- Llamó Malfoy su atención. –Disculpe mi impertinencia, pero me gustaría saber, a qué se dedica.-
Hermione sonrió levemente. –Soy heredera.- Se burló, sus tres acompañantes soltaron una carcajada, ninguno comentó nada más sobre el tema, sin embargo, el Señor Malfoy parecía muy interesado en la historia familiar de la joven Nott.
-¿Su madre es alemana?- Preguntó.
Hermione asintió sorbiendo vino. –Por supuesto, mi madre es hermana de la abuela de Nott, la menor de todas, me tuvo algo mayor, pero ya ve, soy sana y hermosa.- Sonrió levemente.
-Lo veo…- Murmuró Malfoy misteriosamente, Luna y Theodore se miraron, y luego miraron a Hermione, que sonrió complacida, sin quitarle los ojos de encima a Malfoy, que parecía no haber notado el tono de seducción en sus palabras, porque cortaba la carne con entusiasmo.
El resto de la tarde pasó tranquila, volvieron a la casa de Theodore Nott, y cada uno fue a su alcoba a dormir.
Así fueron pasando las semanas, y cada día veía menos a sus anfitriones, pues a veces la sacaban a cabalgar, o la llevaban de compras, a conocer gente, a alguna cena, pero nunca demasiado tiempo. Un día cuando se preparaba para acostarse, tocaron a su puerta, Hermione se acercó a abrir, era Luna Lovegood.
-¿Sí, señorita Lovegood?- Preguntó con una sonrisa.
-Por favor llámeme Luna.- Respondió ella sonriente. –Quería hablar un segundo con usted.-
Hermione le hizo una seña para que pasara, y ella entró avergonzada.
-Señorita Jean, el señor Nott debe realizar un viaje esta semana, es importante que lo haga, ya sabe, por su condición.- Hermione asintió levemente, pero la verdad es que no entendía, pues no había nada en la información que le dieron que insinuara alguna enfermedad. –Me preguntaba si sería muy incómodo para usted quedarse un par de días con el Señor Malfoy.-
Hermione sonrió levemente y negó. –Despreocúpate, Luna, puedo perfectamente quedarme con el Señor Malfoy, siempre y cuando a él no le moleste.-
Luna, le agradeció con la mirada. –No le molestará.- Dijo saliendo, y antes de irse, añadió misteriosamente. –Ha sido él quien ha ofrecido quedarse para hacerle compañía.-
Hermione se quedó mirando la puerta, pensativa, luego se metió a la cama y por primera vez en unos años, se quedó dormida al instante.
