Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a S.M, solo la trama es mía (:
Capítulo 2: Cullen's Academy.
Bella's Pov.
Caminé tranquilamente por las escasas calles de Forks, sin bulla alguna. Era temprano, y no sabía a qué hora abrirían. Pero no tenía nada que hacer, excepto algunas cosas para Matemáticas que no tenía ni idea. Así que, quitando este pequeño incidente, no tenía nada que hacer. Aunque, aún así, repasaría Lengua y Literatura para probar que a mí se me daba estupendamente la Lengua y sobre todo, la Literatura. Desde muy pequeña me he criado junto a libros. Y sobre todo con los clásicos como 'Cumbres Borrascosas' u 'Orgullo y Prejuicio'. Así que desde pequeña me encantaba todo lo relacionado con esa asignatura. Mi mayor nota, siempre, sin ninguna excepción era Lengua y Literatura, y mira ahora dónde estoy: con un 2'5 en un examen que tendría que tener, por lo menos, un 8. Pero como tiene que estar ese tipo asqueroso, pues adiós 8. Y bueno, Matemáticas… ¿Quién puede sacar dieces en Matemáticas? Yo no. Nunca lo sacaría. Para las Matemáticas solo hay un hueco en mi familia, el cual no es para mí. Tanya, la hija perfecta, con dieces en todo y con una belleza extrema. Sinceramente, no es envidia… solo que ella, tiene un trabajo, una hija, un esposo, belleza, responsabilidad… Es algo así como que yo soy la oveja negra de la familia. Tengo bajas notas, no tengo trabajo –aunque ya me gustaría tenerlo para así tener mis ahorros-, también me gustaría tener una familia más comprensible, porque la mía, seguro que es de todo, menos eso. Tampoco me considero guapa, aunque mis amigos y mi familia siempre me lo dicen, pero como soy terca –sí, algo más a la lista negra– soy fea. Y respecto a la responsabilidad, dejaron de responsabilizarme en cosas simples desde que mi pobre pez Abdón Belisario Cacerolo Dafrosia Edelmiro Polipio Teobaldo Uriel Yalinca Zinto– nombre corto, lo sé, pero es que mi mente no daba para más– lo dejé caer por el retrete. Fue sin querer, pero dicen que todo lo que toco lo rompo… o lo mato, en este caso.
Después de pensar en las injusticias que había en este mundo, llegué a la Cullen's Academy en menos de diez minutos.
El lugar era un local muy grande. Encima de la puerta tenía un cartel con grandes –pero no llamativas– letras que ponía Cullen's Academy. Tenía un gran ventanal, el cual ahora mismo, estaba con las persianas echadas para abajo, sin poderme dejar ver nada. La puerta, era blanca con cristal, el cual estaba decorado con mariposas de pegatinas. La fachada, estaba pintada de azul turquesa. Por lo que me había dicho Alice, Esme tenía muy buen gusto a la hora de decorar y no le gustaba para nada los colores tristes, que te emiten amargura. Por eso, lo tenía con colores alegres pero no muy llamativos. En fin, por afuera tenía muy buena pinta y según Alice, lo del interior aún más. Cosa que no le capté el doble sentido aunque ella me dijo que lo tenía. Subí el pequeño escalón que había para llegar a la puerta y abrí la puerta. O al menos lo intenté, ya que no se abrió. Miré el reloj y eran las cuatro de la tarde, justas. A esa hora, supuestamente abría, así que me senté por un bordillo que había por allí y esperé a que llegase Esme Cullen.
-Hola. – Me saludó cuando llegó allí, justo cuando me senté. - ¿Te puedo ayudar en algo? – Me preguntó educadamente.
-Hola. – La saludé con una sonrisa. – Sí, bueno, en realidad quería apuntarme en su academia.
-Oh, por supuesto…
-Bella Swan. – Me presenté.
-Encantada, yo soy Esme Cullen. La propietaria de la academia. – Se acercó a mí y me dio un abrazo. Me quedé en shock, ya que ninguna profesora de academia trataba a sus alumnos así… que yo sepa. – Perdona mi atrevimiento por el abrazo. Pero Alice Brandon y compañía me han hablado mucho de ti. – Me comentó mientras me señalaba la puerta para que entrásemos.
-Oh, Alice. – Murmuré. – Ah, no pasa nada. – Le dije.
La primera habitación estaba pintada de verde, con algunos posters de Mickey Mouse con números y letras. Había una pizarra verde, y abajo unos taburetes. Había cuatro mesas con dos sillas cada una.
-Entonces, ¿Te vas a apuntar? – Se cercioró.
-Por supuesto. – Le dije.
-Bueno, pues ven por aquí. – Me llevó a lo que supuse que era su despacho. Estaba decorado con colores claros y con fotos por todos lados.
No iba por matriculación, por lo que me hizo firmar para constar que estaba dando clases allí.
-¿Cuándo puedo empezar? – Le pregunté.
-Pues, cuando tú quieras.
-Bueno, hoy tengo que hacer un par de cosillas. ¿Puedo empezar mañana? – Pregunté.
-Claro, sin problemas. – Me confirmó con una sonrisa. – Ven por aquí.
Me llevó a una sala, mucho más grande que la del Mickey Mouse. Estaba decorada con los mismos colores. En la pared derecha, colgaba un mapa físico de todo el mundo. Y en el otro lado, había fotos de todos lados. En la parte final, había una ventana y al lado de ésta, un mueble con muchos libros y minerales. En el otro lado, había una estantería en la cual había más libros y diccionarios de todos los idiomas. A lado de esta, estaba el botiquín junto con alunas cosas como compás, reglas, escuadras y cartabones. Es decir, las cosas de geometría. Había seis sillas con dos sillas cada una y en frente una pizarra blanca.
-Aquí es donde vamos a dar clases. La clase de antes era la de los chicos de primaria. – La miré con cara sin entender. – No te creas. Los niños de primaria también suspenden. Incluso peor que los de Secundaria y Bachiller. – Me explicó y reímos. – En esa clase, es la que tiene los ordenadores. Muchas veces lo utilizamos, ya que hay muchas actividades interactivas en Internet. Y allí al fondo están los servicios. – Me explicó. Yo asentí. – Supongo que quieres estar en la misma hora que Alice, Emmett, Rose y Jasper, ¿verdad?
-Claro. – Le respondí.
-Bien, entonces te vendrías a las siete. O sea, de siete a ocho. – Me informó.
-Estupendo. – Le respondí. – Entonces, me tendría que ir ya. – Le dije al ver que los alumnos de Primero de secundaria estaban esperando.
-Ah, Bella. – Me llamó. – Para los pequeños hay un profesor diferente. – Me avisó. – Te lo digo por si lo ves merodeando. – Rió. – Bueno, ahora sí, te tengo que dejar. – Avanzó hasta mí y me volvió a abrazar.
-Gracias, Señora Cullen. – Le agradecí.
-Nada de usted. Tutéame. – Me pidió. – Y de nada.
-Adiós, Esme.
-Hasta mañana, Bella.
Después de salir de la academia, fui directa a la tienda de los Newton para buscar algo de trabajo. Estaba solamente la Señora Newton, gracias a Dios que no estaba su hijo Mike.
-Hola, Señora Newton. – La saludé.
-Hola, Bella. – Me saludó.
-Estaba buscando…
-Si estas buscando trabajo, aquí no lo vas a encontrar. – Me rechazó antes de que pudiese terminar mi frase. Salí por donde había entrado sin ni siquiera despedirme.
Era una manía, cada vez que me enfadaba no tenía ganas de hablar con nadie. Pero me tragué mi enfado cuando llegué a la tienda de juguetes de Forks. La que llevaba el negocio era la Señora Weber, la madre de Ángela.
-Buenas tardes, Señora Weber. – La saludé al entrar.
-Hola, Bella. – Me saludó cordialmente.
-Venía a preguntarle una cosa, si no le importa. – Le dije.
-Pregunta lo que quieras, cariño.
-Estoy buscando…
-¿Trabajo? – Me cortó cariñosamente.
-Sí, trabajo. – Admití tímidamente.
-Pues estás en el lugar adecuado. – Me sonrió. – El empleo es tuyo. Si quieres, claro. – Me ofreció.
-Oh, genial. – Sonreí. – Gracias, Señora Weber.
-De nada, Bella. Hay que tener refuerzos en fechas próximas a Navidad. – Me dijo.
-Es verdad. – Le sonreí.
Me llevó a la su oficina y me hizo firmar algunas cosas. Cuando terminé, fui a mi casa. Allí ya estaba Tanya, con Félix y Emily. Abrí con mis llaves y las dejé en el llavero. Me quité mi abrigo y fui hacia el salón.
-¡Tía Bella! – Corrió hacia mí Emily.
-Hola, pequeña. – La cogí en brazos y le di un beso en la mejilla. – Hola. – Saludé esta vez para todos.
-Bella. – Dijeron a modo de saludo.
-¿Qué tal te ha ido en la academia? – Preguntó mi madre.
-¿Qué academia? – Le devolvió Tanya la pregunta cuando la pregunta iba para mí.
-A la que tu hermana se va a apuntar. – Le contestó Charlie.
-¿Por qué no lo has consultado conmigo antes? – Me preguntó.
-Te recuerdo, que cada vez que pedía tu ayuda para un examen de algo, siempre, siempre, me decías que no era justo para los demás y nunca me ayudabas. Por lo que he buscado mis medios.
-De todas formas deberías haberlo consultado conmigo. A saber qué te van a enseñar en esa academia.
-¿Siempre tienes que tener tú la última palabra? – Le pregunté. – Siempre que quiero hacer algo, no puedo hacerlo porque la hermana mayor de Tanya no quiere. ¿Sabes qué? Voy a ir a la academia y te voy a demostrar de lo que soy capaz. – Le dije. – Y para que lo sepas, me tiro semanas estudiando tu querida asignatura. ¿Y qué gano? Suspensos, suspensos y más suspensos. Ya estoy harta de suspender y que tú no me ayudes. Los hermanos se ayudan, ¿sabes? Parece que no lo sabes, porque desde que tengo memoria, nunca me has ayudado en nada, cuando yo he tenido que soportar todos tus cambios de humor y los 'no sé que ponerme. ¿Qué me pongo, Bella? Bah, no sabes de moda' y ya estoy harta. – Sin más, dejé a Emily en el suelo y la cogí de la mano. Me la llevé a la entrada y cogí nuestros abrigos.
-Bella, espera… - Escuché murmurar a mi hermana.
-¿Estás bien, Tía Bella? – Me preguntó mi sobrina, la única que parecía que me entendía a sus tres escasos años y la cual me calmaba hasta lo impensable.
-Sí, cariño. Estoy bien. – Le sonreí, tratando que no se me viera las ganas de llorar. -¿Vamos al parque? – Le pregunté por entretenerla.
-¡Parque, parque! – Exclamó y aceleró el paso. Cuando divisamos el parque, se soltó de mi mano y se fue corriendo hacia el tobogán. Yo me quedé viendo como jugaba en paz, sin tener en cuenta los problemas que había entre su madre y su tía.
-Bella… - Susurró alguien en mi espalda.
-¿Qué quieres, Tanya? – Le pregunté.
-Lo siento. – Susurró. – Todo esto lo hago por ti. Porque eres mi hermana. Entiéndeme un poco. ¿Cómo tratas a Emily? Sobreprotegiendo, ¿verdad? Eso es lo que yo hacía contigo y lo que hago. Todo lo que has dicho antes… No te voy a negar que tengas razón. Debes de estar harta de soportar a una hermana, once años mayor que tú, sobreprotegiéndote. – Soltó una risa. – Pero hago estas cosas, para que hagas lo que vas a hacer. Probarte a ti misma y no depender de los demás. Si no lo haces ahora, puede que siempre tengas que depender de alguien y eso no es precisamente lo mejor del mundo… Lo siento, Bella.
La atraje hacia mí y nos dimos un fuerte abrazo, como hacía tanto tiempo que no lo hacíamos. Desde que empecé a suspender. Desde que empecé a sentirme sola. Pero todo eso se había ido y ahora sentía las fuerzas suficientes como para salir adelante.
-No hay nada que lamentar, hermanita. – Le dije mientras que me separaba.
Nos quedamos un rato más en el parque, hasta que Félix llamó preocupado por saber dónde estábamos. Cogí a Emily de una mano, mientras que reía y cogía de la otra a su madre. Cuando llegamos, mi madre había preparado todo un banquete, parecía como si fueran a celebrar algo grandioso. Empezamos a comer entre risas, hasta que Félix se aclaró la garganta.
-Familia. – Empezó Tanya.
-Dentro de dos meses nos vamos de viaje. – Soltó de sopetón.
-¿Y eso? – Preguntó mi padre.
-Queremos nuestra Luna de Miel atrasada. Recordad que cuando nos casamos, Emily aún era pequeña y no queríamos dejarla sola.
-Pero si sigue siendo chica. – Comentó mi madre entre risas.
-No es lo mismo, mamá. – Tanya rodó los ojos. – En fin, hemos pensado en contratar a una niñera…
-No, no quiero. A Emily la puedo cuidar yo y no hay más que hablar. – Repuse.
-Ya lo discutiremos. – Sentenció Charlie.
-Entonces, ¿A dónde os vais? – Preguntó mi madre subiendo y bajando sugestivamente sus cejas.
-Nos vamos a Roma. – Respondió Félix.
-Bonito lugar. – Dijo mi madre.
-¿Y cuánto tiempo os vais? – Pregunté.
-Erm… Serían unos dos meses. – Dijo Tanya.
-¿Tanta luna de miel? – Preguntamos mi madre y yo a la vez.
-Bueno, es que también hemos aprovechado que Félix tiene que viajar allí dos meses y ya pues matamos dos pájaros de un tiro.
-Ah, eso lo explica todo. – Respondió mi madre.
-Entonces, yo me quedo con Emily. – Dije mientras que pasaba a mi sobrina a mi regazo y ella jugaba con un trozo de miga de pan.
-¿Segura? – Preguntaros a la vez los dos padres.
-Segurísima. – Respondí.
Estuvimos un rato en el salón. Me despedí de todos y subí a mi cuarto, ya que mañana tenía otra vez clases. Menos mal que era jueves y solo quedaba viernes para el fin de semana. Fue poner la cabeza en la almohada y quedarme instantáneamente dormida.
Hoola! :D
Bueno, antes de que se me olvide, en el capítulo anterior diije que estaban en Enero, y es diciembre! Se me pasó =S en fin, ahora lo voy a cambiar (:
Ahora sí: ¿Qué os ha parecido? ^^ sé que no es un gran capítulo, pero es algo que hace falta xD Edward, os prometo que saldrá en el siguiente, o como mucho en el cuarto :D así que no os desespereis :3
innss muuchas graciias por los reviews! :D
Sé que dije que iba a actualizar Stand By Me, pero todavía no habíamos llegado a los 100, y pensaba que era demasiado pronto como para otra actualización, así que, os prometo que ahora me pongo a escribir, o por lo menos intentarlo :D
Me tengo quee ir ya! :D
Nos seeguimos leeyendo! :3
Robert Ashley Cullen Swan (:
