En mi soledad
¿Qué quieres, Sebastian?- insistió el castaño
Decirte que te entiendo...- contestó Sebastian, casi tímido, pero sincero
¿Cuál es tu orden?- contestó Kurt, desconcertado, pero más interesado en lo que Sebastian tenía que decir...
Capítulo II
-Amm... creo que un americano, gracias- respondió el chico del blazer, con la voz temblorosa, inseguro de lo que tenía que decir. Sin embargo, Kurt había separado las piernas y dado un último sorbo a su café, esperando una respuesta.
-Perfecto- dijo Kurt, mientras se levantaba de la silla y se acercaba al mostrador, vigilando que Sebastian no huyera. No sabía por qué, pero realmente quería escuchar lo que tenía que decir.
A su regreso, notó un claro temor en Sebastian. Las manos de este sudaban, y tenía las pupilas dilatadas. El chico no podía dejar de tamborilear con su pie izquierdo, mientras fruncía el ceño y apretaba sus nudillos hasta dejarlos blancos. Encorbado hacia la mesa apoyándose en su codo, se preguntaba si realmente debía decirle a Kurt lo que quería. "Va a creer que es una broma" decía para si.
Kurt se sintió incómodo ante la vista, podía apostar que una gota de sudor estaba bajando por el perfil que no veía. Lentamente, casi temeroso, puso el café caliente frente a Sebastian, y decidió romper el hielo.
-No sabía cómo te gusta el café... le puse uno de azucar y dos de crema. Nunca he ordenado un café americano, ¿sabes? Ni siquiera estoy seguro si se le debe echar crema y azucar- decía Kurt, con una sonrisa forzada, tratando de inspirar confianza a Sebastian.
-Oh, está bien Kurt, es... perfecto- decía el chico, con la cabeza gacha y las mejillas rojas, trató de forzar una sonrisa, pero no pudo; los nervios lo traicionaban.
-Amm... y dime Sebastian, ¿cómo te va en Dalton? Escuché que la profesora Stacy...- Kurt en serio quería saber lo que su compañero debía decir, pero pensó que sería prudente hacer una conversación más amena, quizá sea bueno preparar a Sebastian (y a él) para lo que viene.
-No Kurt... no quiero hablar de Dalton... quiero... hablar... de ti... - Dijo el Warbler, tapándose la boca casi inmediatamente, quería decir eso, pero no quería que se prestara a malas interpretaciones de Kurt.
-¿De mi, Sebastian?- dijo el contratenor desconcertado y apenado
-¡No Kurt! ¡No de eso!- se apresuró a responder- quiero decir... Blaine me contó de lo de tu papá
-Oh- se limitó a contestar. Blaine y su padre, dos temas que ahora mismo no le sentaban muy bien a Kurt.
-Si... bueno... realmente siento que tengas que pasar por algo asi y...
-Todavía no tengo los resultados- se apresuró a decir Kurt, no quería pensar en que los "lo siento" de las personas eran frases apresuradas, previniendo lo que el quería negarse a pensar.
-Lo se- contestó el otro, inseguro todavía de lo que iba a decir- bueno, solo quería decirte que se lo que estás pasando...y... que no me gustaría que pases lo que yo pasé...- Sebastian se llevó una mano a la boca y mordió el espacio entre su pulgar e índice izquierdo, con los ojos húmedos, desvió la mirada hacia los ventanales.
Kurt, desconcertado, sintió un huelco en el estómago. No lo podía evitar. Sebastian Smythe estaba llorando frente a él. El mismo Sebastian Smythe que trató de arrojarle un slushie adulterado con sal gruesa, el mismo Sebastian Smythe sin corazón que trata a todos como basura. Si, el mismo Sebastian Smythe estaba llorando frente a él. Kurt no sabía que hacer ni que decir, ni siquiera sabía lo que debía pensar ahora.Sólo podía compadecerse de Sebastian, no tenía a ciencia cierta lo que pasó con el chico, pero Kurt sabía que era algo que ni siquiera podría imaginar. Esperar los resultados de laboratorio ya ra lo suficientemente difícil, no quería siquiera vislumbrar el dolor que imagina Sebastian sufrió. Un amigo, un familiar, incluso un conocido, debe ser desgarrador saber que alguien está en batalla contra el cáncer... o peor aún... debe ser destrozador, saber que alguien a quien amas... perdió.
El soprano, lentamente se levantó, y decidió reaccionar al fin. Rodeó la mesa y se acercó a Sebastian. No estaba listo para abrazarlo, aún tenía un poco de rencor hacia él. Pero supuso que no estaría mal tocar su cara o tomar su mano a modo de consuelo; no importaba cuánto lo haya lastimado Sebastian una vez, esto era algo que no le desearía ni siquiera a su peor enemigo.
-Sebastian...- decía a Kurt, a la par que caminaba hacia el chico con el que compartía mesa, tomando la pañoleta que llevaba, dispuesto a secar sus lágrimas. Un gesto demasiado íntimo para hacer con la persona que consideras tu peor enemigo. Pero ambos estaban muy frágiles en ese mismo instante, no había tiempo de pensar...
-No Kurt... estoy bien... por favor, siéntate...- reaccionó Sebastian. Kurt rápidamente obedeció.
-Sebastian...- repitió Kurt, y Sebastian volvió a interrumpirlo.
-Yo se lo que es perder a alguien a quien aprecias, Kurt, pero no quisiera imaginar perder a dos personas a quien amas... mas que a nada...- decía, con la voz temblorosa, rasposa.
-No tienes que hablar ahora si no quieres, ¿sabes?- decía el otro, tratando de tranquilizarlo
-No, estoy bien- insitió- quiero hacerlo
-Oh...
-Decía... no quiero imaginar lo que se siente lo que debes pasar. La vida te ha tirado mucha mierda encima. Es decir, Blaine me dijo lo de tu madre y...- se detuvo cuando vio la cara de dolor del joven que estaba frente a él. Realmente no estaba pensando en lo que decía, sin saber cómo llegar a lo que tenía que decir- Soy un idiota...
-No Sebastian, estoy acostumbrado a comentarios acerca de ella... y supongo que sienta bien, tu nunca la conociste, y sin embargo sientes mi pérdida. Fue años atrás, lo se. Por ahora, quiero pensar en que todos "lo siento" son sinceros... y no simples frases de cortesía- respondió, ahora el que trataba evitar de llorar era el.
-Kurt- dijo Sebastian, casi como un suspiro- quiero decir... No quisiera que pierdas a tu padre, no de esta forma. Por favor, no digas cosas como "no te apresures" ahora lo último que quieres escuchar son frases apresuradas previniendo lo que quieres negarte a pensar, ¿cierto, Kurt?- dijo, Kurt no pudo evitar abrir la boca en gesto de sorpresa, el chico del café americano había puesto en unas palabras el sentimiento que no podía sacar cada vez que alguien trataba de animarlo- como sea, quiero que sepas... que yo pasé por eso, y no quiero que tu pases por lo mismo. Sé que yo no puedo hacer nada, pero eso es algo que no le desearía ni a mi peor enemigo- Kurt se inclinó hacia atrás, ¿acaso Sebastian Smythe podía leer sus pensamientos?
-Sebastian...- suspiró Kurt.
-Kurt- dijo Sebastian, tratando de burlarse, pero no podía. Sus ojos ardían y sus manos aún temblaban, su pie izquierdo aún tamborileaba en el piso- estoy bien- contestó, cuando vio las intenciones de Kurt de levantarse de nuevo.
-Creo que sería bueno que te compre una galleta, ¿no crees? A mi siempre me sube el ánimo un dulce de cacahuate, se que aquí no hay de eso, pero no se, una galleta podría subirte el ánimo...- dijo, tratando de desviar de nuevo el tema
-Quizá después Kurt. ¿Sabes una cosa? Sé que no somos los mejores amigos precisamente, pero en serio, quiero que sepas que te apoyo, no podría dejar que lleves esta carga en tu soledad, no cuando yo tuve que hacerlo en la mía... gracias por el café, Kurt- dijo mientras se levantaba de la mesa.
-Sebastian... ¿te puedo pedir tu número de celular?- susurró tímidamente mientras el otro se dirigía a la puerta, lo suficientemente audible para apenas escucharlo.
-Claro... dime cuando tengas los resultados, ¿si?
Sebastia tomó una servilleta y escribió su número.
-Hasta luego, Kurt. Realmente me gusta mi clase de las 10:30- decía Sebastian, ofreciendo su mano para estrecharla, no muy seguro. No podía abrazar a Kurt, no eran amigos aún; sin embargo, Kurt se adelantó.
Gracias Sebastian- contestó el de ojos grises, jalando a Sebastian hacia abajo para rodear su cuello con sus brazos. Sebastian correspondió el abrazo y suspiró. De todos modos, debía suponer que Kurt reaccionaría así. Se había mostrado muy frágil frente a el. El se había propuesto cambiar, decir algo incongruente no era opción, pero trató de eliminar la tensión en el ambiente.
-Por favor, dime que no te estás enamorando de mi- trató de reir, pero su risa fue fingida y amarga
-Sebastian...
