Capítulo 2
Michael caminó hacia donde se encontraba Brian bailando junto a un moreno de marcados abdominales. Brian movía sus caderas al ritmo de la música, causando que más de un simple mortal desviara su mirada, ansiosos por un trozo de ese manjar de los dioses.
—¡Por Dios, Brian! ¿Con cuántos más piensas acostarte esta noche? —gritó por encima del ruido.
—Vamos, Mikey. No seas aguafiestas —Ciertamente Michael tenía razón. Esa noche en particular había rotó su récord de folladas— Espérame en la acera. Me tiró a aquel tipo que está por la barra y nos vamos —besó a Michael en la mejilla y se fue a lo suyo.
Tal y como le había dicho a Michael, Brian caminó con paso decidido hacia el tipo de la barra y le susurró algo al oído. Dos minutos después tenía su polla dentro del trasero del sujeto, sacándole los más obscenos gemidos.
Brian cerró los ojos e hizo lo que había estado haciendo toda la noche. Se imaginó a su dulce Sunshine bajo su peso mientras embestía contra su apretado trasero. Por suerte para su fantasía el sujeto que había elegido tenía el cabello casi tan largo como su artista favorito. Brian se dio gusto tirando de ese cabello mientras penetraba más a su no Sunshine.
Estando en plena fantasía Justididiana su teléfono comenzó a vibrar en su bolsillo trasero. Con un bufido de fastidio sacó el móvil, dispuesto a mandar a la mierda a quien estuviese interrumpiendo.
Grande fue su sorpresa al ver el nombre "Pequeña mierda" en la pantalla. La fantasía no se rompió, solo mejoró.
—¡Sunshine! —gimió, sintiendo como la sola imagen de Justin lo ayudaba a correrse como un maldito adolescente calenturiento.
Justin absorbió cada sonido que salía de la boca de Brian. Recordando como el publicista tensaba los músculos de la mandíbula y también como se relamía los labios, bueno, siempre y cuando no estuvieran ocupados.
Por los sonidos de fondo Justin sabía que Brian ya se había corrido como los grandes y ahora quizás estuviese con esa sonrisa tonta que ponía cuando estaba relajado. El sexo siempre lo ponía de buen humor.
—Desearía poder ver las estrellas —sonrió con nostalgia deseando ver las dos cosas que más amaba. Brian y a las estrellas.
—¿Si quieres te puedo hacer ver las estrellas, Sunshine? —se rio, colocando su teléfono entre su oreja y su hombro mientras se subía la bragueta del pantalón— ¿Qué demonios es ese sonido? Dejame salir para poder escucharte —salió de la habitación oscura, esquivando a la masa de gente que se amontonaba en cada rincón de la discoteca.
—No tengo mucho tiempo, Brian —Justin cerró los ojos, maldiciendo que su voz sonara tan temblorosa y débil. Brian no necesitaba saber que esos eran sus últimos minutos. No necesitaba hacer que entrara en pánico para que buscara una manera desesperada de llegar hasta él. No valdría la pena. Ya era demasiado tarde.
—¿Justin? —Brian se detuvo abruptamente en la acera al escuchar las sibilancias al otro lado de la línea— ¿Qué sucede?
—Me estoy quedando sin tiempo —susurró, mirando por el espejo retrovisor los acusadores ojos de su hermana menor. Por lo menos él estaba teniendo la oportunidad de despedirse de quien amaba, pero ¿qué pasaba con su madre y Molly? Ellas se fueron en un parpadeo. Ojala él hubiese hecho lo mismo.
—¿Tiempo para qué? —Brian se preguntó por qué el chico siempre tenía que ser una jodida reina del drama. Si tan solo le dijera qué andaba mal de una vez por todas, así él podría solucionarlo y devolver el sol a su sonrisa.
—¿Qué sucede? —preguntó Michael, preocupado al ver el semblante serio de Brian. Porque después de todo para alguien que acababa de tener una noche llena de orgasmos se veía como si alguien hubiera muerto.
—No lo sé. Creo que algo anda mal con Justin —tapó el micrófono para que Justin no escuchara su pequeña platica con Michael. Si el chico estaba sufriendo un ataque de pánico lo mejor era mantenerlo enfocado y sin distracciones.
Michael estuvo a punto de hacer algún comentario sarcástico sobre como siempre Justin estaba necesitando de Brian, pero por alguna razón decidió cerrar la boca y estar atento a la situación.
—¿Tiempo para qué? ¡Justin! —Brian sujetó con fuerza el teléfono mientras gritaba el nombre del rubio ¿por qué diablos se quedaba en silencio?
¿Tiempo para qué? Se preguntó Justin. Olvidando por completo que había dicho eso. Maldito cerebro.
¡Ya me acorde! Se aplaudió mentalmente por su pequeño éxito —Para despedirme —sintió como le costaba respirar. Ya no podía sentir su cuerpo, era como si todo en su cuerpo se fuese apagando. Me estoy quedando sin tiempo, pensó nuevamente. El sonido de su propio corazón era lo único que lo mantenía mínimamente enfocado.
—No seas una reina del drama, Sunshine. Estas teniendo un ataque de pánico. No estas muriendo, nadie está muriendo —Brian puntualizó esa última parte, viendo por el rabillo del ojo como Michael abría grande los ojos y se cubría la boca con una mano. Dios, el mismo se estaba poniendo de los nervios.
—Tengo mucho frío y creo que no puedo moverme, o talvez no tengo las fuerzas —estaba divagando más para sí mismo que para Brian. Pero Brian ya se había convertido en un experto del entendimiento de cualquier cosa referente a Justin Taylor.
—Sunshine, dame un minuto. Te lo ruego no cuelgues —Justin escuchó a Brian pidiendo un minuto cuando ni siquiera el mismo sabía si lo tendría. Él tenía unas inmensas ganas de largarse a dormir, pero Brian le había rogado que se quedara en la línea. Cabe decir que Brian Kinney nunca rogaba.
—Creo que Justin sufrió un accidente. Talvez tenga una conmoción cerebral, dijo tener mucho frio y algo de no poder moverse —Brian se apresuró a decirle Michael la situación de Justin. Alguien tenía que llamar a emergencias y el no podía colgar con Justin.
—¡Oh Dios mío! Llamare al 911 —Michael reaccionó al instantes, sin tiempo que perder tomó su teléfono de la chaqueta y empezó a hablar con la operaria— Brian ¿a dónde los envió?
Y por un segundo Brian se quedó en blanco ¿dónde mierda estaba Justin? —No creo que él sepa dónde está. Diles que rastreen su teléfono.
—Michael.
—¿Si?
—Diles que se apresuren, no creo que tenga mucho tiempo.
Fue en ese entonces que la palabra tiempo cobró todo el sentido de la expresión.
Brian sabia de mala experiencia que el tiempo podía ser una perra. Tiempo atrás en un minuto él había besado a Justin en el estacionamiento de la escuela, escuchando como el chico profesaba que esa había sido la mejor noche de su vida; y al siguiente minuto su mundo era apagado por un idiota con un bat de béisbol.
En ese preciso instante la vida de Justin se escurría como arena en un reloj.
Brian vio como Michael se comprometía con la labor. Y había quienes decían que Michael odiaba a Justin.
—¿Pequeña mierda? —preguntó con temor al casi ni escuchar el molesto silbido que era la respiración del rubio.
—¿Si viejo? —respondió apenas con un suspiro tembloroso.
—La ayuda está en camino, Sunshine. Tienes que aguantar hasta que llegue la ayuda para que puedas lucirte en el hospital como la gran reina del drama que eres —¿Quién diría que su noche del viernes terminaría así? ¿Quién diría que nuevamente Justin caminaría por la fina línea de la vida y la muerte? ¿Quién diría que ese chico llegaría para poner su mundo patas arriba?
—Nunca le diría que no a una gran escena, pero… —fue interrumpido por un enojado Brian.
—Nada de malditos peros —comentó con brusquedad después de escuchar como Michael le decía que ya habían localizado a Justin, pero que el clima no ayudaba para precisar el recate, así que tendría que mantenerlo despierto todo el tiempo que fuese posible.
Justin sabía lo que Brian estaba intentando hacer. Mantenerlo despierto para no dormir, para no morir. Pero su propósito esa noche no era sobrevivir, sino decir adiós. Darle un cierre a Brian Kinney.
—Daphne dice que soy un idiota porque a veces pienso que me aceptaste en tu casa por culpa a lo ocurrido en el baile —No era la mejor forma de empezar el cierre, pero tampoco era la peor.
—Bueno ella es una chica muy inteligente —Brian tuvo ganas de gritarle a Justin por pensar cosas tan estúpidas. Si él lo había aceptado en su casa, en su cama y en su vida, había porque lo quería allí. No por estúpida culpa o lástima— ¿Estas solo? —preguntó dubitativo porque después de todo ¿y si se trataba de algo más grande?
—¿Los muertos cuentan? —deseoso hubiese sollozado, simplemente ya no tenía las energías y seguramente las lágrimas se habrían congelado en sus mejillas antes de caer.
Brian sintió que el mundo se movía bajo sus pies, y si no hubiese sido por los reflejos de Michael seguramente se hubiese ido de bruces contra el suelo. No sabe cómo Michael se las arregló para llevarlo a su auto y sentarlo allí. Cada uno estaba con un teléfono pegado a la oreja.
—¿Muertos? —¿Estaría Ethan en ese listado?
—¿Alguien muri…? —Michael se detuvo al ver la mirada de Brian. Ese no era el momento para jugar a las veinte preguntas.
—Lo que está destinado a pasar pasara, sin importar el lugar o la compañía que tengas en ese momento ¿me entiendes? —Justin habló a través de su costosa respiración. Sus pulmones se sentían como si estuviesen siendo comprimidos. Irónicamente el aire se estaba escaseando.
—Tienes que dejar de juntarte con Ben zen —molestó sintiendo como su garganta se cerraba por la ola de dolor emocional que llegaba a su costa.
—Brian
—Lo entiendo, Sunshine. Pero también tienes que entender que no es fácil de aceptar cuando eso pasa en mi horario.
Justin cerró los ojos y trató de recordar cómo se sentía el calor del sol sobre su piel, las suaves manos de Brian debajo de su ropa, la música de violín de Ethan o la vida todas las mañanas en el Liberty diner. Su cerebro se estaba sumando al apagón general que estaba teniendo su cuerpo.
—Aun me sigue gustando tu cocina —sonrió pequeño al recordar la primera vez que vio desnudo al gran dios del sexo de la Avenida Liberty, en ese preciso momento pudo haber dicho una y mil cosas sobre el glorioso cuerpo de Brian, o ya se cualquier otra cosa que no fuese "bonita cocina".
Brian sonrió sin importarle poco que Michael lo viese como si se le hubiese zafado un tornillo. Ese chico que había recogido bajo aquella farola había madurado tanto que ahora estaba tratando de darle consuelo a él. Estaba dándole un cierre a la historia que pudieron ser pero no fueron. Y él se lo permitiría porque después de todo ¿qué más podía hacer en ese momento?
—Sunshine ¿estás bien? —Los paramédicos aun no llegaban y la respiración de Justin sonaba como un maldito gato muriendo.
—Aun no muero —musitó a través de un ataque de tos que lo dejo viendo puntos negros— Tengo sueño.
Oh no. Claro que no, eso no está pasando —No te duermas, Sunshine.
—¿Porque no?
Brian sostuvo con fuerza el teléfono. Vamos, dile.
—¿Brian?
—No puedo perderte, no puedo y no quiero pasar por algo así otra vez —su voz sonó rasposa pero por motivos distintos a los del rubio. Brian sentía como si alguien le estuviese sacando el corazón por la boca.
—Brian kinney se preocupa por mí —canturreó, gastando el preciado aire que sus pulmones de mierda apenas podían almacenar—Creo que dormiré un rato y cuando desperté todo estará mejor —dijo, olvidando por completo que quizás ese podía ser un sueño sin retorno.
—Si duermes no escucharas mi dulce voz —Una lágrima bajó por su mejilla mientras su pecho se agitaba.
—Podre verte y escucharte en mis sueños —dijo Justin, abrazando la idea de ver nuevamente a Brian, pero sobre todo, en el mundo de los sueños ya no había dolor.
—¿Sunshine? ¡Justin! —Brian gritó desesperado el nombre del rubio cuando escuchó el teléfono chocar contra el suelo.
¿Por qué carajos el mundo se empeñaba en destruirle la vida a su chico? ¿Acaso no era suficiente trágico que en el baile de su graduación le hubiesen jodido el cerebro?
De fondo se dejó de escuchar la monstruosa respiración de Justin desvaneciéndose. Ahora, solo se escuchaba el aullido del viento y una sirena de fondo. Brian pidió a quien fuese que escuchara su plegaria que su mente no le estuviera jugando trucos y que realmente ese sonido fuese el de la maldita ayuda.
Brian dejó de contener la respiración cuando estuvo completamente seguro que sí era la ambulancia.
—¡Válgame Dios! —Brian escuchó el horror abarcando la voz de uno de los rescatistas.
Michael, quien aún seguía en la línea con la operadora de emergencias escuchó cuando ella le decía que la ayuda había llegado. También le dijo a qué hospital sería trasladado.
—El estará bien, Brian —Michael trató de consolar en vano a Brian, quien lloraba lágrimas silenciosas con el teléfono aun pegado a su oreja, aunque ya no había alguien que pudiera responder.
—No lo sé, Michael. Se estaba quedando sin tiempo —balbuceó.
Gracias por leer.
