Naruto © Masashi Kishimoto

-Mangetsu No Koibito-

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Capítulo 02

Pleased to meet you

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Habían transcurrido dos semanas desde el incidente y la pelirosa no daba señales de querer despertar pronto.

Ino la visitaba todos los días el máximo tiempo posible. Su rutina diaria desde dos semanas atrás consistía en ir a la escuela, después pasar toda la tarde y parte de la noche en el hospital, y para finalizar, por las noches hacía sus tareas.

Se sentaba horas y horas, platicándole a la pelirosa sobre los nuevos chismes y acontecimientos en el colegio. De vez en cuando los padres de la rubia también visitaban a la chica, e inclusive algunos compañeros de la escuela.

Sakura en realidad no podía ser llamada la más popular, no hablaba con muchas personas ya que era considerada hasta cierto punto rara. Por ser diferente a los demás, es muy común ser excluida. Así que no era muy normal ver a alguien más que no fuera la rubia dentro de la habitación.

Pero a veces la vista engaña y en definitiva hay cosas que pasan desapercibidas para ella.

Y ahí estaba él desde hacia un par de horas atrás. Había pensado que para cuando regresara, ella ya estaría despierta, pero no, aún seguía conectada a esos cables sin señales de querer moverse. No contaba con que aquel demonio le hubiera robado tanto. Si él no hubiese llegado a tiempo, Sakura tal vez estaría muerta.

Observó como la amiga de la chica parloteaba sobre las cosas que había hecho en la escuela, al parecer no se cansaba de hablar.

Sasuke simplemente no pensaba esperar más tiempo.

—Oye, despierta —no recibió ninguna respuesta.

No se iba a dar por vencido tan rápido. Le llamó una y otra vez sin resultado. Se cansó de hacerlo y tomó otra decisión, despertarla a la fuerza.

Se acercó más al cuerpo de la chica y colocó la palma de una de sus manos en la frente blanca de la joven. Segundos después un destello oscuro emanó de los dedos del muchacho durante un par de décimas de segundo para después desaparecer.

—Síguela—susurró el muchacho.

Observó como la chica rubia, amiga de la pelirosa parpadeaba sorprendida y tocaba también la frente de la chica, atravesando en el paso su mano. Al parecer ella había notado algo extraño porque fruncía el ceño y la miraba fijamente.

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Despierta— Sakura escuchó el llamado, pero no sabía de dónde provenía la voz.

¿Qué despertara? Pero si ella estaba con los ojos bien abiertos. Lo que quería era que alguien la sacara o por lo menos le dijera donde estaba y cómo había llegado ahí.

El lugar estaba en penumbras, apenas podía llegar a distinguir las casas. Era un pequeño pueblo con pocas viviendas rurales. No había ni una sola persona en los alrededores.

Le daba temor comenzar a caminar sin rumbo en aquella abrumante oscuridad. Levantó la vista al cielo, completamente oscurecido, parecía nublado por lo que no se asomaba ningún rayo lunar ni tampoco las estrellas.

Sintió frío y se abrazó a sí misma. Deseo encontrar a alguien que le dijera donde estaba.

Empezó a dar pasos lentos y temerosos, ¿qué tal si caía en algún pozo? El camino era de terracería y se tropezó un par de veces, vaya suerte la suya. El tiempo le parecía eterno.

—Ten cuidado—la voz de una mujer la hizo saltar del susto.

Tembló y comenzó a buscar de dónde provenía, ¿por qué se le hacía tan familiar?

Enfocó la vista en la silueta curvilínea de una mujer delante de ella. No dudo antes de salir corriendo hacia ella, sin embargo jamás pudo llegar; aunque corriera con todas sus fuerzas no parecía moverse de su lugar. Empezó a entrar en pánico.

—Tranquila, no te asustes. Estás bien—la dulce voz de la mujer logró tranquilizarla un poco y reconfortarla.

Observó como ella se le acercaba. Una vez que estuvieron cerca le tomó de las manos suavemente. A pesar de la cercanía no pudo ver su rostro, pero sí sentir su dulce aroma femenino.

—Cuídate mucho—le dijo la mujer acariciando amablemente sus manos.

Una luz comenzó a brillar en la oscuridad. No, más bien era un manchón aún más negro que sobresalía entre en la penumbra.

Síguelo— ordenó la voz masculina de antes.

Entró en pánico, soltándose de las manos de la mujer y comenzó a buscar de nuevo de dónde provenía aquella voz.

La mujer que tenía enfrente jadeó alarmada y le tomó de nuevo de las manos.

—Cuídate de los demonios, por favor. Ten mucho cuidado de ellos y aunque yo no esté presente contigo físicamente, lo estaré en tu corazón—

Ahora sí Sakura no entendía que estaba pasando.

— ¿De qué estás hablando?

Ya no sintió las manos tibias rodeando las suyas y ya no había absolutamente nadie cerca, el aroma también había desaparecido.

De nuevo estaba sola y asustada en aquél lugar.

La mancha negra no había desaparecido y decidió seguirla como la voz del hombre le había dicho. Esperaba no cometer un error al hacerlo.

Una vez enfrente no supo que hacer, por impulso estiró la mano y cuando atravesó la mancha se sintió ligera y luego nada.

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Abrió los párpados de golpe, recibiendo la luz blanca de lleno en los ojos. Sus pupilas dilatadas por la oscuridad se hicieron más pequeñas y los ojos le dolieron. Cerró los ojos y frunció el ceño. Fue abriendo poco a poco los ojos para que estos se acostumbraran a la luz. Se sentó en la cama con cuidado.

¿Dónde estaba ahora? La pregunta del millón.

Observó alrededor, encontrándose a su amiga Ino con los ojos llenos de lágrimas, la nueva pregunta era ¿qué estaba pasando?

—Sakura—susurró la rubia después de haberse lanzado a abrazar a la pelirosa de golpe. Esta se quejó del dolor que le causaba que la estuvieran estrujando de esa manera.

—Ino, cálmate. Me estás llenando de mocos el hombro—Ino se levanto rápidamente y salió por la puerta gritando: "¡doctor, doctor, Sakura despertó!". Ahora la pregunta era, ¿qué había pasado?

Se quedó mirando por la entrada, observando como un hombre con bata blanca y un enfermero vestido de azul entraban, seguidos por Ino.

Comenzaron a revisar sus signos vitales sin que ella se enterara el por qué estaba en esa situación.

—Parece estar bien, no hay ninguna anomalía en sus signos vitales—soltó el doctor, Ino sonrió aliviada.

Fue entonces cuando se percató de la presencia de alguien más que le era desconocido en esa habitación.

Era un hombre joven, alto, de piel blanca y cabello negro. Estaba completamente ataviado de negro. Sus ojos también negros le miraban fijamente. Sakura se quedó con la boca abierta por lo extremadamente guapo que era.

Reaccionó. Un momento, ¿ojos negros?

Los recuerdos de la noche de Halloween llegaron de golpe a su cabeza, de principio a final. Se puso pálida y le costó trabajo respirar. El médico se percató de su reacción.

— ¿Quién eres tú? —preguntó Sakura al extraño. Este ni se inmutó, no se movió ni un solo milímetro y no le quitó la mirada de encima. No respondió la pregunta. — Hey, ¡te estoy hablando, no me ignores! —Sakura se sintió bastante molesta al verse ignorada. A pesar de preguntar una vez más siguió sin obtener respuesta.

El médico e Ino compartieron una mirada de preocupación.

— ¿Qué te pasa, Sakura? —Ino se acercó a ella, mirándola confundida.

— ¿Quién es él, Ino? ¿Es tu nuevo novio?

—Sakura, ¿de qué estás hablando?

—El tipo que está parado ahí, ¿quién es? —Sakura señaló hacia la pared, donde se encontraba el joven recargado. Sin embargo, nadie más de los presentes en la habitación, aparte de ella, pudieron ver algo.

Sakura ahí no hay nadie —la pelirosa abrió los ojos con sorpresa al escuchar la frase.

—Deja de bromear, ¿acaso te estás quedando ciega? ¡Hey tú, abre la boca de una vez y dime quién eres!

—Señorita, será mejor que se recueste y descanse un poco más—el doctor de acercó a ella, tomándola de los hombros para ayudarla a recostarse.

— ¿A qué están jugando ustedes? Dejen de bromear. —Sakura vio las miradas de los demás, creían que estaba loca, como odiaba esa mirada, todos los días tenía que enfrentarse a ella. — ¡Dejen de mirarme de esa manera! ¡No estoy loca si es lo que ustedes creen! —Un bufido llegó a sus oídos desde el otro lado de la habitación. Sakura dirigió la mirada hacia ahí para encontrarse con la mirada penetrante y una mueca burlona en el rostro de aquel hombre. A la pelirosa se le subieron los colores del enojo al rostro. — ¡Tú! ¡Bastardo! ¿Se puede saber de qué te ríes? ¡Deja de burlarte de mí!

Intentó levantarse de la cama para dirigirse a aquel hombre, pero los brazos del médico se lo impidieron. Intentó liberarse, pero el doctor de negaba a dejarla pararse.

—Por favor recuéstese y descanse un poco más, cuando despierte se sentirá mejor—

— ¡Suélteme, yo no estoy loca! —forcejeó con el doctor, sin éxito. El muchacho de ojos negros seguía mirándola con aquella mueca de burla, lo que hizo que su enojo aumentara. — ¡Deja de reírte, idiota! ¿Quién carajos eres?

Sakura siguió forcejeando con el médico, hasta que este fue apoyado por el enfermero, logrando acostar a la chica en la cama. El doctor gritó un par de órdenes y enseguida una enfermera entró por la puerta con una jeringa. La pelirosa estaba al borde de la histeria hasta que le inyectaron un tranquilizante.

Ino observó como su amiga le gritaba a la pared y se llevó las manos a la boca, cubriéndola para no decir nada inapropiado que jodiera aún más la situación. Segundos después de que le inyectaron la sustancia, su amiga pelirosa se fue tranquilizando hasta que poco a poco cayó de nuevo dormida. Ino no entendía, ¿de qué hablaba Sakura? Dirigió su mirada hacia el lugar a donde Sakura había estado apuntando, pero siguió sin ver nada.

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Había pasado 3 días desde que despertó en el hospital y ese día le iban a dar por fin de alta. Le había costado bastante trabajo convencer a Ino y al doctor de que ya se sentía mucho mejor y que no recordaba nada acerca de su crisis anterior.

Después de aquella escena, le habían sedado para que se quedara dormida. Ino había estado preocupada por ella, preguntándole que es lo que había pasado esa noche de Halloween, sin embargo daba por terminada la conversación diciéndole que no recordaba nada y que así estaba mejor. Con respecto al hecho de que había estado gritándole a la pared después de despertar del coma, no había dicho ni una palabra sobre ello y a Sakura le parecía lo mejor.

El joven pelinegro había estado ahí después de que ella despertó cuando la sedaron. De nuevo había intentado hablar con él, pero siguió sin obtener respuesta alguna. Él había estado sentado en el sofá de la habitación, observándola sin pronunciar palabra alguna a pesar de sus esfuerzos intentando por lo menos que le dijera su nombre. Pero lo que más le preocupaba fue nadie más que no fuera ella podía verlo y eso le desesperaba, sobre todo porque él no tenía intención de hablar.

Cuando ella se quedó dormida de nuevo, él seguía allí, pero cuando despertó ya había desaparecido. No lo volvió a ver, él no apareció en su habitación de nuevo. Sakura estaba bastante inquieta respecto a ese tema, pero no pensaba platicarlo con alguien porque pensarían que se había vuelto aún más loca de lo que creían.

Ino le acompañó a su casa, junto a los padres de ésta, después de insistir muchas veces de no dejarla ir sola. Los señores Yamanaka le miraban preocupados, al parecer Ino les había contado sobre la situación. Le habían invitado a que se quedara en su casa un tiempo, pero ella se había negado rotundamente, a pesar de la insistencia.

Se sentía nerviosa de estar sola después de todo lo que había pasado, pero tampoco quería ser una molestia.

La señora Yamanaka e Ino se quedaron toda la tarde con ella, prepararon comida y le hicieron compañía.

Cuando comenzó a anochecer se retiraron a su propia casa, intentando convencer a la pelirosa que fuera con ellas, recibiendo una negativa de su parte.

Una vez que se fueron, decidió tomar un baño. Tomó sus cosas de la habitación para dirigirse a la ducha.

Se preguntó dónde podría estar su tío, no había recibido ni una sola carta de su parte. Aunque bueno, tampoco tenía idea si él se había enterado de lo que había pasado.

Su tío era un hombre al que no conocía físicamente, pero desde que había aprendido a escribir había intercambiado cartas con él. Nunca sabía donde se encontraba exactamente, recibía una carta desde un país y la siguiente que llegaba era enviada desde otro diferente. No conocía el trabajo de su tío, pero pensaba que tal vez era algún empresario por lo mucho que viajaba.

Él se encargaba de pagar sus gastos, se hacía cargo de ella económicamente. No podía ser considerado como un padre, pero se acercaba. Aunque las cartas no eran frecuentes, máximo una al mes, él siempre tenía una solución a sus problemas, le daba apoyo moral y le escribía palabras de cariño.

Estaba preocupada, hacia cuatro meses desde la última carta y no sabía nada de él. El dinero siempre seguía llegando en una buena cantidad dos veces al mes, pero no había cartas.

Salió de la ducha con una toalla enredada en el cuerpo y con otra se secaba el cabello. Se dirigió a su habitación para vestirse.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo al sentir una corriente de aire frío entrar por el espacio abierto del corredor que había en el camino a su cuarto. Todo estaba oscuro, la noche ya había llegado y como había estado bañándose todas las luces de su hogar estaban apagadas.

Se apresuró a su cuarto, el aire frío de la noche le erizaba la piel. La puerta estaba abierta.

Su corazón se aceleró al observar la silueta de un hombre en su habitación. Inmediatamente encendió las luces para, efectivamente, encontrar a una persona en ella.

— ¿Qué haces aquí? ¿¡Cómo entraste!? —gritó la pelirosa. Él no se inmuto ante el tono de voz y se mantuvo callado. — ¿Quién eres? —Sakura negó con la cabeza. —No, la pregunta es, ¿qué eres? Estoy bastante segura de haberte visto el día que esa cosa me atacó, ¿tú me salvaste? —al ser la única que hablaba se molestó aún más. — ¿Cuándo piensas dejar de burlarte de mí?

Una casi imperceptible sonrisa apareció en el rostro del muchacho, pero así como llegó, desapareció.

—No me burlo de ti—

A Sakura casi se le detuvo el corazón al por fin escucharlo hablar, por un momento había pensado que era mudo o algo por el estilo. Tenía una voz ronca y masculina bastante agradable. Recordó que era la misma voz que había escuchado en sus sueños cuando despertó del coma. Parpadeó sorprendida.

— ¿Quién eres?

—Si lo que quieres saber es mi nombre… Pleased to meet you, me llamo Sasuke.

— ¿Qué eres?

—Directa, sin rodeos. —Lo último que Sakura quería era perder el tiempo, necesitaba saber quién era él. En un parpadeo, había desaparecido de su lugar anterior y ahora estaba frente a ella. Con una mano se aferró a su cintura y hundió el rostro en su cuello, aspirando su aroma. — ¿Estás segura de que quieres saber qué soy? —susurró en su oído. Sakura tembló de pies a cabeza. Alzó la mirada para encontrarse con la de él. Ojos negros y profundos. Se sentía desnuda bajo la mirada del joven. Un aura de erotismo lo rodeaba, era como la perdición el sólo hecho de tenerle cerca. Sólo atinó a asentir como tonta, se sentía en trance ante la cercanía del muchacho. —Un demonio, eso es lo que soy.

Ten cuidado con los demonios. La voz de la mujer de en sus sueños resonó con fuerza dentro de su cabeza. Se zafó del agarre del joven lo suficiente para recuperar la cordura.

— ¿Qué es lo que quieres?

—A ti—

Sakura sintió como un escalofrío le recorría de pies a cabeza al escucharlo.

— ¿A qué te refieres? —preguntó entre tartamudeos.

Él sonrió juguetonamente al notar su reacción.

—Sólo jugaba. Alguien me ha encargado cuidar de ti durante un tiempo.

— ¿Un demonio? ¿Cuidando de alguien? —si no estuviera temblando de miedo tal vez se hubiera reído.

Él asintió.

—Todos tenemos motivos propios. ¿Quieres respuestas? —Él se le acercó lo suficiente como para volver a tener contacto físico. Por un momento creyó que le iba a acariciar el rostro, pero retiró la mano y se dio media vuelta, dirigiéndose a la puerta. —Primero vístete, sólo me provocas querer comerte viéndote así. Te espero en la sala—

Sus piernas se volvieron gelatina y cayó de rodillas al suelo.

¿Qué acababa de suceder?

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¡Hola, qué tal! ¿Cómo les va? Espero que todo bien c:

Sólo pasaba a dejarle el capítulo número dos. No tengo mucho que decir, así que nos leemos el próximo episodio.

Muchas gracias por los reviews:3

Besos, Kanade.

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¿Alguien gusta una galletita o un Sasuke-kun?

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