Las amo
Sentía que sus piernas dolían a medida que se alejaba del lugar. Hablo tenido suerte de poder encontrar sus llaves y de haber encargado su automóvil con Madison, ya que de otra forma no hubiera podido lograrlo. No se sentía en condiciones de conducir, pero no había otra opción. Sus zapatos de tacón resonaban en el pavimento, sin importarle el dolor que ocasionaban en sus pies cansados. Poco le importaba en realidad todo el dolor físico que pudiera experimentar en ese momento, de alguna forma sabía que lo merecía en cierto modo.
Podía escuchar el sonido de las voces llamarle, sin querer girar su vista en dirección a ellas. No quería saber nada, ni escuchar algo relacionado con el acto de egoísmo que estaba cometiendo. Wendy se encontraba aturdida, asustada, como si el mundo se estuviera terminando en ese momento. Sus ojos ardían y su corazón se sentía a punto de salirse por su pecho.
Su hermoso vestido blanco se ajustaba en un bello escote en forma de corazón sobre sus pequeños y firmes pechos, alzándose y bajando ante la acelerada y errática respiración que la rubia tenía. Gruesas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, pero la rubia intentaba mantenerse fuerte, intentaba mantenerse firme.
Aceleró al poco tiempo, pese al temblor en sus manos y el adormecimiento en sus piernas.
La gente estaba preocupada, sorprendida. Había temido ante las reacciones, pero una sensación de libertad. Por un breve y poderoso momento se dio la libertad de sonreír muy ligeramente. Estaba orgullosa de su valentía, pese a sentir que iba ligado a una enorme estupidez. Su casi futuro esposo debía tener un montón de preguntas y pesadez, siendo ella la propietaria de ese sentimiento. Claro que merecía una buena explicación, más no se sentía en condiciones de hablar con alguien en ese momento, no al menos con alguno de los invitados y presentes de la recepción. Tenía a alguien más en mente en ese momento.
-.-
Edith se encontraba haciendo galletas en su cocina. Su apariencia era menos formal que otros días. Su vestido color celeste combinaba con el tocado sobre su cabello. La luz de la tarde se filtraba por la ventana, notando como el sol desaparecía lentamente sobre el horizonte. La noche estaba por llegar.
Paso un brazo cansado por sobre la zona de su antebrazo, en donde un muy pequeño tatuaje yacía escondido en la parte interna de su brazo. Era una pequeña flor violeta, una lila. Había sido un arranque de locura al momento de hacerlo, pero no se arrepentía en realidad de la delicadeza del detalle. Era su flor favorita y sentía que pese a desencajar con lo tradicional de su apariencia, era algo delicado y agresivo, así como su personalidad.
Wendy había acariciado y besado el tatuaje con insistencia durante su encuentro. Las sábanas y almohadas aún olían a su cabello, a su piel.
La pelinegra suspiro.
Para este momento, Wendy debía estar frente al altar, siendo entregada por su padre, permaneciendo en los brazos de su futuro esposo, mirando enamorada e ilusionada su rostro mientras se prometían amor eterno.
A Edith siempre le habían gustado las bodas, siendo invitada en más de una ocasión a asistir para ver en todo su esplendor sus bellas creaciones. Esta imagen mental en particular le provocaba una gran amargura, sin embardo, además de un gran dolor. Debía aceptar que la rubia nunca había sido suya, pero la realidad de aquella afirmación la abrumaba y lastimaba de sobremanera.
Mantenerse ocupada en la cocina parecía la opción más razonable. Las galletas no eran en particular algo que consumiera a diario, pero bien podría donarlas a algún lugar de beneficencia o algo por el estilo, ya que seguir los procedimientos de su elaboración era lo que realmente la relajaba. No se sentía en condiciones en este momento de hacer nuevos pedidos.
Si era sincera consigo misma, la idea de permanecer cerca de detalles de boda iba a ser un recordatorio constante de aquello que sintió perdido en esos días. Era absurdo, pensó de igual manera, considerando que Wendy Park nunca había sido suya en primera instancia. Ella había sido una cliente y una buena y potencial amiga, y Edith había abusado de su confianza, había empezaba algo que ambas no pudieron detener y ahora se encontraba lamentándose por su propia estupidez y responsabilidad.
La idea de no volver a ver a Wendy era algo sumamente duro, pero necesario. Nada bueno podría salir de esa amistad ahora que lo pensaba con detenimiento, ya que siempre corría el riesgo de tener aquel sentimiento por la mujer, amando las maneras tan únicas en las cuales reaccionaban, el aroma de su cabello, la calidez de su sonrisa o esa forma tan particular en la cual, pese a no arreglarse para nada, siempre se miraba bastante hermosa ante su percepción.
La belleza natural era algo que resaltaba de maravilla en la rubia, siendo esta una de las múltiples razones por las cual terminó cediendo ante su encanto natural. Era una idiota, una completa idiota.
Escuchó la puerta sonar con un acelerado golpeteo sin saber que esperar, empezando a encaminarse lentamente hacía la puerta y quedándose sin aliento al ver a Wendy sobre su entrada, con el maquillaje corrido y el cabello despeinado. Su vestido de novia era levantado por sus propias manos para no ser arrastrado. Parecía cansada, agotada y sobre todo muy vulnerable.
Edith se había lamentado por un momento de haber hecho el vestido tan espectacular y tan bello, por haberse esforzado en esta creación más que en cualquiera de sus otros vestidos. Wendy era un ángel, toda una visión.
— ¿Qué estás haciendo aquí, Wendy? Hoy es tu boda. Yo... —
—No pude hacerlo. —Fueron las palabras mencionadas por la rubia, tensando sus manos sobre su vestido blanco. Gruesas lágrimas caían por sus mejillas ante el asombro de la mujer contraria, sin poder evitar sentirse conmovida y preocupada. —No pude. No pude, Edith. No pude decir que si... —
—Wendy... —respondió de forma automática mientras terminaba por posar ambas manos sobre sus delgados hombros. La mujer rubia parecía perder el control con aquel gesto.
—Soy lo peor...soy una persona horrible, egoísta…—
—No digas esas horribles cosas...—comentaba la mayor mientras la estrechaba fuertemente entre sus brazos. La metió lentamente a la casa, acariciando su espalda antes cerrar la puerta. Nadie más tenía que ser testigo de aquel encuentro. Nadie más tenía que ver aquellas caricias, aquella mirada de asombro y calidez que Edith mostró al poco tiempo al enfrentarse al hermoso rostro contrario.
—No pude hacerlo. Todo el tiempo estabas en mi mente, tu voz, tus ojos…tus manos…yo te quería ver, yo te…—
—Tranquila Wendy, estás temblando, ¿quieres una taza de té o...? —
—Te necesito a ti. Te amo, Edith. Yo te quiero a ti…—
Los gestos de Wendy amenazaban con una nueva sesión de lágrimas, pareciendo al borde de un colapso nervioso ante sus declaraciones. Edith sintió como una opresión en su pecho apareció ante todas las sensaciones que aparecían en ese momento. ¿Acaso se había robado a la novia prácticamente? Edith nunca, ni es sus más extrañas fantasías o ideas, había contemplado aquella posibilidad.
Sin ningún esfuerzo levanto al estilo nupcial a la menor, encaminándose a la escalera a paso firme y apresurado, siendo tirados los zapatos blancos en el proceso, sintiendo los brazos de Wendy rodear su cuello en poco tiempo. La imagen de sí misma cargando a una novia le resultó divertida de alguna manera, ya que siempre se había imaginado de alguna manera siendo llevada por su futuro esposo. Quien diría que encontraría esa cálida sensación y necesidad ahora, con una de sus clientes, siendo uno de los motivos por las cuales salió corriendo del altar en ese instante.
Wendy no parecía en las condiciones para responder a alguna de sus múltiples dudas, limitándose a abrir la puerta del baño con cautela, intentando mantener a la menor en sus brazos durante todo este proceso. Pese a la insistencia de Wendy de continuar abrazada a su cuello, la mayor logró colocarle suavemente sobre la taza del baño, empezando a abrir la llave del agua para llenar rápidamente la bañera, colocando algunas sales aromáticas y demás cosas que hicieran el ambiente mucho más cálido y ameno.
En su espera, Edith levantó lentamente a Wendy, colocándose justo detrás de ella mientras empezaba a desabrochar el vestido con sumo cuidado y delicadeza, dejándose perder por un momento en la sensación de calor que le invadía al ver aquella espalda descubierta frente a sus ojos, notando aquellos lunares oscuros que había besado hace apenas un par de noches, mientras el escote en forma de corazón era deslizado por sobre los pechos, la cintura y las caderas.
Un par de medias con liguero y ropa interior de encaje era lo que se resguardaba bajo el montón de tela de la falda, siendo este un detalle que no pasó desapercibido por Edith. Se sentía como una invasora, conociendo de antemano que esas prendas no habían sido colocadas para ser contempladas por sus ojos, sino para resguardarse al momento de la noche de bodas. Las manos de Edith temblaron al momento de retirar la prenda con cuidado, siendo reveladas más porciones de la suave y delicada piel contraria, deteniendo el impulso de acariciar más a fondo aquella suavidad, de besarla, de sentirla bajo sus toques. Debía contenerse.
Wendy temblaba como si la habitación estuviera bajo una ventisca, siendo notado esto por la mayor, quien con preocupación de tomo de las manos, acariciando con lentitud y ternura sus dedos, uno a uno. Wendy se miraba casi el triple de vulnerable en este momento, pareciendo un ciervo cegado por la luz de los faroles de un automóvil. Edith no sabía que decir en realidad.
—Tengo miedo…—mencionó débilmente la menor, encogiéndose en su lugar aún más. Una de las manos de Edith terminó por acariciar lentamente su mejilla, sintiendo la humedad de las lágrimas en el gesto. Una muy ligera sonrisa de formo en sus labios al notar a Wendy restregarse sobre su palma, como si de un gato se tratara. Siempre era tan adorable.
—Todo estará bien —comentó al momento, aunque bien sabía que estaba mintiendo. No sabía que tantos problemas llegarían con aquel acto, pero estaba dispuesta a afrontarlos. Estaba dispuesta a afrontar cualquier cosa que involucrara o amenazara directamente a Wendy en realidad.
Cerró las llaves del agua y ayudó a la menor a meterse al poco tiempo, procurando que la temperatura del agua no fuera ni muy caliente ni muy fría, intentando darle la mayor comodidad posible en ese momento. Sus manos empezaron a tomar una de las esponjas más cercanas, llenando la misma con una esencia de jazmín, siendo una fragancia que lograba relajara después de un largo día. Este había sido un día agotador para Wendy después de todo, siendo reflejo de eso sus ojos enrojecidos y su rostro inexpresivo. Edith estaba realmente preocupada por aquella expresión tan seca, no siendo propia de la menor.
La esponja quedó recubierta con una delicada espuma blanca, empezando entonces la particular tarde de darle un baño a Wendy Park, la mujer por la cual sentía un enorme cariño y un eminente enamoramiento, quien parecía en este momento desvanecerse ante cualquier acción, como si estuviera en una especie de crisis ansiosa. Quizás y ambas lo estaban experimentando.
Las manos de Edith siempre habían sido demasiado alargadas para su gusto. Siempre había considerado este un mal atributo, aunque le era realmente útil al momento de realizar sus prendas, dominando a la perfección la utilización de cada uno de sus dedos para entrelazar la tela, los hilos, las agujas y los diferentes materiales.
Sus manos está vez se encargaban de una tarea muy distinta, teniendo una especial dedicación en rozar los brazos, hombros y parte del torso contrario con mucha suavidad, como si en cualquier movimiento brusco pudiera herir la piel contraria, siendo de un material frágil bajo sus dedos. El vapor se extendía por todos lados ante la presencia del agua caliente y Edith no tardó mucho tiempo en sentir su rostro humedecido ante la sensación, notando como el cuerpo antes rígido de la rubia iba relajándose poco a poco hasta quedar reclinada suavemente sobre el respaldo de la tina. Los ojos de la rubia se dieron el permiso de cerrarse por un momento, aprovechando el gesto para lavar parte de su rostro y pasar con mucho cuidado un poco de agua, limpiando los restos de maquillaje y lágrimas de sus facciones delicadas.
Era sorprendente, pensó Edith, que pese a estar hecha un desastre, Wendy se las arreglara para lucir hermosa, teniendo una apariencia de lo más vulnerable en este punto. Era casi irreal que alguien pudiera parecer atractiva al momento de llorar. Quizás era sus emociones y enamoramiento quien estaba controlando su lado racional en realidad.
El rostro de Wendy fue revelado en una cascada de agua cálida, permitiéndose el abrir los ojos para mirar con semblante cansado a la mayor. Estaba agotada y eso era obvio, pero había un semblante diferente en esta ocasión. Había cierta aceptación, como si después de la tormenta hubiera una calma aparente.
Los dedos de Edith bailaron sobre los finos labios, suspirando antes de unir los suyos en un suave beso, sin importarle que algunas salpicaduras aparecieran sobre su vestido. Wendy sonrió sobre el gesto, correspondiendo el beso al momento.
—Yo también te amo —comentó la pelinegra al posar su frente sobre la frente contraria, suspirando nuevamente, dejando que sus manos jugaran lentamente con el humedecido cabello contrario, colocando uno de sus mechones detrás de su oreja.
Sus ojos se abrieron lentamente, pese a que no lograba ver a detalle el rostro contrario al estar tan cerca una de la otra. Los ojos de Wendy eran una de las cosas más hermosas que había visto.
Muchas personas despreciaban los ojos castaños, creyendo que eran comunes y carentes de encanto, pero los ojos de Wendy eran una viva prueba de que aquella afirmación estaba completamente equivocada, siendo brillantes, luminosos, siendo el reflejo de cada una de las emociones que la rubia experimentaba, portando su timidez y su dulzura, además de su nerviosismo ante las cosas que no eran en definitiva su fuerte.
La mayor empezó a salpicar de besos todo el hermoso rostro, provocando que una ligera risa se escapara por parte de Wendy, sin poder contener el sentimiento de estrecharla entre sus brazos, dejando que la cabeza ajena se apoyara sobre su hombro.
—Me hubiera gustado que nos bañáramos juntas mejor —
—No estamos en condiciones, cariño, de hacer algo así. Apenas puedo mantener mis manos apartadas de ti en ese momento. No imagino como sería si nuestras pieles se…rozaran más directamente. No quiero abusar de su vulnerabilidad en este momento —
El rostro de Edith fue tomado en ese momento, siendo plantado un beso por parte de la menor, uno completamente diferente al inocente gesto de minutos atrás. Este estaba cargado de pasión, de necesidad, siendo más un acto primario que algo que en verdad había sido premeditado, encontrándose ambas mujeres en poco tiempo con los labios abiertos, siendo entrelazadas sus lenguas con hambre, mientras las manos de ambas parecían querer recorrer cada vez más la piel de la otra.
Edith tenía que ser sensata en este momento. Wendy estaba aturdida y necesitaba descansar en este instante, más que otra cosa de la que pudiera demostrar en realidad.
Su necesidad quizás era fruto de aquellas contradicciones que sentía, intentando mantener su lado racional por sobre todas aquellas necesidades que su propio cuerpo experimentaba. Debía ser fuerte, pensó. Debía ser fuerte por Wendy.
—Yo quiero que abuses de mi vulnerabilidad —comentó la menor al separarse, con voz entrecortada ante la falta de aire.
Sus pechos estaban al aire al levantarse ligeramente de la bañera, siendo un gesto premeditado para tentar aún más a la mayor, quien parecía no perder detalle de cada gesto por parte contraria. Wendy realmente estaba haciendo las cosas sumamente difíciles. Tengo que ser fuerte, se repitió nuevamente, tomando una toalla cercana.
—No. —Fue la respuesta tajante de la mayor, empezando la tarea de los delgados mechones de cabello de la rubia.
Wendy suspiro, no muy contenta con aquella respuesta, pero colaborando con la compleja tarea de ser secada, siendo compleja en el sentido de que su cuerpo expuesto no era para nada algo que pudiera pasar como si nada para los atentos ojos azules de Edith Gluskin.
Una bata fue puesta sobre si figura, siendo llevada nuevamente a la habitación al estilo nupcial. Wendy podría acostumbrase a eso, pensó, nunca imaginando que sería llevada de aquella forma por una mujer, admirando la fuerza y la firmeza con la cual Edith le sostenía, sin ningún esfuerzo evidente.
La puerta fue abierta y Wendy fue colocada sobre la cama, mientras la mayor empezaba a buscar entre sus cajones un holgado camisón blanco y un cepillo de cabello, girándose en dirección de la menor, con una evidente duda en su semblante.
—Wendy, quieres que yo…—
—No, no es necesario. Puedo hacerlo, ya me siento menos…en crisis ahora —parecía que la tranquilidad había vuelto a su semblante, empezando a colocarse el camisón y a peinar su rubio cabello con lentitud, mirando de reojo como la mayor empezaba a colocarse su ropa de dormir de igual manera.
La figura de Edith siempre le resultaría fascinante. La mujer tenía curvas bastante pronunciadas, pareciendo una modelo en realidad, con sus facciones femeninas, su altura, sus caderas anchas, sus senos prominentes. Era como si la definición de la feminidad estuviera escrita en su rostro, siendo completamente contrario a si figura frágil, delgada y pequeña en porciones, como si tuviera lo justo de todo, a sus medidas poco agraciadas, no entendiendo muy bien por qué una persona como Edith podría fijarse en alguien así. El suspiro que salió de sus labios no pasó desapercibido por Edith, quien se acercó al estar cambiada, posando sus labios sobre los labios contrarios en un gesto delicado y suave. Edith siempre la trataba como si fuera de porcelana.
—Soy un completo desastre —comentó al estar frente a frente con la mayor, sin poder evitar pasar sus manos por sobre los rizos negros que caían en su espalda. Edith paso sus manos por sobre la delgada cintura, empezando a guiar a Wendy a la cama. Ambas mujeres terminaron acurrucada en poco tiempo, uniendo sus frentes y entrelazando sus dedos, mientras la sensación de las sábanas blancas cubriendo sus cuerpos las relajaba.
Wendy parecía no querer ni parpadear. Sentía como si en cualquier momento todo pudiera desvanecerse, como si todo fuera efímero y fugaz. Quizás lo era, pensó, mientras recordaba que su vestido de novia se encontraba tirado sobre el baño ajeno, sin poder evitar que su mirada bajara por un breve momento.
Las manos de Edith pasaban por su rostro de forma suave y gentil, analizando cada gesto, cada movimiento, como si pudiera leer la mente contraria al ver aquellas reacciones. Wendy era demasiado transparente después de todo, pudiendo notar como su inseguridad aparecía en su rostro, al igual que las dudas.
—Ojalá pudiera darte tranquilidad. Creo que he arruinado todo, ¿no es así? —comentó la voz de Edith, quien no parecía creer tampoco la cantidad de cosas que habían ocurrido en esos días. No quería mentir más y decir que todo estaría bien, ya que no sabía a ciencia cierta que pasaría en ese momento. Wendy levantó la mirada, sorprendida ante esa declaración. Sus labios buscaron los contarios, como si con ese gesto pudiera borrar todo rastro de inseguridad y de amargura de aquella situación.
—No has hecho nada malo. Eres maravillosa, Edith. Realmente maravillosa. —Las palabras provocaron una sonrisa, recordando que era lo mismo que le mencionó a Wendy antes de dejarla ir. La vida parecía querer poner a esta mujer en su vida, estando dispuesta a aceptar aquello.
—No uses mis palabras en mi contra. No es justo. En tu voz todo suena tan bello…—Edith se inclinó, empezando a dejar un suave beso sobre la punta de la nariz ajena. Wendy cerró los ojos ante el gesto, sin poder evitar sonreír. Una sonrisa natural aparecía en cada una de sus interacciones con Edith, sin poder evitar pensar que todo era tan adecuado, tan correcto.
Era como si perteneciera a sus brazos, como si su piel tuviera que ser acariciada por sus manos. Nunca se había sentido así con nadie. Ninguna de sus antiguas relaciones había tenido tanta intensidad y tanta pasión como estas interacciones, ninguna otra persona había logrado despertar tal nivel de intimidad, queriendo revelar todos y cada uno de sus parámetros frente a la mujer, queriendo a su vez conocer cada detalle de su personalidad, de sus aficiones, de su vida. Estaba bastante segura de que lograrían comprender cada uno de sus demonios, de sus inseguridades y problemas. Ambas podrían afrontar cada situación.
—Quiero saberlo todo de ti —le dijo con una sonrisa mientras se acurrucaba más cerca de su pecho, sintiendo el calor de la piel ajena, al igual que el aroma de su piel. Edith soltó una ligera sonrisa, acariciando su rubio cabello aun húmedo.
—No hay mucho que agregar. Hago vestidos. Cocino pasteles. Soy una persona muy aburrida —el timbre de voz de Edith le fascinaba. Era más grave y fuerte, pero suave. No sabía si ambas cosas podrían mezclarse, pero Edith tenía una mezcla y equilibro perfecto entre la delicadeza y la rudeza, como si fuera capaz de lograr hacer todo tipo de actividades por ella sola. Wendy empezó a llenarle de besos la mejilla.
—Entonces creo que somos una pareja de personas aburrida y convencionales. Yo solo programo computadoras y hago cosas aburridas de nerd. Soy una nerd en toda la extensión de la palabra. —Edith no pudo reprimir la risa que le invadió ante tal declaración. Tomó suavemente las mejillas contarías, admirando los ojos miel de Wendy. Lucía hermosa. Wendy era todo menos aburrida. La sola mención de aquella declaración le resultaba bastante irónica, puesto que había quedado fascinada con su conversación y con las múltiples cosas que era capaz de hacer, que para nada estaban dentro de sus habilidades.
—Ambas tenemos nuestros campos de trabajo, son muy diferentes. Creo que podremos aprender un poco de cada área, ¿no te parece? —no sabía que tan cierto era aquello, que tanto duraría la situación o si realmente estaban experimentando una especie de fantasía en unión.
Edith quería perderse en ese momento en aquella sensación. La calidez, la suavidad, todo lo que tenía Wendy Park le hipnotizaba. No podía evitarlo. Las manos de Wendy se encontraban viajando por su espalda, terminando ambas mujeres en un apretado abrazo, emanando calor en el momento mientras la sensación de unión se hacía mucho más profunda. Desde el principio, si eran honestas la una con la otra, siempre hubo una especie de conexión.
Estaba en los detalles, en las miradas, en los gestos. En la forma en la cual se trataban con familiaridad, como si se conocieran de más tiempo. Edith nunca había experimentado algo como esto. Esa sensación de calidez lo rodeaba todo, sin poder contener el impulso natural de querer proteger y preservar a Wendy solo para sí. Quería ser egoísta, se repetía, quería ser egoísta por primera vez en su vida, dejándose llevar por lo que en realidad sentía y necesitaba, sin importar las repercusiones futuras. Solo quería despertar con Wendy cada mañana.
Cerró los ojos con fuerza, dejando que su frente volviera a unirse a la frente contraria, aspirando el aroma a jazmín que emanaba de la piel de Wendy, queriendo fundirse en el aroma, queriendo fundirse en su cuerpo.
Había soñado con este momento días atrás. La sensación era tan real, pero no podía evitar pensar que quizás se trataba de un sueño de lo más elaborado.
Si de un sueño se trataba, entonces no quería despertar más.
Madison es Miles es mujer. Es solo una aclaración xD.
Estoy pensando hacer un epilogo para contar lo que sucedió tiempo después, ¿qué piensan?
