Hola mis queridas lectoras,
Les quiera agradecer mucho por visitar mi historia y espero seguir contando con sus comentarios...
Este fic muestra a una Bella más alternativa, juvenil, que disfruta de los amigos y de las fiestas, hasta que el amor llega a su corazón. Sin embargo, esconde algunas mentirillas que le traerán más de algún problema...
Bueno, espero que les guste!!!
Besos,
Karen
Cap II: Noches de juerga
Una noche de abril nos preparábamos para salir al "Partenón" el grupo de chicas de siempre: Alice, Jessica, Ángela, Victoria y yo. Por esos días vivía y moría por Mike, llevaba varios meses de una persecución obsesiva con ese ser que revolucionaba algo más que mis hormonas. Soñaba con sus bellos ojos celestes y alucinaba con ser su novia, sin embargo, nada de eso era posible, él era bastante mayor que yo y parecía más cómodo con chicas de su edad que con nosotras. Sin embargo, era bastante respetuoso y educado cuando nos topábamos, pero muy sutilmente se apartaba, quizás ¿Un buen instinto de supervivencia? Claro, ya que todos los padres de mis amigas eran precisamente los jefes de aquellos jóvenes guapos con quienes nos veíamos cada fin de semana. El resto no olía el riesgo, pero Mike, sí.
Nos fuimos en una penoso bus, ninguna manejaba porque éramos menores de edad, y como siempre nos bajábamos una cuadra antes por vergüenza. Habíamos invertido bastante tiempo en arreglarnos, estábamos muy producidas, con jeans ajustados que demarcaban perfectamente nuestros derrieres y caderas, con poleras estrechas que delineaban los pechos y cinturas, bastante maquilladas y con los infaltables tacones para vernos más grandes. Éramos clientes frecuentes de la discotheque, así que nos bastaba con mostrar nuestra tarjeta vip, para acceder sin problemas ni pagar entrada. Dentro, el barman amigo nos preparaba roncolas a bajos costos o simplemente gratis –siempre es bueno contar con un contacto en la barra– y partíamos de caza en busca del hombre de turno, en mi caso Mike.
Alice buscaba a Jasper sigilosamente, pero con gran disimulo y yo, tuve la desagradable sorpresa de encontrarme a Mike, bailando muy entusiasmado con una vieja de unos veintitantos, sonreía y se movía al ritmo de la música sin siquiera dirigirme una mirada. Me sentí muy decepcionada, sin embargo, no perdí las esperanzas y me quedé en el borde de la pista de baile junto a Alice y Emmett. Como nuestro amigo tenía varias copas de más en el cuerpo, me cogió de las manos y comenzó a mover su cuerpo, sin soltar el vaso por supuesto, al ritmo de la música. Sonreía y acercaba su humanidad lo justo, en la frontera de la fraternidad, a mi cuerpo, su rostro rozaba muy de cerca al mío y sus piernas se pegaban a las mías en una danza tropical de moda muy sensual ¡Aaaah! Pero siempre respetando nuestro trato. Pegó sus labios en mi oído y me cogió por la cintura.
–¡Estás bien buena conejita! –susurró con voz ardiente, pero dentro del juego de sensualidad. De un tiempo a esta parte Emmett me había bautizado con ese nombre, ¿de dónde lo sacó? Ni la menor idea, de un día para otro todos me decían de ese modo ridículo, pero bueno, cada cuál tiene un sobrenombre, al menos, conejita, se oía tiernucho, supongo que esa era la intención… al menos eso quería creer.
Rompí a reír, era inevitable, porque cada vez que él bebía, bañaba de piropos a quien se le cruzara por delante. No le tomé asunto. Alice observaba la pista, cuando de un momento a otro se la tragó la muchedumbre sudorosa, abducida por una misteriosa mano invisible. No tardó en volver con cara de sálvenme. Me cogió del brazo, plantándome sobre un chico bastante guapo que sonreía tan sorprendido como yo.
–Bella, Edward. Edward, Bella –hizo las presentaciones formales de rigor y desapareció en busca de su rubio escurridizo.
Aún confundida comencé a bailar con ese desconocido que sonreía ya más relajado. Vestía una camisa azul y miraba intrigado.
–¿Eres amiga de Alice? –murmuró en mi oído, mientras la música nos reventaba los sesos.
Asentí y contra pregunté.
–Y ¿tú qué haces? –miré a mi alrededor para saber si Mike había terminado de bailotear con la chica, pero por más que lo busqué no lo encontré. No tuve más alternativa que desistir y acatar el plan B, el chico frente a mí.
–Soy ingeniero forestal, llegué en enero –¿otro ingeniero más? ¡Vaya! No había caso que saliéramos del rubro.
–Entonces… ¿Debes ser compañero de Mike? –pregunté ansiosa.
–Sí ¿Por qué? –sonrió, me había atrapado ¡Arg!
–No por nada… simple curiosidad –mentí.
Volvió a curvar sus labios en una sonrisa seductora, dejando al descubierto sus labios sensuales y rojos como las frambuesas. Después de todo el premio de consuelo no era tan malo. El ritmo de la música cambió a uno más pausado.
–¿Quieres seguir bailando? –preguntó, aunque sabía mi respuesta, era más bien una formalidad.
–Claro –sonreí.
Me cogió por la cintura y aferró mi cuerpo al suyo. Mis brazos se cruzaron alrededor de su cuello largo y blanquecino como la nieve. Esto estaba bien, su espalda era ancha y fuerte y tenía buena altura. Era bello y misterioso, eso me agradó. Continuamos dos bailes más y al tercero, su rostro se fue torciendo levemente hacia el mío ¡Se venía lo mejor! ¡Yujuuuu! No moví mi cabeza ni un centímetro, tenía que hacerme la importante. Podía sentir su hálito tibio en mi oído y mi estómago se contrajo de nervios puros. Por fin, descendió sutilmente hacia mis labios, posando los suyos, suaves y esponjosos sobre los míos. Besó otra vez, sutilmente y entreabrió mi boca, dejando pasar su lengua, suave, tibia y fresca. Cerré mis ojos y me dejé llevar por ese maravilloso momento, sellando en un simple intercambio de caricias una turbulenta y pasional historia, cargado de amor y tormentos. Fue una experiencia religiosa.
Lo besé por varios minutos y unas cuantas canciones más, hasta que unos gritos de loco ebrio y prendido, nos regresó a tierra.
–¡Buena Edward! ¡Buena conejita! ¡Eeeeeeeeh! –gritaba Emmett desde el borde de la barra.
Sonreímos y me puse colorada como tomate. Sus ojos se cruzaron con los míos y nos fuimos a sentar a un costado de la barra.
–¿Cuántos años tienes? –murmuró en mi oído, haciéndome temblar de pies a cabeza.
–Dieciséis –mentí y continué– cumplo diecisiete luego.
–¿Son compañeras de curso con Alice? –su excesiva preocupación por mi amiga me molestó un tanto.
–Sí, voy un curso más abajo, me atrasé un año –otro embuste y me veía dando explicaciones que nadie me había pedido.
Hablamos un poco más de cosas banales y pronto volvimos a bailar. Miré hacia mi derecha y vi que Alice estaba junto a Jasper ¡Menos mal! Así nos quedaríamos otro rato más. Las horas pasaron junto a mi adorable desconocido y llegó la hora de partir ¡Noooo! Quería que esa noche durara para siempre…
–¿Cómo se van? –preguntó gentilmente.
–En un taxi –respondí de inmediato, era cierto.
Asintió satisfecho. Alice llegó a mi lado, reía, hablaba con la lengua traposa y tenía los ojos brillantes a raíz del alcohol. De su mano venía Jasper, otro forestín más.
–Falta Jessica y Ángela –agregué. Edward me tenía abrazada por la cintura y besó mi sien.
–¡Ahí vienen! –aulló Alice.
Jessica, salió bastante destartalada. Tenía fama de chica sensual y torpe, pero igualmente tenía a medio "Partenón" tras ella. Detrás, venía Ángela, también sola, pero con grandes sospechas de haber encontrado un amor furtivo, a pesar de estar de novia con Erick.
Cogimos un taxi y los chicos nos escoltaron hasta la puerta del vehículo. Camino a casa nos fuimos copuchando de los respectivos amores de turno, con frases tan particulares, producto de la ansiedad adolescente: "¿Te besó?"... "¿En qué momento?"... "Se veía muy interesado en ti", agregaba alguien. "¿Crees que me llame?", cuestionaba la más desconfiada.
El automóvil nos pasó a dejar cada una a su casa. A primera hora del día siguiente sonaba el móvil de la otra para volver a repasar detalles y maquinar ilusas estrategias para volver a verlos. Hasta el momento ninguna estaba de novia, a excepción de Ángela.
Pasó la semana y no supe nada de Edward, bueno, de todos modos era pronto para empezar a preocuparse, todavía quedaba un fin de semana, finalmente no habíamos quedado en nada, así que no había porqué temer.
El sábado siguiente partimos de nuevo al "Partenón". Mi pobre estómago estaba hecho un nudo y me sentía incómoda, porque esa mañana había amanecido "fea", con esos días en que a uno no hay nada que la arregle, pero en fin, debía ir, era el momento de volver a verlo.
Entramos, y a poco andar me encontré frente a frente con él. Nos saludamos con un beso en la mejilla ¡Uy, yo quería uno en la boca! ¡Arg! No importaba, quedaba la noche entera y él se mostraba bastante afable. Después de intercambiar un par de frases me invitó a bailar. Mi corazón se aceleró a mil… ¡Empezaba la cuenta regresiva de nuevo! Era cosa de tiempo. Paramos de bailar un momento y pedí una roncola, esta vez invitada por él y seguimos conversando. Con los nervios se me fue pronto a la cabeza y cuando volvimos a movernos con la música, ya me sentía un poco borracha.
Sus manos se mantuvieron firmes en mi cintura, incluso cuando decidió inclinar su rostro para besarme. Acarició mi lengua con la suya, suave, tibia y deliciosa. No paró de besarme hasta que se acabó la bendita canción. Con la mente confusa por las hormonas y el alcohol tuve la brillante idea de preguntarle una idiotez que me intrigaba y que Alice me había dicho burlándose. Tomé su muñeca y revisé su pulsera.
–¿Es verdad que dice love? –no veía bien, estaba oscuro.
–¿Love? No, ¿De dónde sacaste eso? –sonrió entretenido.
–Mis amigas… –alcancé a contestar, cuando caí en la cuenta que era una broma de Alice, no les gustaba ese artículo de cuero. Él enarcó una ceja dorada y respondió.
–¡No! –sonreía sin dejar de moverse al ritmo de la música.
Me cogió por la cintura y volvió a besarme con efusividad. A nuestro lado llegó Victoria, una chica pelirroja de grandes y expresivos ojos celestes, que también era nuestra amiga. Venía bailando con James. Ese par era particularmente gracioso. Ella lo tenía por el cuello con un pañuelo y él sonreía moviendo su cuerpo de manera ridícula. De repente, James en un acto de posesión, sacó su cinturón de los jeans y la miró con picardía, levantando ambas cejas. Victoria curvó sus labios en una hermosa sonrisa a vista y paciencia de nosotros, los espectadores.
James y Victoria llevaban un tiempo juntos, pero nunca habían formalizado su noviazgo, lamentablemente para mi amiga y cómodo para él, porque también era la hija del jefe. El rubio elegante, hizo sonar el cinturón entre ambas manos y luego, azotó el piso con éste, mientras domaba a la fiera: mi amiga. Ella movía sus caderas bajo las luces de colores, tenues e intermitentes y tomaba su pelo, sosteniendo la vista en su "amo". Nos cogíamos la barriga de tanto reírnos. Victoria le seguía el juego con una gran y traviesa risita. Ambos montaron un gran espectáculo de night club circense.
El viernes siguiente me llevaron a la casa de "Los Forestines", prohibido tajantemente para las hijas de los jefes, regla que claramente se burlaba, después de todo, las leyes estaban para quebrarlas…
Era una casona antigua, probablemente de más de cien años, de algún terrateniente de otra época, dueño de esos maravillosos bosques. Al subir unas escaleras rojas llegamos a un hall, a la derecha había un inmenso living con demasiados sofás, ordenados de tal manera que hacían una gran sala de estar. Al centro, un comedor con varias mesitas cuadradas, y un poco más atrás, se vislumbraba una escalera que conducía a los dormitorios. Finalmente, a la izquierda, estaba el santuario de aquellos hombres: un bar, bastante cómodo y bien equipado. Sobre él estaba James, quien nos dio la bienvenida con una gran sonrisa sarcástica. Detrás, estaba Mike, preparando tragos. Mis pulsaciones se alertaron ante su presencia, era inevitable. No tardó en llegar Jasper, quien traía cara de maldad, aunque Alice no lo notó. Sólo faltaba él.
Nos acomodamos alrededor del bar y yo me entretuve conversando con el esquivo Mike, que ahora no parecía serlo tanto, supongo que le había dado tranquilidad mi affaire con Edward. Estaba relajado y sonreía sin miedo a acercarse mucho. Al rato después apareció él. Resplandecía hermoso, con el cabello broncíneo desordenado y la piel pálida como lo cal. Sus ojos de miel líquida hipnotizantes se clavaron en los míos y curvó sus exquisitos labios cereza en una sonrisa. Caminó lentamente y se paró a mi lado con los brazos cruzados sobre la mesa del bar. Nada de besos ¡Arg!
Le pidió un trago a Mike y cuando ya estuvo con el vaso en la mano se giró hacia mí.
–¿Cómo has estado? –mantenía una risita deliciosa. Quise devorármelo a besos, pero él debía ser quien tomara la iniciativa, además, no me iba a lanzar en sus brazos frente a todo ese público.
–Muy bien, gracias y ¿tú? –en el fondo le quería decir ¿Por qué te demoraste tanto en llegar? ¿Acaso existe "alguien" que merezca tu tiempo más que yo?. ¡Uf! No podía decir nada de eso y me limité a seguir el "Y ¿tú?" con una sonrisa cínica.
Involuntariamente acarició su labio inferior con la lengua, humedeciendo esa boca exquisita, dejándola más roja y viscosa ¡Horror! ¡Qué tentación! No fue conciente de su sensual gesto.
–Tenía temas pendientes –obviamente captó mi signo de interrogación en el rostro.
¿Temas? ¿A qué temas se refería? ¡Arg! ¡Qué rabia! Que yo supiera no tenía novia ni nada parecido… según mis informantes, pero podía ser mentira, quizás había alguna mujer en su ciudad natal que suspiraba por él como yo… ¡Arg!. Sonreí.
Por la puerta y en evidente estado de ebriedad apareció Emmett, venía con la camisa cuadrillé fuera de sus vaqueros y el cabello desordenado.
–¡Por poco y me dejan en los huesos! –fue su primer comentario.
–¿Supongamos que la de hoy tenía dientes? –se burló Jasper y continuó– porque la de ayer ¡Uf! Tenía una bella sonrisa dinamitada –soltó una carcajada.
Emmett se rió y contestó despreocupado.
–Hay que hacer obras de caridad de repente… –se sentó a mi lado y clavó sus ojos verde oscuros intensos en mí, susurrándome– ¿Cómo estás conejita? Estás bonita hoy –replicó con voz sensual y un denso hálito a alcohol. Miró a Edward y sonrió– no te enojes, Cullen, la conejita es mi amiga –le guiñó un ojo.
Edward no tuvo más opción que reír, no sé si de verdad o sólo entre dientes, dependía de cuánto le interesara yo realmente. James continuaba con la espalda pegada en la muralla sobre el mesón del bar. Sus bromas eran densas, dirigidas especialmente a Victoria. Salimos al baño y cuando volvimos el mismo James, jugando, muy desubicadamente nos cerró la puerta, prácticamente en la cara. Victoria, roja de furia se dio media vuelta y se fue. Se abrió la puerta y su cuasi novio saltó del bar, yendo tras Victoria. Se puso de rodillas en el suelo de mármol y la comenzó a seguir de rodillas, en tanto, ella caminaba con los hombros levantados y el mentón en el horizonte.
–¡Perdóname! ¡Perdóname! –le suplicaba graciosamente a Victoria. Yo quería que ella lo perdonara, recién había comenzado mi noche y tan sólo había tenido tiempo de intercambiar un par de palabras con Edward. Llegaron hasta el hall, hasta que Victoria se dio vuelta y le dijo.
–¡Idiota! –le dio vuelta la cara de una bofetada que me llegó a doler a mí.
El resto reía con todo el montaje. A la media hora la parejita estaba junta nuevamente, ella sentada en sus piernas y él, besándola por los brazos y el cuello. Pasó parte de la noche, hasta que alguien tuvo la brillante idea de ir al "Partenón".
Durante la semana no hubo rastros de Edward, a mi pesar, sin embargo, le agregaba una cuota de adrenalina para el fin de semana. Por un llamado de Emmett me enteré que ese sábado, justamente el de mi cumpleaños, varios se irían a visitar a sus padres, entre ellos Edward.
