Habían pasado ya varias horas desde la irrupción de los guardias en la celda y no había rastro de la chica que se llevaron. Law se encontraba recostado en el viejo camastro, con las piernas cruzadas y los brazos sobre su cabeza, la cabeza estaba gacha de forma que el sombrero ocultaba sus ojos.

La luz que entraba por la pequeña ventana y al principio alumbraba la estancia ya no proporcionaba claridad, por lo que Law supuso que ya era de noche, momento en el que debía iniciar su plan. En un principio, cuando le dejaron en la celda con aquella extraña mujer, el moreno pensó que tendría problemas para escapar sin llamar la atención, pero como seguía sin haber rastro de su compañera, supo que era libre de irse.

Gracias a su habilidad Law pudo telestransportarse fuera de la celda, ya que los hombres no habían comprobado si era usuario y no le pusieron esposas de Kairoseki, y retomó el camino que había recorrido horas antes escoltado por los guardias, solo que ahora en libertad.

A su paso por el resto de celdas, las cuales a diferencia de la suya no estaban incomunicadas, los presos le rogaban a gritos que los liberase o ayudara, pero el cirujano no se detuvo en su auxilio. Si ayudaba a los prisioneros estos saldrían corriendo hacia la salida y alertarían a los integrantes del laboratorio y guardias de su escape, y no deseaba eso. Su misión se basaba en la discreción. Si les ayudaba todo su plan se arruinaría. Y su plan era demasiado importante, más que la vida de aquellos hombres, así que sin hacerles caso el hombre continuó su camino por los pulcros y bien indicados pasillos.

Todo allí era blanco, como en todo centro de experimentación, y olía a desinfectante. Las luces eran de un blanco neón molesto para los ojos y no había rastro de ningún investigador o científico a la vista, solo algún que otro guarda de seguridad con el que Law se divertía descuartizando y recolocando con una perenne sonrisa macabra.

Tras subir una serie de pisos y seguir el camino tan explícitamente marcado, Law llegó al lugar que buscaba; la sala de archivos.

"Esto está tan señalizado que hasta el idiota con menos orientación el mundo sería incapaz de perderse" pensó Law. De forma cuidadosa se introdujo en la sala y comprobó que allí no había nadie. ¿Dónde se encontraba todo el mundo?

Frente a él había varias estanterías llenas de archivadores y cajas, todos con nombre y sección. "Demasiado ordenado", pensó. Caminó entre todas y cada una de ellas y leyó todo, en busca de lo que necesitaba, pero hasta que no llegó a la última no dio con ello. Allí, al fondo de la sala, dentro de una vitrina, había un par de archivadores con un cartel que advertía ser información clasificada.

"Bingo".

Creando un campo alrededor suyo y de la vitrina, desenfundó su nodachi y partió el cristal en dos sin hacer un mínimo ruido. Con cuidado de no cortarse cogió el primer archivador y comenzó a leer lo que contenía. A pesar de que leía partes sueltas, no se perdió en ningún momento.

"Intercambio de materiales de nivel radioactivo"

"Elementos reactivos de gran sensibilidad"

"Destinatario Joker y envío a isla indicada"

"Pago: usuario Akuma no mi desconocido"

"Inicio de pruebas con diferentes niveles de energía"

"Detalle de la experimentación en archivos del Dr. Stoock"

Allí estaba toda la información que Law buscaba. Los materiales y reactivos que Doflamingo necesitaba para su proyecto secreto, pero como bien intuyó, no había datos sobre qué tipo de experimento podría ser, solo datos sobre las propiedades de dichos elementos. Pero le sorprendió leer la moneda de pago que había empleado el hombre: un usuario.

¿Qué tipo de usuario podía ser tan valioso como para que una gran compañía científica del submundo quisiera experimentar con él?

Curioso, decidió leer el archivador contiguo, en el que se leía como descripción principal Dr. Stoock. Abrió el archivador y leyó atentamente. Justo en aquel momento las luces de la habitación parpadearon hasta quedarse a oscuras, pero tras varios segundos, en los que Law se mantuvo en su lugar sin mover un musculo, volvieron a retomar su constante brillo molesto.

Gruñendo por el tiempo que había perdido el cirujano retomó la lectura. Todo lo escrito era un diario de seguimiento.

Día 1

El sujeto ha sido conectado a la red central del laboratorio, pero al estar en su plena consciencia sobrecargó con intención la red eléctrica. Para la próxima prueba probaremos a proporcionarle un tranquilizante antes de las pruebas.

Día 2

El sujeto fue sedado y ha respondido mejor ante la conexión, pero todavía somos incapaces de controlar toda la energía que la conforma.

Día 40

Como los últimos días anteriores, se ha necesitado de una constante conexión para que la energía no desaparezca. Pero como nuevo dato, hemos averiguado que la energía de su interior se regenera, creando así una constante fuente de energía. Debemos tener al sujeto continuamente bajo sedantes para impedir un buen uso de la razón por su parte.

Día 52

El sujeto lleva más de una semana inconsciente y sin responder a los estímulos, creemos que la mujer se está dejando morir para evitar así las constantes pruebas, pero logramos mantenerla todavía con vida. La red eléctrica ya depende completamente de ella.

Los días se sucedían uno tras otro hasta el último escrito, el cual resultó ser ayer por la fecha marcada. Law no podía dar asombro de lo que estaba leyendo. ¿Una Akuma no mi basada en energía? ¿Experimentación con un usuario para proporcionar red eléctrica a las instalaciones? Si las sospechas de Law eran correctas y su compañera de celda era aquella usuaria con la que estaban experimentando ahora comprendía aquel estado de malgaste físico y debilidad extrema que presentaba. ¿Y el pequeño corte de luz que había sufrido momentos antes? Una corazonada le advirtió de que a esa mujer no le quedaba mucho tiempo y con razón, si la empleaban para cargar toda una instalación llena de aparatos eléctricos de gran magnitud como los que se empleaban en laboratorios su cuerpo estaría completamente devastado. Un sobre uso así de una fruta podía provocar la muerte del portador.

Cogiendo los archivos que le parecieron más relevantes para su investigación salió de allí para dirigirse a la salida, como ya marcaba el plan. Como habían planeado desde el principio, Law se había dejado apresar para conseguir introducirse en las instalaciones y así poder robar los documentos que necesitaba para su investigación. Y una vez encontrados, debía destruir el laboratorio. Le faltaba poco para llegar a la salida, pero un nuevo corte de luz, esta vez más largo que el anterior, le obligó a pararse en seco, y el grito ensordecedor que acompañó a la vuelta de la luz fue lo que le impidió retomar la marcha.

Él no se consideraba un alma caritativa, y menos un buen samaritano, por eso no comprendía la necesidad que sentía de dar la vuelta y buscar a la mujer que en estos momentos se encontraba gritando de puro dolor. Él apenas la conocía, solo se habían visto durante cinco minutos y ella ni siquiera le había hablado, pero aun así sus pies no continuaron para adelante.

Con un gruñido de derrota y frustración, el moreno dio la vuelta y fue en busca de la pelirroja.