Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, son propiedad de JK Rowling. Yo solo los uso para llevar a cabo mis locas ideas.
hey! volví antes del Miércoles ^^, quería agradecer a todos los que le dieron una oportunidad a este fic y lo leyeron en especial a los que lo agregaron a fav y follows. Pero sobretodo y especialmente a quienes se tomaron el tiempo de dejarme un review [Umeki-Nara, CoRaZoN de CrIsTaL111, gaby2307 , pcsantib, Caroone, valeria] muchas gracias y este cap va dedicado a ustedes! :)
espero lo disfruten y les juste, porque en verdad me tiene un poco preocupada, verán primera vez que siento que una historia se me va de las manos y comienza a cobrar vida propia D: ! , pero mi mayor miedo es por el personaje de Draco, que siento que a veces se me va de las manos y me cuesta manejarlo y no se si lo logré, pero estoy satisfecha con el resultado :D. y valió la pena mi quebradero de cabeza jeje, o eso creo o.o! que la ultima palabra la tienen ustedes.
bueno, dejo de molestar y las dejo leer :D
Capitulo 2: Inicio, Discusión y una cruel verdad
Hermione Granger se quería morir en ese mismo instante. ¡Por favor!, que alguien le lanzara un Avada antes que terminara ella por lanzarle a Ginny un Cruciatus por haberla convencido de hacer tal estupidez.
– Lo siento, Hermione, pero ya no hay vuelta atrás, ya estamos listas y es lo que tenemos, no, es lo que debemos hacer para recuperar el orgullo – le dijo la pelirroja desde el umbral de la puerta del baño de mujeres de Gryffindor. A la castaña esas palabras le sonaron a una sentencia y en parte así lo era – ¡Vamos! Te ves simplemente es-pec-ta-cu-lar nunca más podrán decir que Hermione Granger es una mojigata, así que mueve tu precioso culo de ahí y vamos a esa dichosa fiesta de una vez por todas – Terminó diciendo haciendo amplios movimientos con sus brazos y manos. La mayor enrojeció hasta las raíces del pelo con tales comentarios de su deslenguada amiga. Sin embargo, no podía negar lo obvio, Ginny la había transformado, resaltando sus formas y su belleza oculta sin llegar a ser vulgar.
Le había aplicado un poco de maquillaje color tierra para iluminar su rostro y el delineador negro sobre sus ojos los resaltaba de una forma que nunca creyó posible. Veía su reflejo aun perpleja, por primera vez en su vida reconocía que se veía hermosa… hasta podría llegar a creerse eso de estar espectacular, como le había dicho su amiga. Hermione aplicó brillo sabor cereza en sus labios, los que adquirieron una tentadora tonalidad roja de apariencia muy natural. La castaña suspiró, ya estaba hecho el último detalle de su apariencia: sus labios.
Volteó para ver a la pelirroja aun en el marco de la puerta, suspiró resignada y comenzó a caminar en su dirección. Estaba segura que el ir a la fiesta y divertirse- como le había dicho Ginny- no iba a lograr que el resto olvidara su "condición de mojigata", pero al menos haría el intento, como buena Gryffindor que era.
– Mejor nos vamos antes que me arrepienta de todo esto – Habló la castaña adelantándose a la otra chica quien la miró y frunció el ceño y su boca.
– Si vas con esa actitud le darás la razón a ellos, ¡que vamos a una fiesta no al patíbulo! – Se acercó a la de rizos y le palmeó el trasero, haciendo que la mayor diera un respingo, sorprendida – Camina segura, muestra esas curvas, nena y denota la sensualidad que tu imagen indica, ¡Vamos! ¡Vamos! – Aplaudió guiándola – Esta noche es para divertirse, es de desenfreno así que deja a la mojigata aquí y saca a la leona que eres a pasear.
Hermione pasó del asombro al azoramiento, estaba totalmente roja y las palabras de Ginny no la ayudaban a calmarse. Suspiró y luego inhaló con fuerza para sacar todo su valor para actuar de acuerdo a las expectativas de Ginny y de su new look. No por nada la pelirroja se había esforzado para alisar su enmarañado cabello, el cual ahora caía con suaves ondas sobre su espalda descubierta, cortesía del vestido que le había prestado su endiablada amiga, el cual se amarraba tras su cuello y caía suavemente en varios bucles sobre su delantera, ajustado bajo ésta y suelto, además de vaporoso, de sus caderas hacia abajo. Le llegaba hasta las rodillas y era de un exquisito color verde musgo.
Tomó la chaqueta de cuero negro que le prestó su amiga y se la colocó, se le ceñía perfectamente al cuerpo, quitándole formalidad al vestido. Justo lo que necesitaba para ir a una fiesta adolescente sin pasar desapercibido y sin ser el centro de atención. Comenzó a caminar más segura que antes y que muchas otras veces en su vida, contagiándose, al fin, del entusiasmo de la pequeña de los Weasley. Sonrió. En definitiva, dejaría a la mojigata en esa habitación para desatar a su leona interior.
Ginny observó a su amiga y sonrió. Se veía hermosa, toda una chica rebelde con ese vestido, esa chaqueta y esos botines de tacón pequeño, elegantes, pero totalmente roqueros. Nada desentonaba en ella y, a pesar de la extraña combinación de prendas, lucía como lo que en el fondo era: una adolescente rebelde con ganas de disfrutar una vida desenfrenada –aunque fuera por una sola noche-. Aun sonriendo salió de la estancia, cerrando la puerta tras de ella, y siguió a Hermione. La pelirroja llevaba una falda calipso vaporosa que le llegaba unos pocos centímetros sobre las rodillas y una camiseta negra de tirantes que se le ceñía lo justo y necesario al cuerpo, destacando sus formas, junto con una chaqueta de mezclilla y unas sandalias negras cerradas.
Comenzaron su trayecto hacia la dichosa sala calmadamente, aun quedaba tiempo, además que según le dijo Ginny, los prefectos haría sus turnos de una hora cada uno y luego se unirían a la fiesta, por lo que aun quedaba mucho de aquella fiestecita, ya que recién eran las once de la noche. Ambas agradecían que la castaña ya hubiera cumplido con su turno antes de enterarse de la celebración, así tendrían toda la noche libre. Además, Hermione dudaba que terminara pronto y solo podía agradecer porque mañana era Sábado y no había clases, así que todos podrían de disfrutar de su, cien por ciento, segura resaca.
Llegaron sin inconvenientes frente al papel tapiz de 'Barnabás el Chiflado'. Pasaron y pensaron tres veces, frente al pedazo de pared despejada, que necesitaban un sitio adecuado para una gran fiesta adolescente, con un bar grande, mesas, sillas y cosas para picar, tal cual le había dicho Ginny que todos harían, y tras unos segundos de espera una gran puerta de madera apareció frente a las dos chicas que sonrieron cómplices.
La pelirroja se adelantó y abrió la puerta. Dentro de la sala de los Menesteres estaban el resto de sus compañeros, así que sin más ambas mujeres ingresaron al lugar con paso seguro y desinhibido. Las maravilló el lugar, luces suaves y de colores sin llegar a ser molestas que iluminaban tenuemente todo, junto a burbujas flotando en el aire, que reflejaban la luz salidas de algún lugar de aquella magnifica sala. Les encantó ese detalle que las enamoró de toda esa jodida fiesta; en el fondo había una gran barra de bar y algunos Hufflepuff estaban haciendo de barman, en los costados había unas cuantas mesas y sillas dejando el centro para bailar. La música era amena y es que a Hermione le encantaba la música electrónica, aunque nadie lo sabía, salvo Ginny quien compartía su gusto.
Se adentraron más en ese lugar, camino a la barra del fondo a la puerta. Habían divisado a Harry y Ron sentados en las butacas, mirando hacia la pista de baile -dándole la espalda a la barra- y deseaban que ellos notaran sus presencias. A medida que avanzaban, esquivando a quienes bailaban y contagiándose de la alegría del resto, fueron notando que algunos las quedaban mirando, sorprendidos, en especial a la castaña. Pero después de pasada la novedad, seguían con lo suyo o al menos eso creía Ginny.
Los alumnos de quinto y sexto año de Hogwats se sorprendieron al reconocer quienes eran las recién llegada, sobre todo el descubrir que la hermosa y segura musa que avanzaba hacia la barra, vestida de verde y cuero, no era otra que la santurrona de Granger…en definitiva, esa fiesta prometía.
Hermione se sentía observada, todos los ojos se posaban en ella unos segundos de más y eso la incomodaba, pero haciendo acopio de su leona interior resistió magistralmente ese escrutinio. Sonrió complacida una vez entendió que todo se debía a estar en una fiesta a la que no había sido invitada, más "espectacular" que nunca. Observó de reojo a su pelirroja amiga y divisó que sonreía igual de complacida que ella y eso la alegró de sobre manera. Todo estaba resultando como había planeado o, incluso, mejor.
Harry casi deja caer su vaso de Whisky de Fuego al ver que su novia se acercaba a él tan… tan…tan sensual, pero lo que de verdad había impactado al pelinegro era la acompañante de su chica, su amiga Hermione. "o ex amiga" pensó al darse cuenta qué significaba la presencia de la castaña en ese lugar -vestida de aquella forma- y eso lo hizo sentir culpable, haciéndolo lucir una mueca compungida. Harry no se atrevió a mirar a su fiel amiga cuando la tuvo en frente; que ella estuviera ahí solo serían problemas, lo tenía claro, Hermione intentaba demostrar algo apareciéndose en esa fiesta. Sin embargo, no era capaz de recriminarle nada después de no haberla defendido ante quienes no querían invitarla, solo para evitar crear más problemas." ¡Ja! Que irónico" pensó el de ojos color esmeralda, ya se veía venir más problemas de los que podía imaginar, tan solo que no sabía cuales serían, porque al parecer Hermione no quería matarlos por haberla abandonado de esa forma y eso solo lo hacia sentir más miserable que antes. Sin embargo, si ella no les reclamaría, él no daría pie para que decidiera hacerlo, por lo que se llevó el vaso a sus labios y bebió de un tirón el resto del alcohol, que quemó su garganta, haciéndolo sentir un poco mejor.
Ron, por su parte, era otro cantar. El pelirrojo de ojos azules se sorprendió al ver a su amiga avanzar hacia ellos junto a su hermana, tanto que abrió los ojos en demasía, pero después del impacto inicial sonrió a las recién llegadas, un poco culpable un poco inocente. Como siempre que sonreía Ron cuando las cagaba con Hermione y sabía que el asunto estaba arreglado. Bueno, solo que aun no sabía si estaba arreglado, pero por la sonrisa de Hermione supuso -mal- que todos estaba bien, por lo que decidió no preocuparse de ese antiguo e insignificante asunto y disfrutar de esa gran fiesta junto a sus amigos y su novia Lavender quien se encontraba colgada de su brazo derecho, puesto que a su izquierda estaba Harry. Cabe decir que Ron no reparó en el cambio de look de su amiga, aunque si notó que se veía distinta, pero se lo atribuyó al efecto de las luces sobre la castaña.
Hermione cuando vio la sonrisa de Ron y a Harry incomodo, pero aparentando normalidad, quiso gritarles las cuarenta e irse corriendo, toda la rabia volvía a ella al ver la actitud del par de idiotas que tenía como amigos. Sin embargo, logró controlarse y seguir sonriendo hasta llegar a estar a un escaso metro de ellos. Ginny saludó a sus amigos y besó a Harry, debía parecer que todo estaba bien, aunque en el fondo tanto deseaba darles una lección como besar esos labios finos y apetecibles de su querido novio. Ron se incomodó unos segundos, pero luego de suspirar volvió a mirar a la chica del vestido verde musgo frente a él, reparando al fin en su aspecto. Ella lucía muy bonita para ser… bueno… la Hermione de siempre.
– Veo que decidiste venir, Hermione – Le dijo el de ojos azules antes de sonreírle cariñosamente – Te ves bien – Agregó más bajo que antes, un poco apenado por notar que su amiga era una chica., ¡una chica, por Merlín! ¡Hermione era todo un espécimen femenino! Y él recién acababa de enterarse.
Hermione quiso matarlo ahí mismo luego que hablara como si nada de su ida a la fiesta, como si él no se lo hubiera ocultado y no hubiera pedido al resto que hiciera lo mismo. Hervía, hervía de rabia y, sin embargo, no fue capaz de decir ni demostrar nada después que él le dedicara aquel halago tan impropio de Ron Weasley. Sintió su sangre agolparse en sus mejillas y su corazón latir más rápido que antes. "¡Vamos Hermione! ¡Cálmate! Ron solo dijo aquello porque es la verdad, hasta tu misma lo reconoces, aun así… vamos, no actúes como la adolescente enamorada de tu mejor amigo que eres, ¡disimula!" y tras esa deliberación consigo misma, la castaña logró articular un cohibido "gracias" antes de saludar al resto de los presentes y sentarse al lado de Ginny, quien estaba junto a Harry. No le apetecía estar al lado de Lavender y observar de primera mano como esos dos se comían a besos, como sucedía en ese preciso momento ¡y por partida doble!
La de rizos observaba estupefacta como Ron y Lavender se besaban desenfrenadamente y como Ginny hacía lo propio con Harry. Tras varios segundos de shock logró girarse para pedir un Whisky de Fuego al chico que hacía de barman y zarpárselo al seco. Ser la única de tus amigos más cercanos sin pareja era doloroso en momentos como aquellos, más cuando el chico que te gusta se estaba besando a un par de metros tuyos con otra que no eres tú.
A pesar de todo no se dejaría desanimar, disfrutaría de esa fiesta tanto por ella como por demostrar al resto que no era una aburrida y reprimida sabelotodo –aunque lo fuera el resto del tiempo, esta sería su noche- y con ese pensamiento en mente más otro vaso de Whisky bebido, se levantó de su banca y comenzó a caminar hacia la pista de baile, contorneándose como su instinto le indicaba. Siguiendo el ritmo marcado por la música. Liberándose.
Ginny, terminado su beso con el pelinegro, sonrió luego de superar su sorpresa al ver que Hermione se alejaba. Su amiga se estaba tomando aquello de divertirse y soltarse muy enserio y eso le agradaba de sobre manera. Harry quedó estupefacto al ver a su amiga del alma caminar al centro de la pista con esos movimientos tan… ¿Femeninos? ¿Felinos? ¿Elegantes y sensuales? Estaba totalmente confundido, por lo que movió su cabeza de un lado para otro, intentando despejarse "Harry James Potter, definitivamente el trago te está sentando mal, mejor disfruta de la pelirroja a tu lado y olvídate del resto" sonrió tras ese ultimo pensamiento y dejó de prestarle atención a la castaña, ya que sabía que si ella quería demostrar algo yendo a esa fiesta, nada ni nadie en el mundo podría impedírselo a menos que la mataran y así y todo dudaba que la persuadieran. Dejó a un lado su vaso y atrajo a Ginny hacia sí, agarrándola de la cintura, la joven lo miró extrañada un momento y luego se concentró en devolverle el beso a su novio.
Ron ni se enteró de que su compañera de aventuras se había ido a la pista de baile, pues estaba muy ocupado besando a la rubia frente a él para eso. Sin embargo, Lavender sí se percató de la actitud de la ojimiel. La observó moverse tras entreabrir su ojo derecho y se sorprendió, pero no le prestó más atención. Mejor para ella si Hermione se alejaba de ella y su Won-Won, ya que no le había agradado el halago de su novio hacia la otra Gryffindor, pero no armaría un escandalo por eso, menos cuando sabía que era ella la novia de Ron y no Hermione. Sonrió victoriosa contra la boca de su amado pelirrojo y continuó robándole el aliento de forma desesperada, sorprendiendo un poco a Ron, pero él se recompuso rápidamente y le devolvió el beso con igual intensidad.
Los chicos en la pista de baile se sorprendieron al reconocer quien era la mujer de movimientos candentes, pero elegantes y finos que estaba abriéndose paso entre ellos.
¿Sorpresa? En verdad eso sería quedarse cortos. Más bien se quedaron estupefactos, pasmados y petrificados como si les hubieran mandado a cada uno de ellos –mujeres y hombres- un petrificus totalus. Y es que la mojigata sabelotodo insufrible de Granger no sólo había asistido a la fiesta sin acusarlos y luciendo como toda una sexy mujer, sino que también estaba bailando al son de la música y, además, lo hacía estupendamente bien y eso traía de cabezas a la mayoría que la observaba. Salvo unos cuantos como Cormac Mclaggen que babearon al verla bailar de esa forma y con esas pintas.
El chico tomó una decisión y se acercó a su compañera Gryffindor, comenzando a bailar junto a ella. Hermione al principio se sorprendió, pero luego de pensarlo bien continuó con lo suyo sin que le importara lo que hiciera Cormac o el resto de los presentes, que luego de ver ese extraño acercamiento dejaron de observar a la chica como fenómeno y siguieron con lo suyo, pensando que al fin a la Gryffindor se le habían soltado las trenzas y que comenzaría a vivir una vida de adolescente normal. No podían más que alegrarse un poco por aquello, al menos ya no tendrían que preocuparse por evitar que ella supiera de sus fiestas clandestinas, ya que estaba demostrando que podía ser como el resto de los mortales y divertirse, y no la amante de las reglas y la alumna perfecta. Era como ver dos caras de una misma moneda, pensaron varios de los jóvenes magos y brujas.
Todo el mundo siguió con lo suyo, disfrutando. Incluso los Slytherin que habían decidido hacer una tregua temporal con el resto del mundo y disfrutar como los adolescentes que eran. Y vaya que estaban disfrutando observando a la sangre impura de Granger desatarse, cosa que era tan improbable de ver que hasta pensaron que era una ilusión.
– ¡Esperen a que llegue Draco y la vea! – Exclamó un chico moreno, mejor conocido como Blaise Zabini – Tendrá una nueva forma de molestar a la ratón de biblioteca esa.
– No creo que tengas que esperar mucho más, Zabini – Theodore Nott hizo un movimiento de cabeza apuntando a la puerta para que el resto de sus compañeros de casa observaran a los recién llegados prefectos de Slytherin, quienes acababan de terminar su ronda – Más que Granger y su poco común comportamiento, me da curiosidad la reacción que tendrá Draco al verla, por nada me perdería su expresión – Concluyó el de ojos azules, haciendo ademán de levantarse para llegar hasta el rubio platinado recién llegado. Zabini sonrió socarronamente y se instaló mejor en el sillón que estaba en el rincón izquierdo de la habitación. Ese espectáculo no se lo perdería, pero tampoco quería estar a tiro de fuego de su amigo y la sangre sucia, ya que de seguro la fiesta se caldearía por unos cuantos minutos cuando esos dos se vieran y tuvieran oportunidad de insultarse.
Soltó una risotada al imaginar como acabaría todo, antes de beber su Whisky de Fuego de un solo sorbo, para luego volver a rellenarlo. Divertido, en verdad todo aquello estaba siendo muy divertido, incluso más de lo que pensó, porque todos suponían que la prefecta perfecta no había sido avisada de la fiesta y no vendría. ¡Oh pero que grandioso error!
Nott se acercó a la barra y se instaló muy cerca de Potter y compañía, mejor locación para observar la impresión que Draco tendría al ver a la Gryffindor, ya que la multitud justo dejaba entrever a su rubio amigo, quien era tomado del brazo izquierdo por Pansy. Ella lucía unos pescadores de mezclilla y una blusa cuadrille verde esmeralda, su cabello suelto y unas sandalias color crema. El heredero de los Malfoy llevaba unos jeans azul claro desgastados y una camisa manga corta negra, con sus dos primeros botones despasados. Su cabello estaba desordenado, cubriéndole la frente en dirección al costado derecho.
Theo no pudo seguir observando, porque alguien se había sentado a su lado izquierdo, distrayéndolo. Dirigió su vista a su costado y no pudo evitar alzar una ceja al ver a la recién llegada Lunática.
– ¿Te diviertes? Theodore Nott – Habló la joven con su eterno tono de voz soñador, sin apartar su vista del joven a su lado quien luego de sorprenderse, porque la chica estuviera buscándole conversa, no pudo más que suspirar resignado. Nunca podría entender a la Lunática de Hogwarts así que era mejor contestarle para ver si así lo dejaba en paz.
– La diversión aun no ha comenzado, Lovegood – Sonrió de lado, como buen Slytherin, una vez terminado su comentario. Luna ladeó su rostro hacia su derecha al no comprender a qué se refería exactamente el muchacho, pero prefirió no insistir y volver su vista al mismo punto en el que Nott tenía clavada la suya, percatándose de la presencia del rubio y la azabache. La rubia Ravenclaw tomó entre sus dos manos el vaso con cerveza de mantequilla y se lo llevó a los labios sin apartar la vista de la pareja de Slytherin recién llegados, esperando a ver que sucedía.
Malfoy recorrió la habitación con su vista, como queriendo sopesar si esa fiesta era digna de su presencia y luego de unos segundos con su ceño fruncido sonrió de lado, mostrando algunos dientes del lado de su comisura curvada. Sus ojos brillaron con diversión, ese lugar no lucía nada mal, pero lo que más le había llamado la atención era la mujer de movimientos desinhibidos bailando cerca de Mclaggen y vaya sorpresa se llevó al identificarla.
Draco pensó que estaba alucinando, pero luego de observar bien a aquella gata -como la había catalogado en su mente, por sus movimientos- no le cupo duda de que se trataba de la sangre sucia de Granger. En un pequeño rincón de su mente admitió que se veía estupendamente, hasta el punto de lucir como una chica, claro que nunca lo reconocería así su vida dependiera de ello. Se preguntó qué milagro y qué hechizo poderoso había usado la sabelotodo para lucir así, pero no pudo seguir especulando, porque su pelinegra acompañante ya jalaba de su brazo para guiarlo a la pista de baile sin su consentimiento. Frunció el ceño, molesto con Pansy, pero al segundo recompuso su máscara de indiferencia y altivez, aquella que había aprendido a usar tras la estricta crianza de Lucius Malfoy –"adiestramiento" pensó al recordar a su padre- y una infancia e inocencia perdidas tras ésta. Apretando su mandíbula unos segundos tras sus recuerdos pudo calmarse y alzar su barbilla como el buen Malfoy que era al fin y al cabo. Caminó con desenvoltura y elegancia, como si ese lugar fuera suyo y el resto debiera inclinarse a sus pies al pasar a su lado, hasta llegar al centro de la pista.
La de pelo azabache comenzó a bailar y él le siguió el ritmo, pensando qué hacer para molestar a la sangre sucia. Cuando supo como hacerlo, un brillo travieso cursó sus profundos ojos grises. Mientras bailaba buscó con la vista a la castaña y tras encontrarla a unos metros a su izquierda sonrió imperceptiblemente.
El rubio tomó de la cintura a su compañera de casa y la acercó a él sin dejar de bailar, guiándola. Comenzaron a moverse hacia la izquierda de Draco y tras unos cuantos movimientos se situaron muy cerca de la Gryffindor sabelotodo. Pansy giró dándole la espalda al de ojos grises y este aprovechó que ella se movió cerca de la castaña para seguirla y girar con algo de brusquedad, chocando con la espalda de Hermione con tanta potencia que la chica se fue de boca al suelo.
Granger no supo como terminó en el piso, solo atinó a poner sus manos antes de romperse la nariz, sintiendo dolor en sus rodillas las cuales habían amortiguado su caída. Todos alrededor dejaron de bailar y observaron a la muchacha, quien se volteó para ver que o quien la había mandado al suelo, girando su cuerpo y sentándose de lado fue que miró hacia arriba encontrándose con la sonrisa torcida y altiva del idiota número uno de todo Hogwarts. Frunció el ceño y, aguantándose el dolor de sus rodillas, se levantó haciendo acopio de todo su autocontrol antes de desquitarse con el imbécil aquel por lo que había pasado antes que el chico llegara y la mandara de cara al piso, obviamente, apropósito.
– ¿Qué te pasa Malfoy? ¿Acaso ahora ni ver por donde andas puedes que vas y me empujas? – Le preguntó con el ceño más arrugado que antes y con un tono de voz que denotaba su fastidio. El aludido al escucharla no pudo más que ampliar su sonrisa de lado, mirándola retadoramente y con un brillo de diversión en sus ojos grises. Hermione apretó sus puños al verlo, pero no pudo insultarlo como quería porque el chico se le adelantó y le contestó:
– Disculpa Granger – Lo dijo de tal forma que nadie dudó que se burlaba de la chica que enrojecía de indignación mientras apretaba aun más sus puños, al punto de clavarse las uñas – Pero tu te cruzaste en mi camino, estorbabas tanto que no pude evitar chocar contigo, además, la peor parte me la llevo yo por haber sido tocado por tu… –hizo una mueca de asco– humanidad
Potter y compañía prestaron atención al centro de la pista de baile luego de notar como todos dejaban de moverse. Se sorprendieron de la escena, nunca pensaron que el imbécil del hurón quisiera arruinar una fiesta por no poder dejar de molestar a Hermione, pero al parecer se equivocaron. Apretando los puños de rabia, porque ese remedo de mortífago se metiera con su amiga, quisieron ir a ayudarla, pero al ver que la castaña los miraba indicándoles de esa forma que no se metieran no pudieron más que seguir observando, impotentes.
La Gryffindor pidió silenciosamente a sus amigos que no se involucraran por la simple razón que no quería que aquello terminara en un duelo y con alguno de los chicos en la enfermería, ya que con la intervención de ellos las cosas se caldearían más de lo que ya estaban.
Theodore no se perdió la expresión de desconcierto y sorpresa de Draco al ver a Granger una vez ingresó en la sala, mucho menos el brillo travieso de sus ojos y su sonrisa luego de pasada la primera impresión. Sospechó que algo haría su amigo, pero sin duda el show que ambos estaban protagonizando en ese instante era mejor que todo aquello. Punto para Blaise Zabini quien no podía dejar de reír ante todo aquel espectáculo que ya había presagiado luego de haber visto a la Gryffindor.
– ¡Fue a mi humanidad a la que mandaste al suelo! Estúpido hurón descerebrado – Los ojos del rubio se oscurecieron, odiaba ese apodo, ¡vaya que sí lo odiaba!. Le recordaba el miedo que le tuvo a aquel imbécil que lo transformó en aquel animal indeseable. Claro que nunca había dejado entrever eso a nadie. Sin embargo, Granger se estaba metiendo donde no debía y él no le dejaría pasar aquel insulto que de todos era el único que le afectaba realmente, ni siquiera el que lo llamara descerebrado lo afectaba. Para Draco aquella discusión se acababa de volver personal y terminaría destrozando a esa bocazas sabelotodo para ponerla en su lugar, justo debajo de él.
La castaña no pudo reprimir gritarle todo aquello al Slytherin y aunque pensaba que no era suficiente algo, al ver los ojos grises de él volverse casi negros, le dijo que aquello había golpeado al rubio y que eso no se quedaría así. Sintió algo similar al miedo al verlo, pero su leona interior le impidió acobardarse o echarse para atrás, le devolvería con creces todos los insultos que ese engreído sangre pura le pudiera decir. Ya conocía el repertorio de Malfoy, por lo que estaba curada de espanto. Cortesía de todos los años que la llevaba atosigando con sus insultos y desprecios, tanto se había acostumbrado a la forma de actuar del imbécil frente a ella, tanto que ya casi no le afectaban sus palabras. Casi. Pero nunca aceptaría que él aun hacía que le doliera levemente el pecho con cada palabra que le dirigía, porque nunca había sido agradable con ella.
– ¡¿Cómo te atreves a insultar así a mi Draco? ¡Maldita sangre sucia inmunda! – Gritó Parkinson haciendo ademán de abalanzarse sobre la yugular de la Gryffindor. Sin embargo, el mencionado la atajó del brazo antes de que le cayera encima a Hermione, la pelinegra lo vio estupefacta por haber sido detenida, pero más al ver el rostro impasible de él, tanto que sintió una pizca de temor.
– Yo arreglo esto, Pansy – Le habló calmada y fríamente el Slytherin sin apartar la vista de Granger – Ve a pedir algunos tragos, yo iré cuando ponga la basura en su lugar – Acto seguido le besó la mejilla sin dejar de mirar a la leona, quien volvió a bullir de rabia y dolor ante la forma de referirse a ella que tuvo el platinado.
Pansy quiso replicar, pero su instinto de supervivencia la hizo alejarse rápidamente de ahí en dirección a la barra, en donde divisó a Nott junto a la Lunática –cosa que le hubiera extrañado más si no estuviera tan nerviosa tras ver la actitud de su casi novio- y decidió acercarse a su compañero de casa.
Luna Lovegood observaba la escena un poco preocupada por su amiga Gryffindor, pero sabiendo que lo mejor era no meterse en medio y esperar a que todo acabara para hablar con Hermione, porque Luna sabía que todo aquello terminaría mal para la castaña y quería ayudarla a olvidar lo sucedido luego que pudiera hablarle.
El Slytherin de ojos azules pidió un trago para la pelinegra que se le acercaba rápidamente y se lo tendió cuando hubiera llegado a su lado. Venía un poco nerviosa y aceptó encantada el vaso del que bebió como si no hubiera un mañana.
Una vez se aseguró de que Pansy había llegado a la barra junto con Nott, el heredero de los Malfoy decidió terminar con la castaña frente a él y unirse a sus compañeros para intentar disfrutar de aquella fiesta que se veía interrumpida por ellos dos, envuelta en el silencio. Pero la de rizos se le adelantó.
– No se como planeas volver con Parkinson si te vas a sacar de este lugar, basura-Malfoy – Habló entre dientes con toda la calma y odio que su ira le permitía, ya no apretaba sus puños, pero aun estaba tensa. El aludido apretó sus labios un segundo, pero al instante volvió a su cara de póker y sonrisa torcida de superioridad. La castaña le acababa de dar paso, inconscientemente, para llegar al punto que quería tocar para molestarla. Ensanchó su sonrisa y a la de rizos le recorrió un incómodo escalofrío al verlo, aquella sonrisa no le auguraba nada bueno, incluso, abatía su valor Gryffindoriano. Sin embargo, no dejaría que el chico notara que la había asustado, "primero muerta" se dijo.
– Veo que lucir así te ha hecho creer que ya no eres más una mierdecilla sabelotodo, ¿eh, Granger? – Le preguntó burlón, recuperando su brillo de cruel diversión en sus ojos, los que parecían plata fundida y no una noche sin estrellas como antes habían lucido. El verla apretar nuevamente sus puños y enrojecer de indignación hizo que ampliara aun más su sonrisa, complacido con el resultado de sus actos. Sin embargo, todo aquello recién comenzaba y al final Granger aprendería a no meterse de esa forma con él y a saber que Draco Lucius Malfoy era superior a ella. – Dime, ¿qué milagroso hechizo usaste para parecer casi una chica? – Preguntó arrastrando las palabras más lentamente que antes, deseaba saborear cada sílaba antes de soltarla, esa sería su mejor victoria frente a la castaña y quería disfrutarla a cabalidad.
La aludida enrojeció aun más, pero conjurando todo su autocontrol logró calmarse lo suficiente para destensarse y responderle.
– El mismo que habrás usado tu para lucir como un chico…la diferencia…Malfoy – Siseó su apellido con todo el veneno del que fue capaz – Es que en mí sí resulta, porque por más que investigues nunca podrás hallar la forma de ser un verdadero hombre – Quienes escuchaban tuvieron que aguantar la respiración, impresionados y abrumados con el camino que tomaba la discusión. Eso era más de lo que jamás habían visto entre ellos. Ya la música se había vuelto un leve murmullo, todos estaban pendientes de los jóvenes, pidiendo para que no se mataran entre ellos – Siempre tendrás que conformarte con ser un intento fallido de la sombra de un hombre.– Terminó la de ojos color chocolate, segura de haber asestado un buen golpe.
– Granger, Granger – Replicó, moviendo su cabeza de derecha a izquierda, hablándole como si fuera una alumna especialmente retardada – No me compares con los imbéciles incompetentes a los que llamas hombres, porque así nunca sabrás lo que es uno de verdad.
– ¡¿Pero que dices? – Perdió la compostura – ¡Tu no les llegas ni a las suelas de los zapatos! y los prefiero a ellos que a los arrogantes hijitos de papi como tu, que no pueden hacer nada sin la influencia de ellos – La sonrisa divertida que le brindó el joven le hizo comprender que su insulto no había tenido el efecto deseado en él. Sin embargo, no sabía la razón de aquello, tan solo presentía que la respuesta no le gustaría para nada.
– Vamos, sabelotodo, no puedes hablar de mi hombría si no has tratado con ella. Mucho menos puedes compararla con los fracasados con los que has estado. ¡Oh! Pero espera un segundo – Exclamó el Slytherin con exagerados gestos de consternación de sus manos – Tú no tienes con quien compararme, porque eres una sangre sucia repelente, sabelotodo y mojigata que ¡ni siquiera parecía chica hasta hoy! Y que hablar de tu actitud de vieja amargada incapaz de divertirse…tanto que el resto te rehúye y te tienes que colar en una fiesta para demostrar que no eres tan parca como en verdad intentas ocultar – Hermione abrió mucho los ojos de la impresión. Primero porque él descifrara de forma tan exacta lo que le sucedía. Segundo, porque todas esas palabras le habían dolido más que todos los insultos y desprecios que había tenido que sufrir todos esos años. Nunca imaginó que él pudiera volver a afectarla de tal forma.
Sintió como sus ojos escocían, a punto de derramar todas las lágrimas de frustración que había dejado en su habitación de la torre de Gryffindor. Y es que solo Draco Malfoy podía mostrarle su realidad de manera tan fría y cruel, como si hablara del clima, haciéndola querer morir para evitar su miserable existencia de una forma tan dolorosa.
Aquellas palabras habían calado hondo en la castaña, mucho más que el que le dijeran fea, sangre sucia o el insinuar que no era chica. Porque esas palabras eran todo lo que ella pensaba de si misma y no quería admitir, era todo lo que la atormentaba desde que se dio cuenta que sus amigos ya no estaban tan disponibles como antes de que tuvieran novias. Desde que se dio cuenta que el resto la apartaba.
– ¿Qué? Granger – La observó con falsa consternación – ¿Ya no hablas? – La chica no deseaba verlo, rehuía su mirada, porque sabía que él aun no había terminado de darle el golpe de gracia. Y no se equivocó al alzar un poco su mirar y notar como su rostro se volvía el reflejo de la más imperturbable crueldad – Pues bien – Comenzó Draco a hablar, serio, arrastrando con estoica y fría precisión las palabras – Es lo mejor, porque no tengo más tiempo para desperdiciar en una aburrida como tu ¡vamos! Que aunque mostraras las tetas en plena clase de pociones con Snape en ella no dejarías de ser la insípida y asexuada sabelotodo que eres – Remarcó aquellos adjetivos con todo el veneno del que era capaz, con todo su odio e ira. Volviéndolas más mortíferas que cien mil dementores junto a mil quinientos mortifagos junto a su Lord – ¡Nunca podrás llamar la atención de ningún ser vivo! Morirás como la santa monja que eres, sin que nadie se atreva a tocarte un pelo. ¡Santurrona asexuada! – Terminó elevando un poco más la voz, pero diciendo con lentitud los últimos dos dardos que terminaron de clavarse hondo en el alma de Hermione.
Dicho todo aquello, el rubio Slytherin emprendió su camino para juntarse con sus amigos a disfrutar de la velada. Una sonrisa de profunda satisfacción estaba grabada en su rostro, pues esa había sido la más dulce venganza que había obtenido a lo largo de su vida. La mojigata de Granger se lo pensaría dos veces antes de volver a llamarlo hurón y antes de volver a meterse con su hombría.
El resto de los presentes se apartaron del camino del príncipe de las serpientes. Ninguno deseaba ser blanco de su afilada lengua. Ninguno se reía, ni siquiera sonaba ya la música. Toda la sala de los Menesteres estaba rodeada de un silencio sepulcral, tan solo roto por los suaves pasos de Malfoy.
Todos estaban impactados por las palabras del chico, ni siquiera Zabini se sentía capaz de reírse y es que hasta él reconocía que a su amigo se le había pasado la mano y vaya que de forma bien fea. Granger podía ser cualquier cosa, pero no se merecía haber sido tratada de esa forma tan…tan cruel y dolorosa. Una cosa era meterse con su sangre y otra era remilgar que ella fuera una chica o un chico, catalogándola como asexual.
Hermione no lograba controlar el temblor que recorría todo su cuerpo, mezcla de la profunda ira que la embargaba junto al punzante dolor que la recorría por dentro. Sin embargo, debía admitir que todo aquello se debía más a su desesperado intento por evitar largarse a llorar en ese preciso momento. Dolía, realmente dolía como si hubiera recibido la peor de las torturas físicas y psicológicas. Se sentía impotente y el dolor no dejaba de atenazarla cada vez que escuchaba los pasos de Malfoy alejándose de ella. No lo veía, ambos se daban la espalda, pero escucharlo era como que le dieran el golpe de gracia una y otra y otra vez, destruyéndola.
Sin embargo, el joven al divisar al resto de los integrantes del trio de oro y a la pelirroja Weasley se dio cuenta que aun le faltaba decir algo para terminar de hundir a Granger. Hermione dejó de escuchar el resonar de los pasos del rubio y supo que se había detenido, pero no deseaba girarse para saber qué lo retenía. Se negaba a darle la satisfacción de ver la batalla interior que reflejaban los microgestos de su rostro.
Pero, a pesar de todos sus esfuerzos, su cuerpo reaccionó solo al escuchar que él la llamaba.
– Granger – Habló Draco y la aludida, inconscientemente, se dio completamente la vuelta. Craso error. Malfoy solo giró su rostro, por lo que veía el perfil izquierdo de este. Lucía serio, inmutable, ni siquiera sonreía, por eso a Hermione le impactaron tanto sus palabras. Porque el joven las pronunció como si fueran una ley irrefutable, como lo que en realidad eran: La más cruel y dolorosa de las verdades – Tanta razón tengo que ni tus queridos amigos del alma te invitaron a esta fiesta, te apartaron como hizo el resto…abandonándote.
Cuando terminó de decir eso se dio la vuelta y continuó caminando a paso lento, serio en el exterior. La Gryffindor no pudo aguantar más al escuchar esas palabras dichas sin sentimiento alguno, sin aparente intención.
Una sola lágrima alcanzó a derramar la joven antes que él se volteara. Una sola lágrima alcanzó a ver Draco surcando el rostro blanco de ella y aquella fue su señal personal para terminar de hablar y girarse. Porque por alguna extraña razón esa lágrima menguó una pequeña porción de su satisfacción.
uff uff! que opinan? como quedó Draco? y el resto? uff uff
que creen que sucederá ahora? jeje
me dan premio (review) por el capitulo?
bueno hasta el proximo cap (no se cuando podré colgarlo porque me ire pronto de viaje u.u)
ya, las dejo de latear jeje besitos y abrazos.
R.E.V.I.E.W? *-*
