Acunándola en su regazo, empezó a abrirse la muñeca con los dientes. Pero algo le detuvo. No le parecía correcto alimentarla de ese modo. En vez de eso, lentamente se abrió la inmaculada camisa de seda, su cuerpo inesperadamente se tensó incluso más con anticipación. Una de sus uñas se extendió convirtiéndose en una garra afilada y se abrió una delgada línea en el pecho. Después presionó la boca de ella sobre su herida. Su sangre era antigua y poderosa y reemplazaría la pérdida rápidamente.
Al mismo tiempo se extendió hacia la mente de la mujer. En su estado inconsciente, era relativamente fácil tomar el control, ordenarle que hiciera lo que ordenaba. Inmóvil, quedó atónito por lo que descubrió allí. Tomoyo tenía razón. La mente de Sakura no seguía los patrones normales en los humanos. Era más parecida a la astuta inteligencia de los leopardos con los que frecuentemente corría él. No era exactamente lo mismo, pero definitivamente era diferente al cerebro humano normal. Pero por el momento eso no importaba; la controló con facilidad, ordenándole que bebiera para completar lo que él había tomado.
Llegado de alguna parte un canto ancestral llenó su mente. Se encontró a sí mismo pronunciando las palabras de un ritual, sin estar seguro de de dónde venían, sabiendo sólo que debían ser pronunciadas. Las murmuró en la lengua ancestral de su gente, después las repitió en inglés. Inclinándose sobre Sakura protectoramente, acariciándole el pelo, respiró suavemente las palabras a su oído.
- Te reclamo como mi compañera. Te pertenezco. Te ofrezco mi vida. Te doy mi protección, mi lealtad, mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Tomo en mí los tuyos para guardarlos. Tu vida, tu felicidad, y bienestar serán apreciadas y colocadas en primer lugar sobre las mías. Eres mi compañera, unida a mí por toda la eternidad y siempre a mi cuidado. - Mientras pronunciaba las palabras, sintió un curioso estremecimiento recorrer su cuerpo, el alivio de una terrible tensión. También sintió las palabras tejiendo diminutas hebras entre su alma y la de ella, entre su corazón y el de ella. Le pertenecía. Y él le pertenecía a ella. Pero no estaba bien. Ella era mortal. Él un Cárpato.
Ella envejecería; él no envejecería nunca. Aunque, no importaba. Nada le importaba excepto que ella estaba en su mundo, que estaba a su lado. Eso sí le parecía correcto. Encajaba a su lado como si hubiera sido modelada sólo para él.
Shaoran cerró los ojos y la sostuvo contra él, saboreando la sensación de tenerla entre sus brazos. Cerró su propia herida y la tendió sobre el montón de cojines que cubría el sofá. Muy gentilmente, casi reverentemente, le limpió el polvo y la suciedad de su cara. No recordarás nada cuando despiertes. Sólo sabrás que conseguiste el trabajo y ahora eres parte de nuestro grupo. No recordarás nada de mí o de que hemos intercambiado sangre. Reforzó la orden conun duro empujón mental, más que suficiente como para convencer a un humano.
Parecía tan joven en su sueño, el pelo castaño rojizo le enmarcaba la cara. La tocó, sus dedos fueron posesivos, sus ojos negros ardían ferozmente. Entonces se volvió para calibrar a los enormes felinos. Os gusta. Puede hablar con vosotros, ¿verdad? preguntó.
Pudo sentir la respuesta, no en palabras sino en imágenes de afecto y confianza. Él asintió. Ella es mía, y no la dejaré. Guardadla bien mientras dormimos hasta el
próximo alzamiento, les ordenó silenciosamente.
Los dos felinos se frotaron contra el sofá, intentando acercarse lo máximo posible a la mujer. Shaoran le tocó la cara una vez más, después se volvió y abandonó la casa rodante. Sabía que Tomoyo estaría esperándole, y sus ojos gentiles serían acusadores.
Estaba de pie, apoyado contra la parte delantera del trailer, con la confusión pintada en su hermosa cara. En el momento en que le vio, dirigió la mirada ansiosamente hacia el autobús.
- ¿Qué has hecho?
- Mantente fuera de esto, Tomoyo. Eres de mi propia sangre, y una de las personas a las que más amo y atesoro, pero... - Shaoran se detuvo, asombrado de poder expresar la emoción honestamente por primera vez en siglos. De nuevo sentía amor por su hermana. Le golpeó, fuerte y real, y su alivio fue tremendo por no tener que retroceder ya en el tiempo para fingir emociones recordadas. Recobró la compostura y continuó. - Pero no toleraré tu interferencia en este asunto. Sakura se quedará con nosotros. Es mía. Los otros no la tocarán.
La mano de Tomoyo voló a su garganta, y palideció.
- Shaoran, ¿qué has hecho?
- No te atrevas a desafiarme, o me marcharé lejos de aquí y os dejaré a todos marchar por vuestro propio camino.
La boca de Tomoyo tembló.
- Estamos bajo tu protección, Shaoran. Siempre nos has liderado, y nosotros siempre te hemos seguido. Confiamos en ti completamente; confiamos en tu juicio. - Dudó. - Sé que nunca harías daño a esta chica.
Shaoran estudió la cara de su hermana durante un largo rato.
- No, no lo sabes, Tomoyo, y yo tampoco. Sólo sé esto, sin ella, llevaría el peligro y la muerte a muchos antes de ser destruido.
Oyó como, temblorosa, tomaba aliento.
- ¿Tan malo es, Shaoran? ¿Tan cerca estás entonces?
No necesitó usar las palabras vampiros o no-muerto. Los dos sabían muy bien de lo que hablaban.
- Ella es todo lo que se interpone entre la destrucción de mortales e inmortales por igual. La línea es frágil. No interfieras, Tomoyo. Es toda la advertencia que soy capaz de darte. - Dijo con implacable y despiadada resolución.
Shaoran siempre había sido el líder reconocido de su pequeño grupo, incluso cuando todos eran niños y los había salvado de una muerte segura. Incluso de joven les había criado y protegido, entregándose a ellos. Era el más fuerte, el más astuto, y el más poderoso. Tenía el don de sanar. Confiaban en su sabiduría y pericia. Les había conducido con seguridad durante largos siglos sin pensar en sí mismo. Tomoyo no podía hacer más que apoyarle en esto que le pedía. No, no pedía. Exigía. Sabía que Shaoran no estaba exagerando, ni mintiendo, ni alardeando; nunca lo hacía. Todo lo que decía, lo decía en serio.
Lenta y reluctantemente Tomoyo asintió.
- Eres mi hermano, Shaoran. Siempre estoy contigo, sea lo que sea lo que decidas hacer.
Se volvió mientras se compañero brillaba abruptamente hasta tomar un estado sólido a su lado. Eriol Hiraguizawa todavía le robaba el aliento, la vista de su alta y musculosa forma, esos notables ojos de color zafiro que siempre reflejaban su amor por ella.
Eriol se inclinó para rozar la sien de Tomoyo con la calidez y el confort de su boca. Había captado su desasosiego a través del vínculo psíquico que compartía e instantáneamente volvió de su expedición de caza. Cuando dirigió su mirada hacia Shaoran, sus ojos eran fríos. Shaoran enfrentó su mirada con otra igualmente congelada.
Tomoyo suspiró suavemente ante estos dos hombres territoriales que se medían el uno al otro.
- Los dos lo prometisteis.
Instantáneamente Eriol se inclinó hacia ella, su voz fue extraordinariamente tierna.
- ¿Hay algún problema aquí?
Shaoran dejó escapar un sonido de disgusto, un profundo y retumbante gruñido en su garganta.
- Tomoyo es mi hermana. Siempre cuido de su bienestar.
Durante un momento los ojos azules titilaron sobre él, fríos, con una amenaza. Entonces los dientes blancos de Eriol brillaron en una especie de sonrisa.
- Es verdad, y yo no puedo hacer otra cosa que agradecértelo.
Shaoran sacudió la cabeza ligeramente. Todavía no estaba acostumbrado a tolerar la presencia de cualquier hombre que no perteneciera a su pequeño grupo. Aceptar al nuevo compañero de su hermana entre ellos era una cosa; que le gustara era otra muy distinta. Eriol había crecido en las Montañas de los Cárpatos, su tierra natal, y aunque se había visto obligado a llevar una existencia solitaria, había tenido el beneficio de años de entrenamiento en sus costumbres, de la guía de Cárpatos adultos durante sus años de principiante. Shaoran sabía que Eriol era fuerte y uno de los más hábiles cazadores de vampiros de su raza. Sabía que Tomoyo estaba a salvo con él, pero no podía renunciar aún a su papel como su protector. Habían sido demasiados siglos de liderar, de aprender de la forma más dura, a través de la experiencia.
Algunos siglos atrás en su tierra natal casi olvidada, Shaoran y otros cinco niños Cárpatos había visto como sus padres eran asesinados por los invasores que pensaban que eran vampiros y habían llevado a cabo sus macabros rituales. Había sido un tiempo aterrador y traumático aquel en el que los turcos invadieron su pueblo mientras el sol estaba alto en el cielo, justo cuando sus padres estaban en su momento más vulnerable. Los Cárpatos había intentado salvar a los aldeanos mortales, permaneciendo con ellos para luchar contra la invasión a pesar del hecho de que el ataque había llegado cuando la gente de los Cárpatos era más débil. Pero había demasiado asaltantes, y el sol estaba demasiado alto. Casi todos habían sido masacrados.
Los ejércitos merodeadores habían reunido a los niños, mortales e inmortales, en una choza y le habían prendido fuego, quemando a los pequeños vivos. Shaoran se las había arreglado para fabricar una ilusión que cubriera la presencia de unos pocos niños ante los soldados, todo un logro a su edad. Y cuando notó que una aldeana escapaba del baño de sangre de los asaltantes, había escondido su presencia también y le había impuesto una compulsión. Implantó en la mujer una profunda necesidad de escapar y llevar con ella a los niños Cárpatos que había salvado.
La mujer los llevó bajando las montañas hasta su amante, un hombre que poseía un barco. La idea de navegar a mar abierto rara vez se intentaba en esos siglos, ya que las historias acerca de serpientes de mar y caer por el borde de la tierra abundaban, pero la crueldad de los invasores era un destino peor, así que la pequeña tripulación llevó su pequeña embarcación lejos de esas costas en un intento de huir del firme avance del ejército invasor.
Los niños se habían apiñado juntos en el precario barco, todos aterrorizados, todos traumatizados por la horrenda muerte de sus padres. Incluso Tomoyo, un simple bebé, había sido consciente de lo que había ocurrido. Shaoran había seguido adelante, insistiendo en que podían lograrlo si se mantenían juntos. Se había levantado una terrible tormenta, arrojando por la borda a la tripulación, el mar se alzó para reclamar a los marineros y a la mujer tan eficientemente como los turcos habían masacrado a los aldeanos. Shaoran se había negado a dejarse arrastrar por ese destino. Aunque era todavía joven, ya tenía una voluntad de hierro. Manteniendo la imagen de un pájaro en la mente de los otros, obligó a los niños, jóvenes como eran, a cambiar de forma con él antes de que el barco se hundiera. Después había volado, aferrando a la pequeña Tomoyo entre sus garras, conduciéndolos a la masa de tierra más cercana, las costas de África.
Shaoran había tenido seis años, su hermana apenas seis meses. La otra niña, Chiharu, tenía uno. Con ellos había tres chicos, el mayor tenía cuatro años. Comparado con el confort familiar de su tierra natal, África parecía salvaje, indomable, un lugar primitivo y aterrador. Aun así Shaoran se sentía responsable de la seguridad de los otros niños. Aprendió a luchar, a cazar, a matar. Aprendió como ejercer la autoridad, como cuidar de su grupo. Los niños Cárpatos aún no tenían los extraordinarios poderes de sus mayores... para conocer lo oculto, para ver lo invisible, para doblegar a las criaturas y las fuerzas naturales de la Tierra, para sanar. Tenían que aprender esas técnicas de sus padres, estudiar bajo la tutela de quienes les enseñarían. Pero Shaoran no permitió que esas limitaciones le detuvieran. Aunque él mismo no era más que un niñito, no perdería a los niños. Era así de simple para él.
No había sido fácil mantener con vida a las dos niñas. Las niñas de los Cárpatos no solían sobrevivir a su primer año de vida. Al principio Shaoran había esperado que otros Cárpatos vendrían a rescatarlos, pero entretanto cuidaría de ellos lo mejor que pudiera. Y cuando pasó el tiempo, los recuerdos de su raza y sus costumbres palidecieron. Tomó unas pocas reglas impresas en él desde su nacimiento, lo que podía recordar de sus charlas con sus padres, e ideó sus propias costumbres y su propio código de honor con el que vivir.
Cosechó hierbas, cazó animales, intentó cada recurso nutricional primero en sí mismo, envenenándose con frecuencia en el proceso. Pero con el tiempo aprendió las costumbres de la vida salvaje, convirtiéndose en un protector más fuerte, y finalmente el grupo de niños estuvo más unido que la mayor parte de las familias, los únicos como ellos en su remoto mundo. Los pocos de su raza que habían encontrado se habían convertido ya en vampiros, vampiros que se alimentaban de la vida de los que los rodeaban. Siempre era Shaoran el que tomaba la responsabilidad de cazar y destruir a los terroríficos demonios. Su grupo era ferozmente leal, ferozmente protector los unos con los otros. Y todos seguían a Shaoran sin dudar.
Su fuerza y voluntad los había conducido a través de siglos de aprendizaje, de adaptación, y creación de una nueva forma de vida. Había sido un shock descubrir, hacía unos pocos meses, que todavía existían otros de su raza, Cárpatos y no vampiros. Shaoran había temido secretamente que todos los hombres de su raza se hubieran ya convertido, y lo que sería de sus protegidos si él lo hacía. Había perdido toda emoción siglos antes, un signo seguro de que estaba en peligro de convertirse. Nunca hablaba de ello, siempre temiendo el día en que se volvería contra aquellos a los que amaba, confiando en que su voluntad de hierro y su código de honor privado impedirían tal resultado. En realidad, uno de los hombres ya lo había hecho, se había convertido en lo impensable. Shaoran se alejó de su hermana y su compañero, pensando en Yue. Yue había sido el segundo en edad, su mejor amigo, y Shaoran había confiado en él con frecuencia para cazar o vigilar a los otros. Yue había sido siempre su segundo al mando, y en el que más confiaba para vigilar su espalda.
Se detuvo durante un momento junto un enorme roble y se apoyó contra el tronco, recordando el horrible día, unos pocos meses antes, en que había encontrado a Yue encorvado sobre Chiharu, el cuerpo de ella era una masa de marcas de mordiscos y moretones. Estaba desnuda, la sangre y el semen rezumaban de entre sus piernas, sus hermosos ojos estaban brillantes por el shock. Yue había atacado entonces a Shaoran, directo a su garganta, desgarrando y abriendo heridas casi fatales antes de que Shaoran tuviera tiempo de comprender que su mejor amigo se había convertido en lo que todos los hombres temían convertirse. Un vampiro. Un no-muerto. Yue había violado y golpeado brutalmente a Chiharu y ahora intentaba destruir a Shaoran.
Shaoran no había tenido más opción que matar a su amigo e incinerar su cuerpo y su corazón, habiendo aprendido de la forma más dura como destruir apropiadamente a un vampiro. Porque el no-muerto podía alzarse una y otra vez a pesar de las heridas más mortales a menos que se utilizaran ciertas técnicas. Shaoran no había tenido a nadie que le instruyera en esas técnicas, sólo una eternidad de instintos y errores que corregir. Después de esa terrible batalla con Yue, Shaoran había yacido algún tiempo en las profundidades de la tierra, sanándose a sí mismo.
Chiharu había pasado mucho tiempo en silencio en los siguientes meses, tomando con frecuencia la forma de una pantera para permanecer con los otros felinos, Nakuru y Spinel. Shaoran suspiró. Sólo había podido sentir la profunda pena que le inundaba por Yue, la culpa y desesperación por haber sido incapaz de ver lo que se avecinaba y encontrar la forma de ayudar a su amigo. Después de todo, él era su líder; era el responsable. Y Chiharu era como una niña perdida, con tanta tristeza, tanta cautela en sus hermosos ojos oscuros. Le había fallado a ella más que a nadie, había fallado en protegerla de uno de los suyos, pensando en su arrogancia que su liderazgo, la unidad que existía entre ellos, evitaría en última instancia la depravación que su especie pudiera experimentar. Todavía no podía mirar a Chiharu completamente a los ojos. Y ahora estaba rompiendo sus propias leyes. Pero, se preguntó, ¿había inventado esas leyes para que su "familia" tuviera un código por el que regirse? ¿O le había hablado su padre de tales asuntos? ¿O habían sido impresos en él antes de su nacimiento, como lo habían sido otros conocimientos? Si su amistad con Eriol hubiera sido más estrecha, podrían haber compartido más información, pero durante siglos Shaoran había aprendido siempre las cosas por sí mismo, independiente, reservado, sin preguntar a nadie, aceptando las consecuencias de sus propias acciones y errores.
El hambre le mordía, y sabía que no tenía más elección que cazar. El lugar de acampada que habían elegido estaba a unos pocos días hacia el interior del parque estatal de California, poco frecuentado, y en estos momentos, vacío. Había una carretera a corta distancia, pero él había tendido una red invisible entre ella y el campamento, creando una sensación de opresión y temor en los humanos que pudieran pensar detenerse allí. No dañaría a los humanos, pero los volvería cautelosos. Aunque no había disuadido a Sakura.
Shaoran pensó en ello mientras cambiaba de forma a la carrera, su cuerpo se contorsionó y estiró. Músculos y tendones pronto marcaron el compás enérgico y ágil de la poderosa forma del leopardo, y Shaoran recorrió silenciosamente el bosque hacia el lugar de acampada más popular situado cerca en un profundo y límpido lago.
El leopardo cubrió la distancia rápidamente, oliendo a la presa, dando vueltas a favor del viento e inclinándose entre los arbustos. Observó a dos hombres pescando desde una orilla cubierta de cañas, hablando el uno con el otro con frases cortas.
Shaoran no prestó atención a sus palabras. En el cuerpo del felino se arrastró furtivamente en la tierra. Cuidadosamente colocó cada enorme pata, avanzando solapadamente hacia adelante. Uno de los hombres volvió la cabeza hacia el sonido de una risa que venía del campamento. Shaoran se detuvo, después reasumió su lento progreso. Su presa volvió la atención de nuevo hacia el lago, y en absoluto silencio el leopardo se acercó más, entonces se agachó, poderosos músculos agazapados y a la espera.
Shaoran lanzó una silenciosa llamada, envolviendo al más bajo de los dos hombres, conduciendo a su presa hacia él. La cabeza del hombre se alzó, y se volvió hacia el leopardo que esperaba en el arbusto. Dejó caer la caña de pescar al lago y empezó a tambalearse hacia adelante, un pie delante del otro, con los ojos empañados.
- ¡Jack! - El otro hombre sujetó la caña hundida, retorciéndose hacia atrás para mirar a su amigo.
Shaoran congeló a ambos hombres con un bloqueo mental y cambió de forma otra vez a la suya propia mientras "Jack" se aproximaba. Era la única cosa segura que podía hacer. Había descubierto que los instintos cazadores del felino hacían que fuera peligroso alimentarse en esa forma. Los agudos caninos del leopardo mordían y mataban a su presa. Le había llevado varios episodios de prueba-y-error en su niñez, cuando no era tan poderoso o hábil cazando, aprender qué era aceptable y qué no. Hasta que creció no había tenido más elección que usar a los leopardos y sus habilidades, y aceptó la responsabilidad por los africanos que habían muertos, pero era la única forma de mantener a los otros niños con vida.
Ahora mantenía al otro hombre tranquilo y receptivo con la facilidad de la larga práctica, un método que había perfeccionado hacía mucho. Inclinó la cabeza y bebió hasta hartarse, cuidando de no tomar demasiado. No quería una presa enferma y atontada. Ayudando al primer hombre a sentarse junto al arbusto, convocó al otro hasta él.
Finalmente saciado, lentamente permitió que su cuerpo recuperara la anterior forma. El felino ronroneó silenciosamente, sus instintos le empujaban a lo que parecían ser cadáveres de reses en lo más profundo de los árboles para terminar de consumirlos, sangre y carne. Shaoran luchó contra la urgencia y avanzó suavemente sobre las patas acolchadas de vuelta al autobús.
Su grupo viajaba ahora junto, como músicos, trovadores modernos, yendo de ciudad en ciudad cantando, tan frecuentemente como era posible, en los pequeños locales que Tomoyo prefería. El viaje constante también preservaba el anonimato personal incluso cuando creció su fama. Tomoyo tenía una hermosa voz, fantasmal e hipnotizadora. Touya era un estupendo compositor, y su voz también atrapaba a la audiencia y los embelesaba. En los viejos tiempos la vida de trovador les había permitido viajar de lugar en lugar sin levantar sospecha, y nadie podía notar o comparar sus diferencias con las de otros. Ahora, con el mundo haciéndose cada vez más pequeño, mantener la privacidad frente a los fans era mucho más difícil. De ahí que se esforzaran en actuar y parecer "normales" incluso usando ineficientes e imperfectos automóviles para viajar. De ahí su necesidad de un mecánico para mantener la caravana y los vehículos en funcionamiento.
Shaoran volvió al campamento y cambió de forma mientras entraba en la casa rodante equipada con todo tipo de lujos. Sakura estaba profundamente dormida, un descanso bien merecido, estaba seguro, por el hecho de que él hubiera estado tan ávido de su sangre. Debería haber intentado controlarse, despojarse de ese éxtasis inesperado.
Sólo mirarla hacía que su cuerpo doliera a causa de las inquietas e urgentes demandas que sabía no iban a abandonarle. Él y esta pequeña fierecilla, tendrían que aprender a establecer alguna especie de equilibrio. Shaoran no estaba acostumbrado a la oposición. Todo el mundo le obedecía siempre sin cuestionarle. No podía esperar que una tempestuosa humana no hiciera lo mismo. Colocó la manta más firmemente alrededor de ella y se inclinó para rozarle la boca con los labios. Su pulgar examinó la suavidad de la piel, y sintió la sacudida que atravesaba su cuerpo.
Shaoran se recogió a sí mismo y dirigió una orden firme a los leopardos antes de abandonar el autobús. Quería que Sakura estuviera a salvo todo el tiempo. Aunque los felinos dormían todo el día, como Shaoran y su familia, los leopardos daban a la compañía de viajeros una apariencia de seguridad, guardando el autobús mientras los miembros del grupo descansaban y se restauraban a sí mismos en las profundidades de la tierra. Dirigió los instintos protectores de los felinos para proteger a Sakura por encima de todo.
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N.A: Lo prometido es deuda y aquí les he dejado un capitulo mas de "Fuego Oscuro", espero y les haya gustado o lo hayan disfrutado, veo que esta pequeña adaptación ha tenido mucha aceptación y les agradezco en verdad no se imaginan cuanto, bueno si todo sale como yo espero y planeo hay nuevo capitulo en ocho días, ya para no hacerles larga la nota de adaptador por que eso es lo que soy en estos momentos me despido de ustedes.
P.D.:Felicidades a todos los papás en su día, y si no hay ningún lector hombre entonces pido feliciten a su papá de mi parte, y ahora si hasta pronto... A sí se me olvidaba que tengan una hermosa semana.
Atte.: Love and Peace 16
