Creo que hubo una confusión, este fic es independiente de "Caminando bajo las estrellas", aunque tengo presente el escribir la secuela quería explorar este nuevo proyecto. Donde todos los personajes son humanos, los Vulturis son los ricos de Seattle, explicaré más detalladamente su historia con el tiempo.


Piensas en ella

Viernes 8 julio de 2011

Isabella Swan caminaba con una maleta al hombro y una bolsa en el otro, bajo el nublado cielo de Seattle. Tenía el cabello enmarañado y los ojos cansados, avanzaba sin despegar la vista de la banqueta.

En teoría era un plan simple.

Se hospedaría en un hotel, no quería ni pensar en quedarse en casa de su madre y su padrastro y por nada del mundo se quedaría en casa de Charlie sin él ahí, después dispondría de toda su capacidad tanto física como mental para encontrar a su padre, quien había desaparecido en circunstancias misteriosas.

Las plantas de los pies comenzaban a dolerle cuando por fin llegó al hotel The orange tree, Bella estaba cansada y fastidiada, entró a la impersonal habitación y se acostó en la cama, fulminó con la mirada el blanco techo como si fuera el culpable de la desaparición de su padre, dejo salir un hondo suspiro. Al cabo de unos minutos se levantó, se dio una rápida ducha y se puso un pantalón morado y una blusa negra.

Decidió ir a pie a la estación de policía, sus pensamientos vagaron en torno a "lo que puede hacer uno y lo que no puede hacer uno", como por ejemplo, ella estaba familiarizada con varias maniobras de defensa personal pero no era diestra en lo que al combate cuerpo a cuerpo se refiere. Un punto a su favor era que sabía cargar una pistola, ponerle el seguro y por fortuna tenía muy buena puntería. Ahora, Isabella era necia como nadie, sonsacar información no sería problema, confiaba en que la mayoría de los involucrados hablarían con tal de callarla a ella. El problema radicaba en lo que Bella no podía hacer y eso era que por el obvio hecho de que era torpe ni en sus mejores sueños podría huir, es decir, correr sin tropezarse o superar la velocidad de una tortuga.

Aunque todo estuviera en su contra, Bella tenía que hacerlo, sentía esa energía fluir por su cuerpo, no se rendiría hasta encontrar a Charlie Swan.

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Edward Cullen se dejó caer pesadamente sobre el desgastado sillón de su antiguo departamento. Dejó salir un suspiro y se cubrió el rostro con las manos.

Ladeo la cabeza en dirección del amplio ventanal, había comenzado a lloviznar. El ambiente era frío y poco acogedor. Se sentía agobiado pero sin importar nada debía lograrlo. No le importaba lo difícil que fuera, daría con el paradero de su padre que había desaparecido sospechosamente.

Lo primero, ir a visitar a su madre, Esme, y hacerla salir de la ciudad, esconderla. Edward tenía el oscuro presentimiento que el curioso caso de Marco Vulturi era mucho más peligroso de lo que parecía. Tenía la ropa arrugada y estaba despeinado pero eso era lo de menos, tenía que sacar a Esme de la ciudad cuanto antes.

Salió del departamento, dejando sus maletas regadas en el centro de la sala y bajó las escaleras intentando ignorar el hecho de lo cansado que estaba por haber manejado durante horas.

Abordó su plateado volvo, al recorrer las lluviosas calles intentó darse ánimos a sí mismo recordando las aptitudes que poseía y que debía aprovechar mientras hacía de detective privado.

Caerle bien a las personas, era una asombrosa y escurridiza cualidad que él poseía y que realmente ayuda a abrir puertas, ser simpático, agradable y dar buena impresión, aun más ser persuasivo era realmente útil. Edward tenía muy buena condición física, eso debería jugar a su favor, ¿no?

Rápidamente, llego a la casa de sus padres. Era tal como la recordaba, tenía un imponente jardín con rosales de todos los colores, la gran casa blanca con las altas y delgadas ventanas luciendo las pulcras cortinas blancas de encaje. Sin necesidad de prestar mucha atención se podía ver el invernadero que su madre tenía en la azotea, Esme poseía gran cantidad y variedad de exóticas orquídeas. Edward sonrió ampliamente, habían pasado cuatro meses desde la última vez que vio a su madre.

Estacionó el volvo y caminó con calma, al entrar a la casa no pasó por alto que todo estaba pulcramente en su lugar. El joven estudiante de medicina no había avanzado más de cinco pasos en el vestíbulo cuando Esme ya se había lanzado a sus brazos entre sollozos, Edward no pudo definir si esas lágrimas eran de felicidad o tristeza.

—Hijo, ¡me alegra tanto tenerte aquí! —Exclamó Esme. —Nos has hecho tanta falta.

—Mamá, sonabas muy angustiada por teléfono, ¿Qué sucedió?

Esme hizo varias respiraciones profundas intentando serenarse, Edward amablemente y con delicadeza la guió a la sala. Cuando se sentaron, Edward notó que estaba ojerosa y mucho más pálida de lo habitual.

—¿Puedes decirme qué paso? —Repitió el joven con voz apaciguada. Había sacado una carpeta con hojas blancas, tenía toda la intención de escribir todo lo que le dijeran para revisarlo luego.

Esme asintió y con la voz al borde del llanto comenzó a relatar lo ocurrido.

—El sábado 2 de julio se suponía que Carlisle saldría a las once de la noche del hospital pero no llegó, a la una de la madrugada me llamó al celular y me dijo que Charlie le había pedido ayuda en un caso, que no sabía cuánto tardarían pero que en cuanto hubiera novedades me avisaría.

El lunes en la noche como no recibía noticias le llamé a Emmett para preguntarle en que estaba trabajando Charlie. Me contó que Charlie había encontrado el cuerpo del señor Marco Vulturi y que Carlisle había pedido unos cuantos favores para realizar la autopsia el domingo por la mañana.

Decidí que esperar sería lo mejor… pero ayer alrededor de las ocho de la noche vino Frank, el compañero de Charlie, me hizo saber que Carlisle y Charles estaban oficialmente desaparecidos.

Esme se veía abatida, después de terminar de anotar aquello con su admirable caligrafía, Edward la miró con seriedad un largo momento antes de decidirse a hablar.

—Esme. —Sólo llamaba por su nombre a su madre adoptiva cuando quería que lo tomara como a un adulto y no un niño pequeño. —Pienso que sería mejor pasaras unos días con la familia de Tanya.

Su madre no le dio muchas vueltas al asunto, confiaba en la capacidad de sus hijos de quienes se sentía extremadamente orgullosa.

—Pasaré por la estación de policía, traeré a Emmett. —Prosiguió Edward. —No te preocupes mamá, nosotros nos haremos cargo.

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Isabella entró a la agitada habitación donde estaba Jonathan Miller, el policía que estaba a cargo del homicidio de Marco Vulturi y ahora de la desaparición de Charles Swan y Carlisle Cullen, la oficina era un desastre, todos corrían de un lado para otro, los teléfonos sonaban, el bullicio era intenso y nadie parecía conservar la calma, toda la ciudad estaba pendiente del caso y los falsos testimonios y los agobiantes periodistas no eran de mucha ayuda.

Bella recorría el desordenado lugar cuando una discusión a voz de grito llamó su atención.

—¡El pueblo tiene derecho a saber! —Discutía una joven de piel morena, largo y liso cabello oscuro y grandes ojos marrones.

—¿En qué le afecta a los ciudadanos la muerte de un millonario?

—¡La información no es para unos cuantos!

—Ya se lo repetí varias veces. —El joven policía se veía cansado, se paso una mano por el cabello como si estuviera pensando en arrancárselo. —A veces retenemos información por el bien del caso, para resolverlo de la manera más eficaz.

Bella decidió interrumpir decidida a no malgastar ni un segundo.

—¿Es usted Frank Freeman?

El muchacho de cabello rojizo, piel nívea y múltiples pecas, parpadeó sorprendido.

—S-Sí. —Tartamudeó.

—¡Frank!

Al oír una seductora voz femenina a sus espaldas, Isabella y la joven morena se dieron la vuelta, Frank había abierto los ojos como platos y se intimidó aún más. Una rubia, alta y de ojos azules caminaba decididamente hacia ellos, la despampánate mujer parecía salida directamente de una pasarela en un desfile de modas, era como ver una Barbie de carne y hueso.

—Ros-Rosalie. —Frank intentó saludarla pero tartamudeaba sin poderlo evitar.

—Leah, ¿Qué haces aquí? —Rosalie miró despectivamente a la joven morena y ella le devolvió la mirada.

—Mi trabajo, ¿Qué haces tú aquí?

—Sólo una va a escribir un artículo sobre este caso y ésa seré yo.

Bella las contemplaba levantando una ceja y Frank temblaba ligeramente, muy asustadizo para ser policía.

—Tú no eres periodista, ¿o sí? —Rosalie le preguntó a Bella de golpe.

—No.

Las miradas furibundas de Leah y Rose se apaciguaron levemente.

—¿Saben dónde puedo encontrar a Jonathan Miller o a Emmett Cullen?

Las tres mujeres se quedaron heladas al oír esa aterciopelada voz. Cuando voltearon para ver a quien pertenecía se encontraron con un joven de veintiún años, tenía el cabello cobrizo y unos deslumbrantes ojos verdes, era alto y musculoso, aunque no demasiado.

—Creo que todos deberían irse. —Daba la impresión de que a Frank se le estaba acabando el aire a su alrededor.

Los cuatro habían abierto la boca para protestar pero antes de que pudieran decir palabra, un hombre de unos cuarenta años salió de una pequeña y abarrotada oficina.

—Señorita Clearwater, señorita Hale, si no se retiran tendré que pedir que las escolten a la salida.

Edward intuyó que esos tres ya habían tenido la misma discusión repetidas veces.

—No hay entrevistas. —Añadió en dirección de Edward y Bella.

—Soy hija de Charles Swan. —Replicó Bella.

—Soy el hijo menor de Carlisle Cullen. —Afirmó Edward.

El robusto y canoso policía se sorprendió pero recuperó la compostura rápidamente y los invitó a pasar a su oficina. El reducido espacio tenía un viejo escritorio de madera, tres sillas a su alrededor y montañas y más montañas de papeles. El corpulento Jonathan Miller se dejó caer en su silla, y con un gesto de mano les indicó que se sentaran.

—Señorita Swan, señor Cullen, ¿en qué puedo ayudarlos?

—Me gustaría que me pusiera al tanto de la investigación, mi padre es divorciado y soy su familiar más cercano. —Pidió Bella.

—Esme está indispuesta y me preguntaba si podía darme las notificaciones a mí. —Prosiguió Edward.

Miller asintió con la cabeza. Sacó un cigarrillo y lo encendió sin importarle estar en un lugar cerrado.

—Veamos. —Abrió una gruesa carpeta que tenía sobre el escritorio, hojeo unos papeles evidentemente arrugados por haberlos leído varias veces. —El pasado 3 de junio, recibí una llamada del policía en servicio, Charles Swan, a las 12:38 am. Me hizo saber que había recibido una llamada anónima reportando un cadáver en la propiedad de Marco Vulturi, Charles en compañía del médico Carlisle Cullen se dirigieron a lo que ahora es la escena del crimen, alguien apuñaló al viejo Vulturi. Lo sospechoso es que estaba solo en la mansión, ni esposa ni sirvientes a la vista.

—¿A qué hora llegó la policía? —Preguntó Edward respetuosamente.

—Los registros señalan que llegamos a las 12:52 am. Revisamos la escena del crimen, no hemos podido dar con el arma homicida. Carlisle Cullen ayudo a realizar el examen post-mortem. Marco Vulturi fue envenenado con arsénico y murió tres horas antes de ser apuñalado, la verdad alguien parece ser admirador de Jack el destripador.

Bella puso cara de asco, ella se mareaba con ver y oler una minúscula gota de sangre.

—Honestamente no sé en que se abran metido Swan y Cullen, pero lo de Marco Vulturi seguro fue personal, una venganza muy bien planificada y si Charlie y Carlisle se involucraron a fondo en el caso, es probable que el asesino decidiera tomar medidas. —Continuó Miller.

Un silencio sepulcral le siguió a sus palabras. El corazón de Bella latió desbocado y sintió un hormigueo en las piernas y en las manos por la avalancha de nerviosismo que le cayó encima. Edward apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

—Les haré saber cualquier novedad que haya. —Finalizó el policía sin lugar a replicas.

En silencio, Edward y Bella salieron de su oficina. Estaban atónitos, no es que no supieran que sus padres corrían peligro por relacionarse con el caso Vulturi, pero esperaban que los hubieran secuestrado, y no que se hubieran llevado la identidad del asesino a la tumba.

—Creo que… —Isabella estaba blanca como un fantasma y su voz era menos que un susurro. —Creo que necesito ir a caminar.

—¿Te molesta si voy contigo?

Bella alzó la vista para encontrar los verdes ojos de Edward, asintió sin despegar los labios y ambos salieron del ajetreado lugar.

Caminaban sin decir palabra uno al lado del otro, no prestaron especial atención cuando llegaron a un parque con altos y frondosos árboles, sin ser plenamente consciente de ello Bella se había rodeado el torso con los brazos y no despegaba la vista de la tierra y las hojas secas bajo sus pies. Junto a ella, Edward tenía las manos en los bolsillos, y venía desinteresadamente las altas copas de los arboles.

Las hojas verdes de los tupidos árboles estaban salpicadas por gotitas de la llovizna que acababa de tener lugar. Dieron un par de vueltas por el confortable parque cuando la brisa helada comenzó a soplar.

—¿Quieres sentarte? —Edward señaló con un movimiento de cabeza una banca de piedra que estaba a unos pasos de ellos.

—Sí. —Bella intentó sonreír.

Cuando se sentaron Bella colocó las manos entrelazadas sobre su regazo y Edward se ladeó en su lugar para verla mejor.

—Han pasado años desde la última vez que nos vimos. —Empezó. —Charlie siempre habla mucho de ti.

Secretamente estuvo agradecida de que dijera "habla" en lugar de "hablaba".

—Sí, desde que nos fuimos a la Universidad. —Coincidió ella.

—Olvidé que tenía que hablar con Emmett. —Recordó Edward de repente y sacó el celular para enviarle un mensaje. —Y ¿cómo has estado? —Volvió su atención a Bella.

—Bien, estudiar Derecho es fascinante en verdad. ¿Y qué tal tú?

—Hasta ahora he sobrevivido. —Edward esbozó su característica sonrisa torcida.

Isabella tuvo que concentrarse para evitar que sus mejillas se pintaran de carmín. Carlisle y Charlie sostenían una amistad que había comenzado varios años antes de tener a sus hijos, por lo que los tres infantes Emmett, Edward y Bella prácticamente habían crecido juntos. Y durante buena parte de su adolescencia Bella había tenido lo que esperaba que fuera un secreto y pasajero enamoramiento de Edward, al irse a diferentes universidades, por fin pudo darse el lujo de pensar en otros que no fueran él. Aunque los traviesos hermanos Cullen y la pequeña y tierna Swan habían sido buenos amigos, ella decidió cortar la comunicación con el menor de los hijos adoptivos del matrimonio Cullen.

—¿Tu madre te pidió que vinieras? —Fue lo primero que se le ocurrió preguntar a Bella para distraer a su acompañante.

—No, pero quiero ayudar en lo que sea posible.

—¿Investigar por tu cuenta? —Aventuró Bella. —¡Qué poca fe le tienes al sistema de justicia! —Exclamó medio en broma, Edward se unió a sus risas.

—¿Y tú?, Dudo que René te pidiera que vinieras.

—Les hablo a mis padres cada semana, cuando Charlie no respondió le pregunté a René por él, fue obvio que me ocultaba algo, no fue difícil sonsacarle la información. —Bella se encogió de hombros. —Mi madre creyó que me deprimiría o algo por el estilo, pero vine por más o menos la misma razón que tú. —Admitió, jugando nerviosamente con sus manos.

—Hablando de eso…

Edward sacó su carpeta y se dispuso a anotar su conversación con Miller, Bella se le quedo viendo asombrada unos momentos para intentar disimular luego y ocasionalmente le aportaba su compañero un par de detalles.

—¡Aquí están!

Edward y Bella que se habían acercado cada vez más uno al otro levantaron la vista de golpe cuando escucharon una alegre voz familiar. El alto y musculoso hermano mayor de Edward se dirigía hacia ellos, las hojas secas crujían bajo sus fuertes pisadas. Emmett Cullen tenía rizos oscuros, una blanca sonrisa y una intimidante complexión.

Emmett jalo cuidadosamente a Bella de los brazos y cuando la puso de pie, la tomó por la cintura y le dio vueltas en el aire, cuando por fin la depositó en el suelo Bella ya se había mareado.

—¡Hermanita!, ¡Cuánto tiempo sin verte! —Las estrepitosas carcajadas de Emmett resonaron por el bosque.

—Es bueno verte, Emmett. —Isabella le regaló una amplia sonrisa.

—¡Por fin llegas Edward! —Esta vez Emmett se dirigió a su hermano menor. Que se acababa de parar de su lugar.

Emmett les pasó un brazo a los hombros a cada uno sin perder su sonrisa ni un segundo.

—Ya está oscureciendo, será mejor que regrese al hotel. —Bella frunció el seño levantando la vista para contemplar las estrellas que adornaban el firmamento.

—Puedo llevarte. —Ofreció Edward.

En el camino desde el parque hasta The Orange Tree Emmett se la pasó interrogando a sus "hermanitos" como solía llamarlos. Descubrió que Edward sacaba excelentes calificaciones, en su tiempo libre practicaba basquetbol o leía, también que su hermano no tenía novia. Sobre Bella averiguó que su tutora creía que tendría un futuro muy prometedor y con algo de suerte Bella saldría de la escuela con varias ofertas de trabajo, ella reconoció que por el momento no tenía novio y que sus ratos libres los dedicaba a leer novelas o visitar galerías de arte.

Edward le lanzó severas miradas suspicaces a su hermano cuando llegaba al tema de los novios de Bella.

—¿Y qué hay de ti Emmett? —Edward trató de desviar el interrogatorio y Bella se lo agradeció con la mirada.

—Cuando todo este drama termine planeo invitar a salir a cenar a Rose. —Respondió orgulloso.

—¿Rosalie Hale? —Inquirió Bella. —¿La periodista rubia?

Emmett asintió con vehemencia y Edward no pudo evitar fruncir el seño, jamás entendería el gusto de su hermano sobre las mujeres.

—Bella, ¿Por qué no nos reunimos para desayunar mañana?, pasaremos por ti. —Sugirió Emmett.

A esas alturas Edward ya sujetaba con fuerza el volante y se mordía los labios para no gritarle, normalmente Edward era una persona muy compuesta, sensata y madura, pero Emmett en verdad sabía sacarlo de sus casillas, ya que su querido hermano mayor era el único que sabía que el motivo por el que a Edward nunca le había interesado salir con el montón de admiradoras que siempre había tenido era que llevaba años enamorado de Bella pero no se había atrevido a decirle nada porque temía perder su amistad.

—Suena estupendo, Emm. —Bella descendió del volvo plateado, se despidió de ambos con un movimiento de mano y se encaminó al interior del hotel.

Normalmente Edward le hubiera abierto la puerta del pasajero y la hubiera acompañado hasta su habitación, pero en esos momentos lo único que le apetecía era ahorcar a su hermano.

—¿Se puede saber que fue todo eso? —Le preguntó con brusquedad.

—Admítelo hermanito, no has dejado de pensar en ella. —Replicó Emmett.


Respuesta del review del capítulo anterior:

alessandra cullen: ¡Me alegra que te gustara!, como es una nueva historia estaba nerviosa jeje. Claro, los protagonistas son Edward y Bella, son los que aparecerán más durante toda la historia ;) ¡Me encantaría saber tu opinión sobre este capítulo!

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¡Gracias por leer!

Review = Autora Feliz :D = Capítulo nuevo

Itzi