Mi hermana una vez me dijo que había estado en el cielo.
Eso fue todo. No dio una explicación ni detalles, ni agrego mucho más aunque se lo rogué. Durante mucho tiempo me quedé despierto pensando en cómo habría sido. Imaginé que había simplemente despertado ahí, entre todas las nubes blancas que dibujan en las películas, y que había entrado a través de un par de puertas de oro. La imaginé vestida de blanco, con el cabello recogido en una trenza cayendo por su hombro, los pies descalzos, y un par de alas blancas. La imaginé preciosa, la imaginé hermosa. La primera noche lloré porque pensé que mi hermana había muerto y por eso había estado en el cielo.
He pensado en el cielo mucho más de lo que he pensado en otras cosas. Una vez lo dije en voz alta frente a Craig y Token en una de esas noches donde los tres nos quedábamos hasta tarde platicando en el medio de la habitación de éste último. Supongo que no fue lo mejor que pude haber dicho, o que no fue la manera correcta de decirlo, porque ambos se me quedaron viendo en silencio por unos minutos. Cualquiera podría creer que eso es algo deprimente – pensar en el cielo. Pero no lo es.
Alguna vez me quejé de lo dura y lo doloroso que era recostarse sobre las maderas con las que estaba hecha la casa del árbol. Era cierto, eran tablas astilladas y llenas de bordes que no causaban más que dolor e incomodidad. El día siguiente a ese, cuando regresamos, había una manta azul puesta en el mejor lugar para ver las nubes. Aún hasta el día de hoy no estoy seguro de cómo hizo Craig para llevarla ahí sin que yo lo notara, pues habíamos estado juntos todo el día. Pero de nuevo, éramos los mejores viajeros del tiempo.
A Craig siempre le gustó jugar a ser astronautas. Cuando íbamos a su casa a jugar y subíamos a su habitación, me gustaba saltar sobre su cama para intentar alcanzar las estrellas. Eso fue hace muchos años, cuando aún éramos muy pequeños y el techo parecía estar en el espacio. Token y yo nos quitábamos los zapatos y corríamos a arrojarnos sobre la cama, un molesto Craig detrás quejándose de cómo le costará hacer que su padre vuelva a pegar las estrellas si nuevamente las tirábamos. Su habitación estaba completamente teñida en un azul marino, con fotografías familiares en un estante, peluches y libros para colorear en una esquina y sobre la cama, y posters de un viejo programa que veíamos; pero lo mejor era el techo lleno de constelaciones que alguna vez inventamos.
A Token le gustaban las películas de vaqueros y el baseball. No fue hasta hace 5 años que descubrió que era mucho mejor jugando soccer, y se interesó por los programas que hablan sobre la naturaleza. Nunca fui bueno en fingir que me gustaban, por eso Token comenzó a prestarme su teléfono celular cuando él deseaba ver su documental de las siete.
Sobre el soccer, también fui bueno en eso. Con nuestros compañeros de clase armamos equipos y nos pasamos las tardes jugando partidos llenos de penaltis y victorias. Craig no jugaba, pero siempre asistía y siempre llevaba consigo un par de galletas de avena que su madre le mandaba para nosotros. Él también es bueno para los deportes, pero nunca le han gustado. Antes disfrutaba mucho de nuestros torneos, pero todo fue diferente una vez su padre se fue de la casa.
También tuvo que ver Stan Marsh. Por muchos años las ganas de golpearlo siempre estuvieron presentes en mi mente, la sola mención de su nombre hacía que apretara los dientes y dejara de pensar con coherencia. Quería hacerle daño, quería tenerlo contra el piso con su cara y mis puños sangrando, y cada noche deseé por que le ocurrieran cosas terribles. Mis amigos nunca me dejaron golpearlo a pesar de que tuve la oportunidad.
Ahora estoy tomando una cerveza a un lado de él un sofá desgastado y mugriento, y mis dedos aún sostienen con demasiada fuerza el vaso rojo entre mis manos.
La música suena alto y las luces hacen que mi cerebro procese todo de forma más lenta – es eso y quizá también tenga que ver que este es mi tercer vaso. Mis ojos están sobre un par de chicos que intentan bailar y mantenerse de piel al mismo tiempo. Mis dedos golpetean contra la tela de mis pantalones, y desde la otra esquina veo a Red besarse con otro chico. Otro, otro, otro.
Alguien ocupa el lugar a mi izquierda provocando que me tenga que acercar a Stan para darle espacio. "Jodidamente fuerte, amigo." Dice, y por el estado de éxtasis en su voz sé que Kevin se ha metido algo. "¡Jodidamente fuerte!"
Stan parece estar de menos humor para soportarlo porque aprieta los labios – lo noto porque también forma un puño sobre su pierna. Kevin ríe a carcajadas y da un grito que se mezcla con el sonido que sale de las bocinas. El ritmo de mi corazón también se mezcla con éste.
"¡Malditamente fuerte!," repite. "Jugaste como los reyes, Marsh, si yo fuera el coach te patearía el trasero directamente hasta las estrellas, ¡amigo, que buen pase!"
Kevin vuelve a carcajear y empiezo a cuestionarme si esta es la clase de vida social que alardeaba me daría el día anterior. Probablemente sí.
"¡Y tú, Jon, tú sí que les sacaste la mierda!," Jon levanta su vaso y lo bebe a fondo, dando otro grito de euforia. Entonces los ojos de Kevin parecen enfocarse en mí por primera vez en la noche, y su sonrisa se amplía más cuando pide de forma escandalosa por silencio. Brad baja el volumen de la música y pasa un brazo por la cintura de una de las porristas – no reconozco quién es a causa de los muchos colores de luces, pero puedo distinguir el color dorado del nuevo uniforme. Volteo a ver a Red, pero aún sigue besando a otra persona.
Kevin pide a todos que guarden silencio antes de volver a hablar, "Quiero decirles, malditos bastardos, que es un honor jugar con ustedes, aunque a veces sean unos maricas o se acuesten con las chicas de otros," las risas no tardan en llenar el ambiente, pero los vuelve a callar. "Pero ésta noche – ésta noche vamos a brindar por Clyde, para que vuelva a dar hasta su alma en el siguiente juego, incluso las bolas, para que cerremos la temporada como dioses!" Kevin me toma del cuello de la chaqueta y me obliga a incorporarme. "¡Por Clyde, este maldito bastardo!"
El ruido vuelve a llenar la habitación, pero ahora hay manos sobre de mí y voces por todas partes. "¡Buen juego!, amigos cómo –", "felicidades, hombre, te lo mereces.", "Ten, toma esto para celebrar. Tranquilo hombre, sólo es ron.", "Clyde, ¿te ha contactado ya alguna universidad?", "Clyde, amigo, eso fue increíble y – " Sonrío y agradezco, doy palmadas en la espalda a los que me abrazan, contesto y sonrío aún más ampliamente cuando alguien se queda por más de dos segundos esperando algo de mí. Bebo un poco. Sonrío y recibo los besos en las mejillas sonriendo aún más. Sonrío y –
"Clyde." Su voz es registrada sobre el demás ruido, silenciando todo a nuestro alrededor. Cuando me giro me encuentro mirando el cielo en un par de ojos azules. "¿Podemos hablar?"
Mi cuerpo me lleva mecánicamente tras ella, la música sonando alto volviendo a la normalidad, y el bombeo de mi corazón sonando a la par en las arterias de mis oídos. Bebe nos lleva a las escaleras pero incluso ahí no se detiene y las termina de subir. Una de mis manos toma con fuerza el pasamanos y la otra sostiene fuertemente el vaso de cerveza – o quizá sea el de ron. Le doy un trago para averiguarlo.
Al fin, Bebe se detiene frente a la puerta de una habitación. Reconozco esta habitación, he estado decenas de veces dentro de ella con chicas cuyos nombres no logro recordar, mis ojos y mente sólo están concentrados en ella, como siempre quiso. Se da la vuelta y me encara, y por un segundo siento que volverá a gritarme como esa noche en el bar hace siete meses, o que se echará a llorar como lo hizo en el gimnasio hace diez. Bebe respira y me mira, pero no hace nada de eso.
"Mi padre me dejó volver a casa," dice, y es todo menos lo que pensé que escucharía. Frunzo las cejas sin terminar de procesarlo. "Le he podido inventar algunas cosas y ha escuchado lo que he dicho, y me dejará volver a vivir con ellos."
"Es una buena noticia," digo sin saber qué más decir. Bebe asiente y cruza sus brazos frente a su pecho, su mirada sin despegarse de mi rostro. "Ya no será necesario que me sigas dando dinero," la observo jugar con la lana de suéter. Me muerdo las mejillas por dentro, mi vaso de ron olvidado en mi mano. "Pero será bueno que no vayas por ahí. Mi papá – él sigue sin desear verte."
"Ok." Digo, y Bebe asiente una vez más antes de bajar la mirada, rodearme e irse. Mi cerebro me pide que vaya tras de ella y la abrace, quizá que le limpie las lágrimas que sé que deben estar escurriendo de sus ojos. Pero no lo hago. No lo tengo permitido.
En cambio bebo de mi vaso que para este momento ya he olvidado lo que tiene dentro, y siento en mi pecho un poco de frío al que ya me he acostumbrado. Me dirijo hacia las escaleras y en mi camino hay un espejo en el pasillo, paso de largo y evito observar mi reflejo.
Estoy de vuelta en la fiesta y han hecho los muebles de lado para dar espacio a una competencia de fuerza en la que Eric Cartman da las de ganar. Obtengo un nuevo vaso de alguna persona que pasa a mi lado y trago el contenido con rapidez, mis ojos buscando un lugar donde sentarme. En mi camino unos delicados dedos tocan mi brazo, y me detengo cuando ambos brazos de ella están en mi cuello. "¿Listo para celebrar?".
Red aún lleva puesto el ajustado vestido de porrista, y a pesar de que puedo ver su piel brillando con un poco de sudor, toda ella sigue oliendo a colonia como lo hizo en el primer momento de oportunidad durante el partido, cuando me besó y me deseó buena suerte. Sus manos son pequeñas y se enredan con cuidado en mi pelo para halarme a su altura. "¿Entonces, listo o no?"
Su voz es sugestiva y sus labios huelen a fruta. La observo morderse el labio y frunzo el entrecejo. Hay tantas cosas erróneas en todo esto.
"Por supuesto." Le digo, y sonríe de la manera más perfecta que cualquiera podría creer. Enreda sus dedos con los míos y me obliga a seguirla entre toda la gente en la fiesta. La música comienza a molestarme. Vuelvo a robarle el vaso a alguna persona que no logro a ver porque Red sigue caminando. Bebo el contenido.
Pronto agrego a Red nuevamente a la lista de personas sin nombres con las que he estado en esta habitación. Sus piernas están a cada lado de mis caderas, algunos mechones de cabello rojo sobre su rostro mientras tiene ambas manos detrás de su cabeza, quitándose el sujetador. Cuando lo logra, sus labios se unen con los míos de una manera suave y tranquila, tan erronea.
"Tienes la sonrisa más hermosa, Clyde."
Clyde, Clyde, Clyde.
…
Una vez hice llorar a Kyle Broflovski, y yo lloré junto a él. Eso también fue hace muchos años, cuando obligaban a Kyle a acompañar a su hermano menor a jugar con Tricia. Era una rivalidad muy tonta, la nuestra con la de él. Siempre lo fue. A Craig no le molestaba tanto su presencia, pero a mí sí. No es un recuerdo importante pero mi mente parece creer que lo es, porque siempre que pienso en las cosas que no me gustan de mi infancia regreso a ese en específico. Kyle era este niño que siempre debía tener la razón, y la tenía, pero siempre he sido egoísta y en ese entonces no deseaba admitir que Kyle era mucho mejor que yo. Así que lo pateé fuerte, muy fuerte, y entonces comenzó a llorar. Jamás lo había visto llorar, siempre había sido bueno defendiéndose con palabras filosas que hacían tanto daño como un golpe. Pero no ese día. La madre de Craig bajó a ver por qué había tanto ruido y lo encontró llorando con fuerza, gruesas lágrimas escurriendo por sus mejillas, y ambas manos cubriendo el sitio del golpe. Ella me miró con molestia y cansancio, como si fuera algo común en mí, como una acción de violencia recurrente en mi comportamiento. No lo era. "¿Por qué lo hiciste, Clyde?" preguntó.
Pero aunque dentro de mí había un millón de palabras y sentimientos, nada salió por mis labios. La señora Tucker asistió a Kyle y le ofreció un lugar entre sus brazos para calmar su llanto, y fue entonces cuando yo me eché a llorar.
Esa se ha convertido en una de las preguntas que ha marcado mi vida en todos los sentidos posibles. ¿Por qué lo hiciste, Clyde?
No lo sé.
Es un sistema de aire acondicionado de mierda. Es ruidoso, el aire sale apestando a gasolina y no calienta ni un poco, pero no digo nada porque hay dolor en mi cabeza y siento mi garganta arder. El radio también es una porquería de la cual se escucha más la estática que la música, aunque Kevin tuvo la sensibilidad para no romperme los sesos con el sonido a todo volumen. En cambio, me deja escuchar los ronquidos de Ralph en la parte trasera del coche.
Mis dedos golpetean el cristal por donde las gotas de lluvia resbalan. Son las tres de la mañana y no hay carros en las avenidas, pero cada pocos minutos mis ojos son iluminados por las luces de los faroles y mis dedos siguen con más precisión el resbalar de las gotas. Kevin tararea la canción en la radio.
"¿Sabías que desde aquí podríamos ver cáncer?" pregunto. Kevin frunce las cejas, quizá notando mentalmente que debo estar más ebrio que él. Seguramente lo estoy.
"La constelación", le aclaro. Kevin suelta una risotada que confirma que no estaba muy lejos de adivinar sus pensamientos. "U Orión, no lo recuerdo. Craig es el que sabe sobre estas mierdas, hombre. Él sabe sobre estrellas y galaxias, yo sólo sé en qué día estamos porque mañana es viernes y odio los viernes."
Kevin se ríe. "Tss, ya es viernes, idiota."
Frunzo el entrecejo. "¿Lo es?"
Miro de nuevo por la ventana y mis ojos siguen la silueta de un camino viejo y conocido.
"Una vez me rompí el brazo jugando a los piratas, amigo, y dolió como la mierda. Me rompí el brazo porque teníamos esta maldita casa del árbol y la puta cosa se rompió. Dolió mucho más que cuando ese maldito Jhonson me tacleó el año pasado ¿sabes de lo que hablo?" volteo a ver a Kevin, tiene una sonrisa en los labios y los ojos sobre el pavimento frente a nosotros. Trago saliva y me duele hacerlo. "Dolió tanto que pensé que iba a morir y lloré como un maldito bebé, hombre, lloré por horas y horas. No me quería levantar del suelo así que uno de mis mejores amigos tuvo que ir por su madre y yo lloré por horas, amigo, lloré por horas y pensé que iba a morir."
"Su mamá se asustó mucho cuando me vio porque no dejaba de hacerlo y había un montón de maldita sangre en mi ropa, pero al final logró subirme a su auto y nos llevó a los cuatro al hospital. Odio los hospitales." Mis ojos suben al cristal que está sobre nuestras cabezas, en donde el agua se ha encharcado y crea la ilusión de aumentar el tamaño de las estrellas. Las observo por algunos minutos.
"Estuve una vez en el hospital cuando mi primo tuvo una sobredosis." Dice Kevin como manera de dato. Entonces lo volteo a ver y me doy cuenta de que él también lo está haciendo, y espero paciente a que me cuente más. "Me da miedo terminar como él, hombre. Terminar conectado a un montón de máquinas rodeado de un montón de gente a las que no les importas, fingiendo que lo hacen."
"¿Entonces por qué lo haces?" Pregunto con sincera curiosidad, con lo más sincero que puede ser mi cerebro en éste momento. Kevin se encoje de hombros.
"Porque se siente bien."
Muevo mi vista nuevamente al frente del camino. Los parabrisas se mueven y noto por primera vez el sonido que producen, el cual pronto se mezcla con el resto de ruidos dentro de la vieja camioneta. A pesar del constante paso de éstos, las gotas siguen cayendo y estorbando en la visión del camino, pero no lo suficiente como para ser un problema.
"Mi hermana estuvo en el cielo," le digo. Kevin voltea a verme manteniendo su firme agarre sobre el volante. Yo también lo volteo a ver y sé que está esperando a que siga contando, pero mis labios se quedan cerrados y mi vista regresa a ver las gotas escurriendo por la ventana. No agrego nada más, ni una explicación u otro detalle, y espero a que Kevin me ruegue para que le cuente. No lo hace.
Su camioneta se estaciona frente a mi casa y me detengo a palpar los bolsillos de mi chaqueta para asegurarme que mis llaves están ahí. Me deshago del cinturón de seguridad y abro la puerta del copiloto, salgo de la camioneta sin decir nada y camino hasta la puerta. Al entrar dejo mi chaqueta escurriendo en uno de los sofás, me paso una mano por la cara para quitarme el cabello de la frente, y mis zapatos humedecen el piso por el que he caminado.
La casa está en silencio y a obscuras, sin ningún aroma o algo que llame mi atención. Subo las escaleras y camino hasta mi cuarto, pero me detengo con la mano en el picaporte antes de girarlo. Detrás de mi hay otra puerta, una que no ha sido abierta desde hace casi una década y en la que no suelo pensar, pero que está ahí. Entonces pienso en ella y en Bebe, y en lo parecidas que son.
Una vez estoy bajo mis cobijas tomo mi celular de la mesa y mis ojos duelen por la luz mientras espero a que encienda. Escucho la lluvia caer fuera de mi ventana.
"Ella no me lo dijo, pero años después mi padre le encontró cocaína y creí haberlo entendido. No lo hago."
Me giro en mi almohada, apago nuevamente el celular y lo dejo en el mismo lugar donde a estado todo el día. No espero una respuesta, no voy a obtener una. Mi número está bloqueado en el teléfono de Token y lo sé desde hace meses.
…
Le arrojo una papa frita a Craig una vez toma asiento frente a mí. La papá se queda atorada en su gorro, gira los ojos, la toma y se la mete a la boca. "¿Qué tal estuvo tu fiesta?"
"Increíblemente asombrosa, hubo fuegos artificiales y volamos cometas – te lo perdiste." Craig me mira con cansancio y elijo ese momento para arrojarle otra papa. Esta vez la cacha entre sus manos. "Hubiera preferido ver una película con mi gato muerto pero estuvo bien, ¿qué me dices acerca de Tricia? ¿Aprendió a poner las velocidades y ahora formará parte de la nueva generación de Red Racer?"
Craig le da un mordisco a su almuerzo. "Lo hizo bien, le prometí que seguiríamos el fin de semana."
"Uhum, justo como lo predijo el doctor." Asiento y tomo un sorbo de soda.
"Si vas a decir algo dilo bien, torpe." Siento un golpe en la nuca y mi mano se dispara a cubrir el sitio para prevenir más dolor. Mis ojos se posan sobre Jason y mi cabeza comienza a formular la mejor manera para romperle la nariz sin hacerlo sangrar demasiado, pero antes algo divertido capta mi atención.
"Bonito nuevo corte de pelo." Una carcajada se escapa de entre mis labios y provoca que me duela el pecho. Jason sonríe y se pasa una mano por entre los cabellos. "¿Te gusta? me costó una fortuna."
"Uhum, ya veo pero, ¿sabes cómo te habría salido gratis? Te lo pintas de verde, te paras frente a una vaca, y esperas a que se lo coma y de paso te de una lamida. De nada."
Recibo otro golpe en la nuca. "Craig, controla a tu chica."
Me acomodo el cabello y le muestro mi dedo. Sonrío con suficiencia cuando por el rabillo del ojo veo a Craig haciendo lo mismo. "¿A qué debemos el disgusto de tu presencia tan temprano por la mañana?" pregunto.
Jason levanta una ceja. "Son la una de la tarde, Clyde."
"Demasiado temprano para tener que aguantarte."
Jason bufa y decide ignorarme, encarando a Craig en su lugar. "¿Cómo te fue en algebra?" Craig es sorprendido dando un mordisco, y mastica sin decir nada. En momentos donde su boca está completamente llena de contenido grotesco estoy agradecido de su diminuta necesidad humana para hablar. Pero eso no aplica para mí. "Nos fue horrendo, muchas gracias por preguntar."
"A ti nadie te habló, alíen de mierda."
"Te voy a – "
Pero justo cuando estoy a punto de saltarle encima, Craig carraspea distrayéndonos lo suficiente para detenernos. Tweek se encuentra a su lado con una sonrisa nerviosa y una mano en alto, saludando.
"¡Tweek, amigo! Que bueno que llegas, me estaba comenzando a aburrir, ¿eso que traes ahí es café?" Jason me deja aún con el puño levantado y rodea la mesa para llegar a un lado de ambos. Bufo y vuelvo a poner mi trasero en la silla.
"Eh, sí. ¿Quieres un poco?" Kevin asiente y toma el termo entre sus manos antes de darle un gran sorbo al contenido. Un segundo después tiene la lengua de fuera, como un perro, y una mueca de dolor en el rostro.
"Caliente, caliente, caliente – "
"Eh, Tweek," el rubio deja el termo sobre la mesa y me voltea a ver. Craig también lo hace. Observo por un momento el desastre que logra hacer de los botones de su camiseta cada mañana, el pelo por el que parece nunca pasar un cepillo, las grandes ojeras bajo sus ojos. "¿Encontraste tu ensayo ayer?"
Tweek se deja caer sobre la silla que está a un lado de Craig, se lleva ambas manos a la cabeza y hala con cuidado de dos mechones rubios. "N–no, buscamos por todos lados pero fue como si alguien lo hubiera tomado, o como si lo hubieran escondido de mí o como – ahora tendré una mala nota y – "
"No la tendrás, te has esforzado el resto del semestre. Te irá bien, cariño." Craig destapa el termo de café y se lo pasa a Tweek. Frunzo el entrecejo, no creo que alguien con la energía y el estado mental que tiene debería agregar cafeína a su sistema. Tweek lo toma y agradece para luego tomar un sorbo de prisa.
"Arruinará mi promedio."
"Amigo, si yo tuviera tus notas tiraría la mejor fiesta de toda la escuela, contrataría a Britney Spears y besaría a este chico." Jason me señala. Considero la posibilidad de patearlo fuera de nuestra mesa, pero no lo hago. "No lo pienses demasiado, sólo son números." Jason se mete un cubo de hielo, que sacó segundos antes de la soda de Craig, y me mira. "¿Y tú, dientes chuecos? ¿Estudiaste ya para el examen del lunes o te la pasaste cogiendo anoche en tu fiesta? Por cierto, felicidades por la victoria, fue un buen juego. Ojalá sea también una buena violada la que te de el examen la próxima semana."
Aprieto los dientes y vuelvo a cuestionar la verdadera importancia que tiene la moral sobre la violencia. "No es tu maldito problema." Jason levanta las manos en señal de que se rinde, e intenta aguantar una carcajada.
"Estudiará conmigo hoy y mañana." La voz de Craig nos sorprende a ambos, y lo miro sin entender. "Necesita una buena nota para pasar el curso."
Frunzo las cejas y me dispongo a quejarme sobre el tono demandante de Craig, pero una sola mirada me detiene de hacerlo.
"Ok."
Jason nos mira y vuelve a reír, "Tranquilo, Tucker, estoy seguro de que le irá bien. Después de todo estamos hablando de Clyde."
