Cap 2

En una mansión en patios un chico de cabello rubio despertó con una gran sonrisa, la noche pasada había sido genial, pues se la pasos con sus amigos, y aunque no lo admitiera, pasar la noche con cierta pelinegra lo hizo sonreír aun más.

Sin problemas se levantó de su cama, se alistó y fue a desayunar, estaba tan alegre que cuando su padre le dijo que no lo iba a ver en toda la semana por un viaje, le deseo suerte y que se cuidara sin dejar de sonreír, cosa que confundió a su padre y a su asistente.

-Chico deberías dejar de sonreír, te van a salir arrugas- dijo con desgana mientras engullía su queso.

-Marinette es linda... digo... pasar la noche con mis amigos fue lindo- dijo un sonrojado Adrien, cosa que ni pasó desapercibido por su amigo pero no le dio importancia, no es la primera vez que lo veía así.

-¿No te preocupa que se haya ido caminando sola tu novia tan tarde?- pregunto mirando a la nada.

Por unos segundos, el corazón de Adrien se detuvo sin embargo no le dio importancia, confiaba en que ella llegó bien a su casa, esperaba con ansias volver a verla para invitarla a pasear el fin de semana.

Llegó trepando al salón de clases, como siempre él era el primero en llegar. Pasaban los minutos y sus compañeros iban llegando. Comenzó la clase y Marinette aún no llegaba, era normal que ella llegara tarde, espero. La siguiente clase comenzó, espero, la clase concluyó, el miedo comenzó a impacientarlo, sus dedos inquietos golpeaban la mesa, él sentía que algo no estaba bien con la pelinegra. Solamente por Nino se dio cuenta que ya que el receso ya había comenzado y el salón ya se encontraba solo.

Con temor busco a Alya para preguntar si sabía algo de la ausencia de Marinette mas ella no sabía. Alya trató de comunicarse con los padres Marinette, pero ellos no contestaban las llamadas. Hasta que recordó que Marinette les había comentado que sus padres saldrían a un evento de pastelería.

Los chicos, si saben que hacer, volvieron a clases cabizbajos, trataron de no darle importancia, pero a fin de cuentas era su amiga, no podían simplemente no preocuparse por ella.

Marinette comenzaba a despertar, se sentía mareada y con náuseas. Comenzó abrir los ojos sin reconocer el lugar, trató de gritar pero no podía, su boca estaba amordazada, trató de moverse pero sus brazos estaban atados por atrás, sus piernas cada una atada a las patas de la silla en la que se encontraba sentada.

El lugar era casi imposible de distinguir, contaba con una mesa a su lado izquierdo, la cual tenía paltos sucios, a su lado colgando del techo había una lámpara de aceite la cual daba una luz muy tenue, no podía distinguir más allá de la mesa.

-Al fin despierta- se escuchó una voz desde la oscuridad del cuarto, Marinette sintió una corriente eléctrica recorrer su espalda- sabes hermosa, con ese vestido rojo té ves realmente sabrosa, y es aun mas atrayente el que estés amarrada- dijo el hombre con una sonrisa torcida y con unos ojos sedientos.

Marinette apenas era consciente de lo que decía, miró su cuerpo dándose cuenta de que su ropa habitual había sido remplazada por un vestido rojo de tirantes, ceñido al dorso y con la falda un poco más abajo de las rodillas. Ella era víctima del miedo, quería llorar, correr, quería gritar que por favor estoy fuera un sueño.

El sujeto le quitó a Marinette el pañuelo de la boca, tenía la respiración agitada y la boca seca.

-¿Q..ue qui..quieres d.e mi?- Muy apenas podía articulas preguntas.

-De ti nada hermoso, solamente me enteré que eres amiga de Ladybug y Chat Noir, así que te usaré para obtener sus Miraculous, así poder ganar dinero- el hombre se acercó a Marinette con una mirada lasciva que hizo - mientras tanto me divertiré contigo- Dijo el hombre mientras le metía su dedo a la boca y succionaba su cuello con brusquedad y dejaba marcas sin piedad.

-Chat, sálvame por favor, te lo suplico- pensó Marinette con lágrimas y miedo, mucho mucho miedo.