Al entrar a la habitación del comandante, los dos tomaron asiento en el amplio sofá que había junto al ventanal. Erwin intentaba disimular el cansancio que sentían manteniendo una postura rígida, mas eso no podía engañar al capitán.
—Levi, ¿te molestaría si pido el té para ambos aquí? —inquirió suavemente.
—En realidad, preferiría que tomes un baño —replicó mostrando una expresión de disgusto—. Tu uniforme parece estar impregnado de mierda.
—Tienes razón, se ha llenado de fango —soltó una ligera risa.
—Prepararé la tina, no aguanto tu peste —escondió la minúscula sonrisa que en sus labios apareció de repente.
El capitán se levantó del sofá. Caminó hasta el cuarto de baño donde encendió un brasero, el cual calentó un balde grande de agua; tendría que esperar al menos 10 minutos para que el vigoroso fuego pudiera entibiar el agua, debido a ello regresó al dormitorio para dejarse caer en el sofá una vez más. Entretanto, Erwin se encontraba sentado en la cama quitándose las botas; una vez que se deshizo de ellas, las acomodó a un lado de la cama, se sacó la chaqueta marrón y comenzó a quitarse de manera cuidadosa los seguros de los arneses que le envolvían todo el cuerpo.
—Déjame ayudarte con eso, me exaspera tu lentitud, Erwin —comentó caminado hasta él. Tenía el ceño fruncido, lo cual hizo reír al comandante.
Levi se enfocó en quitar con esmero y rapidez cada uno de los arneses; al finalizar con éstos sólo le retiró el cinturón y se dedicó a doblar cada prenda para luego apilarla, mientras que las manos de Erwin fueron hasta el botón de su pantalón y lo desabrocharon. Posteriormente, se puso en pie para poder deslizar el jean blanco por sus robustas piernas, junto a ellos se sacó la ropa interior. Una vez que hubo terminado de acomodar la ropa, dejó ésta reposando sobre una silla que se encontraba frente al escritorio. Instantes después, regresó para ayudar a Erwin a quitar cada botón de su camisa y deslizarla por ambos brazos.
—Parece que tu jodido hedor se me ha impregnado —dijo mientras sacaba las botas de sus pies.
El comandante se acercó para ayudarlo. Cuando por fin Levi se desprendió de todas las prendas que vestía, ambos fueron al cuarto de baño. Erwin vertió el agua dentro de la tina llenándola hasta la mitad. Se aseguró de que no estuviese a una temperatura elevada ni baja acariciando el agua con sus dedos. Al comprobar que estaba tibia, permitió que Levi se metiera y, de inmediato, él hizo lo mismo.
—Al menos, a causa de los resultados positivos que hemos recibido, puedo pasar un rato aquí sin que el papeleo sea demasiado —murmuró sujetando en sus manos una esponja enjabonada con la que tallaba los pies del otro hombre.
—Sí, has hecho un buen trabajo, deja de preocuparte por un segundo —contestó con fingido fastidio. En esos momentos parecía tener un aspecto más relajado.
Luego de varios minutos en que el comandante se encargó de pasar meticulosamente el jabón por el cuerpo de su capitán, Levi se sentó en el regazo del contrario para tallar su robusto y ancho pecho.
—Hoy me encargaré del poco papeleo que falta. Seguro sólo son cartas de los cerdos de alta sociedad, así que yo las responderé. No quiero que estés merodeando la oficina en la madrugada o partiré tus piernas —dijo al tiempo que lo observaba con semblante serio—, nadie necesita un comandante somnoliento y lento, suficiente tuvieron con Shadis.
—Levi, no tienes que... —Le llenó el rostro de espuma.
—Deja tus mierdas blandengues, es mi trabajo como capitán hacer el papeleo también —le aseguró. Puso en las manos de Erwin la esponja otra vez y se giró para que le tallara la espalda.
